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𝟎𝟏𝟎

Percy

Lynette se encontraba recostada sobre mi hombro mientras íbamos de camino al segundo lugar que nos indicaba el mapa. La chica tenía los rasgos de una princesa y aunque me costara de aceptar, ella era una princesa o bueno, así la consideraban los dioses. Cada uno de ellos estaban bajo sus encantos, no me sorprendería que mi padre también, no los culpo, es imposible no estar bajo los encantos de la hermosa Lynette Roberts.

Al parecer Annabeth también estaba bajo los encantos porque ahora ella se recostaba sobre el hombro de Lynette mientras daba pequeñas caricias en la palma de su mano. La rubia sin duda ya tenía a la castaña de ojos azules metida en su mente y en su corazón, solo esperaba que fuera solo por amistad. No quería tener que competir por el amor de mi diosa, porque aunque me costara admitirlo, Annabeth Chase ya se había metido entre la piel de Lynette Roberts y sería imposible hacer que la de ojos azules se alejara de la rubia.

—¿Desde cuándo te gusta? —preguntó la rubia sin abrir sus ojos, pero sabía que se refería a mí y a Ly.

—Desde que los conozco siempre han estado juntos —exclamó Gro mirando de reojo a la chica. Lynette quería mucho a Grover y el moreno amaba a la chica.

—Ella no me gusta —respondí sonroja, no era algo que estaba listo para admitir, mucho menos a una chica que no conocía desde hace mucho.

Annabeth se sentó recta y me miró.

—Entonces... ¿No te molesta si la invito a salir? —cuestionó.

Giré rápidamente mi cabeza para ver a la rubia con una mirada seria y la mandíbula apretada.

El moreno y la rubia rieron fuertemente haciendo que Lynette se removiera.

—No hagan ruido —los regañé dejando caricias en el cabello de la chica.

—Era broma, debo admitir que ella es hermosa, pero creo que ella es esa otra parte de mí que hacía falta —explicó —. No de forma romántica, sino que de amistad.

Asentí comprendiendo.

—Además, no quiero a Clarisse molestándome todo el tiempo —continuó hablando —. Escuché como le decía a los hijos de Ares que ella jodería a quien se metiera con Lynette, tuvo el apoyo de toda su cabaña. Ellos ya aman a su hermana, Percy, así que cuida tus espaldas, porque Clarisse estará tras de ti, claro, sin contar que tienes a todos los dioses observándote.

Rasqué mi nuca nervioso.

—Vaya, gran manera de animar a las personas —respondió Grover sarcástico.

—Solo digo la verdad, si Percy llega a lastimar a Lynette no tendrá donde esconderse —se defendió la rubia —. Todo el campamento ya ama a Ly y los dioses están bajos sus encantos, ni tu padre estaría de tu lado, sesos de alga.

Tragué en seco, pero solo podía pensar en que aunque todos estuvieran sobre mí, yo lucharía por Lynette. No sería capaz de lastimarla, porque sentiría que estaría perdiendo a ese pilar fundamental en mi vida. Lynette estuvo siempre para mí, ella llegó a mi vida justo cuando la necesitaba y yo estaré para ella cuando lo necesite.


Lynette

—¡Santa mierda! —grité apenas abrí los ojos y ver como estuvimos a punto de chocar.

—Tenemos que descansar, tenemos que descansar —repetía Percy abrazándome.

—Sí —accedió Grover —, buena idea.

Conducimos hasta llegar a un hotel donde decidimos quedarnos. Me senté junto a la rubia en la cama mientras esta dejaba que peinara su cabello.

—Tienes el cabello muy lindo —dije cepillando la rubia cabellera —. Me recuerda a hilos de oro.

Annabeth sonrió.

—An ¿Los dioses no tienen permitido ver a sus hijos y hermanos? —pregunté.

—Bueno, como ya te lo dije, Zeus no quiere que se distraigan de sus deberes.

Asentí mientras seguía peinando a la chica, ella fue al baño a cambiarse dejándome sola.

—Hola, hermanita —saludó Eros apareciendo.

—Hola, Eros —respondí viendo como el chico se acercaba a dejar un beso en mi frente y se tiraba a la cama junto a mí.

Reí al ver como mi hermano jugaba con mis dedos.

—¿Qué haces aquí? —pregunté jugando con su cabello.

—Vine a visitar a mi hermanita favorita.

Miré al dios junto a mí y dije.

—Creí que a Zeus no le gustaba que los dioses se junten con nosotros. —Mi hermano se sentó, me miró fijamente y con una sonrisa socarrona exclamó.

—Zeus puede venir y besarme el trasero.

Reímos fuertemente mientras lo abrazaba. Se sentía bien tener un hermano, siempre había escuchado que tener hermanos no es de lo más bonito, pero pienso que tiene su lado bueno. Uno de ellos es que puedes hablar con alguien y reír hasta que tu panza duela.

—Ly —llamó Annabeth entrando a la habitación, pero al ver al chico junto a mí se quedó pasmada.

—An, este es Eros, mi hermano —los presenté —. Eros, ella es mi mejor amiga, Annabeth Chase, hija de Atenea.

Mi hermano se puso de pie y dejó un beso en la mano de mi amiga.

—Pero que galán —reí —. Annie, pareces un tomate —dije burlándome de mi amiga ganándome un almohadazo de su parte.

—Tú deberías confesarle tu amor a Percy —atacó la rubia —, el está loco por ti y tú estás loco por él. Solo hay que ver como te desesperaste cuando viste a Medusa atacarlo.

Sí, tuve miedo de perder a Percy, el chico se había ganado mi corazón desde hace mucho tiempo y aunque traté de ignorar las mariposas que sentía cuando estaba junto a él, parecía que el tiempo no había logrado que deje de amarlo.

—Estoy de acuerdo con la rubia bonita —concordó mi hermano mayor —. Yo sé cuanto ese chico se muere por besar tu boca, hermanita.

—Cállense —me defendí para luego golpearlos con las almohadas.

—Es mi momento de irme —habló mi hermano para luego dejar un beso en mi frente y despedirse coquetamente de Annabeth.

Grover entró a la habitación diciendo que había una máquina de con golosinas.

—Ten, Gro, saca lo que quieras —dije extendiéndole dinero —, yo iré por Percy.

Me gané una mirada pícara de mi mejor amiga, pero caminé hacia la piscina con una toalla en mano, sabía que mi pecesito estaría en lo más profundo de la piscina, siempre que había una lo hacía.

Me paré mirando al chico en lo profundo, este al ver mi figura se acercó.

—Hola —saludé al chico de ojos azules, para luego sentarme en la orilla.

Percy se acercó nadando hasta estar junto a mis piernas.

—Hoy estuviste impecable, gracias por salvarme —respondí.

—¿Qué te pasó? —preguntó al ver las marcas de la mano de la mujer que nos llevó corriendo todo el camino donde Medusa.

—La mujer que se convirtió en piedra apretaba fuerte —respondí.

—Mira esto —dijo el chico para luego tomar el agua y sanar mi herida.

—Wow —respondí.

Miré a Percy reposar sus brazos en mis piernas y con mi mano comencé a jugar con sus mechones castaños.

—¿Cómo estas con todo esto? —indagué.

El chico suspiró y dejó caer su besa entre sus brazos.

—Todo es muy difícil, me acusando de algo que no hice, ahora paso por cosas que nunca creí pasar y mi madre está secuestrada por el dios del inframundo —comentó —. Sin dudar de que hoy casi te pierdo, y no podría vivir sin ti. Eres lo único que me queda hasta que pueda volver a encontrar a mamá.

—Lo solucionaremos, Percy.

Nos quedamos mirando fijamente, era una conexión entre el azul de nuestros ojos. Era como si intentáramos decirnos cuanto nos amábamos sin decir ni una palabra.

—Sabes, muchas veces he pensado en rendirme, pero agradezco que estés en mi vida —exclamó acercándose un poco más —, porque cuando quiero rendirme solo miro tus ojos y entiendo el porqué sigo luchando

Sentí las manos de Percy tomar mi cintura y posé mis manos sobre sus hombros.

—Llevo mucho tiempo considerándome un cobarde por no decírtelo, pero al ver como pude perderte hoy, no pienso seguir viviendo sin que sepas cuanto te amo, Lynette Roberts.

Miré con una sonrisa al chico

—Yo también te amo, Percy Jackson —respondí para luego acercarme y unir mis labios con los del chico.

Percy siguió el beso y levantándome un poco, hizo que entrara al agua, rodeé su cadera con mis piernas y seguí besándolo. Sinceramente, era la mejor sensación que había experimentado. No quería alejarme de los dulces labios del chico.

—Te amo —expresó el de ojos azules cuando separamos nuestros labios sin alejar nuestros rostros —. ¿Me harías el honor de dejarme ser tu chico?

Sonreí y uní nuestros labios nuevamente.

—Sí, Percy Jackson —respondí —. Dejaría que seas mi chico en esta y muchas vidas más.

Una vez que nos separamos nadamos en la piscina bajo la mirada de las estrellas, bajo la atenta vista de la luna y sobre todo bajo la mirada de los dioses y aquellos dos amigos nuestros que creían que no los veíamos escondidos desde la ventana observando todo.

Nos sumergimos y nos dimos un último beso en la noche, un beso que nuestros dos amigos no pudieron ver, pero nosotros pudimos sentir como una descarga de electricidad llena de energía romántica.
















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