𝟒𝟖 | 𝐐𝐔𝐄𝐑𝐄𝐑, 𝐆𝐔𝐒𝐓𝐀𝐑 𝐘 𝐀𝐌𝐀𝐑
❝ querer, gustar y amar ❞
Cuando colgué la llamada, me vi frente a un carrito de compras completamente lleno. Fruncí el ceño tras pensar que lo que yo había puesto en el está siendo aplastado con todo lo demás encima; pero, al parecer, Marcel fue considerado y colocó mis compras en la parte superior.
—Pensé que ustedes dos no iban a comprar —menciono mientras coloco una bolsa de galletas surtidas que a mí tanto me gustan. Ymir sonríe y saca una tarjeta de su bolsillo. El mayor Galliard la mira de reojo mientras empujaba el carrito.
—Mira lo que tengo aquí, me siento como un de esas señoras millonarias —. La pecosa juega con la tarjeta oscura entre sus manos—... El carro de Porco esta en el estacionamiento, así que pasamos primero por Nanaba y luego a tu casa.
Asiento mientras, por alguna razón, recordé ese programa de televisión llamada cuponmanía. Alzo la vista y ya los tres están en la caja, cerciorándose de la cantidad de productos y sus precios. Suspiro pensando en lo que voy a hacer más tarde, pues, no sabía qué decir ni cómo mirar a la cara a Farlan. Y de tanto pensar en eso, estoy distrayéndome y quedándome atrás, con Porco mirándome como diciendo "¿Y a esta que le picó?". Caminé más rápido para alcanzarlos y ayudarlos con algunas bolsas, para meterlas en el maletero.
—Ya le marqué a Nanaba, dice que se está cambiando, vayamos rápido para sacarla de casa en brasier.
—¡Ymir!
Una vez dentro del auto, recuerdo que debo avisarle a Petra. Nuestro apartamento es chico, e iban a llegar muchas personas a almorzar. Sé que eso no sería problema para las otras que viven en el mismo edificio, puesto que el piso debajo al nuestro está completamente vacío, así que si hiciéramos algo de ruido, que no habría queja alguna. Tampoco es que íbamos a hacer una fiesta, solo una reunión...
Me siento con ella. Ymir se quita los lentes mientras frota sus ojos. Aún tiene algunos brillitos en los párpados. Esas cosas siempre demoran en salir.
—Súbele un poco el volumen —digo a Marcel, mientras me acerco un poco entre él y su hermano, quien conduce.
Él asiente con una sonrisa mientras veo pasar del 50 al 75, las barritas de volumen. Ymir mueve su cabeza mientras habla acerca de esa canción y cómo le había gustado el video oficial. Es más, saca su celular para mostrarme el video. Con Like Sugar de fondo, los hermanos Galliard no lucen tan intimidantes cómo pensaba de ellos el año pasado.
—A Porco le gustan ese tipo de canciones para conducir —menciona el de tez morena una vez que llegamos a edificio donde viven Nanaba e Ymir. La rubia está saliendo, mientras se despedía de quien parece ser alguien que trabaja en el lobby del edificio. Se acerca corriendo, con una pequeña bolsa, y entra a sentarse en la parte de atrás, justo a mi lado, saludándome con un beso en la mejilla apresurado.
—¡Hola a todos! —dice después, mientras se acomodaba el cabello y palpa sus pantalones de tela cortos —¡Y a ustedes dos no los veía desde hace meses! —exclama, refiriéndose a los hermanos. Nanaba se apega a mí mientras se asegura de cerrar bien la puerta—. ¿Y qué pasó? ¿es cierto lo del almuerzo o me llevan a otro lado?
—Nos encontramos todos en el centro, _____ dijo que iba a comprar cosas para su almuerzo, y como los tres somos bien metidos en todo, decidimos que comeríamos en su casa —dijo de forma rápida el Galliard de cabellos claros.
—Lo planeamos en tres minutos y está más organizado que cualquier otro trabajo mío en la universidad —Ymir le pasó su celular a Nanaba, quien sabe para qué.
Me río tras lo dicho por la morena.
—Por cierto, Farlan también va a estar y creo que con él, estarán Jean y Eren.
—¡¿Farlan?! Sé que él se quedó hasta las últimas en el club nocturno, debería estar durmiendo, en su mente debe ser medianoche todavía —. La rubia se queda pensativa un buen rato, luego algo parece iluminarse en su mente y con una mirada llena de duda, me pregunta:— ¿Algo sucedió en la fiesta?
—Bueno...
—¡Algo sucedió! —gritó, asustando a los hermanos e Ymir se carcajeaba sola como si supiera todo. Me tomaba por los hombros, a la par que la "elegante" risa de Marcel se escuchaba en todo el carro.
Porco sigue cantando, ajeno a todo lo que sucedía en la parte de atrás.
Finalmente, se estaciona frente al edificio donde resido. Salimos, cargando cinco de las siete bolsas que se ven—, y son— pesadas.
—Este es un bonito lugar —Ymir comenta mientras vuelve a colocarse los lentes de sol.
—¿Lo crees?—pregunto. Todos entramos a la sala de recepción.
—Claro, la entrada esta junto a un área verde y por lo poco que pude observar desde el auto, los caminos que te dirigen hasta acá están llenos de pequeñas cafeterías y se ven tranquilos, me recuerda a mi antiguo vecindario. Cuando era niña, quería irme de ese lugar a vivir a la gran ciudad y viajar por todos lados. Ahora que estoy haciendo lo que quiero, supongo que lo extraño.
Ella concluye lo que dice con una pequeña sonrisa de labios, sin mostrar los dientes como normalmente hacía, a la par que entrábamos al ascensor. Nanaba presiona el número de piso. Porco se quita el gorro, acomodando su cabello y solo tuve tres segundos para observar su cabello cayendo en su frente, antes de que lo acomode hacia atrás.
Le escribí a Petra que estoy subiendo con "visitas", pero ella no me respondía y ni siquiera se puede ver si estuvo conectada hace poco. Una vez que las puertas de acero se abrieron, saqué las llaves con la intención de abrir la puerta.
Ymir corre para alcanzarme diciendo que mejor ella tocaría, así que lo hizo.
Al instante, escuchamos algunas cosas caerse y luego unos pasos rápidos. Petra abre, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, como suele hacer cuando está fastidiada ligeramente.
—¿Acaso perdiste las llaves, ______? Estaba a punto de acomodar... —Y pegó un grito, para después taparse los labios con las manos. Luego rompió en risas al ver a la morena abrir los brazos de par en par diciendo "¡Sorpresa!"
Ambas se dan un abrazo y todos entramos, cerrando la puerta detrás. Dejamos las compras en la mesa, sacando todo de aquellas bolsas reciclables. Había un pote de helado, me anima por completo. Petra empieza a saludar a todos.
—Petra, estás más pequeña que la otra vez que te vi con Gunther.
—Ay, gracias. —le dice a Marcel. Me río tras escuchar eso y comienzo a llevar vegetales a la cocina para poder lavarlos. Nanaba entra conmigo, dejando a Ymir con los hermanos hablar con Petra.
Saco un pequeño tazón del armario y un cuchillo que usaré después
—Así que... él va a venir —. Ella inicia la conversación, recostándose un poco en uno de los muebles.
—Sí. Te seré sincera, no sé qué hablar con él. No sé cómo hablarlo.
—Pero, ¿qué pasó exactamente? Me hago una idea y aún así siento que no puede ser lo correcto.
—Me confesó que le gusto en un momento de ebriedad. Y luego me besó.
La rubia parpadea un par de veces.
—¡¿Cómo?!
—¡Yo inicié, okey! Primero había besado su mejilla y luego no sé, me pareció buena idea besarlo otra vez o yo que sé, ¡yo también estaba ebria!
En medio de nuestra conversación, el mayor Galliard entra, mirándonos raro, pidiendo por un cuchillo, ya que se ofrece a picar la cebolla. Saco la tabla de picar y otro cuchillo y se los paso. Nanaba mira a Porco y lo bota con la mirada. Él pone los ojos en blanco, lo comprende y sale de la cocina.
—Esta bien, no hay mucho que yo pueda decir. Sabes, Farlan es malo para mentir, tú lo sabes. Yo noté que le gustabas desde no se qué día, pero ¡Que es veloz ese hombre! Nunca lo he hablado con él, porque bueno, no me incumbía meterme en asuntos de otros y tampoco iba a decirle de la nada "Oye, sé que te gusta ______, desiste, es mía"
Suelto una tremenda carcajada. Nanaba también comienza a reírse. Mi celular suena y cuando lo prendo, el mensaje de Farlan diciendo "Estoy abajo" me hace temblar todo el cuerpo.
—Ya llegó —digo mientras miro a todos lados y siento un cosquilleo en los brazos y piernas.
—Debe estar con Eren y Jean. Bien, yo me encargo de esto y tú ve a recibirlos —. Nanaba me empuja fuera de la cocina, porque mis pies por sí mismos no se moverán—. Si en algún momento, ya sea después de comer o antes, se encuentran solos... Solo sé sincera.
Petra mira por la ventana, mientras conversa con Ymir. Al verlas a las dos, parecen dos personas que se comprenden mutuamente, se reían juntas y hablaban demasiado. Salgo del apartamento, bajando por las escaleras para un viaje más rápido. Ni siquiera pensé en si me veía bien o algo. Seguro estoy despeinada por el pequeño viaje en auto y ventanas bastante abiertas, pero eso ya no es lo importante cuando me veo caminando por el pasillo del primer piso.
Entonces lo veo, acompañado de sus amigos de banda, quienes hablaban con el hombre encargado de la seguridad hasta que yo me acerqué. Los ojos celestes de Farlan me miran directamente a los ojos y yo no estaba preparada para eso. El guardia no ha visto que entré con Ymir, los Galliard y Nanaba, por lo que posiblemente, dejar pasar a tres chicos a mi apartamento, se veía raro. Me sonrojo mientras los saludo, por la vergüenza.
—______, te ves como si nunca hubieses bebido conmigo. Mírame a mí, estoy derrotado. —Eren Jaeger se veía cansado pero feliz Jean se veía un poco malhumorado. —No te preocupes por él, esta triste por que en su billetera ahora hay un billete que me pertenece—mencionó después, casi susurrando.
Jean me saluda con cierta de timidez. El trae una caja de pizza grande. No he hablado con él antes, por lo que lo tomé bastante normal. Le respondí como siempre y Farlan se acerca a mí para saludarme, aunque, es más que obvio que los dos no nos sentíamos como nosotros mismos. Eso me cohíbe.
Entramos al ascensor; Eren revisa su celular y pregunta por mi número con una mirada curiosa. Ahora parece más confiado. Farlan comienza a reír por lo que Jean le está farfullando al de ojos verdes y, por mi parte, mantengo la mente en otro lado.
Saco las llaves de mi bolsillo una vez que salimos del ascensor.
—Algunos amigos están dentro también —menciono por si Farlan se le ha olvidado avisar a sus compañeros.
Cuando abro la puerta, lo primero que dice Eren es:
—Me siento como en navidad.
Jean dijo un "¡Buenas!" e Ymir respondió con un "¡Hola familia!". Él sonríe, aquella sonrisa que muestra todos los dientes mientras cierra los ojos y pequeñas arrugas se forman bajo estos. Siento la mano de Farlan tocar mi hombro, volteo a verlo y me susurra "Dime en qué ayudo", haciendo alusión a que todos parecen ayudar en la cocina y conversar.
—¡¿Y donde está mi Gunther?! —Petra parecía una mamá asustada.
—Está en casa de sus padres, ya sabes lo dormilón que es cuando le agarra resaca.
En realidad, esto asemeja a una reunión familiar que hacen en las festividades, como navidad. Nanaba estaba haciendo la pasta. Farlan se quita la casaca oscura y la cuelga a un lado de la puerta, mientras estira los brazos. No le podía quitar la mirada de encima porque recuerdo la sensación de sus dedos en mis mejillas y cerca a mi cuello. Entonces, otra vez, el sonido de un bajo sonaba de fondo. La verdad es que, cada vez que lo veo, suena un bajo o es que era mucha coincidencia.
Sin embargo, sucede que Eren Jaeger ha conectado su celular a esa pequeña radio de Petra, reproduciendo los primero cuarenta segundos de Dark necessities de Red Hot Chili Peppers. Él comienza a mover ligeramente la cabeza y yo también.
—No conoces mi mente, no conoces a los de mi tipo —canta mientras Ymir abre una bolsa de dulces. La voz de Jean le sigue también. Marcel sube el volumen solo un poco más.
—Las necesidades oscuras son parte de mi diseño —canto también. Es una canción que no escuchaba desde hace mucho, pero sigo conociendo la letra.
—Dile al mundo que ella está cayendo del cielo —siguió la canción Farlan, pasando por mi lado haciendo un ligero baile mientras va a la cocina a ayudar a Porco, Nanaba e Ymir.
La canción realmente decía "Dile al mundo que estoy cayendo del cielo", pero la forma en que cantó, cambiando la letra adrede, hizo que Ymir le mirara alzando las cejas y colocara pulgar arriba en ambas manos.
Marcel me ayuda a ordenar la mesa y Petra va a realizar la salsa que se serviría con la pasta. En general, fue un almuerzo agradable. Nuestra mesa es pequeña y hay solo cuatro asientos en ella, por lo que ver a todos en los sillones o en las alfombras, le dio un ambiente más acogedor y, si se me permite decir, algo adorable. Calificamos a Porco y a Nanaba de chef, debido a que hicieron la mayor parte. Además de que la comida quedó muy rica. La música sigue sonando y solo somos nuestro gran grupo hablando de todo un poco, bebiendo limonada helada. Ymir abre las ventanas mientras sirve vino en unas copas, rellenándolas a medias. Una vez que todos terminamos, me percato de la facilidad con la que pasan las horas y cómo mis nervios se disipaban al ver a Farlan sentado frente mío, en la alfombra —porque en algún punto la mesa y las sillas dejaron de ser atractivas y parecía más cómodo y relajado estar esparcidos por todas partes— con el plato vacío sobre las piernas y conversando con Jean.
Luego de un rato, entre bromas con la espuma y agua, terminamos de lavar los platos con los hermanos Galliard e Ymir. Jean se durmió un rato en el sillón, al lado de Ymir quien grababa con su celular para subirlo a sus stories.
Estuvimos un rato conversando hasta que dieron las cinco.
—Por cierto, ya me respondió la dueña de la tienda de regalos y estas citada a las ocho de la noche de hoy, que es su hora libre y puede hacerte la entrevista— dice Petra cuando estamos a sola en el pequeño pasillo donde están las puertas de nuestros dormitorios.
—Bien, me cae perfecto.
—¿Vamos a la azotea a comer pizza para el final? —pregunta. Yo asiento mientras les aviso a todos.
Cuando abro la puerta de entrada, con la pizza en manos, encuentro a Gunther que asemejaba a un vagabundo, a punto de entrar a su habitación. Me mira, lo miro y esbozo una sonrisa
—¿Aguantarás una pizza? —. Al instante Porco se acerca a Gunther y empieza a sacudirlo por los hombros. Subo las escaleras con Petra, abajo, los demás están en los primeros escalones llevando algunas cosas.
El cielo se mira tan hermoso, con rosados suaves que comienzan a teñirse de violeta desde arriba, y abajo, aún sigue siendo celeste. El viento nos choca a todos, moviendo nuestros cabellos. La vista, como antes, sigue siendo increíble a esas horas de la tarde. Veo a Farlan en otro extremo. Entonces, decido acercarme a él.
—No sabía que Jean tenía tatuajes en el brazo —menciono, sin saber qué decir después. Aunque trato de hacerlo fluir como siempre hablábamos, metiendo todo tipo de temas.
Farlan me mira con sorpresa, como si no supiera que me he acercado a él.
—De hecho, si se lo pides, te los mostrará todos. Está orgulloso de cada uno.
—¿De verdad?
—Sí, cuando lo conocí solo tenía uno pequeño cerca al hombro.
Él voltea a mirar la ciudad desde la azotea y yo también me atrevo a contemplarla con más detalle.
—Siento que dije muy poco.
—¿Muy poco?
—Sí. Me gustas más que bastante, pero estar ebrio y enamorado a la vez es una bomba.
Se me calienta la cara con más facilidad de lo que creo, al escucharlo hablar tan serio y sin una pizca de nerviosismo.
—Lo único de lo que me arrepiento es eso, haber dicho poco. De todas formas, ambos sabemos la respuesta a eso
Algo se remueve dentro de mí. Por supuesto, yo estoy enamorada de otra persona.
—¿Sientes confianza en ti mismo?
—Siento la confianza para hablarte otra vez y no huir. Te quiero, y puedo esperar lo suficiente. Cuando digo que puedo esperar, no me refiero a esperar a que algún día te enamores de mí como yo lo estoy de ti, sino, a que puedas hablar conmigo honestamente y entonces, puedas darme una respuesta que deberé aceptar. No hay nada mejor que eso para mí.
El nerviosismo que me aquejaba desde el inicio de la tarde, desaparece junto con el inicio de la media sonrisa del rubio a mi lado. Sus mejillas están algo rosas y estoy segura que las mías también.
—Yo creo que quiero a todos más que a mí —comienzo a hablar y puedo sentir toda la atención que pone en mí—. Creo que uno, en algún punto, se da cuenta de eso. Verás, así como me contagian las carcajadas, me contagian la felicidad. Me pone más feliz ver felices a otros que a mí misma. Cuando dijiste que yo te gusto, incluso me permití dudar, pues no me veo como una persona atractiva como para que alguien se fijase en mí... Entonces, puedo creer que ese tipo de pensamientos los arrastro desde mi época de secundaria, donde pensaba que era completamente normal que se odiasen y no se quieran a sí mismos. Que sólo es una etapa, que está bien desear ser otras personas... Pero, eso no está bien.
Tomo un poco de aire tras sentir que estoy diciendo demasiado sobre mí y que, una frágil línea en mi garganta, me avisa que no dijera más, porque iba a llorar. Por suerte, lo logro.
—Así que todavía me falta para poder superar, superarlo y superarme...
—El tiempo se pasa volando, así que de seguro sanarás pronto.
Miro hacia un lado y todo el grupo parece tan lejano, haciendo bromas y que quizá preguntaron por ambos pero, luego de vernos, decidieron dejarnos conversar. Y es que de vez en cuando, necesitábamos charlar de forma íntima con alguien, aunque nos encontrábamos tan derrotados y con el reflejo de cansancio en nuestros rostros, nos permitimos escucharnos mutuamente y quizá, eso es lo que necesito.
Entonces, deseé que el día no se acabara nunca y poder escuchar a Ymir charlar con Petra, a los Galliard amar la comodidad, a Eren disfrutando de la música, a Jean orgulloso de sus tatuajes, a Gunther dormir todo lo que se le plazca, a Nanaba ser ella y tal cual, todo el día.
Y seguir charlando con Farlan. Quizás aun no tengo la confianza de dejar mi cabeza descansar en su hombro, pero sigo pensando en lo refrescante que ha sido hablar de forma clara y que, por primera vez, siento demasiada calma.
Sé que él también siente lo mismo.
Ojalá nos hayan guardado pizza, porque estoy escuchando a Ymir pedir otro pedazo.
▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃
⊰ 𝐍𝐎𝐓𝐀 𝐃𝐄 𝐀𝐔𝐓𝐎𝐑! ⊱
¡Hola, hola!
hoy es capítulo doble, así que sigan al próximo <3
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