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𝟑.𝟓 | 𝐄𝐍𝐓𝐑𝐄 𝐏𝐈𝐍𝐓𝐔𝐑𝐀 𝐘 𝐋𝐀𝐆𝐑𝐈𝐌𝐀𝐒


entre pintura y lágrimas pt 2 


Bajo las escaleras lo más rápido que puedo. Mis piernas tiemblan y a primera vista parece imperceptible, pero por mi parte siento que puedo flaquear en los escalones. Hace pocos minutos había visto casualmente, por una de las ventanas, cómo llegaban otros estudiantes. Me puse en cuclillas al final de la escalera y tapé mi rostro ahogando un grito.

Levi me descubrió con su paraguas. Levi me descubrió mirando sus pinturas. Levi me vio. Joder, Levi Ackerman.

Mientras estoy en ese trance, mordiéndome las uñas, no pude evitar sonreír como una tonta y tampoco puedo evitar querer llorar de frustración porque acabo de recordar que hoy tengo una exposición que presentar. Me levanté y limpié mis ropas. Voy hacia el pasillo izquierdo para ir más rápido al otro salón. Acelero el paso, sin embargo, eso no es de mucha ayuda.

Choqué con Nanaba, una chica rubia, alta y guapa, lleva un traje de tela celeste y un fólder repleto de hojas. Ella es todo lo que yo quisiera ser algún día, tiene esos aires de lideresa carismática y aun así reservada. Era más que obvio que es una de las chicas más destacables de este lugar, también es la novia de Mike, otro chico prodigio de su facultad, aunque yo ya la admiraba desde mi primer ciclo por su destreza en varios ámbitos de las matemáticas, ella en algún momento se preocupó por los ciclos menores—donde estuve alguna vez incluida—y nos dio algunas clases extracurriculares.

Ella me sonrió, se disculpó amistosamente y siguió su camino.

Me gusta pensar que ella es parte de una élite. Una élite de personas muy inteligentes. El pelinegro está incluido en ese grupo.

La mayoría dice que Levi solo está ahí por su lindo rostro. No voy a negar las últimas dos palabras de aquella oración tan nefasta, porque él es atractivo. Pero, las chicas hablan de él como alguien a quien querrían arrodillado a sus pies. Porque, según ellas, Levi Ackerman solo es lindo. No sabe de ciencias, mucho menos de física, solo es lindo. Como una mascota exótica a exposición, donde su belleza está confinada a mostrarse dentro de un cajón de vidrio.

Eso es lo que más me enfada de cierto modo.

Deben entender que existen las inteligencias múltiples.

Levi es malo en matemáticas, por lo menos hasta donde yo sé, había visto varias veces cuando yo solía leer en la sala de estudio, cómo Nanaba se enfadaba con él. Y, bueno, Nanaba casi nunca se enfada cuando se dedica a enseñar a alguien, lo sé de primera mano. También, las veces en que él se acercaba a algún profesor de su carrera para hablar sobre exámenes sustitutorios, cuando yo estaba hablando con una de las profesoras de curso para poder fijar otra fecha para mi proyecto. Solía entregar los exámenes en blanco. O eso es lo que Hanji hablaba siempre en voz alta cuando no sabía modular su tono.

Levi Ackerman odia química y física. Y casi todo el mundo lo sabe luego de su pequeña pelea con Hanji. Obtuvo las notas más bajas en esos cursos de estudios generales, a pesar de que Hanji, según la fuente poco fiable de las chicas que se sabían todo el chisme, se "mató" explicándole toda la noche sobre esos temas.

"A mí no me importa la distancia que recorrió el móvil. Y mucho menos me importan los elementos químicos, eso no me afecta y por lo tanto no hay necesidad de saberlo". 

Levi es un desastre en los deportes. No importa cuantas veces lo anime Erwin o Mike—quienes lo invitaron a unirse a ese electivo—a correr veinte vueltas a la pista de entrenamiento, porque Levi a la mitad de la primera vuelta ya mandaba todo a la mierda y se iba a sentar. O a veces se iba a desquitar su odio con el aire. Y eso era tan graciosísimo de ver. Después de todo, en los clubes deportivos, al grupo en el cual me había inscrito, le solían tocar prácticas casi a la misma hora que ellos y variadas veces lo veía mientras yo daba vueltas por toda la pista.

Levi es indiferente con casi todos los demás cursos que se hacían llamar importantes y obligatorios.

"Escucha, Erwin, no trates de forzarme. Yo sólo sirvo para dibujar. Y así siempre va a ser".

Sin embargo, Levi es genial.

Es tan genial cuando caminaba en los pasillos con su aire de querer regresar a casa, la mirada enojada y leve brisa en su cabello. Es tan genial cuando se olvida la clave de su casillero y lo golpea despacio a pesar de estar molesto. Es tan genial porque llega siempre temprano a las clases que le disgustan, porque muy en el fondo quizá, yo sabía que quería aprender, también cuando se encargaba de limpiar los salones sucios, ayudando así al conserje de turno. Es tan genial cuando escribe porque tiene una letra preciosa y todos sus apuntes—incluidos los de ciencia y matemática—están muy ordenados y limpios, y nunca se dormía en sus clases por más que le aburrían. Es tan genial...

Tan genial que podía romperme el corazón con sus mil pinturas de mujeres hermosas; que me hería con su frialdad y que un lienzo en blanco, el tan solo ser tocado por él se convierte en arte.

Levi es arte, con su mirada gélida, sus ojos cansados, con su aburrimiento justificado, con su aroma embriagador. Es arte con todo y sus magulladuras internas.

Nunca lo entenderían.

Levi no solo es físicamente hermoso. Él hace que todo lo que toque con las yemas de los dedos sea simplemente bello. No hay un aura superficial recubriéndolo y puedo entenderlo de esa forma: él plasma sentimientos en sus dibujos y yo lo pude sentir.

Ellas no lo entenderán nunca.

Quieren entrar en él, quieren un chico triste y roto, ellas quieren que él caiga en el amor por las mismas, ellas quieren destrozar su corazón, pero no saben que está hecho de sangre y alquitrán.

—Gunther te ha estado llamando como siete veces, pero pareces soñar despierta ¿Al fin descubriste como salir de tu cuerpo?

Petra tiene su rostro muy cerca al mío, con un rostro lleno de interrogantes. Hasta donde yo sé, estábamos a mitad de la única clase que cursamos juntos, pero al parecer el profesor ha salido por un tema personal. Sus bonitos ojos me miran esperando respuesta. Entonces me avergoncé.

—¡Ah! ¿De verdad? Lo siento.

No había escuchado a Gunther y tampoco recuerdo su voz resonando en mi oreja. Pero al verlo resentido en una esquina, con los ojos de cachorrito, supe que lo había ignorado siete veces y todas ellas, sin querer.

—¡Te perdono si vas con nosotros a la fiesta de Hanji! —dice Petra, formando una sonrisa que muestra los dientes.

Me atoré con mi saliva ¿Qué acaba de decir? Tonto, me toma siempre por sorpresa.

—¿Qué?

Gunther voltea a verme con una sonrisa. Petra está emocionada.

—Invitaron a Petra.

Me lo imaginaba. Hanji solía llevarse bien con ella, aunque no hablan mucho.

—Y le dijeron que llevara a sus amigos. ¡Y adivina que! ¡Nosotros somos sus únicos amigos!

Me aguante la risa hasta la segunda hora libre, porque justo después de que mi amigo dijera eso llegó el profesor de turno que se encargaría de vigilar y empezó un nuevo examen. Sonreí internamente cuando vi en la hoja de papel todo lo que ya he estudiado con anterioridad. Miro discretamente a un lado y veo a Petra con la misma cara de satisfacción.

El único que parece descontento con el examen es Gunther, que ya reza el tercer ave María.

...


Nos encontramos caminando en el campus luego de dos horas de exhaustivos exámenes. Llevo mi mochila repleta con los libros del casillero conmigo, porque voy a retirarme temprano y por tanto, no alcanzaría a dar mi tercer examen. Tengo conmigo una justificación escrita dada por la empresa de mi padre y esperaba poder dar el examen faltante en la fecha para rezagados. Después de todo, ya tenía programada una cita en aquel lugar de trabajo y estoy algo entusiasmada. Mi padre es fotógrafo y periodista.

Abro mi mochila y busco la justificación. En un momento desvío la vista hacia la gran ventana en lo alto del edificio delante mío y, por supuesto, Levi estaba observando a través de la ventana todo el patio. Cosa que hace usualmente.

Son pocas las veces en las cuales me pregunto por qué aquel pelinegro suele observar a través del gran ventanal del salón de arte hacia el patio posterior. Pero son demasiadas las veces en las que mi incógnita es la expresión que él porta al ver el exterior: una indiscutible mueca de molestia y rabia, cubierta en una agridulce melancolía que viaja por sus cabellos, sus ojos, sus dedos largos y por el cigarrillo que porta, una melancolía que se une, fundiéndose con el olor de tabaco, fundiéndose con su piel fría, fundiéndose con él.

Mis manos tocaron un papel.

Pero no es la justificación.

Es una invitación a la fiesta de Hanji.

Es lo que Levi Ackerman ha puesto en mi mochila.



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