
𝟑𝟐: un latido entre nosotros
El silencio que siguió fue espeso, casi irreal. No había sonidos. Ni respiraciones, ni palabras, ni siquiera el latido del reloj en la pared. Era como si el mundo hubiera contenido el aliento.
Klaus no podía apartar los ojos del vientre de Elena. Su mirada estaba fija, clavada, como si fuera incapaz de entender lo que veía, como si su mente se negara a procesarlo del todo.
Su cuerpo estaba tenso, como una cuerda a punto de romperse. La rabia que lo había guiado hasta ese lugar, que lo había mantenido en pie durante meses de búsqueda incansable, se quebró de golpe. Se deshizo, dando paso a una mezcla desconcertante de emociones que él no supo identificar del todo.
Su expresión, antes dominada por la furia, se deformó lentamente. Primero vino la incredulidad: sus cejas fruncidas, la mandíbula apretada, los labios entreabiertos como si quisiera preguntar algo… pero no pudiera. Luego, la conmoción: el parpadeo lento, los músculos rígidos, el temblor sutil en sus dedos. Y finalmente, la furia contenida: esa chispa en los ojos que no terminaba de explotar, pero ardía, amenazante, como una tormenta atrapada en una jaula de huesos.
Era como si todo dentro de él gritara al mismo tiempo. ¿Qué había hecho ella? ¿Con quién había estado? Y, aún más peligroso: ¿por qué dolía tanto?
No habló. No se movió. Solo la miraba, como si ella fuera un enigma imposible… o una traición que no estaba listo para aceptar.
─ ¿Qué demonios es esto? ─ espetó finalmente. Su voz no fue un rugido, ni un grito de furia como Elena temía. Fue peor. Fue baja, profunda, casi gutural. Una amenaza contenida que se deslizó entre sus dientes como veneno. No era el tono de quien había perdido el control, sino el de quien estaba a punto de hacerlo… y todavía lo retenía por un hilo.
El silencio se rompió con esas palabras, pero no trajo alivio, sino un escalofrío.
Klaus no se movía, pero cada músculo de su cuerpo parecía listo para la tormenta. Su mirada subía y bajaba del rostro de Elena a su vientre, como si al parpadear pudiera desaparecer aquella visión, como si estuviera atrapado en una pesadilla demasiado vívida para ser real.
─ ¿Qué demonios… es esto? ─ repitió, más bajo, más oscuro, con una mezcla de incredulidad y desprecio que le quemaba en la lengua. Sus ojos, aún clavados en su figura, temblaban de furia silenciosa.
Elena tragó saliva, retrocediendo apenas un paso. No dijo nada. Porque, aunque él no lo sabía… lo intuía. Y lo que Klaus imaginaba era lo suficientemente devastador como para desear que no fuera cierto.
Klaus soltó su brazo de golpe, como si quemara. Dio un paso atrás, pasándose una mano por el cabello mientras una carcajada breve y amarga escapaba de su garganta.
─ Ahora entiendo por qué huiste ─ masculló con sarcasmo venenoso ─ por supuesto. No era solo Stefan como imaginé. Era esto. ─ señaló su vientre, con los labios torcidos en una mueca de desprecio.
─ Klaus, basta… ─ susurró Elena, con la voz quebrada.
─ ¿De quién es? ─ gruñó de pronto, volviendo a acercarse. Sus ojos estaban inyectados de rabia, pero en el fondo… en el fondo, también dolían ─ ¡Dímelo!
─ No… ─ Elena retrocedió un paso ─ no te debo ninguna explicación.
─ ¡Claro que sí! ─ rugió él, haciendo que Elena se estremeciera ─ estabas conmigo, ¿Cuánto tiempo? ¿Cinco, seis meses?
Klaus caminó en círculos, los puños apretados, los colmillos al borde de asomarse. Su voz era pura frustración.
─ Pasé meses maldiciendo tu nombre ─ dijo Klaus entre dientes.
─ ¡Basta! ─ gritó Elena de pronto, temblando, pero decidida.
Klaus se calló, mirándola con rabia contenida.
─ No me importa lo que pienses ─ siguió ella, con la voz tensa, llena de miedo pero también de fuerza ─ no voy a decirte de quién es. Porque eso no te incumbe. No tiene nada que ver contigo.
Los ojos de Klaus se encendieron. No supo si por el dolor, el enojo o una mezcla letal de ambos.
─ Sí, puede que ese bebé no tenga nada que ver conmigo… pero tú sí. Eres mi maldita bolsa de sangre ─ escupió con una sonrisa oscura ─ y vas a venir conmigo, amor. Estés embarazada o no… eso no va a salvarte.
Elena abrió los ojos de par en par al escuchar sus palabras. Un escalofrío le recorrió la columna, como si su cuerpo comprendiera antes que su mente que no había escapatoria.
─ No… no, Klaus, por favor… ─ susurró, mientras negaba con la cabeza, desesperada ─ no puedes hacer eso…
Pero sí podía. Y lo haría.
Giró sobre sus talones e intentó correr hacia la puerta trasera, aunque sabía que no tenía oportunidad real de escapar. Apenas había dado dos pasos cuando una fuerza brutal la atrapó por el brazo.
─ ¿De verdad pensaste que podías huir de mí? ─ murmuró Klaus, con una voz casi divertida, cargada de amenaza.
Elena forcejeó, pero fue inútil. Él la sujetó con fuerza, sin mostrar piedad ni compasión, y la arrastró fuera de la casa. El aire frío de la noche la golpeó en la cara mientras era obligada a caminar, casi a tropezones, hasta el vehículo estacionado al frente.
Un híbrido esperaba junto a la puerta trasera abierta, en silencio, obediente. Elena volvió la cabeza hacia la casa, deseando con todas sus fuerzas que los hermanos Salvatore aparecieran… pero no lo hicieron.
Klaus abrió la puerta del coche con una mano, y con la otra la empujó suavemente pero con firmeza.
─ Vamos, amor… ─ susurró Klaus, su voz baja y peligrosamente suave, justo junto a su oído ─ no me hagas perder la poca paciencia que me queda.
El tono era casi cariñoso, casi íntimo… pero Elena sintió cómo su piel se erizaba al instante. No había dulzura real en esas palabras, solo una amenaza enmascarada con un falso afecto. El aliento de Klaus rozó su cuello, cálido y firme, y el agarre de su mano en su brazo se intensificó apenas un poco, lo suficiente para recordarle que no tenía elección.
Sus piernas temblaban. Quería gritar, correr, desaparecer. Pero no pudo hacer nada. Klaus estaba demasiado cerca. Demasiado fuerte. Demasiado decidido.
Y esa sonrisa torcida en sus labios… no prometía nada bueno.
Elena subió al vehículo con pasos torpes, como si cada movimiento le costara el doble de esfuerzo. Su cuerpo temblaba visiblemente, ya no solo por el frío de la noche, sino por el miedo que la envolvía por completo. El corazón le martillaba en el pecho, desbocado, y cada respiración le quemaba en la garganta.
Se giró un instante antes de entrar por completo, su mirada clavada en la entrada de la casa. Como si, en lo más profundo de sí misma, aún esperara ver aparecer a Stefan… a Damon… a alguien. Cualquiera que pudiera detener lo que estaba por suceder.
Pero no apareció nadie.
La oscuridad lo cubría todo, y el silencio era ensordecedor.
La esperanza se deshizo dentro de ella como un cristal roto.
Con el rostro pálido y los ojos llenos de lágrimas que aún no se atrevía a dejar caer, Elena subió finalmente al coche. El portazo a su espalda sonó como una sentencia.
Ya no había salida.
Ya no quedaba nadie.
Y Klaus… había ganado.
¡ 𝐂𝐀𝐏𝐈́𝐓𝐔𝐋𝐎 𝟑𝟐 !
💬 NOTA FINAL
¡Gracias por llegar hasta el final del capítulo! 💔 En este episodio vivimos uno de los momentos más tensos hasta ahora: Klaus descubrió el embarazo de Elena… pero lo que él no sabe —y ella no piensa decirle— es que ese bebé es suyo. 🩸👶
Después de todo lo que ocurrió entre ellos, Elena ya no confía en Klaus. Lo único que sabe —o al menos, lo que cree— es que él la enamoró solo para mantenerla cerca y usarla por su sangre. Por eso, aunque muchos de ustedes deseen que le diga la verdad… eso no va a suceder. Al menos, no por ahora.
¿Qué les pareció este capítulo? 😱 ¿Esperaban esta escena? ¿Creen que Klaus la seguirá usando como su bolsa de sangre… incluso ahora que sabe que está embarazada?
🔒 Meta de 100 comentarios para desbloquear el siguiente capítulo.
¡Los leo! 💬❤️
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro