Capitulo 12
12 | Levi
Megumi bajó la mirada, observando la pequeña figura que se encontraba detrás de Inari.
—¿Hola? —dijo el hombre, levantando una de sus cejas.
Inari sonrió y tomó la mano del niño que se encontraba detrás de ella.
—Vamos, Levi, saluda a Megumi —dijo ella, con voz dulce.
El chico de cabellos rubios miró a Megumi por unos segundos antes de hacer lo que su hermana le había pedido.
Aquel día, dado a que la madre de Levi tenía una fiesta de trabajo, Inari se había ofrecido a cuidar a Levi —no sin consultar previamente a su mejor amigo, claro—, por lo cual, aquella noche el pequeño niño dormiría en aquella casa.
Mientras Levi se acercaba a Megumi, quien lo guiaba hacia el sofá para ponerle caricaturas, Inari se sacó los tacones. Estaba agotada.
Gracias a que sus exámenes de fin de semestre se acercaban, las prácticas se convertían en algo realmente pesado, el agotamiento mental era impresionante.
Había dormido solo cinco horas durante aquella semana.
Luego de dejar los sus tacones en la entrada —de forma ordenada—, llevó la bolsa de supermercado a la cocina y comenzó a desempacar todo lo que había comprado, siendo algunas de estas cosas exclusivas para su hermano menor.
—Levi, ¿cenaste en casa? —el niño asintió, enbobado mientras observaba con atención el televisor, mientras, a su lado Megumi revisaba su teléfono—. ¿Quieres una merienda?
—¡Si, por favor! —exclamó el niño, con emoción.
Inari sonrió, desviando su vista hacia Megumi:—Y usted, señor, ¿qué desea cenar? —Megumi levantó la mirada del teléfono y sonrió mientras se levantaba del sofá, caminando hasta estar frente a Inari.
—No lo sé, señorita, ¿qué me recomienda?
Inari apoyó una mano sobre su cadera, observando a Megumi con una sonrisa amplia:—No lo sé, señor Fushiguro, hay un amplio menú de cosas que podría hacerle —susurró ella, coqueteando de broma, acercándose a Megumi.
Mientras sonreía, el azabache levantó una ceja.
—¿Ah si? ¿Como cuales? —respondió él, con voz ronca.
Inari levantó su mano, apoyándola en el cuello de Megumi y luego acariciando este hasta mover su mano hacia el hombro del más alto:—Bueno, podríamos cenar algo ligero y pasar directo al postre —susurró ella, bajando su mano hacia el pecho de Megumi, bajando esta poco a poco hasta llegar al abdomen del más alto.
Megumi sintió que la respiración le faltaba cuando ella bajó más la mano, agarró su cinturón y lo acercó a ella.
—Esa opción suena perfecta.
—Es tan perfecta que yo quiero hacer lo mismo —el sonido de una voz diferente a las suyas hizo que Megumi e Inari se separaran rápidamente—. Claro, sólo si tú quieres.
Nerviosa, la rubia soltó una pequeña risita:—Hola, señor Fushiguro.
—Buenas noches, Inari.
—Lárgate, viejo.
—Lárgate tú, esta es mi casa.
Mientras padre e hijo discutían, Levi se acercó a los tres adultos con el ceño fruncido:—Me siento excluido, díganme de que hablan o me vengaré —dijo el niño, apuntando a los dos hombres de la Familia Fushiguro.
Toji frunció el ceño.
—Ese niño no es mio, ¿de donde saliste, mocoso? —dijo el hombre.
—Es mi hermano menor —intervino la rubia.
—Ah, bueno, ¿como se llama?
—Levi —respondió el niño, frunciendo el ceño, pegándose a su hermana—. Inari, ¿Puedes ir al sofá un momento? Quiero tener una charla de hombres con tu mejor amigo y su papá.
La rubia sonrió con ternura, pensando que les pediría a los hombres un consejo sobre cómo conquistar a alguna niña de su clase, rápidamente hizo lo que su hermano dijo.
Cuando ella se fue, el niño miró a los dos hombres con molestia.
—Si hacen llorar a mi hermana no los perdonaré, cuando crezca los buscaré y les romperé cada hueso del cuerpo —amenazó el niño, dejando boquiabiertos a ambos hombres—..., bueno, linda charla, iré a que mi hermana me acaricie el cabello. Háganse su propia comida.
El niño dejó a ambos hombres atrás, sentándose en el sofá y recostando su cabeza en el regazo de su hermana mayor.
—¿Nos acaba de amenazar un niño de diez años?
—Si.
Inari se levantó de la cama, suspirando, dormir junto a su hermano y Megumi en la misma cama era realmente incómodo. Con cuidado de no despertar a ninguno de los dos, Inari tomó una almohada extra que había en la cama y sacó una sabana del armario de Megumi.
Acto seguido, la rubia salió de la habitación y se dirigió al sofá de la sala de estar, recostandose en este. Era incómodo, pero ciertamente era mejor que dormir junto a Levi y Megumi.
A pesar de eso, no lograba dormir. Era realmente extraño, pero ella tenía cierto temor de dormir en lugares abiertos como aquel y, como si sus miedos se cumplieran, el chillido de una puerta abriéndose retumbó por los pasillos.
—Diosito, protegeme —rogó, usando la sabana como una barrera protectora, cubriendose por completo.
—¿Que haces aquí? —la voz de Toji hizo que Inari se asomara.
—Dios..., casi me dan cinco paros cardíacos —suspiró ella—, dormir con Megumi y mi hermano era incómodo, por ello decidí dormir en el sofá.
—Pero tienes miedo de dormir aquí, supongo...
Inari desvió la mirada, avergonzada.
—Es algo normal.
—No estoy diciendo que no lo sea.
El sonido de la voz de Toji hacia que algo dentro de Inari retumbara, como un terremoto.
—¿Quieres dormir conmigo?
La pregunta tomó su Inari por sorpresa.
—¿No? —respondió, dudosa.
—¿Segura? —el tono de voz de Toji se escuchaba más grave de lo usual, mas masculino.
Cuando la rubia levantó la mirada, notó que él poseía una amplia sonrisa. Era una sonrisa torcida y coqueta, sus ojos parecían tornarse más oscuros.
—No muerdo, Inari.
—Bueno, eso es decepcionante —respondió ella con burla, sin pensarlo dos veces.
Al escuchar el sonido de una risa baja y gutural ella se arrepintió de haber dicho aquello.
Los recuerdos de la noche en la que bebieron juntos volvieron a la mente de la muchacha, en su mente se repetía constantemente el momento en que sus labios se tocaron. Intentaba olvidarlo, pero cuando lo veía le era imposible.
Él la hacía sentir ebria a pesar de que en aquel momento no hubiera bebido ni una sola copa de alcohol.
No quería repetir los errores de aquella noche, pero en momentos como aquel el único recuerdo en su mente era el de ellos besándose bajo la luz de la luna.
Fue por ello que, con todo el valor que había reunido, se había atrevido a terminar lo que había comenzado aquella noche en la que bebieron bajo la luz de la luna.
Inari se levantó de sofá, tomó a Toji del cuello de la camiseta y, sin esperar mucho, juntó sus labios, sintiendo como él sonreía mientras se besaban.
Sus manos viajaron por la cintura de Inari, llevando una hacia su cadera y otra hacia su rostro. Las lenguas de ambos jugueteaban en un húmedo y asfixiante beso.
Era tan asfixiante y se sentía tan bien que el juicio de Inari terminó por nublarse por completo.
Cuando sus labios se separaron, Toji acarició su rostro:—¿Quieres esto?
Inari no tardó en responder:—Si.
Ante aquella respuesta, Toji tomó la mano de Inari y la guió hacia su habitación.
—Mi habitación tiene aislante de sonido en las paredes —soltó el de repente.
Cuando ella entró y quiso decir algo se vio interrumpido por el hombre.
Al cerrar la puerta, Toji no tardó mucho tiempo en caminar hacia ella y tomarla de la parte trasera del cuello para juntar sus labios en un desesperado beso, guiándola hacia la cama y tirándola sobre esta.
Recostada en aquella cama, Inari lo observaba quitarse la camiseta.
Él sonríe ampliamente para luego sacar de un cajón una caja de condones y un lubricante.
Toji retiró la pijama de la muchacha, comenzando a masajear sus pechos y haciéndola suspirar, ella cerró sus ojos ante las sensaciones que él provocaba en ella, con su otra mano, Toji metia de golpe uno de sus dedos en mi intimidad luego de lubricarlo apropiadamente.
—Señor Toji...—Inari mordió su labio inferior, intentando evitar soltar un gemido.
Mientras se besaban y sus lenguas jugueteaban, la masculinidad del mayor rozaba su entrada, sin embargo, ella se concentró en sus labios mientras que él, de golpe, se introducía en ella, haciéndole ahogar un largo gemido.
La desesperación de Toji provenía del largo tiempo que había estado esperando para que aquella situación se diera.
—Se siente tan jodidamente bien — susurró en el cuello de Inari, procediendo a besar este mientras ella arañaba su espalda al sentí su feminidad ser llenada por el miembro de Toji, entrando y saliendo en ella en un compás lento.
Él adoraba hacerle sufrir como ella lo hacía con él cada vez que la veía coquetar con cualquier otro hombre.
Toji se acomodó en la cama, tomando las piernas de Inari y colocandolas en sus hombros.
—Joder.
La cabecera de la cama golpeaba contra la pared bruscamente después de ser embestida por él, ella arruguó las sabana con sus uñas al sentirlo completamente dentro.
Sus embestidas comenzaron a subir de velocidad, haciendo que se pudiera escuchar el ruido de su cuerpo uniéndose al suyo una y otra vez, junto con los sonidos de la cabecera de la cama de Toji chocando contra la pared.
Se sentía tan jodidamente bien que ella no supo por qué había esperado tanto tiempo para estar con aquel hombre.
Inari mordía sus labios para evitar gemir mientras él, de vez en cuando, soltaba gruñidos y leves suspiros. Sus embestidas eran rápidas y toscas, pero, se sentían realmente bien.
—Quiero escucharte —Toji rió levemente, alzando las caderas de Inari y entrando en ella con más profundidad.
El labio de la chica se rompió un poco gracias a la fuerza con la que lo mordió haciendo que el sabor metálico de la sangre se sintiera en su boca.
—Sabes que me encantaría escucharte gemir.
Ella miró con lágrimas en sus ojos mientras cubría su boca con el dorso de su mano.
Toji le sonrió luego de salir de ella, por lo cual, Inari lo observó, confundida. Su confusión solo duró hasta que el hombre le dio vuelta y ella quedó boca abajo en la cama, haciéndole casi imposible no sentir como tomaba sus caderas y la obligaba a alzarlas.
La rubia extendió su mano para alcanzar una almohada, sin embargo, Toji fue más rápido, la agarró y la lanzó lejos.
—Voy a escucharte gemir.
Sus manos bruscamente se colocaron en su muñeca con fuerza y, de imprevisto, entró en ella nuevamente, pero esta vez, siendo más brusco y descuidado.
Con una de sus manos Toji tomó sus muñecas, mientras que con la otra acariciaba su cuerpo, colocandola en su cabeza, entrando de manera tosca y haciéndola alzar más las caderas.
—¡Toji! —gimió con fuerza al sentirlo contra ella.
En aquella posición ella lo tenía más adentro y él entraba con brusquedad. Inari sintió como se inclinaba contra ella mientras la embestia bruscamente, haciéndole llorar gracias al placer que sentía en el momento. Un cosquilleo invadió el vientre de la chica mientras lo sentía entrar y salir de ella, llevándola lentamente.
—¡Sigue así, Toji! —gemía mientras sentía su mano acariciar su espalda y agarrar su trasero.
Sus embestidas subieron de velocidad, incluso, ella podía escuchar el cuerpo de Toji chocando con el suyo rápidamente mientras yo ella se perdía entre las inmensas descargas de placer. Al sentir un fuerte cosquilleo en su vientre ella soltó un fuerte gemido.
—Toji...—dijo, entre gemidos, girando su cabeza para intentar verlo, observando como sonreía mientras chocaba su cuerpo contra el de Inari.
—Maldita sea —gruñó—. Me estás apretando.
Sus embestidas subieron de nivel, llegando ya al punto de convertirse en salvajes, ella ya no reprimía los sonidos lascivos que salían de mi boca. Le encantaba aquella sensación.
La mano que se encontraba en la cadera de Inari se dirigió a su abdomen y, bruscamente, le hizo levantarse levemente:—Por Dios —gemía ella, mientras la mano de Toji acariciaba sus pechos.
Ella sintió a su feminidad envolver el miembro de Toji y una calidez inundó mi abdomen bajo, gimió fuertemente al llegar al clímax.
Ella dejó su cuerpo caer sobre la cama bruscamente, boca abajo, mientras sentía su respiración cortada e irregular.
—Aún no he terminado, no seas tan egoísta—dijo él, burlón.
Toji volvió a ingresar en su interior y ella soltó un fuerte gemido mientras aruñaba las sábanas, ya estaba totalmente sensible, ella sentía sus fluidos resbalar por sus muslos.
Él siguió embistiendola fuertemente e inconscientemente encajaba sus uñas en las caderas de Inari, para luego embestirla salvajemente por una última vez. Luego, ella logró escuchar un sonoro gruñido salir de Toji.
Ella volvió a caer boca abajo, con su respiración irregular mientras sentía su feminidad totalmente húmeda.
Toji se tumbó a su lado, respirando, agitado, después de todo, él habia hecho todo el trabajo:—¿No te dije que sería mejor con los dos sobrios? —él la observó con una sonrisa burlona.
Ella soltó una risita:—idiota —susurró, la risa grave del hombre no tardó en escucharse antes de envolverla en sus brazos.
A la mañana siguiente, Inari despertó a las cinco de la mañana, había puesto su alarma a esa hora para no levantar sospechas en Megumi.
Al despertar, Inari se percató que el espacio en la cama a su lado estaba vacío.
Sin ponerle mucho cuidado a ello, se levantó de la cama, tomó su ropa y se vistió. Con cautela, salio de la habitación de Toji y se dirigió al sofá, recostandose en este y cerrando los ojos.
No durmió realmente, simplemente descansó su vista, aún seguía consciente.
De vez en cuando abría los ojos y miraba hacia la puerta de la habitación de Megumi. Se sentía sumamente culpable por lo que había sucedido.
Ella se llevó las manos al rostro, llorando con impotencia, sentía que había hecho algo malo, algo a lo que no podía echar marcha atrás. Aunque realmente deseaba, ansiaba, a Toji. Su consciencia le decía que aquello no estaba bien.
Sus acciones habían sido tontas, eso era lo que ella creía.
Cuando el sol salió, y ya eran las siete de la mañana, el sonido de la puerta abriéndose hizo que ella se sobresaltara.
Inari retiró su brazo de sus ojos, no tenía rastros de haber llorado, y rápidamente miró a la persona que entraba a la casa. Al verla, Toji abrió los ojos con sorpresa y cierta pizca de arrepentimiento.
—¿Que haces aquí? —preguntó, acercándose a Inari—. ¿Por qué no estás en la cama?
—No quería quedarme dormida hasta tarde y que Megumi nos descubriera —dijo, restandole importancia al asunto—. ¿Quiere algo de desayunar? Puedo hacer huevos con tocino y algo se arroz.
Toji levantó las cejas, sorprendido.
Ella se levantó del sofá, estirando su cuerpo mientras caminaba hacia la cocina, ignorando el ligero dolor en sus caderas.
—Me parece bien..., Inari, ¿no te sientes molesta porque no estaba en la cama contigo cuando despertaste?
Mientras amarraba su cabello, la rubia miró al padre de su mejor amigo con una ceja levantada, luego, sonrió con comprensión.
—No te preocupes, estoy acostumbrada, ya me hice la idea de que esto iba a pasar.
Ante aquella declaración, la sorpresa de Toji aumentó, se preguntó ¿bajo que concepto lo tenía para creer aquello? ¿Acaso ya había tenido experiencias similares anteriormente?
Cuando el mayor de la familia Fushiguro estaba por hablar, Megumi apareció, dejándolo con las palabras en la boca.
—Buenos días —le dijo el muchacho a su mejor amiga.
—Buenos días —respondió ella con voz gentil—. ¿Quieres cereal o huevos con tocino?
—Cereal —susurró Megumi, somnoliento, sentándose en el desayunado mientras miraba a Inari moverse en la cocina—. ¿Dormiste bien?
—Excelente.
Toji se sentó en silencio a un lado de su hijo, observando a la rubia tener una expresión dócil. Seguía sin entender cómo podía actuar de aquella manera.
El sonido de la puerta de la habitación de Megumi abriéndose hizo que los dos hombres Fushiguro desviaran la mirada y observaran como Levi se acercaba a ellos, rascando su cabeza.
—Buenos días —dijo, arrastrando su cobija mientras se paraba frente a una de las sillas altas del desayunador.
Megumi, al notar que Levi no podría subir a la silla, lo alzó y lo ayudó a sentarse en una silla a su lado.
Inari no tardó mucho en servir el desayuno de su hermano, quien comía a pesar de encontrarse medio dormido, gracias a esto Megumi se apresuró a ayudarlo.
Levi, Inari y Megumi daban los aires de ser una familia feliz. Al ver aquella escena Toji apretó los puños.
Hello hello.
Bueno, primero que todo, aquí les dejo una imagen del hermanito de Inari, Levi
Y segundo, espero que les haya gustado.
No olviden votar y comentar.
Gracias por leer.
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