[24]
—Kurutta —susurró la tenue voz en la cabeza de Kotaro, haciéndolo despertar de golpe.
Al abrir los ojos, Kotaro los desvió hacia Dai, quien dormía plácidamente mientras sonreía. El cielo permanecía oscuro, específicamente eran las tres de la madrugada.
Con sumo cuidado para no despertarlo, Kotaro retiró el brazo de Dai y se levantó de la cama, dirigiéndose a la puerta de salida de su habitación. Al tomar la perilla, antes de girarla, Kotaro flaqueó.
—Kurutta —cantó la voz, otra vez.
Los ojos de Kotaro se oscurecieron.
El azabache salió de su habitación, en dirección a la sala de estar en donde Tetsuo descansaba, magullado luego de recibir aquella gran cantidad de golpes por su parte.
Kotaro tocó dos veces su hombro, despertándolo, mirándolo inmediatamente a los ojos, hipnotizandolo.
○○○
—¿Que es eso? —preguntó Kotaro, asomándose a ver los papeles que Día ojeaba.
—Tarea de matemáticas —al decir aquello, Kotaro instantáneamente le quitó los papeles a Dai, sentándose en un lugar apartado mientras escribía—. ¡Oye! Tengo que terminar para este fin de semana, así tendré un peso menos encima.
—Sh —dijo Kotaro, sin mirarlo.
—No me chites —dijo Dai, acercándose a Kotaro.
El azabache suspiró, esperando a que Dai se acercara, tumbandolo boca abajo y sentándose sobre él, inmovilizadolo, mientras usaba una libreta sobre su espalda como su escritorio.
—Kotaro —jadeo con molestia.
—Sh —volvió a decir.
—¡Que no me chites! —exclamó el albino con su rostro cubierto de un tono escarlata debido a la vergüenza que estar en esa posición le causaba.
—Bueno —dijo—, entonces, confesaré que, si tuviera todo tu dinero, no me molestaría en ir a la escuela. Prefiero estar en casa y no saturar mi batería social.
—¿Que dinero?
—Sé que tu padre es CEO de una compañía de telecomunicaciones y que madre es una diseñadora famosa —dijo—. No sé porque dices no tener dinero.
—Es el dinero de mis padres.
—Cuando se mueran será tuyo.
—Si..., pero...
—Sh, cállate, ya terminé —dijo, levantándose de encima de Dai y ayudandolo a levantarse y entregándole los papeles de la escuela.
Dai vio los papeles, boquiabierto. Estaba todo resuelto.
—Soy una clase de "genio" —explicó, lanzándose a su cama y mirando al techo de su habitación.
—Si, bueno, serias el mejor novio del mundo si me haces siempre la tarea —dijo, recostado a un lado de Kotaro.
Kotaro lo miró con una ceja levantada.
—¿Somos novios? —Dai se sonrojó, cuando estaba a punto de negarlo, Kotaro lo interrumpió—. Me parece justo. Es bueno, ¿no?
—Más que bueno —dijo Dai, con una sonrisa amplia, tomando la mano de Kotaro y entrelazando sus dedos.
Ambos miraron al techo, luego, Kotaro desvió la mirada hacia Kotaro y detallo cada parte de su rostro. Casa hermosa curva, cada hermosa pestaña. Quería mantenerlo esa imagen en su memoria para siempre.
—¿Alguna vez has visto algo tan hermoso que te es imposible apartar la mirada? —preguntó Dai.
Kotaro se giró a verlo:—Si.
Ambos se miraron por un largo rato, acercándose con lentitud del uno al otro, sin embargo, él sonido de la puerta abriéndose hizo que ambos se separaran de golpe.
—¿Que estaban haciendo? —preguntó Akane con una sonrisa de diversión.
Kotaro se escondió detrás de Dai:—Dai me sedujo y ahora quiere ser mi novio, ¿me das permiso? —Dai soltó un bufido, luego rió.
—¿Le tienes miedo a tu mamá?
Akane levantó una ceja, esperando la respuesta de su hijo.
Kotaro se incorporó, poniéndose a un lado de Dai y mirándolo con inexpresion:—Gracias a mi enfermedad, y dado a que no me he tomado mis pastillas, no puedo sentir algo como el miedo —Akane se cruzó de brazos, haciendo que le azabache tragara saliva con dificultad—. Solo es instinto de supervivencia.
—Si soy —dijo Kenji mientras pasaba por ahí.
Dai y Akane rieron. Kenji y Kotaro compartieron miradas y se escogieron de hombros, sin entender porque reía aquel par.
Luego de reír un rato junto a Dai, Akane miró a Kenji con el ceño fruncido, este se tensó de inmediato:—¿No te dije que pusieras la mesa? ¿Que haces aquí? —dijo, cruzándose de brazos.
—Ya lo hice, cariño.
—No me digas cariño.
—Como órdenes, cariño —dijo, por costumbre.
Akane le tiró un zapato a Kenji, este lo esquivó y salió corriendo, escapando de la escena. Akane suspiró.
—El almuerzo está listo, salgan.
○○○
Dai miró a Kotaro, quien observaba su comida mientras cortaba en trozos todo lo que su tenedor pudiera atrapar. En la mesa se encontraban los padres de Kotaro, su tío, Dai y el mismísimo Kotaro.
Nadie decía nada.
Fue así hasta que Tetsuo abrió la boca:—Entonces..., ¿cuando se van de la casa? —preguntó, observando a Kenji y Kotaro.
—¿Perdón? —dijo Kenji.
—Si, ya saben, Akane y yo necesitamos nuestra privacidad —volvió a decir.
—Para que lo sepas, Tetsuo, los papeles de la propiedad están a mi nombre —dijo Kenji con tranquilidad.
—A demás, no quiero estar a solas contigo —agregó Akane.
—Pero aún así...
Kotaro levantó la mirada, observando a su tío de tal manera que este se quedó paralizado, tenía ganas de correr por su vida.
—Cállate.
Temeroso, Tetsuo resopló:—Ya me dejaste todo magullado, ¿qué más podrías hacer?
Kotaro miró a su madre, este sonrió de manera juguetona y le guiñó el ojo, acto seguido, Kotaro sonrió mirando a Tetsuo:—Me juzgas mal, tío, deja tu persistencia o me encargaré de robar y destruir todo lo que tienes y amas. Reduciré tu vida a cenizas. No me importa que me denuncies —dijo.
Dai y Akane casi se atoran con su comida al escuchar aquello. Kenji lo miró con inexpresion por un tiempo, luego sonrió.
—¿Como eres tan...?
—¡Vuelve a hablar y te arrancaré el corazón! —gritó de repente.
Kenji levantó una ceja y amplio su sonrisa.
Al darse cuenta de su exaltación, incluso el mismo Kotaro se sorprendió, rápidamente, se levantó de la mesa y salió de la casa, tomando su teléfono mientras marcaba un número de teléfono con desesperación.
—Si alguien muere..., tal vez sea suficiente.
○○○
—Mierda, ¿qué estoy haciendo? —susurró, observando aquel lugar con algo de molestia, arrugando la nariz.
—Tu corazón se está abriendo —susurró la voz.
El azabache observó de reojo al hombre de cabellos negros que se encontraba fumando a unos cuantos metros de donde se encontraba él. El olor de lo que él fumaba llegó hasta Kotaro.
<< Mm, Heroina. >>, pensó, aún más animado para ir a buscar un poco de droga.
En volumen, para su suerte, la droga solía ser un poco más barata que el alcohol. Pero aquel día no planeaba comprar.
Kotaro se acercó a quien parecía ser quien manejaba el lugar y lo miró:—Dame un poco de todo —dijo, mirando al diler a los ojos, quien le obedeció. Kotaro sonrió y se le ordenó olvidar que le había regalado aquella droga.
El muchacho se sentó cerca del hombre que había visto al entrar, con quien compartía varios rasgos, como el color de ojos, el tono de piel, y el color de su cabello.
—Ah~ —Kotaro soltó un jadeo de alivio al armar su primer cigarro e inhalar el humo.
El muchacho, mientras mantenía el cigarrillo entre sus labios, desarmó una de las pequeñas bolsitas que tenía, quien definitivamente era una grata compañera para él, pero, a la vez, una forma de autodestruirse. De eso estaba consciente, sin embargo, le importaba más una insignificante hormiga que ese gran hecho.
Sin rechistar o siquiera disimular, inhaló el polvo. Luego de eso, Kotaro pasó su lengua por su labio superior y se deshizo de la bolsita, fumando el cigarro que antes había armado y sintiendo como todo su cuerpo se relajaba.
Sin voces, sin recuerdos.
Sin preguntas.
Sin amor.
Sin algo que lo tuviera retenido.
—No pensé que un mocoso como tú estuviera en un lugar como este —dijo el hombre que había visto antes, sentándose frente a él con una sonrisa—. Vi lo que hiciste con el proveedor. Es genial.
—Seh —chasqueó, sacando de su pantalón una de las bolsitas que había comprado y dándosela al hombre, quien no la rechazó.
Cuando su cigarro se terminó, Kotaro tiró la colilla al piso y armó otro, poniendo este entre sus labios y buscando su encendedor.
—Me preguntaba si podías conseguir otro poco para mi —dijo el hombre, haciendo que una pequeña llama de fuego azul apareciera sobre su dedo índice, enciendo el cigarrillo de Kotaro.
—Quizá —confesó.
Kotaro le dio una calada a su cigarro y luego soltó el humo.
○○○
Kotaro soltó una carcajada mientras entraba a su casa, mirando a un espacio vacío del pasillo:—Callense, no puedo concentrarme —dijo, entre risas.
—¿Con quien hablas? —dijo una voz detrás de él, Kotaro de inmediato amplió su sonrisa.
—Dai, mi amor —exclamó Kotaro con felicidad, abrazando al albino—. Estoy caliente, follemos.
—No quiero —el azabache suspiró, mirando el ceño fruncido de Dai.
—Bueno, entonces me haré una paja —dijo, restandole importancia.
Kotaro se giró de nuevo, abriendo la puerta de entrada al departamento.
—¿Donde estuviste toda la mañana?
—¿Por qué debería decírtelo? —pareció pensarlo por un momento—. Bueno, te lo diré, pero solo porque eres mi novio. Aunque no me gustó el momento en el que me lo pediste.
Dai se sonrojó.
—¿Que?
—Pensé que me lo pedirías anoche, con todo ese sentimentalismo, pero no lo hiciste. En fin, lo haré yo de nuevo, como debe ser —dijo, volteandose a ver a Dai—, ¿quieres ser mi novio, Dai?
Dai frunció el ceño, viendo los ojos rojos de Kotaro y sus pupilas dilatadas.
—¿Estás drogado?
—Seh —contestó con sinceridad.
—¿Desde cuando...? —Dai agachó la cabeza.
—No recuerdo, un día me estaba tomando las pastillas para mi enfermedad y al día siguiente ¡puf! Estaba fumando heroina con un extraño —dijo.
Él dio un suspiro melancólico.
—Si sigues así, te matará —susurró Dai, dejandole claro que la idea de que se drogara no le agradaba.
Kotaro lo miró, burlón, sacando una bolsita de su bolsillo, encogiendose de hombros. Acto seguido, el muchacho colocó un poco de polvo en la palma de su mano y lo aspiró, soltando una risa ronca luego de eso.
—De algo nos tenemos que morir —dijo, limpiando la parte de abajo de su nariz—. Algo curioso es que cuando estoy contigo no necesito drogarme, tú eres mi droga, Dai. Soy adicto a ti.
—Entonces no hagas eso otra vez.
—Te quiero, pero no voy a obligarte a quedarte, no cambiaré. Olvida esa idea —alejándose de él, se apoyó en el marco de la puerta de entrada a su departamento.
—Tranquilo, de alguna manera u otra de haré dejarlo —le avisó Dai.
—Tus intentos son bienvenidos.
Dai entró al departamento de Kotaro, él sonrió y cerró la puerta con seguro.
○○○
Kotaro miró a Dai, quien se encontraba dormido en su pecho, el azabache prosiguió a encender el televisor de su habitación y poner el canal de noticias. Luchaba contra el impulso de encender un cigarro.
No quería provocarle problemas de salud a Dai.
El chico le bajó el volumen al televisor para no despertar a Dai. Tomando un tarro de pastillas en su mesita de noche y tragandose cinco mientras veía fijamente la pantalla.
Debía estar pendiente de las noticias, después de todo, lo que saliera en ellas definiría el resto de su vida.
"Hombre de cuarenta y tres años muere tras lanzarse frente a un autobús, fue identificado como Tetsuo Honma."
Kotaro pasó su lengua por su labio superior y sonrió.
<< Quiero más. >>, pensó, no solo refiriéndose a las drogas.
—Nunca es suficiente —susurró la voz en su cabeza.
¿Por qué escuchaba cosas donde no las había? ¿Por qué cambiaba de humor tan rápidamente? ¿Por qué consumía drogas?
Lo hacía porque su condición lo sometía a eso, se lo exigía. Le pasó lo mismo al momento en el, por primera vez, uso su quirk para matar a alguien. Estaba enfermo, más aún, y esa enfermedad lo impulsaba a hacer daño.
¿Lo disfrutaba?
Muchísimo.
Primero que todo, aquí les dejo un Kotaro asustado de la suerte:
En unas horas estaré publicando el tercer capítulo de hoy, espero que estén disfrutando la historia
No olviden dejarme su voto y su comentario.
Gracias por leer
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