Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

𝐎𝟏 | 𝐌𝐀𝐑 𝐏𝐈𝐂𝐓𝐎𝐑𝐈𝐂𝐎



 ❝ mar pictórico


HOY DESPERTÉ, HABIENDO SOÑADO CON ÉL y recordándolo por primera vez en dos años. En mi sueño, volvíamos a ser los despreocupados en la secundaria, caminando por senderos arremolinados y oscuros, como un recuerdo borroso sobre esas baldosas oníricas sin fin, donde el eco de nuestras risas era lo único que se escuchaba. Luego, me veía a mí misma sentada al lado de él, en el suelo, y seguíamos riendo tomados de la mano en alguna casa que era suya, pero la verdad es que ya no lo recuerdo bien. Solo fue un sueño, y aún así, recordarlo, me provocó cierto escalofrío como si un cúmulo de recuerdos felices de ese tiempo, se pintarrajearan de negro, sin pasión, sin delicadeza... pero así éramos ¿no?

Pensé que, al igual que cualquier otro sueño, lo iba a olvidar tras unos minutos; sin embargo, son las seis de la tarde, y la sensación del sueño me persigue cuando camino junto con algunas compañeras de facultad hacia una exposición de arte de una chica,—amiga en común entre ellas—, de la capital, quien es la coordinadora de la galería de estudiantes. Las chicas conversan, pero me sentía un poco ajena a sus habladurías. No soy de las personas que se excluyen en las conversaciones, pero yo estoy perdida desde que pisé la acera que conecta a la ciudad. Quizás, pensé, solo no tengo ganas de hablar por el momento.

Eren es el tema del que me rehusé a hablar cuando estuve en rehabilitación. El tema que oculté, encerré en una cajita, y la tiré al sótano profundo de mi mente, pero nunca la escuché caer.

—Yelena, sucia, la otra vez te pille en El Abismo.

Voltee a ver a mi compañera. Sasha trae el cabello suelto, yo entrelazo su brazo con el mío porque es propensa a perderse. Ella da leves empujoncitos con el codo a la rubia.

—¿Y tú que hacías en El Abismo? —preguntó la más alta, con curiosidad burlesca.

—Revender una revista de Connie. Odiaba verla por ahí.

El Abismo es una tienda de revistas y discos de mala muerte que se encuentra, como su nombre alude, en una zona subterránea de la capital. Puedes encontrar de todo allí, cosas "útiles", cosas "inútiles", pero una que otra vez pillas a los adolescentes buscando entre revistas pornográficas y películas eróticas prohibidas en otros países. La desconocía por completo hasta que decidí preguntar una vez. Por supuesto me sorprendí, pero es increíble—, para mal—, la cantidad de lugares de ese estilo en varios lugares del mundo. Y repugnante. Las cosas repugnantes para gente repugnante. Tengo tantas cosas para decir, y a la vez, casi nada.

—Leonor, ¿por qué tan tímida, eh?

—Pensaba en qué lugar deberíamos comer luego de ver la galería —. Mentí.

—¡Ah!, estuve revisando algunos buenos restaurantes por internet, de ahí podemos elegir aunque prefiero comer frente al mar... Pero te siento un poco distraída ¿o ya te cansaste? Soy tan fuerte que puedo llevarte cargando, tú solo dime.

Me reí. Sasha habla rápido que arrastra algunas palabras, cree que estoy intimidada por la presencia de Yelena. Es una chica extranjera, alta y delgada, amiga que hizo mediante un chat grupal y que recién conozco en persona. Su cabello corto y rubio me recuerda a otra mujer que vi alguna vez en la fiesta de bienvenida universitaria. Yelena y yo nos llevamos bien a primera impresión, aunque delimitada por Sasha. Nos vimos y pensamos "Eres la amiga de mi amiga, así que somos amigas también" como una tregua no dicha y también, fácil de romper con el tiempo. No soy experta leyendo los rostros y muecas de las personas, sin embargo, estoy asegurando creer en mi intuición. Yelena volteó a verme. Su rostro me recuerda a mis clases de historia que solía llevar en tiempos de faldas escolares. Un rostro marmóreo, salino, de piedra caliza.

Yelena giró a verme como si quisiera decirme algo.

—Me gusta tu cabello. —señaló. Al instante toqué mi cabello castaño como una reacción esperada. Le sonreí y pronuncié:

—Y a mí el tuyo. Te queda muy lindo corto.

—Me lo han dicho varias veces, pero a veces siento que no puedo hacer mucho con él. —dijo mientras se acomoda el flequillo. Su nariz comienza a sonrosarse poco a poco.

Sasha nos mira como si sospechara algo. 

—No coqueteen delante mío. —trata de decir seriamente, pero a mitad de la oración se parte en risas, contagiándonos también  y a veces yo odiaba cuando me reía, porque la cara se me colocaba colorada, como afiebrada de treinta y ocho grados. 

No soy tan cercana a Sasha Blouse. La conozco desde el inicio del tercer ciclo de universidad, donde recién empiezan mis cursos de carrera. En el primer y segundo ciclo, estuve sola. No arrastro conmigo a algún amigo de la escuela media porque nunca fui tan amigable o socialmente aceptable entre los 12 a 17 años, tampoco es como si hubiese sido sujeta a algún abuso escolar, yo solo existía en una carpeta y punto. Pero creo que lo anterior son formas de decir que realmente no quería toparme con nadie que me conociese a esa edad.

Miré mis pies en sandalias caminar guiándose de las grietas en las veredas, mientras imaginaba que todo se volvía una animación a papel y crayolas, como en esos programas de televisión infantiles de los 2000. En qué piensas, Leonor, quizá la comida dibujada y pintada fuera de la línea se veía más apetitosa.

—¡Ahí está! —grita Sasha, mientras se separa de nosotras para apresurar sus pasos a una figura femenina. Yelena va tras ella. Yo me quedé de pie, admirando la decoración artística en la entrada de la galería improvisada. Es un callejón estrecho con toldos blancos, pero eso es lo que le aporta calidez en este invierno de valor y costo limitado. La brisa marina revolotea el cabello de una forma suave, casi ondeante, me enfriaba el rostro, perfecta y olvidada. Pequeñas esculturas de manos, quizá hechas de yeso, formaban un arco de entrada, y en medio, pareciera que quieren alcanzar una mariposa de alambre dorado.

El símbolo de la mariposa es significativo en esta ciudad costera, en especial, el distrito en donde estoy: Paradis.

Cuando mi madre era joven, vivía aquí cuando sucedió el mayor desastre del país: en los 90, el mar reclamó parte de la tierra de forma brusca y aterradora, después de que un terremoto azotara el distrito. Es algo que mi madre no puede dejar ir, me sé la historia completa porque siempre suele contarla, con ese leve temblor en las manos, como si estuviese forzada por algo o alguien a contar todos los años ese hecho trágico. Perdí a mi hermana mayor, dice al final, repitiendo el enunciado hasta que su voz se pierde entre el silencio. Frecuentemente habla sobre ella, me compraba dulces que traían los barqueros, es lo que repite. Mi madre vivió en una pequeña casita amarilla cerca del barranco antes de la playa, con su madre y su hermana. Cuando este desastre aconteció, mariposas verdes iban volando, alegres, inocentes, ajenas a lo sucedido, a la muerte, a los cuerpos, a desaparecidos en el mar. Los sobrevivientes tomaron a aquellos insectos alados como un símbolo de renacimiento.

Ah, mariposas.
Cuando era niña, le quité, a consciencia, las alas verdes a una mariposa. Los niños saben diferenciar entre el bien y el mal a su modo. Y sabiendo que estaba mal, cacé una mariposa del jardín, y con las agujas de cocer de mamá, finamente le quité las alas, ¿por qué? Bueno, cuando tenía 8 años de edad, el argumento de "porque yo quiero tenerlas" era más que suficiente. Me gustaría ser tan insensible ahora para no imaginar el dolor abisal que pudo haber sentido. Pero lo hago.

Me pregunto si acaso mi pasado es demasiado frágil. Cuando volteo hacia atrás, para echar una mirada, solo hay una bruma oscura que me hace creer que solo soy la basura que alguien dejó atrás. A mi madre le aterra tanto la idea de que yo viva en Paradis para cursar mis estudios que sigue llamando regularmente al teléfono del lugar donde me hospedo. Nadie me ha abandonado, esto es lo que llamo un abandono propio.

Al notar mi distracción, que abarcó largos minutos, me adentré en el callejón. Dentro de este, por supuesto, hay varias puertas de casas diferentes, que se prestaron a la presentación y mantenían las puertas abiertas aportando nuevos pequeños mundos. Como un evento informal, es rico en personalidades excéntricas en cada arte. La música en pequeños altavoces me despertó algunos recuerdos adolescentes. Bitter, de Palace. Suspiro, mientras me acomodo los cabellos hacia atrás, aunque el flequillo se despeinó tras mi acción.

Un chico que parece de mi edad está al lado mío, tal vez muy cerca. Miré su perfil, pero rápidamente desvié mi vista hacia atrás suyo, un poco alejados, un grupo de chicos parecía divertirse con lo que sucedía aquí. Las risas juveniles me causan un poco de temor. 

—Hola, eh, te he visto desde hace un rato y bueno, me gustaría, ya sabes, tu número. Claro, si es que quieres, si no, no hay problema, bueno eso... 

Me tomó por sorpresa. Lo pensé solo unos segundos, Es alto, habla con muletillas cuando está nervioso, ojos pequeños y pecas. Tomé su celular y escribí mi número. Sonreí al mirarle después, luego de recordar que durante todo este tiempo llevo una expresión seria. Al devolverle el aparato, una mano se posó en mi hombro.

—Mujer, me he pasado de puesto en puesto buscándote y aquí estás, pasándola... —Sasha se mostró un poco alterada pero tras un rato, mirando al chico quien se encontraba un poco confundido, hizo esa muequita que conozco de meses—, pues pasándola bien ¿no?, ven conmigo.

—Te escribiré —dijo él.

—Bien, me voy —no tengo algo más para decir. Siento que sonó brusco considerando el hecho de que accedí rápidamente a darle mi número. Volteé a verlo mientras mi compañera me tomaba del brazo, jalándome hacia fuera de la exposición a la que presté nula atención. Me despedí moviendo levemente los dedos.

Una vez fuera, lejos del tumulto y de artes humanas, el mar se presentó ante mí con la tarde roja, cayendo en pedazos de nubes y el sol, como una yema de huevo deslizándose en el agua salina.

—Dios, ¿Qué estabas haciendo? ¿le diste tu número? se veía guapo.

—Sí. Pero, sabes, acabo de recordar que cambié de número ayer y le escribí el anterior—dije. No le tomé mucha importancia. Pasará lo que tenga que pasar. Y bueno, aclaro que lo del número fue a propósito.

Yelena llegó a donde estábamos, al parecer escuchó el corto intercambio de palabras que mantuve con Sasha—, quien ahora se ríe escandalosamente tildándome de tonta—, desde que llegamos. La rubia tiene en manos unas bolsas de papel, donde trae refrescos, una botella pequeña de alcohol y algunos sándwiches. Al revisar el sello de la bolsa que contenía lo último, me di cuenta que era de una famosa fuente de soda del distrito, y no quedaba muy lejos de aquí. Siempre quise probar uno de esos. 

—Sasha, le dices tonta a Leonor por confundirse de número, pero te recuerdo que hoy nos guiaste a la galería callejera equivocada, en la fecha incorrecta—Yelena lo mencionó en tono neutro, pero el temblor de su voz al final de la oración, me provocó mucha gracia. Ella se sentó en una de las bancas de madera, dando la espalda al mar. También me senté, pero frente suyo. Sasha está de lado, tocándose el estómago debajo de la camiseta sin mangas, le duele tras haber carcajeado demasiado.

Antes del inicio—,o final—, del mar, está un barranco. Nosotras compartimos comidas en la parte superior, a unos pasos más, está la escalera de piedra que ayuda a bajar hacia la arena. Comienza a hacer más frío de lo usual, pero allá abajo, están correteando niños de la zona aledaña, varones sin camiseta con chicas jóvenes regresando de un paseo en yate, la leve música de jazz. Las luces de las casas comienzan a prenderse en amarillo una vez el cielo se tintura de morado y azul; me embriaga una soledad como si hubiese perdido algo importante.

Un hombre, de unos treinta tal vez, me mira desde la escalera. Lo miro también. Los lentes oscuros sobre su cabello, la camiseta y los pantalones cortos blancos me recuerdan a un golfista. Le sonreí al verlo mirarme con una inusual atención. No parecía alguien de la zona. Probablemente es extranjero. Desvié la mirada una vez me concentré en la conversación de Yelena y Sasha.

—Leonor, ¿tú qué piensas?

—Ah. ¿Sobre qué? ¿Cuál pregunta?

—Ya sabes, eres muy popular en nuestra facultad, y entre los delegados de cada curso, planean realizar una reunión de bienvenida en un bar de la zona. 

Sasha vuelve la vista cuando su celular comienza a vibrar.

—Para eso se debería alquilar —La rubia empieza a servir un poco de licor ligero en pequeños vasitos. Una vez más, la brisa marina se intensifica. No volví a ver al hombre extranjero.

—Exacto, por eso en el grupo de delegados está entre alquilar un bar con el aporte de todos los estudiantes que asistirán, ya sea de la facultad u otra, o, por otra parte, hacer una aburrida reunión corta en uno de los salones vacíos. Por eso, Leonor, deberías votar por la opción de alquilar un bar.

—¿Y qué pasa si quiero una reunión corta en un salón vacío?

—¡Leonor! ¡Por favor!

—Perdón, los bares me estresan.

Mi voz sonó muy baja a comparación de mi tono normal. Mi vista comenzaba a perderse en el mar, y las zonas bajas que rodeaban a este. Las cavernas abundaban a lo largo de la orilla, a veces en medio del mar, a veces inaccesibles. Un mar pictórico. Por eso fracasó esta galería extraña. Expresaron todo menos lo que tienen en frente. Le tienen rencor al mar, y ese es el primer pecado de la gente de Paradis. Como si tuviesen miedo de herir a alguien dibujando al causante del desastre de hace muchos años.

—Esta bien, Sasha, votaré por la opción de alquilar un bar.

Mi compañera chocó las palmas junto con Yelena. Tomé de un solo trago el licor. Me decidí por el bar porque posiblemente ni iría a la reunión que planificarán. Son pocos los días en que tengo horas libres y no quiero pasarlas emborrachándome o cuidando de la gente en estado de ebriedad. Es cansino.

Una oscuridad menos silenciosa cubría la ciudad. Pero a pesar de todo el ruido juvenil, mis oídos captaban el romper de las olas contra las rocas y mis ojos se fijaron, en una luz, tal vez fuego, a lo lejos, entre las cavernas.



▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃

⊰ 𝐍𝐎𝐓𝐀 𝐃𝐄 𝐀𝐔𝐓𝐎𝐑! ⊱

¡Feliz año nuevo!

Y les doy la bienvenida a esta historia

Espero que les guste <3

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro