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EL MALIGNO Y LAS RAÍCES DE CARNE

Relato por: Jere_SH

Canción: Exploration - Coraline y la puerta secreta

https://youtu.be/BC4naok2MrA

A él eso le era indiferente. Conceptos como la realidad habían dejado de importarle. Este antiguo párroco sostenía ahora un objeto pagano en la mano: una tortuga tallada en marfil. El animal tenía una muesca en el pico y un rasguño en el caparazón, con forma de signo de interrogación. Pese a ello, era un objeto hermoso. Él es escalofriante y poderoso.

En una ciudad urbanizada y con un top cultural más allá de lo que eran nuestros antepasados, puede ser un lugar muy escéptico para creencias místicas. «Las leyendas urbanas son solo para niños chiquitos, creadas por nuestras abuelas para asustarlos», decía mi madre. No obstante, me encantaría contarle esto sin que ella se burle de mí. Ella piensa que estoy loco, desquiciado o quizás sufro de algún trastorno esquizofrénico. Me afecta mucho pensar que mi propia madre no pueda creer mi propia vivencia en la oscuridad. Aún me acuerdo cómo mi hermano mayor me llamo loco, pero no lo soy, soy alguien muy cuerdo, en un mundo donde la mayoría de personas son obsecuentes, no ven lo que nos rodea, lo que nos acecha en las sombras de nuestros pensamientos.

Pero. Yo sé lo que ví. Yo sé lo que escuché. Yo sé de lo que fui testigo. Aunque he de admitir, quizás puedo llegar a entender el por qué no cree en mí. Yo, un adolescente en plena etapa de crisis existenciales, dónde no tengo ninguna preocupación en el mundo, pero para mí, tengo miles. Yo, un ser que no cuenta con la capacidad de socializar en el ambiente cultural normal. Y además, solitario y frío. Que vive jugando videojuegos en una consola. Sí. A pesar de que ahora me obliguen a tomar pastillas y a ser tratado con un psiquiatra en este lugar la entendí a mi madre, no me creería ni yo. Pero te contaré bien;

Todo comenzó en la madrugada del cuatro de octubre, una fecha que nunca voy a olvidar, con un sueño fugaz, un sueño extraño y terroríficamente extraño. En el sueño yo me levantaba de mi cama, un sonido extraño me levanta de esta, un grito grabé de agonía que provenía de la cocina me llamó, fui despacio hacia donde los gritos de agonía me llamaban, me encontré en la cocina una cráneo que sobresalía de un agujero, cuanto más me acercaba el cráneo más gritaba, pensando que era un esqueleto entero me acerque, pero la sorpresa fue que era una cráneo con raíces hechas de carne por debajo de el, luego esas raíces empezaron a sobresalir de toda la casa, como si las raíces de un árbol se tratase.

Fue el sueño más extraño que tuve en toda mi vida, no le tome importancia, pero eso fue uno de los errores más desastrosos de toda mi vida. Al otro día me levanté temprano para ir a la escuela, me costaba levantarme, ya que era demasiado temprano, pero era necesario para poder tener la mejor educación que mis padres podían, al fin y al cabo ellos se esforzaban mucho para que tuviera lo mejor. Entrando a mi aula me topé con que alguien me llamó por mi apodo, un apodo que no pedí y que me desagrada.

—Hola choco, ¿Me puedo sentar junto a ti? —Ella siempre fue amable conmigo, pero solo cuando necesitaba algo.

—No, además estoy seguro de que es solo porque hoy hay una evaluación. —Solo quería estudiar tranquilo.

—Bueno, si, pero es que tú siempre sabes todo y yo no entiendo nada. —Trataba de reírse falsamente para tapar su atrevimiento.

—No, podrías saber qué hacer si prestarás atención en clase. —Me di la vuelta y me fui a sentar en un asiento vacío.

La clase fue aburrida, como todos los días, nunca me gustó la escuela, nunca me enseñaba algo nuevo, solo iba para tener un título del cual poder sentirme orgulloso, ya que era necesario para tener un buen trabajo. Eso pensaba.

Luego de que terminara las clases me fui a mi casa, una de las peores partes del día, ya que tenía que caminar mucho en el sol penetrante, llegando a mi casa me recosté en mi cama muy cansado, para luego volver a tener ese sueño raro y tan intrigante. Ya estaba anocheciendo cuando me desperté, pero sentía algo extraño, como si alguien me mirara desde lejos, como si me vigilarán, mi frente empezó a sudar, mis manos se pusieron temblorosas y una punzada en el pecho no me dejaba tranquilo, pero a pesar de que todo mi cuerpo me alertaba no le tome importancia y me puse a tomar una infusión tradicional de mi país. Al día siguiente me desperté en medio de la noche, me solía pasar bastante que me despierto de la nada en la noche, me quedé mirando el techo hasta poder dormir de nuevo, pero escuché un grito agónico peculiar y muy leve que provenía de la cocina, asustado fui a ver, temblando, con la frente sudada, pero extrañamente no había nada y sin precedentes las raíces del monstruo de mi sueño me empezaron a rodear el cuerpo y el grito agónico empezó a resonar con mucha fuerza en mi cabeza. Salté de mi cama exaltado, sudado y probablemente muy traumado. Todo era un sueño o al menos eso creí en ese momento, porque no le tome importancia a las marcas en mis brazos que me habían dejado las raíces. Pensar que ahora todos creen que me las hice yo ¿Me preguntó cómo creen que me las hice?

Al otro día mi madre me preguntó por las marcas, que hasta ese momento no se notaban mucho, le dije que solo eran las marcas de las sábanas arrugadas. En ese momento hasta yo me lo creía. Que tonto era. Todos los días fueron iguales y todas las noches también, ahora ya no soñaba con el engendro saliendo de las cerámicas en el suelo de la cocina, ahora soñaba como ese demonio me torturaba, me asesinaba de Miles de maneras, con sus raíces, mordiéndose con era dentadura con carne, era horrible. En ese entonces la solución que encontré fue dejar de dormir. Que solución más tonta, clavarme un cuchillo en el pecho hubiese resultado mejor, así dejaría de sufrir para adentrarme en el descanso eterno de la muerte. Pasaron días enteros dónde no dormí, empecé a faltar a la escuela, a nadie le preocupó eso, logré quedarme despierto durante una semana y una noche donde la casa estaba sola empecé a escucharlo, esa agonía, el odio, las ganas de hacerme sufrir. Estoy muy seguro de que aún estaba despierto, pero nadie me cree en esta parte de la historia. Aunque antes ya no me creían. Decidí no ir a la cocina, me encerré en el cuarto de mis padres, por más que la ganas extrañas de ir me empujen yo no iría. Pero mi fuerza de voluntad no basto para contener el control mental que el maligno infligía sobre mi.

El suelo empezó a calentarse, sentí como si se empezará a mover algo por debajo, el suelo empezó a resquebrajarse, saliendo de este las raíces de carne. Ni siquiera los que están en este lugar conmigo me creen lo que te estoy contando. Ya estaba harto, con mucha furia abrí la puerta y pase por todas las raíces hasta llegar a la cocina, pude verlo, ví el demonio que me había atormentado por días, por noches enteras y ahora despierto. Su rostro cadavérico y perturbador ya no me causaban nada, ya no sentía nada. Tome una botella de cerveza que estaba en la en la mesa de la cocina y se la lance, luego le tire un fósforo, el fuego no le hacía nada, así que decidí quemar todo, si sus raíces estaban en la casa, pues que la casa arda con ese demonio. La falta de sueño no me dejaba pensar bien, lo sé, era un revoltijo de nervios desatados. Tome cada cosa que pudiera avivar el fuego y la esparcí por toda la casa, feliz, con mi sonrisa, ya que por fin iba a terminar mi tortura, mi sufrimiento, mi infierno en la tierra.

Desgraciadamente yo no morí, pero creo que el demonio si, ya que no solo se quemó, porque una garrafa que guardábamos en la cocina explotó y de eso el demonio no se salvó, ya que la garrafa estaba muy cerca del maligno, pero yo sí pude salvarme, salí disparado por la ventana, unos vecinos que miraban el fuego de lejos amortiguaron la caída. Logre algo imposible, pero luego de poder recuperarme me percate de que ya no podría volver a caminar, mis piernas quedaron destrozadas, así que para salvarme me las amputaron y parte de mi sistema nervioso fue afectado. Lo único que me queda eres tú, mi amiga querida, eres la enfermera que más aprecio, después de que me trasladaron de hospital, tú fuiste la que me ayudó a creer que mi vida valía la pena. No importa que ahora me encierren en una celda acolchonada, que me den medicamentos para poder dormir, con solo escucharte ya estoy aliviado.

—Eres el paciente más inteligente, guapo y noble que trate, pero aunque te digan loco yo te creo. —La sonrisa amorosa de la enfermera era algo muy destacable.

—Gracias, doctora Verónica, usted siempre me entendió, siempre entendió que los que están en este lugar son locos, pero yo no, porque mí relato es verdadero. —Su mirada de esperanza parecía inquebrantable, pero poco duradera.

—Este lugar no es para ti, pero con considero que temporalmente te tienes que quedar en este lugar hasta que consiga como sacarte. —Dijo esto muy preocupada por la respuesta de su paciente.

—Lo entiendo, se que no es fácil, pero apúrate, ya no soporto a estos locos decir idioteces todo el día, ya no soporto tomar esas pastillas y menos la habitación acolchonada dónde estoy obligado a estar. —Agacho la cabeza, tomándola con sus dos manos, en forma de estrés.

—Perdón, hago lo que puedo, pero ¿Puedo acerté una pregunta?

—Si, claro, todas la que quieras.

—¿Acaso estuviste escuchando los gritos del maligno estos últimos días?

—Si, sus gritos no me dejan dormir. Ayer vi sus raíces pasar por la ventanilla de la puerta de mí habitación. —Su manos esperaron a temblar y su frente empezó a sudar.

—Comprendo, me voy a ocupar de eso, adiós querido. —Luego de decir esto se fue de la habitación de el, se acercó a una enfermera que estaba cerca y le dijo. —Aumenten la dosis, empezó a alucinar otra vez. 

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