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 comida podrida y cajas de leche 


Mientras buscaba contenido en internet para inspirarme, había olvidado cenar. Lo recuerdo ahora que estoy echada en cama, con las luces apagadas y mis dedos tocando la almohada que mi cabeza no ocupa hoy. Palpo con las yemas la anatomía de mi pecado nocturno. Pienso que recaigo y tengo que recordarme que antes era mucho peor y al menos ahora puedo alimentarme, solo lo olvidé. No es que odie mi cuerpo, solo lo olvidé por estar llena de trabajo, me digo a mí misma. Mi rostro se restriega en las sábanas, mi pierna se siente incómoda como si no fuera parte de mí, como si se desconociera y dejara de pertenecer.

No me gusta despertar a estas horas porque pienso en muchas cosas vergonzosas.

Por ejemplo... Es que ni siquiera puedo mencionarlas. Me da mucha vergüenza aunque de seguro nadie más lo recuerda aparte de mí. Es un himno que solo lo sabe mi cerebro, en las ranuras de mis sesos y las paredes gomosas de mi esófago: un vértigo auténtico sobre lo embarazoso, la falta de romance y el olvido de necesidades básicas para el funcionamiento correcto de un ser humano. No es que la mente tenga demasiado remilgo; los momentos que recordaba a los catorce no los recuerdo con el mismo fervor, la misma memoria, a los veintiún años. Quizás mi mente los exagera para atormentarme o quizás me sobreprotege disminuyendo la verdadera vergüenza que sentí.

Tampoco me gusta estar despierta a estas horas porque pienso en muchas cosas que no hice.

Podría haberme bañado antes de acostarme y haber tomado un tiempo para lavar mi ropa interior y dejarla secar toda la noche. No tengo más pares limpios para mañana. Solo el que uso ahora, pero se manchará de alguna u otra forma porque es blanca. Odio las bragas blancas, los calzones blancos. Ni siquiera sé cuándo las compré, si es que lo hice, o me las regalaron. Son muy simples en realidad. Ya se mancharán y provocarán alguna asquerosidad clínica. Pienso que nadie me querrá si sigo así. Desgastada, descorazonada, despistada y todos los «des» malos que existan.

Me muevo en la cama, me derrito en las sábanas. A las tres de la mañana pienso en mamá, no sé si puedo seguir llamándola así, suena infantil, suena a lejanía, suena a las veces en que me quedaba sola en casa dibujando refrigeradores llenos de comida en papel periódico, papel reciclado, detrás de las boletas de agua potable, con hambre, algo de sed. No alcanzaba al interruptor de luz y no era tan inteligente como para usar una silla, así que solo la esperaba a oscuras, pegada a la ventana, ansiosa como un cachorro, como una planta esperando que no llegaran los últimos rayos de sol —si los humanos hacen la fase oscura de la fotosíntesis, nunca aprendí—. Le temía a la oscuridad y dejé de temerle de repente al acostumbrarme y al saber prender cerillos y aprender a encender la radio.

Sobrevivir a la infancia sabiendo que no era querida me convirtió en una niña revoltosa e inquieta. Inamable, oh, esa palabra no existe. Desamable, es la palabra correcta, quizá. Aunque significa «indigno de ser amado» y no una forma exacta de «no amado» o «imposible de amar»

La clase de hoy —hoy porque, como ya estoy diciendo, es de madrugada— inicia a las 8 am, pero tengo que estar presente desde las siete y media, lo que significa que, como no me bañé y no lavé mis bragas, tengo que levantarme a las cinco porque yo siempre demoro una hora en ducharme por la flojera inevitable de restregar el cuerpo, por lo que solo «me dejo ser» bajo la regadera, pensando y pensando, contando los latidos de mi corazón, mordiéndome las uñas mientras cuento las cosas que hay que hacer en el día. Es como una ansiedad suave (no existe), donde jadeo pensando en lo que hay que hacer pero no hago y me estreso. Un ciclo venenoso de vivir tres años en un día o de experimentar un siglo en medio minuto: por eso ya me prohibieron la cafeína.

Me cubro con la sábana. Mis sábanas son delgadas. No sé si soy muy consciente de que es un objeto, pero mi cuerpo no puede apropiarse de ella, así que resulta fastidiosa e incómoda. En mi antigua casa había bastantes sábanas. También bastantes cajas de cereales y cajas de leche. Había bastante de lo bastante. Libros sobre libros.

Una vez me cayó una torre de libros en la infancia. Creo que desde ese día carecieron mis neuronas.

Pero eso es un cambio de tema abrupto.

Y el sueño ya está llegando.

O eso creo.

Pienso mucho y duermo de repente.


...


Desperté tarde. No logré hacer muchas cosas en el día más que lavarme el cabello y ver el agua rosada por el poco tinte que se va. Es una ducha estrecha, no me gusta pasar mucho tiempo allí porque se me acelera el corazón. Así que la ducha fue rápida y nada fructuosa. Ahora estoy con los audífonos, pegada en el marco de la puerta de entrada al aula correspondiente, junto con otros chicos y chicas, en lo que esperamos a que, como es la primera clase del día, se dispersen algunos grupos que se acumulan en la entrada.

—Si el profesor no llega en 40 minutos, podemos abandonar la clase.

—Bekka, faltan tres minutos para que empiece la clase —. Megumi se frota los ojos, más pálido de lo normal. La cara de sueño es demasiado notoria en él, debido al tono de su piel, se le notan mucho las ojeras.

—Acompáñame a comprar el desayuno.

—Voy —responde viendo su celular. Luego levanta la mirada y mira que el profesor está por el pasillo, yo también lo veo—. Mejor ya no.

Es el curso con el que tengo un noventa por ciento de probabilidades de desaprobar: todos los días se toma asistencia y es complemento para la nota final, el profesor de teoría es bastante estricto y el de práctica no me tiene fe desde el primer día. He pasado con las justas el parcial y en las notas de prácticas semanales e individuales he sido un desastre poco habilidoso al punto que es gracioso porque no podría ser más estúpida y ninguna nota mía puede sorprenderme. Era más lista a los 16 y creo que nadie que me haya conocido a esa edad pensaría que la universidad me está corroyendo.

No es el fin del mundo.

Mamá diría algo como "Me encanta cómo exageras tu miseria" solo para reírse sola.

—¿Comemos juntos después? —. Yuta llega tarde y sin desayunar. Se quita la gorra y se limpia el rostro con un trozo de tela. Su susurro es suficiente para mí, que tengo la cabeza pegada al pupitre, tomando apuntes, que algunas veces son coherentes, pero hoy escribo sandeces que derivan de la realidad y la ensoñación.

—No es divertido comer con ustedes, solo tienen cigarros y chicles —dice Megumi porque anda de metiche.

—Fue solo el primer intento de picnic... Unos días antes de los parciales... —respondo, aprovechando que el profesor busca algunos archivos en la pantalla táctil. Los ventiladores no son suficientes y me sofoco. No tengo fuerzas para limpiarme el sudor que sale de entre mis labios y mi nariz, ni el de la frente.

Yuta se hace aire a sí mismo con la visera de la gorra. También está ojeroso. Bueno, todos lo estamos. Menos Maki. No la he visto aún, así que no asumiré que tiene ojeras también. Hay días en los que llega temprano y días en los que llega media hora antes del término de la clase. Hoy parece ser uno de esos.

—Invítame tu agua.

—Está tibia con este calor —. Le paso a Yuta mi botella. Normalmente me siento con él. No le guardo asiento, pero la mayoría de asientos están vacíos en este salón-auditorio ya que es muy grande.

Megumi me pasa un papel doblado mientras el profesor dicta algunas cosas importantes de la semana. Él está un asiento arriba. Le he dicho antes que puede pincharme la espalda con un lápiz si es que me duermo.

«Escojan: mochis helados o ramen veraniego»

Yuta se apropia del papel y escribe algo. Yo solo miro.

«depende, ¿tú invitas?»

«sí»

Hay un dibujo horrible. Él ha dibujado algo, creo que es un gato tumbado en la arena.

«pero si no tienes dinero»

«ya tengo»

«entonces 9 mochis, 3 para mí, 3 para Bekka y 3 para Maki»

Saco mi celular mientras ellos intercambian papeles, no juegan, pero lo parece. Maki me ha enviado un audio y, perezosamente, saco mis audífonos para poder escuchar. Mis apuntes no serán fructíferos, aunque, como siempre, las clases luego de los parciales son algo vagas y me permito algo de ocio. Mis ojos se arrugan cuando al fin reproduzco lo que Maki envió hace algunos minutos: "Me encontré con el profesor que pidió la mierda de proyecto final. Hablé con él. El muy maldito quiere un pequeño proyecto de avance en dos semanas, es decir antes de los finales. ¿Escuchaste? No tenemos tiempo y van a ser solo tres grupos en el mismo salón, es el 50% de la nota final. Quiero golpear mi rostro contra la primera máquina expendedora que encuentre."

De alguna forma u otra, solo me dejo ser. Se supone que debe estresarme saber de estas cosas o debe generarme algo, pero no sé si decir que me lo esperaba o que "no importa, mi vida ya era una mierda desde el inicio, esto es nada"

«Yo quiero romper un vaso, coger un trozo de vidrio y cortarme el cuello en menos de 20 segundos. Por cierto, dónde estaaas? ven a dormir aquí, en la clase de Audio»

«decidí ser feliz, saltarme la clase y desayunar en paz, iré media hora antes de que la clase acabe para llenar mi asistencia»

Ella envía una foto, parece que está desayunando en una tienda de conveniencia en otra facultad. Me río un poco. El profesor acaba de dar 10 minutos de descanso, ya que estas tres horas, casi cuatro, de clase teórica son una pesadilla. Pronto pasaremos a práctica —Maki es inteligente, sabe que en práctica es un desorden de alumnos, así que puede colarse fácilmente para poner su asistencia. Megumi se sienta al lado mío para conversar en lo que todos se dispersan y Yuta sale del aula.

—Formemos grupo —digo, aguantando un bostezo.

—Ya.

—Tenemos que presentar un avance de proyecto en la clase de fotografía, en dos semanas.

—¿Acaso el profesor quiere que nos suicidemos colectivamente en clase?

—Es un poco sádico, probablemente está en esas. Nos hará arrodillarnos y practicaremos un seppuku grupal si no presentamos el trabajo.

—¿De qué hablan? —. Yuta regresa con mochis, deja la bonita bolsa en la mesa y parece que ha recogido su café helado del refrigerador del comedor, porque tiene una pegatina con su nombre completo.

—Formemos grupo.

—Sí... ¿En qué curso?

—Fotografía. Nos han jodido el relajo post parcial.

—Nos sale más barato rectificar el curso y llevarlo dentro de dos ciclos.

—No pienso quedarme en la universidad un año más.

—Agh, listo. Seamos grupo.

Yuta sonríe, está cansado. Tiene hoyuelos. Es la primera característica física que he resaltado en él y luego está su voz suave. Es el tipo de persona que cuida el vaso en las fiestas grandes —le vi hace mucho, con la pareja que tenía en ese momento y había envidiado un poco eso, tener a alguien que cuide de mí—, las mujeres se aprovechan de su bondad y luego termina escuchando canciones de Audioslave tumbado en el sofá de la recepción del complejo de apartamentos donde vive alguno de sus amigos o algún hotel.

En realidad, así lo conocí. Había terminado en la habitación de algún extraño que me tocó una teta cuando iba buscando el baño. Las cosas no salieron bien, como es usual. Nunca antes había ido a una fiesta de hotel hasta ese día. Lo que tenía entendido es que había que pagar un monto —porque no está permitido alquilar un hotel para una fiesta en esa zona—, alguien más lo pagó por mí y luego quiso cobrarme de otras formas. Así que para cuando eran las seis de la mañana del día siguiente y caminaba descalza con las botas en el brazo, encontré a Yuta durmiendo en el largo sofá de cuero marrón, no tenía audífonos y la música salía de su celular libremente.

Pensé en hacer algo para que nunca más vuelva a confiar en descansar en lugares que no conoce cuando yo tuve que dormir a medias y a escondidas en el baño. Pero me abstuve. Solo pausé la canción, porque su celular tenía trece por ciento de batería.

La comida, el resto de ese día, sabía bastante mal.

—Maki me comentó sobre zines, fotozines.

—Nos tomará mucho tiempo, el profesor es exigente y no querrá pocas fotografías —explica Megumi, quitándose una pestaña que ha caído en su mejilla—. A menos que alguno de nosotros haya tomado algo bueno en los últimos días como hobby.

—Yo tengo algunas fotos —digo, mis dedos tocan el dobladillo del plástico donde están los mochis. Son los sabores clásicos, aún no descubro mis sabores favoritos—. Son algo estúpidas, de cámaras descartables, pero pueden servir de fondo o para textura.

La clase continúa y nuestra conversación se corta abruptamente al escuchar las indicaciones antes de pasar al área de práctica y el cambio de profesor. Me meto la mitad de un mochi de sésamo a la boca y dejo el resto en el la nevera pequeña del aula, con mi nombre anotado en la envoltura. Siento que se me congelan los dientes y tengo una expresión incómoda y difícil de ocultar.

El típico manotazo de Maki en el hombro mientras me recuesto contra la ventana del gran salón, me despierta.

—¿Apuntaste mi nombre en la asistencia? —Maki estira los brazos al hablar y deja su mochila sin cuidado contra la pila de cajas vacías, ayer llegó material nuevo para la clase.

—Tu primo lo está haciendo ahora mismo —respondo mientras saco el celular de mi bolsillo. Ella rueda los ojos y mira hacia fuera.

El campus parece un infierno. Pero solo porque hace calor. Incluso podría entablar una similitud con el jardín de las delicias de Bosch —hay muchas figuras a la vez y desde el tercer piso aún no adivino qué hacen, necesito lentes—. Comí la mitad de un mochi aunque no tengo hambre, eso es lo que pienso, es indeseado. Se escucha leve música porque, al parecer, están probando equipos de sonido justo en la zona verde cerca a este edificio.

—Ah, ya recordé —. No sé cómo no lo reconocí mejor antes.

—¿Qué?

—Que hay una millonada de bandas en esta universidad. El chico diet coke es de una de esas.

—¿Por qué le dices "diet coke" a Satoru Gojo? Tú le decías husky —se burla Maki.

—¿Yo le decía husky?

—Tienes una incapacidad de reconocer a la gente cada cambio de ciclo.

Juego a ser tonta, en realidad lo recordé enseguida. Pero no sé por qué me genera algo de diversión retorcida seguir fingiendo estupidez. Ella se ríe, se aligera, solemos burlarnos un poco de los chicos bonitos de la universidad, es un hobby freak.

—Sí, bueno, Satoru, Suguru, ¿es Suguru, no? el que a veces toca el bajo y a veces la batería. Esa vez, en la fiesta de su ex-novia, la chica de literatura. Él es un poco más amable.

—No, te confundes. Suguru toca la batería y a veces la guitarra eléctrica.

—Borracha no diferencio el bajo ni la guitarra eléctrica, perdón. Entonces el bajista es Choso ¿verdad?

—Él tiene unas vibras... —Maki hace una mueca que me da a entender que ella lo entiende a él como una combinación de chico trainspotting y SLC punk—. Ya me entiendes.

—Me gusta su estilo.

—Es que a ti te gustan raritos.

—No, a mí me gusta Trainspotting. Él podría decir algo como "elige una vida, elige un empleo, elige una carrera" y al final algo como "yo elegí no elegir una vida, yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?"

Ella se cubre los labios y susurra "no vi la película aún" y su sonrisa de lado me da entender que le ha causado gracia. Las explicaciones del profesor empiezan mientras formamos grupos temporales. Me ha tocado un espacio incómodo porque me da el sol en el rostro mientras ajusto algo de material y trato de leer las hojas con indicaciones.

Miro por la ventana, hacia el grupo de música que parece hacer el tonto en el campo. Tengo los ojos hechos mierda por el sol. Soy incapaz de mirar a otro lado cuando alguien me pilla viéndolo. Pero Choso parece algo experto. Es un poco incómodo quedarse a mirar a alguien que no conoces sin querer.

—Megumi.

—¿Qué?

—Elige un empleo.

—Eso qué... Sonaste como mi papá ahora mismo, ¿sabes?

Me atoro con mi saliva mientras él limpia algunos audífonos del taller.




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⊰ 𝐍𝐎𝐓𝐀 𝐃𝐄 𝐀𝐔𝐓𝐎𝐑! ⊱

no tenía por qué tardar tanto, pero se me ocurrían algunas cosas en el proceso creativo <3 espero que les haya gustado. si leyeron el one-shot que inspira a este fic más larguito, van a tratarse algunas cosillas por aquí (bekka es algo —muy— autodestructiva pero trata de sobrellevarlo). todos los personajes tienen algo bueno y malo, en realidad, quizás más malo que bueno o dependiendo.

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