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𝐏𝐑𝐎𝐋𝐎𝐆𝐔𝐄




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PRÓLOGO

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Cuando Sirius Black tenía 15 años dijo que nunca se iba a enamorar y que mucho menos tendría una familia. Esa idea le parecía algo imposible de que sucediera y en parte, el sufrimiento y dolor por ser odiado le provocaba un miedo que ni él entendía, ¿qué si alguna vez su primogénito o primogénita llegaba a sufrir por eso? 

Y aunque todo iba muy bien, cuando por una pequeño apuesta termina saliendo con Marlene McKinnon todo comienza a cambiar.

Se enamoró de aquella mujer rubia llena de pecas por que era divertida, porque sabía lo que quería, porque Marlene era un alma libre pero al mismo tiempo estaba dispuesta a llegar a tener un compromiso.

Peleaban, todo el tiempo lo hacían pero por que era divertido, era divertido decir «eres un pendejo Sirius Blck» y que él respondiera «sí, sí, pero al menos no tengo moscas pegadas en la cara».

Amaba eso, amaba molestarla con sus pecas que tanto le gustaba y amaba escuchar los insultos de Marlene mientras trataba de soportar la risa.

Marlene quería a Sirius tanto que se encargó de enamorarlo, aunque no tuvo que hacer mucho por que el joven de mirada grisácea siempre buscaba a la rubia pecosa en cualquier lugar del castillo.

Así que por fin se demostraron su amor, Sirius Black con la adorable y auténtica Marlene McKinnon se hicieron novios para finales de su sexto año, una pareja envidiable por que no había dramas, ni celos, o chismes.

Oh los preciosos chismes, fue un tremendo y escandaloso año el de su séptimo cuando en marzo de 1978 se enteraron que Marlene McKinnon estaba embarazada de su novio Sirius Black y que en realidad llevaba ya cinco meses de embarazo.

Había sido una noticia que dejó anonadas tanto a Marlene como Sirius, la chica ni siquiera lo había notado, ella había tenido su periodo, y aunque sí había notado extraños cambios nunca le había tomado importancia, claro que Madame Pomfrey le dijo que algunos casos resultaban así eso no hizo sentir mejor a la pareja.

¡Tienen 18 años y serán padres! Oh no, la pesadilla de Sirius se estaba haciendo realidad, y aunque Marlene se encontraba bastante tranquila con la idea de tener una hija o un hijo, Sirius no, no, para nada.

En realidad, se transformó en un perro y corrió por todo el bosque prohibido para esconderse en la casa de los gritos.

Fue su primera pelea, donde gritaron, lloraron, casi se hechizan y al final se abrazaron por que aunque estaban jodidamente asustados por que dentro de unos meses un bebé llegaría a sus vidas, ya no había nada que hacer más que aceptar el hecho de que serían padres.

—Te prometo Sirius, que nuestro futuro bebé tendrá una vida feliz —susurró Marlene una noche de mayo mientras ambos se encontraban recostados en los terrenos del castillo viendo el cielo estrellado.

Sirius miró con una pequeña sonrisa a Marlene, la joven a pesar de tener siete meses de embarazo no tiene un vientre tan grande, sin mencionar que la túnica ayuda a esconderlo.

—La tendrá —susurró Sirius para después besar su sien y acariciar el vientre de Marlene.

Esa noche, mientras veían las estrellas y susurraban ideas para su futuro juntos, Sirius se dio cuenta de que estaba dispuesto a pasar el resto de su vida junto con aquella mujer rubia de hermosas pecas.

Sí, lo sabía, así que dos semanas después, con ayuda de sus amigos los merodeadores (James Potter, Remus Lupin y Petter Pettigrew), Marlene y Sirius se escaparon de Hogwarts para tener una cita en Londres Muggle.

Y aunque Marlene no tenía ni una idea del motivo por el cual tenían que viajar hasta a Londres para tener una cita la idea le emocionaba, no hay nada más emocionante que salir del castillo sin permiso.

Recorrieron la ciudad tomados de la mano, se olvidaron que un Mago Oscuro está tomando el poder de la sociedad mágica y también olvidaron que dentro de poco estarían en exámenes para graduarse de la escuela.

Ahí, nadie los juzgaba, nadie los miraba y decía «Marlene quedó embarazada de Sirius, pero yo te aseguro que ella lo engañó» o «le dio una poción a Sirius, Amortentia, imposible que se haya enamorado de ella, no es tan linda».

No, ahí no había motivos por los cuales Sirius tenía que agarrarse a golpes, por que aunque Marlene podía defenderse sola, él no iba a permitir que hicieran ese tipo de comentarios sobre su novia.

—Sabes McKinnon —dijo Sirius mientras sus manos se balancean.

—¿Qué se Black? —preguntó ladeando una sonrisa.

El chico soltó un «Hmm»—. La verdad, no se escucha nada bien Marlene McKinnon...

—¿Disculpa? —preguntó ofendida y llevando una mano a su pecho—. McKinnon es un apellido hermoso —aseguró.

—¿Ah sí? —hablo con una ceja alzada y sonrisa burlona—. Es que estaba pensando que Marlene Black se escucha mucho mejor.

Marlene dejó de caminar para ver a Sirius, el chico mostró una sonrisa radiante y tuvo que aguantarse las ganas de reír al ver a su novia tan atónita.

—¿Qué? —preguntó en voz baja y temblorosa.

—Que... si tú quieres... digo, me gustaría —llevó una mano a su nuca rascándose y sintiéndose confundido, había practicado tantas veces con ayuda de Lily y Remus que ahora ya olvidó lo que tenía que decir.

Marlene soltó una risita nerviosa al ver a Sirius titubear.

—Marlene te amo —hablo por fin—, te amo demasiado, te amo con tus mosquitas pegadas en tu rostro —la chica rodó los ojos con una pequeña sonrisa—, te amo tanto como tus gritos por la mañana diciendo que tienes hambre; te amo tanto que no tengo una idea de lo que estoy diciendo por que... mierda, lo olvidé, ¿si? Tu belleza me puso nervioso —Marlene soltó una risa, sus lagrimas se cristalizaron y miró a Sirius con ternura—. Marlene, tendremos dentro de poco un bebé y... y... quiero... quiero que seamos una familia, de verdad, quiero... quiero tener una familia contigo, quizá dos o tres bebés más, ¿uh? No es mala idea —murmuró.

—No la es —respondió en voz baja, mientras su sonrisa se ensancha y las lágrimas caen por su rostro.

Sirius se acercó a Marlene, quedando frente a frente, sostiene con una de sus manos a la joven y con la otra se dedicó a limpiar con cariño las lágrimas de su novia.

—Marlene, te amo —susurró—, quiero... quiero pasar el resto de mi vida contigo —admitió—, así que... Ugh, iré al grano —Marlene soltó una risita y mordió su labio con emoción.

Del bolsillo de su pantalón, Sirius sacó una pequeña caja de color escarlata, se abrió por arte de magia mostrando una hermosa sortija que hizo a Marlene sollozar.

—Sabes que me cuesta trabajo ser... romántico —musitó—, pero sabes que con cada latido de mi corazón se escucha tu nombre... ay que asco —murmuró negando con su cabeza, Marlene soltó una carcajada sin poder evitarlo, ella tomó con fuerza la mano de Sirius.

—Solo dilo —dijo con voz apenas audible.

—¿Te casarías conmigo?

Marlene no respondió porque estampó sus labios con los de Sirius, lo beso con tanto amor y desesperación, sollozo abrazada de su cuello y se disculpó porque asegura que todo el embarazo la tiene sensible, y mientras Sirius le dice que no tiene por que pedir perdón, coloco en su dedo anular de su mano izquierdo aquella hermosa sortija.

Esa noche regresaron a Hogwarts y tras encontrar su habitación sola, hicieron el amor y se prometieron una vida llena de felicidad, asegurando que ni los tiempos oscuros arruinarían su amor.

Pero la sociedad mágica se encontraba en momentos oscuros y cada día la magia del Mago Tenebroso comenzaba a atormentar a los magos y brujas, al igual que aquellos que luchaban contra él y por un momento parecía que todos tenían a la muerte detrás de ellos.

—Deja de pensar en eso, idiota —le regaño Remus mientras abre una barra de chocolate—. No mirarás, ni Marlene, ni tu futuro cachorrito...

—O cachorrita —dijo James uniéndose a la conversación.

—¿Alguna idea de que será? —preguntó Peter con emoción.

—Marlene asegura que será una niña —dijo con emoción y olvidando el tema de la muerte de lado.

—Seré padrino, ¿cierto? ¿CIERTO? —exclamó James.

—Hicimos papeles y...

—SERÉ PADRINO, ¿CIERTO? —grito más fuerte James haciendo que Remus y Peter se carcajearán.

—Bueno, si es niño serás padrino...

—¡Si! —chilló emocionado—. Espera ¿qué? —preguntó confundido.

—Ajá, si es niña salió que Remus sería el padrino...

—No —dijo rápidamente.

—¿Por qué no? —preguntaron al mismo tiempo los otros tres merodeadores.

—Pienso —puso una mano en su barbilla fingiendo pensar—, ¡oh sí! Soy un hombre lobo y seguro sólo sería un peligro y...

—¡Ay cállate! —chilló Peter—. Tu eres el más indicado para ser padrino, ¡te aseguro que te amará!

—Coludo tiene razón Luny —dijo Sirius con una pequeña sonrisa—. Aparte no está en mesa de discusión, una vez que Mar tiene una idea ni cómo sacársela de la mente, y bueno, ya quiero verte pelear con una embarazada... no te lo recomiendo —susurró.

Sí, Remus ni siquiera pudo decirle a Marlene que cambiara de idea, aparte a ella le parecía encantador que Remus llegase a ser el padrino de su futura hija (si es que llegaba a tener niña), y todos los días los merodeadores y Lily tenían que recordarle que dentro de poco quizá habría una pequeña bebé entrando en su familia.



Fue el 20 de junio de 1978 cuando la primogénita Black nació.

Sí, la, una niña.

Estaban por tener su examen de herbología cuando Marlene tuvo la primera contracción y aunque eso puso en pánico a Sirius, ella aseguraba que todo iba a estar bien, claro que mientras caminaban junto con los merodeadores y Lily a los invernaderos la fuente se le rompió y Sirius entró en pánico.

De no ser por las cachetadas de Lily el chico quizá hubiese continuado dando vueltas asustados mientras que James y Remus corrían junto con Marlene a la enfermería, por que al parecer se había adelantado un mes en nacer ya que tenían previsto que nacería a mediados de julio.

—¡SIRIUS CORRE A LA ENFERMERÍA IDIOTA! —chilló Lily dando brincos y zangoneandolo para hacerle reaccionar.

Corrieron cual alma que lleva al diablo, al entrar Madame Pomfrey soltó una exclamación de «por fin» y tras correr a los amigos de la joven pareja comenzaron con la labor de parto.

Parecían horas, Marlene respiraba e inhalaba, afortunadamente su madre llegó a tiempo para ver el nacimiento de su nieta, y aunque el señor McKinnon no dejaba de lanzarle una mirada de odio a Sirius eso fue lo que menos le importo.

Dentro de poco tendría a su bebé entre sus brazos.

Sí, la idea suena aún más maravillosa que ir a un concierto de Aerosmith.

La mano de Sirius está tomando con fuerza la de Marlene, el joven no deja de respirar junto con ella y de vez en cuando se miran con nervios y emoción.

—Oh por Merlín tengo miedo —dijo en un hilo de voz Marlene—. No, no, tengo miedo, mamá tengo miedo —lloriqueo cerrando sus ojos.

—Amor, amor, tranquila, quita ese pensamiento de tu mente —hablo con voz tranquila y cariñosa—, todo estará bien, ¿si?

Sirius se sintió realmente culpable de aquello, al final de cuentas si tan solo hubiese confirmado que había realizado el hechizo protector no estarían en esa situación.

—Mar —susurró Sirius—, amor —la mirada de la joven se encontró con la su prometido—, puedes hacerlo —dijo nervioso—, puedes hacerlo, yo sé que lo lograrás y todo saldrá bien, ¿si? Eres fuerte y no estás sola, te prometo que cuando todo esto termine podrás golpearme con un bate y...

—Yo puedo hacerlo ahora —se ofreció el señor McKinnon.

—¡Papá! —chilló la joven—. Puedo hacerlo —susurró Marlene cerrando sus ojos—, sí, sí, puedo hacerlo.

Marlene en realidad logró hacerlo, logró dar a luz a una hermosa niña de ojos grises que en un principio no logró llorar como el resto de los bebés que llegan al mundo, por lo que la pequeña tuvo que estar separada de sus padres al menos unas horas después de una horrible noticia. 

—Estará bien, pero... —no dejaron que la señora McKinnon terminará.

—Solo haganlo mamá —susurró con voz apenas audible Marlene, mientras Sirius se encuentra recostado a su lado, abrazando con fuerza a su prometida.

—Sálvenla —suplicó Sirius. 

Fueron las tres horas más difíciles que Sirius y Marlene pudieron haber pasado, sus amigos aun no entendían por qué tardaban tanto y Sirius ya se había cansado de rezarle a Merlín por que se moría por tener a su bebé en brazos. 

Pero entonces, el biombo se abrió y la señora McKinnon se acercó a la joven pareja, en sus brazos, la pequeña bebé envuelta en una manta color amarillo se encuentra viendo todo con sus ojos entrecerrados. 

Soltó un pequeño llanto que hizo que Marlene sonriera y soltará sollozos inevitable.

—Estás bien, oh mi amor estás bien —susurró Marlene pegando a su bebé a su pecho, donde le llenó de besos su pequeña frente.

Sirius sollozo sin poder evitarlo, ¿cómo era posible que aquella pequeña y hermosa criatura era su hija? Su pequeña princesa que tanto estaba esperando por conocer, a la que tanto anhelaba tener en sus brazos para contarle historias de animagos y de hombres lobos, pero al igual tratarla como lo que es... una princesa. 

—Es hermosa, ¿no? —susurró Marlene mirando a Sirius. Asintió sin poder decir palabra alguna, no, no podía hablar pero las lágrimas simplemente salían de sus ojos sin poder evitarlo. 

¿Cómo era posible que apenas la conociera y ya la amará por completo? ¿Acaso es algún tipo de magia de la cual él desconocía? 

—Sirius, ¿estás bien? —preguntó Marlene con una pequeña sonrisa.

—E-es... bellísima —dijo por fin, su voz salió ronca y soltó una risa sin poder contenerse, las lágrimas corrieron por sus ojos y acarició con amor la mejilla de la bebé, ante aquel tacto, la pequeña niña abrió sus ojos para encontrarse con los de su padre—. Se parece demasiado a ti —susurró—. Claro que sí, eres hermosa mi amor, la bebé más hermosa del mundo —la pequeña sonrió un poco ante las palabras de su padre—. No, no, mira esa sonrisa, ¡ay no! 

Marlene soltó una risita sin poder contenerse, Sirius estaba siendo demasiado tierno y era comprensible, habían hablado de eso por los últimos meses y por fin ahí está, su pequeña hija... 

—Lyra —susurró Marlene, acarició del escaso cabello rubio y la miro con una enorme sonrisa, posó su vista en Sirius quien asintió.

—¿Seguiremos la boba tradición Black? —preguntó algo rendido, Marlene asintió con su cabeza realmente emocionada—. Bien —susurró—, por qué siempre me ha gustado el nombre de Hydra... 

—Lyra Hydra Black —susurró Marlene. 

La presentaron a los padres de Marlene propiamente a la pequeña Lyra, quien, con sus ojos bien abiertos y una pequeña sonrisa, acepto todos los halagos que sus abuelos le hacían, incluso colocó su pequeña manita en el rostro de su abuelo quien no pudo contener las lágrimas.

—Aun te quiero pegar con un bate —aseguró el señor McKinnon mirando a Sirius, quien abrazado de Marlene soltó una pequeña sonrisa—, pero... siempre quise ser abuelo —admitió con una pequeña sonrisa mirando a Lyra. 

—Bien, bien, será mejor que descansen —ordenó Pomfrey llegando, la sanadora miro con ternura a la bebé.

—¿Verdad que es la bebé más hermosa que has visto? —le preguntó Sirius con alegría—. ¿Verdad que lo es? —la sanadora mostró una sonrisa llena de ternura al mayor de los merodeadores, a pesar de que casi siempre le provocaba dolores de cabeza en todas las visitas a la enfermería, ese día, en ese momento, hablando de aquella forma sobre su hija, se veía simplemente encantador, tan tierno y emocionado.

—Lo es Black, es la bebé más linda que he visto —aseguró.

—Mira Lyra, saluda a Poppy —dijo tomando el gordito brazo de la bebé, con cuidado y lentamente lo movió—, en unos once años le estarás causando dolores de cabeza...

—Merlín me libre.

Las horas pasaron, Marlene se encontraba aseada y parecía más despierta que nunca, Sirius había estado admirando a su pequeña hija todo ese tiempo mientras besaba una y otra vez la mano de Marlene, agradeciendole por haberlo soportado por tanto tiempo y por permitirle en convertirse en papá.

Y cuando más lo esperaban, tres chicas y una pelirroja entraron a la enfermería, claro que no los vieron en un principio por el biombo que les cubría la visión, pero era imposible no conocer la voz de James.

—¡James llegó! ¿Dónde está mi ahijado? ¿Dónde está mini James? —exclamó sin poder contenerse.

Sirius corrió rápidamente para abrir el biombo, los cuatro corrieron en esa dirección pero Remus paró en seco al ver como Marlene cargaba a una bebé. 

—Lo siento cornamenta, pero es una cachorrita —señaló con una sonrisa.

—A no mames —dijo sin poder contenerse.

James se lanzó a los brazos de Sirius para darle un fuerte abrazo, lo hizo con tanto amor y emoción que hasta soltó un grito de alegría. Lily no perdió el tiempo en correr al lado de su amiga, solo un «aw», emocionada y abrazo con cuidado a Marlene para felicitarla, sin poder contenerse las lágrimas.

—Oh, Sirius, es bellísima —susurró Peter quien también abrazó a su amigo con amor y emoción.

—¿Verdad que sí? Nombre, si es la bebé más hermosa, ya lo confirmo Poppy —dijo con una gran sonrisa, Sirius paso su mirada a Remus, quien no ha dicho nada y parece estatua—. ¿No dirás nada, Luny? —preguntó con una sonrisa.

—Ah-ah... y-yo —parpadeo varias veces, Peter tuvo que caminar hacia Remus, tomarle del brazo y guiarlo hasta Marlene, quien carga a la bebé con una pequeña sonrisa.

—Rem, te presento a Lyra Hydra Black —dijo Marlene mirando al hombre lobo con una pequeña sonrisa. 

—Anda Remus, ven a ver a ahijada —le animó Sirius dándole unas palmadas en la espalda.

Tembloroso y nervioso se acercó aún más a Marlene, abrió su boca para decir algo pero la cerró rápidamente, Lyra tiene sus ojos abiertos mirando fijamente a su padrino.

—Y-yo... Mar, Canuto, y-yo no sé... —Sirius le interrumpió.

—Ni te atrevas a decirlo —le advirtió señalando con su dedo 

—Es tan hermosa —susurró James, miró a Lily y luego a Lyra—. Lils, quiero uno de estos —hubo carcajadas por parte de Sirius, Peter y Remus, olvidando por completo que una recién nacida se encontraba ahí, y claro que esas escandalosas risas la asustaron.

—Idiotas, la asustaron —murmuró Lily con las mejillas tan rojas que hacían juego con su cabello. 

—Sí, más respeto —musitó Marlene mirando con diversión a Lily.

—Oh es que mira —señaló James—, es tan pequeña y... no, mira, mira su bracito —chilló emocionado acariciando del brazo de Lyra, la bebé miro con una sonrisa a James—. No, no, no puede ser, me prometí no llorar —puso una mano en su cadera, con la otra comenzó a darse aire causando que Lily lo mirara con ternura. 

—Se parece mucho a ti, Mar —comentó Peter con una pequeña sonrisa.

—Bendito Merlín —musitó Lily.

—Hey —se quejó Sirius fingió indignación—, pero sí... igual a mamá... —susurró, se dejó sentar al lado de Marlene, quien pasó a Lyra a los brazos de su padre—. Ven acá Luny —pidió con una sonrisa.

Remus caminó lentamente, algo nervioso se acercó a Sirius, mirando sin parpadear a la pequeña bebé. Trago saliva viendo como Sirius se paraba para caminar con cuidado hacia él.

—Ahora, pequeña princesa, el es tu padrino Remus —dijo en voz baja, Lyra solo parpadeo varias veces—, es un lobito, pero a pesar de eso es de las mejores personas que he conocido en mi vida —admitió, Remus soltó una risita y miro a Sirius, ambos amigos se dedicaron una pequeña sonrisa—, si algo nos sucede a mami y a mi, él te cuidará con su vida... yo lo sé —susurró.

—Oye, relájate —murmuró Remus—, nada pasará —aseguró poniendo una mano en su hombro.

Remus tuvo una mejor visión de Lyra y ladeo una sonrisa.

—Hola pequeña —dijo en voz baja—, prometo darte chocolate siempre —acarició de su cabello y la pequeña cerró sus ojos.

Los ojos de Remus se cristalizaron, Sirius se volvió a sentar al lado de Marlene, mientras sus amigos más cercanos los veían con ternura y emoción.

Y aunque era un silencio reconfortante, James no pudo evitar hablar, así que paso un brazo por los hombros de su novia, quien se recargo en su pecho y en voz baja, dijo:

—Bienvenida a esta loca familia Lyra. 



El tiempo pasó y los problemas incrementaron. Voldemort se hacía cada vez más y más peligroso, por lo que una organización de magos llamada la Orden del Fénix luchaba contra las fuerzas de la magia oscura para poder proteger a la comunidad mágica, grupo al que Marlene y Sirius pertenecían mientras se andaban con cautela para poder cuidar y darle protección a su hija, pero también a sus mejores amigos y a su ahijado, Harry Potter.

James y Lily tuvieron a su primogénito el 31 de julio de 1980, lo tuvieron bajo cuidado porque aparentemente una profecía los apuntaba a ellos y a los Longbottom, profecía que se refería a un niño que nacería a finales de junio y sería tenía el poder de derrotar a Lord Voldemort.

Sí, esa profecía jodio mucho a los merodeadores. 

Peter más nervioso que de costumbre, Sirius más paranoico de lo normal, Remus tratando de entender que carajos estaba pasando y James más sobreprotector con todos, inclusive con Lily. 

Muy pocas veces eran capaz de reunirse, nada era lo mismo que antes. Sirius (el guardián secreto de los Potter), tenía que idearse contraseñas las cuales se dirían en cada encuentro, aunque reforzaban de la seguridad haciendo preguntas íntimas o de sus años en Hogwarts solo para confirmar que si son ellos. 

Y esa noche del 29 de julio de 1981, Sirius esperaba en la sala de su casa a su esposa Marlene. Dentro de dos sería el primer cumpleaños de su ahijado Harry y habían quedado para una pequeña reunión junto con Remus y Peter en la casa de los Potter. 

Marlene había aprovechado eso para salir (por fin) de su casa e ir a comprarle un regalo al primogénito Potter.

Solo que Lyra (con sus tres años de edad), no dejaba de removerse en los brazos de su padre, mientras lloriqueaba desesperada. 

—Ya amor, no llores, mami fue a comprar un regalo para Harry, tu primito —le hizo saber Sirius mientras trataba de ayudarla.

Lyra pataleo, lloriqueo con más fuerte y tiró de la camisa de su papá.

—¡Quiero a mami! ¡Quiero a mami! —ordenaba mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

La actitud de su hija le causo pánico, se levantó del sillón de un brinco para cargar a Lyra.

—Pronto llegará —susurró bastante nervioso—, mami va a llegar, va a llegar —dijo mientras fijamente miraba a la puerta, esperando que se abriera y mostrará a Marlene con su hermosa sonrisa. 

Pero no sucedió, no en cinco minutos, ni diez, ni quince y el llanto de Lyra se intensificaba cada vez más. Sirius no paraba de caminar en la sala, no había nada que dejará de hacer llorar a Lyra, solo que en su cabeza lo único que podía pensar era en su esposa, por que ya habían pasado un par de horas desde que salió en compra del regalo, ¿cuánto tardas en comprar un regalo para un niño que recién cumple un año?

—¡MAMÁ! —el grito de Lyra hizo que Sirius diera un brinco.

Lloró mientras pataleaba en el sillón, Sirius rápidamente corrió a su hija para dejarse caer frente a ella, pero Lyra no quería dejar de abrazar del sillón. La falta de la presencia de su madre le afectaba demasiado, no había estado más de tres horas lejos de Marlene y no verla le causaba pánico. 

Pero por un momento, el aire se fue de los pulmones de Lyra para soltar un grito que provoco que Sirius la cargará con miedo.

—¡Princesa ya! ¡Princesa mirame! ¡Mirame!

Lyra miro a su papá, su mirada se suavizo al ver los ojos del hombre que tanto ama y se recargo en su pecho mientras su llanto comenzaba a cesar, pero las lágrimas continuaban saliendo. Sirius abrazo con fuerza a Lyra besando su cabeza.

—Tranquila mi amor, mami estará bien, pronto llegará mami —susurró. 

Logró calmar a Lyra por unos segundos, pero Sirius no podía dejar de pensar en que había sido una muy mala idea haber permitido que Marlene saliera sola, debió haber ido con ella, sí, debe haberlo dicho antes. 

La puerta se abrió de golpe, rápidamente Sirius sacó su varita mientras protege de Lyra para apuntar a Remus Lupin.

El hombre levantó sus manos, su mirada muestra dolor y tristeza, su pecho sube y baja como si hubiese corrido un maratón y apretó su mandíbula viendo a Sirius cargar de esa forma a Lyra.

—Habla —le ordenó.

—Princesa Lyra —dijo la obvia contraseña, Sirius agitó su cabeza, pidiéndole que continuará—. En quinto año, cuando lograste convertirte en animago, dormiste por una semana en tu forma canina y te llenaste de garrapatas que James, Peter y yo tuvimos que quitarte —Sirius bajo lentamente su varita y Remus dio un paso adelante—. Sirius...

—¿Qué ocurre? —preguntó preocupado.

—¿Tío Rem? —la voz de Lyra salió apenas audible, tallo sus ojos que se encuentran rojos por tanto llorar y Remus se entristeció.

—Lo siento —susurró.

—¿Qué? ¿Qué? —preguntó desesperado—. Remus, ¿que mierda sientes? ¿Qué...?

No pudo continuar por que un patronus en forma de fénix se apareció en la sala de la casa Black

Un Patronus en forma de fénix apareció en la sala, la boca del fénix se abrió para dejar salir unas palabras que provenían del director de Hogwarts. 

«La familia McKinnon ha muerto...» 

Hubo un silencio y el fénix nuevamente hablo.

«Marlene se encontraba con ellos... lo siento Sirius.» 

El fénix desapareció, Sirius miro con sus ojos abiertos a Remus, poco a poco, aquellos ojos grisáceos llenos de alegría fueron apagándose, perdiendo su brillo. Negó con su cabeza varias veces, Lyra vio a su papá ligeramente confundida y luego a su tío Remus.

—Sirius —susurró Remus.

—No —fue lo único que dijo, negó con su cabeza repetidas veces y Remus se acercó a él con pasos lentos—. No —repitió nuevamente. 

—Papi —le hablo Lyra con voz aguda y ojos lagrimosos, ver a su padre llorar solo le provocaba ganas de llorar.

No quería hacerlo, no quería ponerse a llorar ahí frente a Lyra, no quería verse débil ante su pequeña princesa, pero no funcionó, porque más lágrimas comenzaron a salir de sus ojos.

Su esposa y toda la familia, su familia estaba muerta. 

—Marlene —susurró—. No, no mi Marlene no...

Se dejó caer en el piso sin poder contenerse, Lyra lloriqueo aún más fuerte al ver a su padre tan débil y triste. Rápidamente Remus se posiciono a su lado para darle un fuerte abrazo, mientras la mirada de confusión de Lyra le preocupaba al hombre lobo.

—¿Mami es Marlene? —preguntó confundida.

Había escuchado que la llamaban así, Lyra no sabía por qué puesto que para ella era mamá, solo mamá, incluso a veces Sirius le llamaba mamá y era confuso cuando alguien le llamaba de otra forma. 

—Mamá, quiero a mamá —dijo con voz aguda mientras Sirius sollozaba en el pecho de Remus.

No podía creerlo, era pesadilla, era una broma, una muy mala broma, Marlene y los McKinnon no podían estar muertos. 

—¡La puta madre! —exclamó dando un golpe al piso, Lyra soltó un grito de susto y rápidamente Sirius se lamentó—. Perdón, no, mi princesa no llores, perdón mi pequeña princesa —susurró tomándola en sus brazos.

—Papi, quiero a mami —repitió de nuevo.

Sirius no pudo responder, solo miro a su hija con tristeza y miro a Remus en busca de ayuda.

—Princesa, mami... mami no está —susurró Remus.

—¿Dónde? —preguntó confundida—. Quiero mami —repitió.

—Mami esta... está de viaje —musitó sintiendo un dolor en su pecho.

—Quiero a mami —dijo esta vez haciendo un puchero y pegando su cabeza en el pecho de Sirius.

El hombre la tomó con fuerza, pegó su barbilla a la cabeza de Lyra mientras las lágrimas y el sollozo lo atacaban, cerró sus ojos con fuerza y no pudo evitar jadear adolorido. La mano de Remus se posicionó en el hombro de Sirius para darle su apoyo, y Sirius la tomó con fuerza. 




No había sido difícil cuidar de Lyra... había sido complicado. La niña no entendía por qué de un día a otro se había ido su madre, tampoco lograba entender por qué todos le daban abrazos y la miraban con tristeza, y mucho menos comprendía el por qué no podía ir a jugar con su primo Harry. 

Pero es que las muertes estaban a la orden del día y no podían arriesgarse. 

Por eso, cada reunión de la orden o salida que hacía Sirius para cuidar de los Potter se encargaba de dejar a Lyra con Andrómeda, ya que Remus consideraba que no era apropiado que él (un hombre lobo) cuidará de la pequeña en esas fechas que los hombres lobos eran reclutados por el mismísimo Lord Voldemort. 

Y ese día del 31 de octubre cuando Sirius notó aún más extraño a Peter supo que algo andaba mal. 

—No tardaré —susurró Sirius a su prima mientras veía como la pequeña niña rubia de pecas y grandes ojos azulados está acariciando el cabello largo y castaño de Andrómeda Tonks, de soltera Black.

—Descuida, estará bien —aseguró Andrómeda—. Dile adiós a papi, cariño —dijo con ternura.

—Adiós papi —Lyra abrió sus brazos para darle un abrazo.

—Adiós mi pequeña princesa —dijo con ternura, acariciando su cabello.

—¿A dónde? —preguntó la niña sin poder evitarlo.

—Iré a ver a tu tío James y a tu tía Lily.

—¿Hally? —volvió a preguntar esta vez con emoción. 

—Sí, también Harry —dijo con una sonrisa.

—Quiero ir —hizo ojitos y un pequeño puchero. 

—No pequeña, tienes que quedarte con tía Andy, ¿sí? —asintió un poco rendida—. Se buena niña, ¿sí cachorrita? 

—Sipi —respondió con una sonrisa traviesa, Lyra le dio un beso sonoro en la mejilla y Sirius acomodó el cabello de su hija viéndola con ternura. 

—Te amo, cariño —susurró.

—Te amo, cariño —le imitó Lyra soltando una risita, cosa que hizo a Sirius sonreír.

—¡Lyra! ¡Lyra! ¡Tengo juguetes nuevos! —exclamó una metamorfomaga llegando a la sala.

—¡Juguetes! —de un brinco se safo de los brazos de Andrómeda y corrió rápidamente en dirección a su prima. 

—Dromeda, algo anda mal —susurró Sirius viendo de reojo a su hija.

—Anda con cuidado Sirius —musitó.

—Si algo...

—Anda con cuidado —repitió Andrómeda—. Nada te va a pasar si te mantienes alerta, Lyra te necesita —susurró.

Sirius abrazó fugazmente a su prima y miro de reojo a Lyra, sonriendo al verla reír al lado de la niña de cabello rosado, no espero nada más para irse rápidamente de la casa. 

Pero mientras jugaban, la sonrisa se borró del rostro de Lyra porque alzo su cabeza buscando a sus tíos, Ted que miraba el televisor muggle dejó de hacerlo para ver a Lyra.

—¿Qué ocurre pequeña? 

—Quiero a papi —susurró—. A tío Jamie y a tía Flor —sus ojos se llenaron de lágrimas y pronto se transformó en un llanto que preocupo a Andrómeda.

La pequeña niña dejó de jugar para ver por donde se había ido su papá, ella corrió a su tío Ted que la cargo. 

—Vienen —dijo mirando a la puerta.

—¿Quién? —preguntó confundida Nymphadora mirando a su prima.

—Ted sube a la habitación con Dora —susurró Andrómeda, la niña lloriqueo aún más fuerte.

—¡Quiero a papi! 

—Venga cariño —Andrómeda cargo a Lyra quien se abrazó con fuerza del cuello de su tía, y la guió a una habitación segura.

Lyra lloró por al menos dos horas seguidas, justo después de recibir la desgarradora noticia de que James y Lily Potter habían muerto a manos de Voldemort, dejando al pequeño Harry huérfano, y descubriendo que Sirius Black les había traicionado, llevándolo a Azkaban no solo por eso, sino también por matar a Peter Pettigrew y a once muggles más.

Dejando a Lyra sola.

Y aunque tuvo un buen cuidado por cortos años, la pequeña se vio sometida a un cambio completamente radical, dejando de lado la magia y a las personas que más amaba (Remus, Andrómeda y Ted) para iniciar una nueva vida con una familia bastante peculiar que le dio todo el amor que necesitaba, tratando como si fuera realmente una princesa, por que la Princesa Grace y el Príncipe Raniero se encuentran dándole la mejor vida a la última Black. 







Nota de Autora:

Estoy jodidamente emocionada por re-escribir esta historia bc ya conozco la ortografía, o algo así. 

Me voy a encargar de aclarar muy bien cosas que no había aclarado y pido perd0n ):

Lots of love, Cici 🍒

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