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i. full moon




i. luna llena

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—¡LYRA!

Los ojos azul grisáceos de una joven pecosa se abrieron de golpe. Se sentó rápidamente en la cama sintiendo como se mareaba ante el repentino movimiento brusco. Tallo sus ojos sintiendo lágrimas de sueño y soltó un chillido.

Había estado soñando con un delicioso brownie de chispas de chocolate y su madre le había despertado.

—¡MADRE! —gritó con voz aguda.

—Cariño, Remus está abajo, son las nueve con veinte, y ya hiciste que perdiera veinte minutos de clase, vístete y baja a desayunar —ordenó palmeando las piernas de la joven.

Lyra suspiró cerrando sus ojos. Se sentó tomándose su tiempo y viendo cómo su madre abría las cortinas que impedían el paso de los rayos de luz solar.

Se paro estirándose y camino hacia su madre para besar su frente, una vez que salió de la habitación Lyra entro por una de las puertas que le permitían el acceso al gran armario.

Miró por unos segundos las repisas repletas de zapatos y la ropa ordenada por color, a Lyra en realidad le encanta la moda, demasiado. Pero cómo el día va a ser bastante tranquilo ya que tiene clases, optó por usar algo simple: unos vaqueros negros, con una sudadera blanca. Se colocó unos converse dando brincos y ató su cabello en un chongo despeinado. Camino al baño donde limpió sus dientes y su rostro y una vez que se vio ligeramente presentable salió de su habitación.

Soltó una risita viendo su reloj, de tan solo pensar que Remus (su profesor y mejor amigo), ha perdido casi una hora de vida.

Pasó por la cocina en su transcurso al salón donde se llevan acabo sus clases y tomo un bote de helado, una cuchara y galletitas, después de agradecer a los cocineros por el delicioso helado siguió su camino al salón.

—En Hogwarts, la puntualidad es importantes

Mostró una sonrisa inocente al ver a Remus sentado en el escritorio, tiene un libro en sus manos y also su cabeza para ver a Lyra. Ladeo una pequeña sonrisa tierna y se bajo con delicadeza del escritorio para camina hacia ella.

—Princesa —hizo una pequeña inclinación y Lyra hizo un ademán de manos restándole importancia a la formalidad.

«Una lastima que seas tan viejo para mi».

—Lo siento, esta princesa, tenía sueño... y hambre. Ahora fuera de formalidades profesor y empecemos con mis clases —pidió mostrando una sonrisa traviesa.

Lyra en realidad no es una simple princesa normal. Oh no, nada en la vida de Lyra es normal. En realidad fue adoptada cuando tenía tres años (o eso es lo que sabe) y su vida ha sido como una montaña rusa de emociones, por que aunque ama demasiado a sus padres adoptivos (la Princesa Grace y el Príncipe Raniero de Mónaco), uno de sus más grandes sueños es conocer a sus padres biológicos, de quienes sabe que heredó toda esa gran magia que guarda su ser, por que si, es una princesa.

Tomó su varita que siempre deja en el salón (por que es el único lugar del palacio donde puede hacer magia, a no ser que este en clases en el jardín) y la admiro por unos segundos (centro de dragón, madera de manzano, 31.25 centímetros y ligeramente rígida).

—Bien, primero que nada, tienes que saber que solo te quedan tres sesiones más. Tendrás dos meses de vacaciones y tu quinto año será difícil, empezaran los TIMOs —Lyra abrió sus ojos ligeramente asustada, sabía muy bien lo que eran los TIMOs, Remus le estuvo hablando de ellos todo ese año de cursos—. Hoy daremos un repaso con pociones, transformaciones e historia de la magia, mañana defensa contra las artes oscuras, Herbologia y astronomía, y pasado será Aritmancia, encantamientos y estudio de runas antiguas.

Lyra se sintió ligeramente arrepentida de haber seleccionado tantas materias, pero era su culpa, Remus le había dicho que no tomara tantas.

—Perfecto –dijo con una sonrisa, aunque no estaba muy segura de que todo sería Perfecto; ya se veía llorando en su cama por los deberes que le dejaría—. Pero, bueno, ya sabes, como es mucho, es obvio que moriré, así que les dices a mis padres que me gustaría mi tumba de color lila, y que haya muchas flores en mi funeral. Estas invitado, también Albus y Minerva —puso su mejor sonrisa y Remus rodó los ojos.

—No seas tonta —le pego con un pergamino, pero el quería reír—. Nadie morirá, ahora abre el libro en la página 291 —Lyra resoplo pero no dijo nada más, le gustan las pociones.

Pasadas cinco horas de estudio (con descansos incluidos y snacks), Remus y Lyra se encaminaron a la cocina donde todos los trabajadores les saludaron e invitaron a probar de las delicias que habían preparado para ellos.

Un delicioso espagueti a la boloñesa con rebanadas de pan horneado con mantequilla y ajo y deliciosa sangría (sin alcohol para Lyra).

—Perdón, por llegar tarde —se disculpo, dejando el profeta en la barra.

—Descuida. ¿Qué ha pasado?

—Bueno, ayer, vinieron el príncipe Charles y la princesa Diana, de Wales, vinieron con sus hijos, William y Harry. Me desvele hablando con William, es un buen amigo —Remus la miro con una sonrisa y empezó a subir y bajar las cejas—. ¡Deja de hacer eso! ¿Por qué haces eso? —preguntó con voz aguda y sin poder evitar reír. Lyra sin duda alguna adora hablar con Remus.

—Oh el príncipe William es un buen amigo —dijo llevando sus manos a su pecho.

«Ay este loco ya va a empezar».

—¡Remus! Por Dios, ¡no! Soy cuatro años mayor que él, ya que tiene once y yo quince... ¿lo olvidas? –él se llevó la mano a la cabeza y la rasco como si estuviera pensando.

—¿Tiene doce no? —negó rápidamente mientras él comenzó a reír.

—Nunca me metería con alguien menor que yo. ¿Sabes quién si es guapo? el hijo del oficial de la Armada Británica, Andrew Parker Bowles. Su hijo Tom, está bellísimo —Remus comenzó a reír y Lyra sonrío un tanto coqueta.

—¿Y el cuantos años tiene?

—Diecinueve y vaya que la palabra guapo le queda corta —admitió llevándose la copa a la boca.

Remus susurro algo que apenas Lyra pudo escuchar, él tosió un par de veces y Lyra lo miró confundido.

–¿Idéntica? ¿A quién soy idéntica? –preguntó sin entender.

—Nadie, solo me recuerdas a mi mejor amiga —dijo un tanto nostálgico.

—De casualidad... ¿tu mejor amiga no era mi madre? —le cuestione con una mano en su barbilla. Remus la miró con ternura.

—No —respondió bastante seguro, aunque Lyra no sabía si era la verdad o tal vez un muy buen mentiroso.

—Remus...

—No preguntas Lyra, sabes que tengo prohibido hablar de eso —miro su plato con una pequeña mueca y suspiró.

«¿Por qué rayos nadie me dice nada de mis padres? Me gustaría saber tantas cosas de ellos. ¿Quiénes eran? ¿Cómo eran? ¿Me querían? ¿Murieron? ¿Están vivos? Tantas preguntas y tan pocas respuestas... en realidad, ninguna respuesta.»

—Pero, te tengo una noticia —lo miró esperando a que continuara—, veras, ya sabes, que hoy hay luna llena...

—Lo sé ¿te iras de Mónaco? Nunca te vas de Mónaco... ¿Qué tiene de malo esta luna? ¿Atrae a más lobitos? —Remus empezó a reír y negó lentamente.

–Tranquila, tranquila, no, no me iré de Mónaco... pero no es seguro que yo te siga dando clases, con mi condición...

Lyra se asustó. Remus llevaba dándole clases por ya cuatro años (a su primera profesora le hizo tantas bromas que terminó renunciando) y lo amaba como profesor (y amigo).

Tan solo pensar que podían ponerle otro profesor le asusto.

—¡REMUS! ¿Que tonterías dices? ¡Por Merlín! ¿Cómo que no es seguro? ¡Claro que lo es! —exclamó un poco molesta.

—¡Hey! Tranquila, déjame terminar —pidió de una forma amable—. No es seguro por mi condición, estar aquí, en Mónaco, cada luna llena. Por lo tanto, no me tendrás de maestro en tu quinto año —llevó sus manos a su rostro con horro—. Tendrás más maestros —su rostro mostró confusión—. Estudiaras en Hogwarts.

«Santa Virgen de los unicornios.»

—¿Cómo dices que dijiste? —preguntó abriendo los ojos.

—Lo que has escuchado. Estudiaras en Hogwarts.

—¿Por qué? no me quiero ir del palacio... ¿Qué hay de Tom? Enserio, es guapo y creo que le gusto... espera... ¿en Hogwarts hay más chicos guapos? ¿No? Bueno... creo que no será tan malo después de todo –murmuró con una sonrisilla.

—Merlín, ayúdala —susurró Remus causándole gracia—. Veras, Dumbledore me ha ofrecido el trabajo como profesor en defensa contra las artes oscuras. Aun seguiré siendo tu maestro, y puedes pedirme ayuda. —aseguró—. Todavía no se lo comento a tus padres, pienso hacerlo mañana, o si tengo tiempo de verlos, hoy, antes de que salga la luna... claro –susurró.

Lyra de tan solo pensar que estudiaría en el mismo lugar que sus padres alguna vez estudiaron se emociono por completo.

—¡VAMOS YA! —gritó emocionada.

Se bajo del banco y tiro del brazo de Remus para comenzar a correr por todo el palacio en busca de sus padres. Los guardias abrían rápidamente las puertas por ellos, estaban ya muy acostumbrados a ver a Lyra correr como una demente desquiciada. El pobre Remus solo pedía a Lyra que dejara de correr, pero claramente ella no hacia casos de sus suplicas.

–¿Por qué hay tanto escándalo?

Fue la princesa Grace que salió de la oficina, con gafas de lectura en su cabeza y un libro en su mano.

Lyra abrió su boca dispuesta a hablar, pero antes tuvo que tomar un poco de aire.

—¡MADRE! ¡MADRE! ¡MADRE! —exclamó dando brinquitos, su emoción le ganaba al cansancio por correr–. Necesitamos-hablar-contigo-y-papá –dijo señalando a Remus que tenía sus manos en la rodilla.

—Vamos, adentro —ordenó sin entender muy bien.

Los tres ingresaron a la biblioteca. El príncipe Raniero también se encontraba ahí, hablando con una de las hermanas mayores de Lyra, Estefanía, quien es tan solo quince años mayor que la pequeña princesa adoptada (así es como ella misma se llama).

—¿Qué ocurre? —pregunto Estefanía.

Lyra supuso que hablaban de la boda de Estefanía, puesto que se había comprometido con un francés (que a Lyra no le agrada), y que es el padre de los hijos de su hermana mayor, aunque no entendía por que tenían que casarse, sería más fácil solo compartir los hijos y ya.

—Hola Estefy, me dejarías hablar con mis padres y con Remus a solas, por fis pidió con una sonrisa, a lo que Estefania asintió algo divertido.

—Por supuesto que si, pequeña —se paró, le dio un beso en la frente y salió de la habitación tarareando una canción.

—¿Qué es lo que ocurre? —pregunto papá.

—Una disculpa por interrumpir de esa forma —dijo Remus apenado, Lyra lo miró incrédula, seguía sin entender cómo es que era tan propio después de estar dándole clases por ya cuatro años—. Lo que sucede, es que he estado hablando con el director Dumbledore acerca de los estudios de Lyra —continuó viéndola de reojo.

—¿Hay algún inconveniente? ¿Va mal en las materias?

—Oh no, no —dijo rápidamente—. Es una alumna extraordinaria, bastante inteligente a decir verdad. No hay muchas con su gran talento.

«Basta, me sonrojo.»

—Lo que ocurre, es que este año, el profesor Dumbledore me ha hablado, sobre la seguridad de Lyra.

Lyra frunció el ceño, ¿como que seguridad? Por su mente solo pasaba que no había mejor seguridad que la de un palacio.

—¿Qué ocurre? —pregunto Grace un tanto preocupada.

—En estos momentos, no puedo decir mucho, por falta de información, de igual forma les mantendré al tanto —aseguró—. Ahora, no quiero quitarles más el tiempo, se que tienen asuntos que atender, así que seré directo. ¿Permitirían a Lyra asistir al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería para el próximo curso escolar?

Ls padres de Lyra se miraron, ello los miró para ver cómo le devolvían la mirada, observaron a Remus que permanece mirándolos de forma educada y volvieron a mirar a Lyra.

Lyra se mareo de tantas miradas.

—Lyra —hablo el príncipe—. ¿A ti te gustaría asistir a Hogwarts?

—Me encantaría —admitió—. Siempre quise ir a Hogwarts, desde que conozco a Dumbledore y McGonagall a decir verdad. Me gustaría conocer a más personas, salir de la rutina, ya saben —sonrío un poco nerviosa. Lyra observo el semblante serio de su padre, que a diferencia de la princesa se notaba algo triste—. ¿Ustedes quieren que vaya? —preguntó viéndolos un tanto tímida.

—Sera mejor dejarlos solos —hablo Remus parándose—. Permiso —dicho esto, salió de la biblioteca cerrando la puerta.

—Cariño ¿estas, segura de esto? —pregunto su madre.

—Como no tienes idea madre. Me encantaría —confesó.

«Oh Lyra, no digas lo que tienes planeado decir, no digas, no digas...»

—Tal vez...

«Cierra la boca, no lo digas Lyra...»

—Quizá descubra la verdad de mis padres —susurró jugando con sus manos—. Saben que a ustedes los amo con toda mi alma, y son mis padres, pero... necesito respuestas que nadie parece darme, y... las necesito, solo... tengo tantas preguntas que quizá ahí encuentre —comentó apenada—. Aparte, podré hacer amigos, y, y cada que me necesiten yo vendré al palacio —aseguró—, por favor —suplico, junto sus manos en forma de rezo e hizo un puchero.

La primera en sonreír fue su madre.

—Por supuesto, cariño —dio un brinco de victoria y corrió a abrazarla, su padre asintió con la cabeza y Lyra soltó un chillido para abrazarlo a él.

—Aparte, aun me tienen que aguantar por dos meses —les recordó con una sonrisa.

—Siempre te podremos aguantar.

—Y yo los aguantare a ustedes... aunque sean viejitos y renegones —dijo con una pequeña sonrisa, ganándose un golpe en el hombro.

—Somos jóvenes... tenemos solo cincuenta años —dijo Raniero con una sonrisa.

«Claro, y yo vuelo»

—Si claro, hay que aumentarle veinte más ¿no? –ambos comenzaron a reír y Lyra los miró con ternura, ella asegura que es la alegría de la familia.

Su ego y narcisismo es muy grande.

—Bueno hay que hablarle a Remus.

No tuvieron que decir más por que Lyra salió corriendo de la biblioteca, dando gritos en busca de Remus. No tardo mucho ya que encontró a Remus hablando con Albert, otro de sus hermanos mayores.

—¿Cuál es la prisa pequeña? —hablo Albert.

—Necesito a Remus. Vamos, tenemos hablar con mamá. Adiosito, Albert —sin que Remus se pudiera despedir, lo tomó del brazo, para tirar de el obligándolo a correr.

—Te informo que la luna está por salir, y no tengo todas mis fuerzas que digamos —dijo ligeramente agotado.

—Lo siento —se disculpó rápidamente apenada—, vamos —abrió la puerta y lo obligó a sentarse en el sillón sin poder dejar detrás su euforia.

—¿Ya han decidido? —les pregunto Remus tomando aire.

—Solo dinos... ¿necesitaremos abrir alguna cuenta de ban? –pregunto papá con una sonrisa.






«Me encanta la luna llena.»

El balcón de la habitación de Lyra tiene una de las vistas más hermosas. Se encuentra sentada en un pequeño sillón color beige mientras se cubre con una pequeña manta del rocio de la noche.

La luna se encuentra adornado la pequeña ciudad de Mónaco, es media noche y aunque debería estar dormida por que a la mañana siguiente tiene clases (una profesora sustituta va mientras Remus descansa), no tiene mucho sueño que digamos.

Esta bastante emocionada por que ha escuchado demasiadas historias de Hogwarts. Remus siempre le compartía las historias que vivió ahí, y aunque le ponía un poco nerviosa saber que dejaría el palacio (y su hermosa vista), sabía que en Hogwarts podría admirar de las montañas y del lago negro, quizá incluso podría ver al calamar gigante que vive ahí.

Decir que estaba emocionada es poco, incluso ya había hecho un calendario contando los días para su llegada al castillo de Hogwarts.

Y al ver hacia el mar, pensando en que estaría un paso más cerca de encontrar algo de sus padres, el teléfono de su habitación comenzó a escucharse.

Rápidamente corrió a responder, preguntándose quién llamaría a esa hora.

—¿Hola?

—Hola Lyra —respondió una voz masculina del otro lado de la línea, una pequeña sonrisa se formó en los labios de la joven—, habla Tom. ¿Te he despertado?.

—No Tom, ya me encontraba despierta, ¿Qué se te ofrece?

Estaba un poco molesta por que había interrumpido su momento de concentración y nostalgia, pero un chico guapo le estaba hablando por teléfono.

Hablaron un poco, una típica conversación que aunque por un momento parecía aburrida, se tornó interesante cuando Tom la invito a una cita.

—Me encantaría, Tom —respondio jugueteando con su cabello.

—Genial, entonces... nos hablamos más tarde.

—De acuerdo, descansa —canturreo Lyra.

Y cuando terminaron la llamada, salió al balcón y soltó un aullido como si de un hombre lobo se tratara. Movió sus caderas de un lado a otro y brinco completamente emocionada.

Hasta que se escuchó un aullido.

—Ay, lo siento Remus —susurró cubriendo su boca.








Nota de Autora.
Ya regreso Lyra bebés; más pendeja que nunca.
Iba a eliminar la conversación con el Tom but decidí dejarla para que vean que será igual que su padre 🤠
Nos leemos pronto, bebés.
Lots of love, Cici 🍑

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