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🥀 42 🥀

—¿Despierto tan temprano? Ni siquiera son las ocho...

Namjoon se sobresaltó cuando escuchó la voz familiar proveniente de la puerta de la cocina y se volvió únicamente para encontrarse con la figura de su madre recostada sobre el marco de la puerta, mirándolo con una tibia sonrisa en el rostro y los ojos cansados.

—¿Quieres que te haga el desayuno o llame a alguien para que lo haga?

—No, estoy bien haciéndolo, esto me hace tomar un respiro.

Se movio hacia la nevera y tomó el envase de leche para vaciar un poco de su contenido sobre un vaso de vidrio y luego meterlo dentro del microondas y encenderlo con un click.

—He hablado con tu padre anoche —su cuerpo se tensó y sus ojos se movieron fugazmente hacia ella, alertas—. Hemos discutido un momento, porque él piensa diferente sobre todo esto, pero creo que eso no importa ahora. Le he dejado clara cuál es mi posición y no tendrás matrimonio con ninguna persona que tú no quieras. Ya eres un adulto y puedes tomar tus propias decisiones; además, has cambiado mucho en las últimas semanas y confio en ti. Así que... no se celebrará ninguna boda este mes, porque tu hermana tampoco quiere casarse.

—¿Tampoco se casará con Jung? ¿No que lo amaba y todas esas cosas?

Pasó el cuchillo con tosquedad alrededor de un pan hasta cortarlo por la mitad y echarle un vistazo a los pedazos desiguales y deformes que quedaron. Dos segundos después, tomo otro pan y siguió intentando, logrando algo mucho más decente.

–Creo que ha encontrado a otro chico ahora.

—Yo lo dije, siempre es lo mismo. Pero es bueno que se haya librado de ese imbécil. Ese tipejo era un idiota y no creo que la quisiese, era cuestión de tiempo.

Apagó el microondas y sacó una hamburguesa de la nevera, encendiendo la cocina y lanzándola sobre la sartén para observar cómo el aceite caliente empezaba a dar brincos hacia sus brazos desnudos y su cuello, prendiéndose ahí, aunque eso no le interesó.

—No hables asi. Hoseok es un buen tipo, educado y correcto....es una lástima que no se haya concretar la unión, pero será también lo que ella desee —la mujer soltó un bostezo y se acercó a descender el volumen del fuego—. Cariño, estaré en mi habitación leyendo, ten. cuidado con eso, si necesitas algo, solo toca.

Namjoon asintió y le dio vuelta a la hamburguesa con un tenedor antes de retirarla de la sartén y echarla sobre una de las rebanadas de pan, dejándola reposar sobre esta.

—¿Sabes algo? —masculló, todavía manteniendo sus cejas juntas y atentas al fuego que seguía irradiando de la hornilla—. Gracias.

La observó sonreir por el rabillo del ojo y entonces escuchó sus pasos retirándose y subiendo los peldaños de las escaleras. Sacó el vaso de leche caliente de la nevera y echó un trozo de lechuga encima de la hamburguesa y la cubrió con la tajada sobrante de pan, colocándolo todo sobre una bandeja. No sabia si todo lucia bien, aunque asi parecía. Se movió hacia el pasadizo con la bandeja balanceándose en sus brazos y se detuvo frente a una de las habitaciones, exhalando. No supo exactamente cuántos minutos estuvo ahí, recostado sobre la pared, dándole una ojeada a la bandeja, moviendo el vaso de un lugar a otro, hasta que la puerta se abrió despacio y reveló la imagen. que tanto habia estado esperando.

—¿Quieres desayunar conmigo?

Namjoon elevó las cejas hacia la bandeja y Seokjin se quedó tieso al verlo, descendiendo rápidamente sus enrojecidos ojos y aferrando sus manos a su bolso para después apresurarse a caminar hacia la cocina a pasos rápidos y con la cabeza inclinada.

—Seokjin, ¿a dónde vas? ¿No quieres desayunar conmigo? ¿Vas a clases?

Soltó la bandeja de pronto sobre la mesa y se apresuró a seguirlo, mientras él cruzaba rápidamente la cocina con los ojos fijos en el suelo y las manos prendidas en el tirante de su mochila.

—Tienes que escucharme un momento, ayer no terminamos de hablar. Tengo muchas cosas que decirte y explicarte, no te puedes ir sin antes oírme. Ni siquiera he podido dormir con lo que me dijiste. Estoy seguro que soy una mierda que no te merece, pero me siento menos mierda cuando estás conmigo.

Continuo caminando detrás de sus pasos, siguiendolo a través de la sala.

—Entiendo que he sido un idiota que no te ha sabido valorar, pero no puedes decir que has dejado de amarme, no cuando yo te amo con. todo lo que tengo y he vuelto por ti. Se que todavia me amas, las personas no dejan de amar tan rápido, no pueden cambiar tan fácil.

—Tú cambiaste de la mañana a la noche, Namjoon... —su voz débil y entrecortada atiborró el ambiente, al igual que su sofocada respiración—. Deberias hacer silencio o tu madre puede escucharte y te ganarás problemas.

Lo vio ingresar la llave en el cerrojo de la puerta de salida y abalanzó su brazo izquierdo contra esta, bloqueándole de este modo la salida con el rostro desesperado e intranquilo.

—No me importa que me escuche, eso es lo que menos me importa ahora. Desde ahora en adelante, te trataré como te mereces, nos iremos de aquí y empezaremos de nuevo, Seokjin...

Él contuvo la respiración e hizo presión en sus labios, pero sus ojos solo enrojecieron más.

—Basta, Namjoon, por favor. Tengo que ir a clases o perderé las primeras. horas.

Namjoon se retiró un poco y el mayor movió sus dedos temblorosos sobre la llave, obteniendo un chirrido de la puerta, que se abrió y le permitió salir de inmediato. La calle lo recibió con los primeros rayos del sol apenas notándose entre las nubes y la humedad del ambiente, oscurecido por la lluvia pasada, todavía impregnándose en la piel.

—¿Quieres que vayamos juntos? ¿Quieres que te lleve y te espere hasta la salida?

—Namjoon, por favor, tengo que marcharme.

—Dame algunos minutos, necesito que me escuches, tengo tanto que decirte y no puedo vivir si seguimos de esta manera. Tu me amas, me lo repetías cada segundo, cada día me hacías sentir tu amor y ese amor no se puede acabar tan rápido.

Caminó hasta ubicarse frente a Seokjin, que presionaba sus temblorosa mandibula con fuerza, inhalando y elevando poco a poco la mirada para mirarlo con los ojos repletos de lágrimas. Namjoon quiso tocarle el rostro, pero este retembló, palideciendo y apartándose,

—¿Nos vamos, Seokie?

El auto freno de golpe y la puerta lateral se abrió, dejando a la vista a Jung Hoseok, que descendía con una casaca azul impermeable y unos pantalones deportivos negros.

—Por favor, perdóname, nunca quise lastimarte, solo soy un idiota que pensó que de esa manera podía protegerte.

Seokjin prendió sus manos a su mochila otra vez y sus ojos. humedecidos se centraron en Hoseok, que se acercó con una ceja arqueada, dándole un incrédulo vistazo a la situación.

—Sé que soy quizá la peor persona que has conocido, pero te amo y cuando digo que te amo es porque hasta la última de mis neuronas lo hace. Y me importa un carajo si todo el mundo se entera, porque eso es lo que siento —Namjoon envió una impotente mirada hacia Seokjin y finalmente suspiró—  Anda, Seokjinie, escúchame, no me hagas seguir en este infierno.

—Ya basta, no digas más, por favor,

Namjoon se apresuró a colocar sus manos sobre sus hombros, sujetándolo y buscándole la mirada, aunque sus ojos le rehuían y lo f único que alcanzaba a ver eran las lágrimas descendiendo hasta caer en el suelo.

—Hazme todo lo que quieras, golpéame, escúpeme, insúltame, grítame. Lo que tú quieras, pero no me dejes aqui de esta manera.

Hoseok exhalo y soltó una carcajada, que no intentó reprimir para nada

—Vámonos de una vez, todavía tenemos que desayunar y solo falta media hora.

—¿No te vas a ir con este idiota y dejarme acá, verdad? —Namjoon soltó el agarre, pero permaneció sin retroceder—. Quédate conmigo, te necesito demasiado, Seokjin.

Él elevó la mirada y sus ojos húmedos lo miraron con indecisión y cierto toque de titubeo. Sus manos resbalaron por el sujetador de su mochila, sus labios se entreabrieron y su cuerpo se vio invadido por un repentino impulso, pero la mano de Hoseok sobre su hombro lo detuvo.

—Súbete al auto de una vez o llegaremos tarde, Seokie.

Tras mantenerse inmóvil durante unos veinte segundos, asintió y se cubrió el rostro, caminando rápidamente hasta meterse en los asientos traseros del vehículo y cerrar la puerta.

—¿Quién carajos te crees que eres para darle órdenes y hablarle en ese tono? —Namjoon se enfocó en el vehículo—. Seokjin, bájate de ese auto ahora mismo.

—Déjalo en paz, Namjoon, ¿o qué? ¿Ahora también quieres que vaya a clases llorando? Me ha costado mucho sacarlo de esta casa, no vengas a traerio todo abajo.

—Seokjin me sigue amando, así que ni te hagas la idea de que acercándote a él mientras estamos en este lio, lograrás algo. Y más te vale que no te atrevas a colocarle un dedo encima o te cueigo, porque no estoy de humor para soportarte nada.

Hoseok soltó un poco de aire y una sonrisa fugaz se bosquejo en sus labios.

—Es que creo que todavía no lo entiendes, yo no estoy compitiendo contigo por nada. Madura de una buena vez, Namjoon, pareces un niño de cinco años.

—¿Qué ideas de mierda le estás metiendo a la cabeza? ¿Qué estupideces les estás diciendo?

—Yo no le estoy diciendo nada, él solo se ha dado cuenta de cómo eres. Dices que no has querido lastimarlo, pero incluso si no quieres, igual la embarras. Todo lo que tocas, está maldito, métetelo a la cabeza. Solo es cuestion que pongas tus ojos en algo para que lo destruyas, ¿o todavía no te has dado cuenta?

Namjoon se lo quedó mirando con los ojos fríos y agotados, sin decir una sola palabra.

—Seokjin me gusta mucho y no voy a permitir que lo sigas hiriendo —lo escuchó soltar una exhalación prolongada—. Por cierto, ¿qué es lo que quieres ahora? ¿Te bastó con hacerlo llorar o quieres algo más?

—Cierra la maldita boca si no quieres que te la rompa y no hables como si nos conocieses, porque tú no sabes nada de nosotros.

—Quizás no lo sepa y tampoco sepa el motivo por el que le estas haciendo sufrir, pero no voy a seguir permitiendo esto. Déjalo en paz, Namjoon y vete con tus demonios a otro lado.

Hoseok se subió el cierre del abrigo impermeable y camino hacia su auto, ingresando en el asiento de conductor y encendiendo el motor, mientras Namjoon se acercaba hacia las ventanas laterales del automóvil y recargaba todo su peso sobre el vidrio.

—¿No recuerdas cuando dijiste que mientras estés aquí, no me dejarías caer? —Seokjin elevó la cabeza y dio un respingo al ver su rostro demasiado cerca al suyo, tan solo separados por el cristal empapado por la humedad del clima—. ¿No recuerdas cuando dijiste que yo era el sinónimo de la palabra especial para ti? ¿No lo recuerdas? Porque yo sí, lo recuerdo cada hora, cada minuto, cada segundo. No me dejes así, Seokjin, tú eres el único, tú eres mi cura, mi antídoto, si tú te vas, no me queda nada.

Namjoon golpeó el vidrio con su mano y entonces pudo ver otra vez el toque de vacilación que iluminaba los acuosos y afligidos ojos de Seokjin, quien volvió a abrir los labios al mirarlo y pareció sentir nuevamente el impulso de hace minutos atrás, pero el motor se encendió y el vehículo desapareció en menos del tiempo pensado. Retrocedió unos cuantos pasos y al voltearse, pudo ver la silueta de Namjoon, que lo miraba todo recostado sobre la puerta de su casa.

—¿Qué esperas? ¿No vas a ir tras él?

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