14| Time with James
“tiempo con James”...
PODÍAN VER A RJ caminar por los pasillos con su cabeza en alto, su ceño fruncido y agarrando un collar bajo su túnica, el giratiempos. Su cerebro iba a cien por minuto, maquinando múltiples preguntas y posibles respuestas para el comportamiento de James. Ignorando, sin querer, a personas que la saludaban.
—¡RJ! —Harry vociferó metros detrás de ella, pero no le dió atención a pesar de que varios voltearon al escuchar el grito —¡RJ! Hey —llegó a tomarla por el brazo.
—¿Qué? —preguntó soltandose y él suspiró, confirmando que RJ se molestó —estoy llegando tarde a transformaciones y Ginny me espera, así que más vale que sea rápido.
—sé que estás molesta y perdón, pero no podía hablar. No tenían que enterarse que estaba allí porque sino la gente me ve mal, Ron está enojado y Rita me acosa —se explicó rápido y levemente desesperado.
—es la excusa más tonta que me pusiste jamás ¡Cómo si yo fuera a delatar que estabas ahí! —señaló indignada.
—lo siento, lo siento —La tomó por los hombros —escucha, para recompensar ¿Qué te parece si hoy vamos a lo de Hagrid? Por la noche. Los dos juntos —Ofreció buscando la mirada de la pelirroja que lo observó indecisa —¿Si? Además te tengo un regalo.
RJ suspiró y se encogió de hombros, tratando de mostrarse indiferente pero Harry sonrió y ella igual. No podía estar enojada con Harry. Jamás lo hizo y dudaba estarlo algún día.
—Bien, te espero en la sala común a las diez —avisó retrocediendo de espaldas —¡No te arrepentirás!
Se alejó y RJ rió al ver cómo se chocaba con una persona, volteó para seguir sosteniendo los libros contra su pecho y, por más que lo intentaba, no podía borrar la sonrisa de su cara.
A las diez de esa noche, Harry, se puso la capa invisible y bajó la escalera hasta la sala común. Sólo unas pocas personas quedaban allí. RJ entre ellas. Harry pasó a su lado y le picó el hombro, ante esa señal; RJ quién hablaba con Ginny, se levantó.
—Iré a buscar algo a las cocinas, ya vuelvo. Si preguntan, diles que me ahogué por decisión propia —sacudió el cabello de su hermana que negó con reproche.
RJ le abrió el retrato, tal como habían convenido. Él lo traspasó subrepticiamente y ella lo siguió, los dos bajaron hasta que llegaron a la entrada y vieron que no había nada. Así, al fin Harry se quitó la capa sonriente.
—¿Trajiste el mapa? —preguntó y ella asintió.
Cuando los dos se colocaron la capa, avanzaron entre la oscuridad del castillo. Sus pasos eran silenciosos y sincronizados.
—esta es una rara manera de pasar tiempo juntos —Habló RJ, viendo a los lados —pero no es mejor que cuando íbamos de clandestino a Hogsmeade.
—las salidas ordinarias son aburridas —se excusó Harry y rieron suavemente —Estas ocupada y yo también, menos que tú pero bueno, lo común es hacerse un espacio en la agenda por la persona... Pero prefiero hacer las cosas de la agenda con la persona. —sonrió encogiéndose de hombros —aun así, podemos hablar de cosas triviales ¿Qué hiciste hoy?
—cosas tan triviales no, por favor. Hablar del clima mientras escapamos de la escuela no es muy entretenido —bromeó y volvieron a reír —¿Hoy? Hoy estuve todo el día estudiando. Cómo de costumbre.
—¿Y no fuiste a clase de artes? —cuestionó frunciendo el entrecejo, se aprendió que días tenía lección de artes, siendo que era el único taller al que iba y de las cosas que más amaba hacer.
—Ahm, no, dejé Artes —admitió incómoda, ya que debió dejar el taller para ir a clases con OjoLoco.
—¡Pero tú lo amas! —frenó incrédulo y ella igual.
—si, y aún lo amo, pero no tengo tiempo, James. No es para tanto —le incentivó a seguir caminando.
Harry frunció sus cejas, no era RJ si no cocinaba galletas, hablaba de cosas muggles o dibujaba. Ella amaba esas cosas, eso y el Quidditch.
Los terrenos del colegio estaban en una oscuridad total. Bajaron por la explanada hacia la luz que brillaba en la cabaña de Hagrid. También el interior del enorme carruaje de Beauxbatons se hallaba iluminado.
—¿Eres tú, Harry? —susurró Hagrid, abriendo la puerta.
—Sí, con RJ —respondió Harry, entraron y se quitaron la capa.
—¡Oh, RJ! Que bueno que viniste ¿Te da tiempo de hacer unas galletas? —preguntó nervioso.
—si, claro —se apresuró a ir a la cocina —te ves bien, Hagrid —alagó y él enrojeció apenado.
—muchas gracias —le sonrió a la niña.
—¿Por qué me hiciste venir? —preguntó Harry interesado en la apariencia del hombre.
—Tengo algo que mostrarte —repuso Hagrid.
Parecía muy emocionado. Llevaba en el ojal una flor enorme. Por lo visto, había abandonado el uso de aceite lubricante, pero era evidente que había intentado peinarse, porque en el pelo se veían varias púas del peine rotas.
—¿Qué vas a mostrarme? —dijo Harry, acercándose a un lado de RJ para robarle chips de chocolate mientras ella negaba sonriendo.
—Cuando RJ termine, los llevo. Pero deben cubrirse con la capa, seguirme y no hablar, no llevaremos a Fang porque no le gustará...
—Escucha, Hagrid, no puedo quedarme mucho… Tengo que estar en el castillo a la una. —Harry se excusó y RJ lo miró intrigada. El de lentes solo articuló con sus labios, pero sin sonido, “Sirius”. Y ella abrió los ojos sorprendida, pegándole en la nuca. Harry hizo una mueca y se sobó dónde lo golpeó. —¡Vendrás conmigo! —se excusó pero ella negó.
—podrías haberme avisado —se quejó en voz baja.
—Querías que pasemos tiempo juntos, no tengo tiempo donde esté solo, así que te traje a hacer las actividades que tengo —susurró bajito, él siempre buscaría la forma de pasar tiempo con RJ.
—Todas ilegales —refunfuñó, metiendo la mezcla en el horno.
—¿Desde cuándo te gustan las reglas? —bufó, subiendo sus lentes y RJ hizo una mueca. Tenía razón.
—ven, Hagrid —le pidió la pelirroja, parándose sobre una silla. Hagrid se acercó y RJ comenzó a sacarle los pedazos de peine del cabello y lo ayudó a peinarse —Angelina me pasó los mejores tips para cabello largo.
—muchas gracias —sonrió y Harry negó sonriendo y comiendo los chips. Aún parada sobre una silla, RJ no llegaba muy bien.
Una vez acabaron de cocinarse las galletas, RJ se las dió a Hagrid y se apresuraron a ir donde él quería. Eran las once y media. Lo siguieron aprisa notando que Hagrid los llevaba hacia el carruaje de Beauxbatons.
—Hagrid, ¿qué…?
—¡Shhh! —los acalló Hagrid, y llamó tres veces a la puerta que lucía las varitas doradas cruzadas.
Abrió Madame Maxime. Un chal de seda cubría sus voluminosos hombros. Al ver a Hagrid, sonrió.
—¡Ah, Hagrid! ¿Ya es la «hoga»?
—«Bon suar» —le dijo Hagrid, tendiendole las galletas y dirigiéndole una sonrisa.
—¡Oh! «ggacias, que magavilla» me encantan —dejó las galletas dentro y Hagrid le ofreció la mano para ayudarla a bajar los escalones dorados.
RJ abrió la boca indignada, viendo a Harry que también la miró ceñudo. RJ se señaló enojada, luego pronunció sin hablar “¡Mis galletitas!” y Harry negó divertido, RJ le hizo galletas a Hagrid solo para que él se las dé a Madame Maxime.
Hagrid le ofreció el brazo, y se fueron bordeando el potrero donde descansaban los gigantescos caballos alados de Madame Maxime. Harry tomó la mano de RJ y corrieron para no quedarse atrás. ¿a dónde los llevaban?
—no quiero ser mal tercio en una cita de gigantes —le susurró RJ a Harry.
—¿Estan en una cita? —preguntó confundido y RJ lo miró obvia. Aún que ella tampoco era la mejor para captar indirectas, pensó Harry.
La voz de la mujer los interrumpió.
—¿Adónde me llevas?
—Esto te gustará —aseguró Hagrid —Merece la pena, confía en mí. Pero no le digas a nadie que te lo mostré. Se supone que no puedes verlo.
—Descuida —negó, luciendo sus largas y negras pestañas al parpadear.
Y siguieron caminando. Los dos chicos los seguían, aún tomados de la mano bajo la luz de la luna.
Pero entonces, cuando habían avanzado tanto por el perímetro del bosque que ya no se veían ni el castillo ni el lago, RJ oyó algo y se pegó más a Harry. Delante había hombres que gritaban. Luego un bramido ensordecedor…
Frenaron. Parecían solo hogueras y hombres que corrían entre ellas. Pero era mucho mas.
—¡Dragones! —RJ susurró fascinada, amaba a esas criaturas con toda su alma gracias a las historias de Charlie. Tenía múltiples pergaminos con anécdotas de su hermano sobre las bestias majestuosas.
Cuatro dragones adultos enormes, bestiales, se alzaban, enjaulados. Lanzaban fuego, mostraban sus colmillos. Uno de color azul plateado con cuernos largos y afilados, gruñía e intentaba morder a los magos que tenía a sus pies; otro verde se retorcía y daba patadas contra el suelo con toda su fuerza; uno rojo, con pinchos dorados alrededor de la cara, lanzaba al aire nubes de fuego en forma de hongo; el cuarto, negro y gigantesco, era el que estaba más próximo a ellos. Al menos siete magos para cada dragón, trataban de controlarlos.
—¡No te acerques, Hagrid! —advirtió un mago desde la valla, tirando de la cadena, RJ casi reconoció esa voz —¡Pueden lanzar fuego a una distancia de seis metros, ya lo sabes! ¡Y a este colacuerno lo vi echarlo a doce!
—¿No es hermoso? —balbuceó Hagrid embelesado.
—¡Es peligroso! —gritó otro mago —¡Encantamientos aturdidores, cuando cuente tres!
Todos los cuidadores de los dragones sacaban la varita.
—¡Desmaius! —gritaron al unísono.
Los encantamientos aturdidores salieron disparados contra los dragones. El más próximo se balanceaba peligrosamente sobre sus patas traseras y abría completamente las fauces en un aullido mudo. Las narinas parecían haberse quedado de repente desprovistas de fuego, aunque seguían echando humo. Luego, lento, se desplomó. La caída en un golpe sordo hizo temblar todo.
Los cuidadores de los dragones bajaron las varitas y se acercaron a atenderlos.
—¿Quieres echar un vistazo más de cerca? —le preguntó Hagrid a Madame Maxime, embriagado de emoción.
Se acercaron hasta la valla, seguidos por Harry y RJ, ellos dos también estaban iguales, lo único que parecía hacerlos caminar entre medio de la impresión eran sus manos unidas. En aquel momento se volvió el mago que le había aconsejado a Hagrid que no se acercara, y era: Charlie Weasley. RJ quiso correr a saludar a su hermano, olvidándose que ella no debería estar ahí pero Harry la detuvo.
—¿Va todo bien, Hagrid? —preguntó, jadeante, acercándose para hablar con él —Ahora no deberían darnos problemas. Les dimos una dosis adormecedora para traerlos, porque pensamos que sería preferible que despertaran en la oscuridad y tranquilidad de la noche, pero no les gracia…
—¿De qué razas son, Charlie? —inquirió Hagrid mirando al dragón más cercano, el negro.
—Éste es un colacuerno húngaro —explicó Charlie —Por allí hay un galés verde común, que es el más pequeño; un hocicorto sueco, que es el azul plateado, y un bola de fuego chino, el rojo.
Charlie miró a Madame Maxime, que se alejaba para ir a observar los dragones adormecidos.
—No sabía que la ibas a traer, Hagrid —dijo Charlie, ceñudo —Se supone que los campeones no tienen que saber nada de lo que les va a tocar,
y ahora ella se lo dirá a su alumna, ¿no?
Harry y RJ se miraron. RJ culpable por traicionar la confianza de Charlie sin él saberlo. Aún que le hubiera gustado que su hermano haga trampa para avisarle.
Charlie contó que el más peligroso era el Colacuerno porque su cola estaba llena de largos pinchos de color bronce.
—Los tengo contados, Hagrid —le advirtió Charlie con severidad la ver cómo miraba los huevos de dragón. Luego añadió —¿Qué tal está Harry?
—Bien... —respondió, sin apartar los ojos de los huevos.
—Pues espero que siga bien después de enfrentarse con éstos —comentó Charlie en tono grave, mirando por encima del cercado —No me atreví a decirle a RJ lo que le esperaba en la primera prueba, ya sabes que le cuento todo a mi hermanita y ella le cuenta todo a Harry, ni hablar de mi madre, porque ya le dió un ataque de nervios... —Charlie imitó la voz histérica de su madre —:«¡Cómo lo dejan participar en el Torneo, con lo pequeño que es! ¡Creí que iba a haber un poco de seguridad, creí que iban a poner una edad mínima!» Se puso a llorar a lágrima viva con
el artículo de El Profeta. «¡Todavía llora cuando piensa en sus padres! ¡Nunca me lo hubiera imaginado! ¡Pobrecillo!»
RJ apretó la mano de Harry al oír eso, pero Charlie no acabó ahí.
—¿Y cuando leyó lo de que eran novios? ¡Bah! Se puso a discutir sobre si enviar un vociferador o una carta, pero le rogué que no lo haga —hizo una mueca —traté de decirle que RJ no estaría con Harry, primero porque me lo hubiera dicho, y segundo porque ¿RJ? ¿Con novio? Antes de eso Harry tendría que tener una larga charla con cada uno de nosotros.
Harry ya tenía suficiente. RJ igual. Ninguno queriendo oír eso y volteando al mismo tiempo, se alejaron de la cita de Hagrid. RJ sonriendo.
—¿Qué? —le preguntó Harry.
—Nada, nada... Es que me causa gracia todavía el artículo de nosotros —admitió y Harry resopló también sonriendo —vamos, rápido. Así llegamos con Sirius. Sé de dragones, no sé cuál será la prueba pero podremos controlarlo...
—RJ, no sé cómo voy a enfrentarme a un dragón de quince metros teniendo solo una varita —se quejó mientras se apresuraban.
—me tienes a mi, nos la ingeniaremos. Siempre lo hacemos —Le sonrió. De esas sonrisas que calmaban a Harry de cualquier cosa.
Entonces asintio, confiando en ella.
En el camino, vieron a Karkarov ir hacia los dragones, así que supusieron que ya todos sabían de los dragones. Siendo los últimos. Bueno, RJ pensó que Cedric debía ser el último.
Se quitaron la capa invisible y se echaron delante de la chimenea. La sala se hallaba oscura y solitaria. Respiraron agitados.
De repente, la cabeza de Sirius estaba entre las llamas.
—¡Sirius! —RJ saludó.
—¿Qué tal estás, Sirius? —Saludó Harry, sonriente.
Sirius estaba bastante diferente. Ahora llevaba el pelo corto y limpio, tenía el rostro más lleno y parecía más joven, más vivo.
—te ves bien —alagó RJ —y eso que te vemos cómo fuego.
—Siempre me veo bien, RJ —alagó y ella rió —¿Qué tal estás tú? —le preguntó Sirius con el
semblante grave a Harry.
—Yo estoy…
Harry suspiró, dudando. Ante esa expresión, RJ tomó su mano, él la miró y entrelazó sus dedos, luego volteó y le contó todo lo que había pasado a Sirius, con ayuda de RJ.
—… y ahora Hagrid acaba de enseñarme lo que me toca en la primera prueba, y son dragones, Sirius. ¡No voy a contarlo! —terminó desesperado —RJ está dispuesta a ayudarme, pero no es ella, soy yo. No me tengo fé.
Sirius lo observó preocupado. Había dejado que Harry hablara sin interrumpirlo, pero en aquel momento dijo:
—Se puede manejar a los dragones, Harry, RJ tiene a Charlie ¿No?. No dispongo de mucho tiempo… allané una casa de magos para usar la chimenea, pero podrían volver en cualquier momento. Quiero advertirte algunas cosas. —RJ se preocupó al oír eso.
—¿Qué cosas? —cuestionaron al unísono.
—Karkarov —explicó Sirius —Era un mortífago. Sabes lo que son los mortífagos, ¿verdad, Harry?
—Sí… —susurró él, RJ miró con pánico a ambos y apretó la mano de Harry que jamás soltó.
—Lo pillaron y estuvo en Azkaban conmigo, pero lo dejaron salir. Estoy seguro de que por eso Dumbledore quería tener un auror en Hogwarts este curso… para que lo vigilara. Moody fue el que atrapó a Karkarov y lo metió en Azkaban.
—¿Dejaron salir a Karkarov? —preguntó Harry, incrédulo —¿Por qué lo dejaron salir?
—muchos mortifagos hicieron tratos con el ministerio, jurando estar arrepentidos y delatando a los mortifagos que conocían —le explicó RJ, rápidamente.
—Y, por lo que sé, desde que salió no dejó de enseñar Artes Oscuras a todos los estudiantes de su colegio. Así que ten cuidado también con el campeón de Durmstrang. —Asintió Sirius.
—bien... —asintió Harry, pensativo —Pero ¿quieres decir que Karkarov puso mi nombre en el cáliz? Porque, si lo hizo, es un actor francamente bueno. Estaba furioso cuando salí elegido. Quería impedirme a toda costa que participara.
—Sabemos que es un buen actor —dijo Sirius — porque convenció al Ministerio de Magia para que lo dejara libre. Además leí con atención El Profeta, Harry…
—Tú y el resto del mundo —comentó Harry con amargura. RJ rogaba porque no use sus escasos minutos hablando con ellos para preguntar sobre su inexistente relación.
—… y, sobre el artículo del mes pasado de Rita Skeeter, parece que Moody fue atacado la noche anterior de ir a Hogwarts. Sí, ya sé que ella dice que fue otra falsa alarma —añadió rápidamente Sirius —pero yo no lo creo. Estoy convencido de que alguien quiso impedirle que entrara en Hogwarts. Creo que alguien pensó que su trabajo sería mucho más difícil con él de por medio. Nadie se toma el asunto en serio, porque Ojoloco ve intrusos con demasiada frecuencia. Pero eso no quiere decir que perdió el sentido de la realidad: Moody es el mejor auror que tuvo el Ministerio.
—¿Qué quieres decir? ¿Que Karkarov quiere matarme? Pero… ¿por qué? —preguntó Harry. Sirius dudó.
—Sirius, no temas ir al punto. Habla rápido y tira todo como un balde de agua fría porque estás en una situación dónde el suspenso no es lo mejor —le pidió RJ y Sirius asintió.
—Últimamente los mortífagos parecen más activos. Se desinhibieron en los Mundiales de quidditch, ¿no? Alguno conjuró la Marca Tenebrosa… —Harry miró como RJ tragaba saliva —y además… ¿Escucharon lo de esa bruja del Ministerio de Magia que desapareció?
—Bertha Jorkins —Aclaró Harry.
—Desapareció en Albania, que es donde sitúan a Voldemort los últimos rumores. Y ella estaría al tanto del Torneo de los tres magos, ¿verdad?
—Sí, pero… no es muy probable que ella fuera en busca de Voldemort, ¿no? —preguntó Harry.
—yo conocí a Bertha Jorkins —repuso Sirius con tristeza —en Hogwarts, aunque iba unos años por delante de tu padre y de mí. Y era idiota. Muy bulliciosa y sin una pizca de cerebro. No es una buena combinación. Me temo que sería muy fácil de atraer a una trampa.
—Así que… ¿Voldemort pudo averiguar algo sobre el Torneo? —preguntó Harry —¿Crees que Karkarov pudo venir obedeciendo sus órdenes?
—Pero Voldemort no lo querría luego de que lo traicionó —Repuso incrédula RJ.
—No lo sé —reconoció Sirius—Pero el que metió su nombre en el cáliz tenía algún motivo para hacerlo, y el Torneo es una excelente oportunidad para atacar haciendo creer a todo el mundo
que es un accidente.
—Visto así parece un buen plan —comentó Harry en tono lúgubre —Sólo tendrán que sentarse a esperar que los dragones hagan su trabajo.
—RJ, te encargo a mi ahijado con eso de los dragones —le dijo Sirius a la pelirroja que asintio sin problema —y por cierto... ¿Qué es eso de que están saliendo juntos?...
Salvando a ambos de aquello, escucharon pasos bajando por la escalera de caracol. Harry lo detuvo con un gesto de la mano.
—¡Vete! —le dijo a Sirius entre dientes —¡Vete! ¡Alguien se acerca!
Harry se puso en pie de un salto para tapar la chimenea, tirando de la mano de RJ. escucharon tras ellos, en el fuego, un suave «¡plin!», y comprendieron que Sirius había desaparecido.
RJ se giró a ver a Harry y lo abrazó, Harry respondió el gesto confundido. Pero en cuanto Harry vió sobre su hombro a Ron. Vestido con su pijama de cachemir rojo oscuro, comprendió que RJ estaba buscando una excusa. Así que la abrazó de nuevo, pero le salió mal, acabó embriagado del perfume de RJ y abrazándola con fuerza... Necesitaba un abrazo así desde hacía días, anhelaba la cercanía de la pelirroja cada minuto de cada hora, se dió cuenta cuánto había extrañado a la menor de los Weasley, a sus momentos juntos.
—¿Qué hacen? —les preguntó, Ron, receloso. RJ se alejó de Harry y miró a su hermano.
—oh, eres tú —saludó, alejandose de Harry pero él no soltó su agarre en su cintura —¿Ya me hablas? ¿Ya le hablas a James? ¿Ya se te pasó el periodo?
—me preguntaba dónde estaba tu novio —La peleó —¡Pero si mí antiguo mejor amigo y mí traidora hermana menor están compartiendo saliva es mejor que me vuelva a la cama!
—¡Eres tan imbecil! —RJ se acercó molesta —¿Te pusiste a pensar en tu hueca cabeza que Harry necesita a su amigo y yo a mí hermano? Si tienes envidia o rencor por algo, háblalo, no te lo calles. Estás siendo un... Un... Un mal hermano —susurró mostrando que le heria. Se giró y tomó un pin de los de Potter Apesta y se lo pegó contra el pecho —toma, para abuchear al chico que estuvo contigo cuando nadie más y para decepcionarme todavía más. Nadie sabe cuánto más bajo puedes caer hoy en día.
Pasó a su lado y caminó escaleras arriba, totalmente molesta.
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