09| marauder map
“mapa merodeador”...
POR LAS ESCALERAS de la habitación de las niñas, RJ bajaba de dos en dos los escalones. La niña llegó al final y miró la sala común.
—¡RJ! —Hermione se levantó del sofá para acercarse a ella —Buenos días ¿Cómo estuvo tú primera noche en Hogwarts?
—¡Fantástico! —alagó, sonriendo emocionada —ahora debo ir a desayunar y luego a mí primera clase, Ginny está por bajar.
—¿Puedo acompañarlas? Es que no quiero ver a Harry o Ron —Se cruzó de brazos y la niña la miró con el ceño fruncido —¿No te enteraste?
—¿De qué? —preguntó, curiosa, justo cuando Ginny bajaba las escaleras.
—Ron y Harry robaron un auto volador y vinieron a Hogwarts en él... —saliendo de la sala común —Lo chocaron con el sauce boxeador y casi mueren allí. Para colmo Snape luego los castigó ¡Pero sería tremendo que nos quiten puntos o los suspendan por algo así en el primer día! —bajaron las escaleras —nada comparado con las pequeñas bromas de los gemelos que hicieron en la cena anoche. Les perdonaron eso ¿Pero lo de Harry y Ron? Claro que no.
—¡Algo así dijeron los fantasmas! —Ginny señaló —y no le creyeron al tal Peeves.
—porque es un poltergeist —le dijo RJ antes que Hermione —Percy me dijo de él. No es un fantasma tal como se llaman, es más como un espíritu bromista.
—Muy bien —Hermione felicitó, a su vez, se encaminaban al comedor —pero si, nadie soporta a Peeves. ¡Aún que nos fuimos de tema!
—¿Cómo se enteraron de todo eso? —Le dijo, RJ. Tanto ella, como su hermana, llevaban sus libros en mano. Igual que Hermione.
—anoche fueron a la sala común, luego de que ustedes fueron a dormir. Los rumores corren rápido aquí. Además, me molestó que todos los recibieran felices ¡Eso no es algo de lo que estar orgullosos!
—A ver, es una gran entrada —murmuró, RJ; Hermione la miró con reproche —pero claro, una muy irresponsable, obvio —agregó, sonriendo por lo bajo.
—muy, muy irresponsable —asintió, suspirando.
Entraron al comedor y RJ sonrió admirando el techo encantado, que aquel día estaba de color gris, las cuatro grandes mesas de las cuatro casas estaban repletas de soperas con gachas de avena, fuentes de arenques ahumados, montones de tostadas y platos con huevos y beicon.
—¿Cuál es su primera clase? —preguntó, Hermione y se sentaron en la mesa de Gryffindor, ella sacó su ejemplar de Viajes con los vampiros y lo apoyó contra una taza de leche.
—es con el profesor Flitwick, el de la clase de Encantamientos —respondió, RJ.
—¿El brujo diminuto? —preguntó, Ginny, riendo —si no fuera por su bigote, sería fácil confundirlo con uno de nosotros.
—no seas mala...
—¡Es la verdad! —se defendió ante las palabras de Hermione.
—como sea —Hermione rodó los ojos. RJ notó a las demás personas comenzar a entrar, así que tomó comida para comenzar a devorar —Los gemelos me hicieron una apuesta, no soy de aceptar, creo que solo fue mi mal humor el que les respondió. Pero la apuesta trata de que cada uno de nosotros iba a ser su guía. Los gemelos de RJ y yo tuya —señaló a Ginny que sonrió.
—¿Y cuál es la apuesta? —preguntó, Ginny.
—que la que, al final de la semana, sepa más de Hogwarts, y no sé pierda ni una vez, va a ganar. Si Ginny y yo ganamos, los gemelos admitirán en voz alta todas las bromas a las que no fueron atrapados y serán castigados, pero si ellos ganan, yo debo hacer una broma y dejarme atrapar... —murmuró, lo último, con suma inquietud.
—¡No puedo creer que hayas aceptado algo así! —RJ comenzó a reír.
—¡Lo sé! Por eso digo que mi mal humor aceptó antes que yo —se señaló. Pronto miró seriamente detrás de Ginny.
Ellas siguieron sus miradas para ver a Harry y Ron, RJ bajó la cabeza pensando en lo que Tom le había escrito en el diario “si te quisieran, hubieran estado allí para ti, pero te dejaron sola y ni siquiera se atrevieron a buscarte para disculparse”.
—buenos días —Hermione, saludó fría, a ambos chicos que se sentaron a un lado de ella.
—buenos días —Ron, se rascó la nuca y miró a sus hermanitas —felicidades por quedar en gryffindor.
—lo sabes solo porque estamos en la mesa y tenemos el uniforme. Ya que ayer no estuviste en nuestra selección —Ginny habló, pero tratando de no sonar muy ruda.
—¡Juro que trate! —se defendió, Ron.
—pues no lo suficiente —RJ, susurró, sacando su libro de encantamientos.
—RJ... —Harry, intentó defender a Ron, pero la mirada de la niña solo mostró que con él también estaba enojada —¡Lo siento!
“¿Crees eso de verdad?” Le había preguntado RJ a Tom.
“Si. Y ni unas disculpas serán suficientes, yo jamás habría faltado, ni aún que tuviera a un ejército de trolls detrás” le había respondido Tom. Entonces ¿Que tan ciertas eran las palabras de Harry y Ron?
—Hola, chicos —Neville Longbottom, por el contrario, saludó alegremente, irrumpiendo lo que sucedía.
—Buenos días —Ginny, lo saludó, sonriendo.
Neville era un muchacho de cara redonda, propenso a los accidentes, y tenía pésima memoria. Se había presentado la noche anterior con las mellizas, ambas rápidamente fueron bien recibidas por el niño tierno y torpe.
—El correo llegará en cualquier momento —comentó, Neville —supongo que mi abuela me enviará las cosas que me olvidé.
—¿Te olvidaste muchas? —le preguntó, RJ.
—no sé, no recuerdo.
Un centenar de lechuzas entraron, volando
sobre sus cabezas y llamando la atención de RJ que pensó lo magnífico que era verlas así, dando vueltas por la estancia, dejando caer cartas y paquetes sobre la alborotada multitud. El sonido de las aves, sus alas revoloteando, era algo que ella disfrutaría de ver cada que pase.
Una cosa gris cayó sobre la taza de Hermione, salpicándolos a todos de leche y plumas.
—¡Errol! —dijo Ron, sacando por las patas a la empapada lechuza. Errol se desplomó sobre la mesa, con las patas hacia arriba y un sobre rojo y mojado en el pico.
—no tomes esa leche —le dijo, RJ, a Hermione que movió su taza asqueada.
—¡No…! —exclamó Ron.
—No te preocupes, no está muerto —dijo Hermione, tocando a Errol con la punta del dedo.
—No es por eso… sino por esto —Ron señalaba el sobre rojo.
—¡Por Merlín! —RJ tomó un plato y se tapó con él. Neville lo miraba como si pudiera estallar en cualquier momento.
—¿Qué pasa? —preguntó, Harry.
—Me enviaron un vociferador —susurró Ron con un hilo de voz.
—Será mejor que lo abras, Ron —dijo Neville, en un tímido susurro —Si no lo haces, será peor. Mi abuela una vez me envió uno, pero no lo abrí y… —tragó saliva —fue horrible.
—o es algo muy bueno sobre Ginny y yo, o es algo muy malo por lo que hicieron —RJ, murmuró, viendo con recelo a Ron.
—si nos llegas a avergonzar con tú vociferador ¡Porque va para ti! Juro que no te hablamos más —Ginny se puso también detrás del plato de RJ.
—¿Qué es un vociferador? —cuestionó, Harry, ante sus reacciones.
Pero la carta había empezado a humear por las esquinas.
—Ábrela —urgió, Neville —Será cuestión de unos minutos.
Ron alargó su mano temblorosa, le quitó a Errol el sobre del pico con cuidado y lo abrió. Neville se tapó los oídos con los dedos. RJ y Ginny se pegaron más entre ellas detrás del plato. Por un momento, pareció que el sobre había estallado; en el salón se oyó un bramido tan potente que desprendió polvo del techo.
—… ¡Robar el coche, no me habría extrañado que te expulsaran; espera a que te agarremos, supongo que no te paraste a pensar lo que sufrimos tú padre y yo cuando vimos que el coche no estaba! —Los gritos de Molly, cien veces más fuertes de lo normal, hacían tintinear los platos, las cucharas en la mesa y reverberaban en los
muros de piedra de manera ensordecedora.
En el salón, la gente giraba a todos los lados para ver quién era el que había recibido el vociferador, y Ron se encogió tanto en el asiento que sólo se le podía ver la frente colorada.
Ginny y RJ habían tomado más platos y vasos para cubrirse.
—…¡Esta noche, la carta de Dumbeldore, creí que tú padre se moría de vergüenza, no te criamos para que te portes así, Harry y tú podían haberse lastimado! ¡Completamente disgustado, en el trabajo de tú padre están haciendo indagaciones, todo por culpa tuya y si haces otra cosa así, por pequeña que sea, te sacaremos del colegio! —la carta se giró a las mellizas que abrieron los ojos asustadas —Ginny, RJ, mis niñas... orgullosa de que quedaron en gryffindor, mamá les manda besos —luego volvió a girarse a Ron y la carta le sacó la lengua.
Se hizo un silencio en el que resonaban aún las palabras de la carta. El sobre rojo, que había caído al suelo, ardió y se convirtió en cenizas. Algunos se rieron y, poco a poco, el habitual alboroto retornó al salón. Hermione cerró su libro y miró a como RJ suspiraba aliviada, ya que a ellas no les dijo nada malo. Las mellizas bajaron los platos y vasos.
—Bueno, no sé lo que esperabas, Ron, pero tú…
—No me digas que me lo merezco —atajó Ron, a lo que le dijo Hermione.
—pues te lo mereces y mucho —habló con tristeza, RJ —papá tendrá que afrontar una investigación en su trabajo.
—callate, RJ —Le pidió su hermano, molesto. RJ abrió la boca ofendida.
—¿A caso no entiendes la seriedad de esto? ¡Gracias por arruinar nuestro primer día en Hogwarts! —le dijo la pelirroja, tomando sus libros. Ginny señaló a su hermana, dándole la razón.
Harry miró a RJ con culpa, pero la niña se levantó y se cruzó con los gemelos en la entrada del gran comedor.
—¡Aquí estás! —George, pasó un brazo sobre los hombros de su hermanita —¡Te buscamos por todos lados!
—¡Tenemos una apuesta que ganar! —asintió, Fred —y tú seguirás nuestro legado.
—¿Que legado? —preguntó confundida, pero ambos se fueron una mirada divertida antes de mirar a su hermanita.
—Alguno de tus libros de Hogwarts... ¿Nombra al “mapa merodeador”?
En Hogwarts había 142 escaleras, algunas amplias y despejadas, otras estrechas y destartaladas. Algunas llevaban a un lugar diferente los viernes. Otras tenían un escalón que desaparecía a mitad de camino y había que recordarlo para saltar. Después, había puertas que no se abrían, a menos que uno lo pidiera con amabilidad o les hiciera cosquillas en el lugar exacto, y puertas que, en realidad, no eran sino sólidas paredes que fingían ser puertas.
Y eso no era ni la mitad de lo que escondía la escuela. Cosas que RJ se sorprendió de conocer tan solo en su primer día gracias a las clases de sus hermanos mayores, los gemelos, quienes le estaban enseñando todo por su apuesta con Hermione.
Pero le era muy difícil recordar dónde estaba todo, ya que parecía que las cosas cambiaban de lugar continuamente. Las personas de los retratos seguían visitándose unos a otros, e incluso las armaduras podían andar.
Y casi toda esa información se la habían brindado Fred y George junto a un mapa para que pudiese guiarse.
El mapa merodeador.
—¿Y cómo consiguieron este mapa? —preguntó, fascinada, examinando el papel en sus manos.
—Explícaselo, George —Le dijo Fred. Estaban los tres yendo a través de un pasadizo a clases de transformaciones de su hermanita. Estuvieron todo el día, llevándola a sus clases y esperándola al salir, claro que se saltaron una o dos de ellos pero eso no les pareció importante.
—Bueno, hermanita… cuando estábamos en primero y eramos más inocentes de lo que somos ahora tuvimos un pequeño problema con Filch —George llevaba su varita en alto, está brillaba para iluminar su camino.
—Tiramos una bomba fétida en el pasillo y se molestó.
—Así que nos llevó a su despacho y empezó a amenazarnos con el habitual…
—… castigo…
—… de descuartizamiento…
—… y fue inevitable que viéramos en uno de sus archivadores un cajón en que ponía «Confiscado y altamente peligroso».
—y lo robaron —terminó, RJ, riendo. Ambos fingieron indignación volteando a ver a la niña de once años.
—no diríamos robar —Fred la miró con una sonrisa inocente.
—sería, en todo caso, justicia.
—él se lo habrá confiscado a buenas almas...
—a unos brillantes alumnos, de seguro...
—¡Y nosotros solo los vengamos!
—para luego utilizar este mapa a nuestro beneficio.
—y así ahora te lo damos a ti —Fred, terminó, empujando un cuadro que se puso delante de ellos y así salieron de nuevo a un pasillo de Hogwarts —¿qué habrías hecho tú, RJ?
—Para empezar, jamás me hubieran atrapado haciendo una broma —Sonrió, encogiéndose de hombros y ellos rieron.
—la dulce y tierna RJ, la feliz niña que es incapaz de hacer algo —se burló, George —¡Es solo porque cada vez que haces algo nos echas la culpa!
—eres nuestra mejor y peor creación —Fred se llevó una mano al pecho —tienes las mejores cualidades de todos tus hermanos.
—en resumido, eres un monstruo muy brillante —Asintió, George.
—Gracias, gracias —la niña rió —¿Pero como se lo sacaron a Filch?
—George se encargó de distraerlo lanzando otra bomba fétida, yo abrí a toda prisa el
cajón y tomé el mapa.
—No fue tan malo como parece —dijo George —Creemos que Filch no sabía utilizarlo. Probablemente sospechaba lo que era, porque si no, no lo habría confiscado.
—el tema es que, en todo caso de que se acuerde de él, y quiera buscarlo. Nosotros no lo tendremos —Fred asintió, frenando frente a la siguiente clase de RJ.
—Ya lo aprendimos de memoria, cada pasadizo que ves ahí, sabemos de su existencia —asintió, George —ahora es tuyo.
—¿En serio? —miró con ojos risueños a sus hermanos mayores.
—si —asintió, nuevamente, George —cuidalo como si fuera oro.
—para abrirlo, recuerda, con tú varita dile “juro solemnemente que mis intenciones no son buenas” y para cerrarlo... —Fred acaricio el mapa con su varita —“travesura realizada”. —el mapa se borró, tal como el diario de RJ —nunca lo dejes sin cerrar.
—nuestro regalo de bienvenida a Hogwarts —George, sacudió su cabello —Y, por cierto, dile a Hermione que vaya preparando su mayor cara de derrota.
—¡Te vemos luego, hermanita!
RJ sonrió y guardó el mapa en su túnica, a partir de ahora, sería súper fácil ir a estudiar los cielos nocturnos cada miércoles a medianoche, ¡O ir a los invernaderos de detrás del castillo a estudiar Herbología, con la profesora Sprout! tomaría atajos para ir a Historia de la Magia -la única clase dictada por un fantasma- del profesor Binns. Cómo ahora, que estaba frente a la puerta de transformaciones, siendo la primera en llegar.
A los minutos, aparecieron Hermione y Ginny hablando, que frenaron al segundo de ver a RJ.
—¿Cómo llegaste tan rápido? ¡Salimos al mismo tiempo de la clase! —Ginny preguntó, señalando a su hermana —¡Te fuiste para el otro lado con Fred y George!
—hablando de ellos —RJ señaló, volteando a ver a Hermione que parecía tener un tic en el ojo —dicen que te vayas preparando para perder.
Y entró a la clase de transformaciones, sonriendo triunfal. Se sentó en las primeras mesas, a los segundos, entraron los de gryffindor y ravenclaw. Colín corrió a sentarse a un lado de RJ.
—¿Cómo estás? —le preguntó, el niño —¿Sabes? Mí papá te mando saludos, esta feliz de que seas mí amiga.
—oh, gracias —sonrió, feliz —mandale otro saludo.
—¡Lo haré! Aveces se pasa el día muy ocupado, es que es lechero —explicó, y fue interrumpido por la profesora que entró.
La profesora McGonagall era diferente a los demás profesores. Estricta e inteligente, les habló, apresurandose a que ninguno este de pie.
—Transformaciones es una de las magias más complejas y peligrosas que aprenderan en Hogwarts —dijo, Colín y RJ sacaron sus libros rápidamente —Cualquiera que pierda el tiempo en mi clase tendrá que irse y no podrá volver. Están avisados.
comenzó a explicar lo básico mientras RJ lo escribía en su pergamino, así hasta que la profesora transformó su escritorio en un cerdo y luego le devolvió su forma original.
—¡Genial! —Colin le dijo a RJ que asintió, levantando su mano.
—¿Si, señorita Weasley? —miró a la niña.
—¿Cuando podremos hacer eso? —preguntó, con curiosidad.
—ahora, pero empezarán con algo mucho más fácil. Difícil para ustedes, fácil para cuando estén en años mayores.
Y tenía razón. Los alumnos se dieron cuenta de que pasaría mucho tiempo antes de que pudieran transformar muebles en animales.
Después de hacer una cantidad de complicadas anotaciones, les dio a cada uno un fósforo.
—quiero que, al final de la clase, transformen este fósforo en una aguja —pidió, yendo a sentarse en su escritorio.
Las caritas comenzaron a moverse, Colín mostrándole la suya a RJ que mostró también la suya, el niño quedó fascinado. Diciendo que le gustaba más su varita blanca.
—¡No puedo! —Ginny, se quejó, sentada atrás de su hermana con Luna Lovegood.
—es fácil —su hermana bufó.
—¡Pero si no has...!
Se calló cuando RJ tomó la aguja con su pequeña mano. Ginny, Luna y Colin quedaron impresionados, sin haber notado que ella lo había hecho en su tercer intento.
—vaya —voltearon a ver a Mcgonagall —casi rompió el récord, señorita Weasley. Muy bien —la observó por debajo de sus lentes. La profesora mostró a todos cómo se había vuelto plateada y puntiaguda, y dedicó a la niña una excepcional sonrisa.
Parecía como si hubiera estado resignada a que sea como los gemelos, y se sorprendió de ver que era mucho más inteligente que Fred y George en su primer año. RJ se avergonzó por todas las miradas, desde sorprendidas hasta juzgonas.
Al final de la clase, nadie había hecho algún cambio en el fósforo, no por mínimo que fuese, la única fue RJ y ella había hecho el cambio completo.
—Les digo desde ya, mí melliza será la mejor en todas las clases y no se sientan mal por eso. Es una comelibros —Ginny le dió un empujón a RJ que rió.
Ya salieron de la clase, viendo a Hermione afuera, esperando a Ginny.
—¿No te ayudarán los gemelos a ir a su última clase? —Hermione, preguntó, en dirección a RJ.
—No, ya sé cómo llegar —sonrió, dándose la vuelta.
De su bolsillo sacó el mapa merodeador y su varita.
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