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07| RJ's diary

“el diario de RJ”...

          RJ ESTABA de pie frente a Fred y George. La pequeña chica tenía en sus manos un fibron Muggle que Hermione le había regalado, ella todavía no podía creer como es que funcionaba. Era un marcador negro, indeleble, el cual no se borraba a menos de que tengas mucha agua y jabón. Los gemelos estaban durmiendo y ella salió del cuarto, habiendo realizado ya su travesura.

La niña salió y se cruzó con Harry que salía del cuarto de Ron. Ella se sonrojó rápidamente y dejo de respirar, otra vez, a pesar de estar recién levantada, su cerebro dibujó multiples corazón al rededor de Harry que acomodó sus lentes. Decir que le gustaba el mejor amigo de su hermano era la oración perfecta para describir la situación de RJ.

EL final del verano llegó más rápido de lo que RJ habría querido, siendo de sus veranos más interesantes por tener a Harry Potter en su casa todo un mes. Ella ya iría a Hogwarts, de hecho, debia preparar su baúl, pero la noche anterior, por ejemplo, Molly hizo una cena suntuosa que incluía todos los manjares favoritos de Harry y que terminó con un suculento pudín de melaza. El favorito de RJ y Percy.

Fred y George redondearon la noche con una exhibición de las bengalas del doctor Filibuster, y llenaron la cocina con chispas azules y rojas que rebotaban del techo a las paredes durante al menos media hora. Después de esto, llegó el momento de tomar una última taza de chocolate caliente e ir a la cama.

Por ende, se encontraban allí, de mañana.

RJ como siempre se levantó con el canto del gallo, antes que sus hermanos pero no antes que sus padres.

—Buenos días, RJ —saludó el niño.

—Buenos días, James —murmuró, comenzando a jugar con el brazalete de Hermione —ahm...

—Yo...  —hablaron al mismo tiempo así que rieron. Harry carraspeó su garganta —es tú primer año ¿Estás emocionada? Yo ya deseo volver.

—super emocionada, pero no sé si conseguiré amigos —admitió, arrugando su pequeña nariz, gesto que sacó una sonrisa en Harry.

—¿Bromeas? Cualquiera querría ser tú amigo, de lo contrario, nos tienes a Ron, Hermione y a mí. A Ginny también —señaló obvio y ella se sintió más aliviada.

—¡River Jimena Weasley! —escucharon el grito de Molly y dieron un saltito.

—usó mí nombre completo —susurró, aterrada. Frunció sus cejas pero luego abrió su boca —¡Olvidé hacer mí baúl! Ve a desayunar James, y despierta a Ron si puedes —corrió a su habitación.

A Harry no le entraba en la cabeza que nueve personas, seis baúles grandes, dos lechuzas y una rata pudieran caber en un pequeño Ford Anglia, pero, después de que RJ ya le diese su baúl a su papá, le explicó a Harry que era un hechizo de expansión.

—¡No, no! —se escucharon los gritos de los gemelos Weasley.

—¡Oh, Merlín! Díganme que no piensan ir así a su primer día de clases ¡Que vergüenza! —Se escuchó también a Molly —¡Ya no hay tiempo, deben subir! Y quitense eso del rostro.

—¡No sabemos que es!

RJ se apresuró a entrar al auto, Ginny entró después de ella. Cuando por fin estuvieron todos en el coche, Mollu echó un vistazo al asiento trasero, en el que Harry, Ron, Fred, George y Percy estaban confortablemente sentados, unos al lado de otros.

—Los muggles saben más de lo que parece, ¿verdad? —Ella y las mellizas iban en el asiento delantero, que había sido alargado hasta tal punto que parecía un banco del parque —Quiero decir que desde fuera uno nunca diría que el coche es tan espacioso, ¿verdad?

—¡RJ! ¿Fuiste tú? —Fred cuestionó, tratando de borrar los bigotes falsos en su rostro.

—no sé de qué hablas —fingió demencia. Pero lo había hecho en venganza porque ellos molestaban a Percy.

Arthur arrancó el coche y salieron del patio. Pero minutos luego tuvieron que dar la vuelta, porque a George se le había olvidado su caja de bengalas del doctor Filibuster.

Cinco minutos después, el coche tuvo que detenerse en el corral para que Fred pudiera entrar a buscar su escoba. Y cuando ya estaban en la autopista, RJ gritó que se había olvidado su diario y tuvieron que
retroceder otra vez.

Oh ¿RJ tenía un diario? Creo que luego se darán cuenta que escribe en él...

Cuando RJ subió al coche, después de buscar el diario, Ginny tuvo que ir en busca de su sombrero que se había olvidado, ya todos listos, llevaban muchísimo retraso y los ánimos estaban alterados. El señor Weasley miró primero su reloj y luego a su mujer.

—Molly, querida…

—No, Arthur.

—Nadie nos vería. Este botón de aquí es un accionador de invisibilidad que he instalado. Ascenderíamos en el aire, luego volaríamos por encima de las nubes y llegaríamos en diez minutos. Nadie se daría cuenta…

—Dije no, Arthur, no a plena luz del día.

Llegaron a King’s Cross a las once menos cuarto. Arthur cruzó la calle a toda prisa con unos carritos para cargar los baúles, y entraron todos corriendo en la estación. RJ pensó que su día no podría ir peor ¡Estuvo toda la semana sin poder dormir por pensar en ir a Hogwarts y al último minuto se le olvidó! Todo por estar toda la noche escribiendo en su diario. Su nuevo diario.

La dificultad estaba en llegar al andén 9¾, que no era visible para los ojos de los muggles. Lo que había que hacer era atravesar caminando la gruesa barrera que separaba el andén nueve del diez. No era doloroso, pero había que hacerlo con cuidado para que ningún muggle notara la desaparición.

—Percy primero —ordenó, Molly, mirando con inquietud el reloj que había en lo alto, que indicaba que sólo tenían cinco minutos para desaparecer disimuladamente a través de la barrera.

Percy avanzó deprisa y desapareció. A continuación fue Arthur y lo siguieron Fred y George.

—Yo pasaré con Ginny y RJ, y ustedes dos van luego —Molly señaló a Harry y Ron, tomando la mano de las niñas y empezando a caminar. En un abrir y cerrar de ojos ya no estaban.

RJ cruzó al andén 9¾ y sonrió, girando a ver a su madre y besó su mejilla antes de correr, despidiéndose con la mano de su papá que le gritó deseándole buena suerte. Ginny fue detrás de su hermana y ambas le entregaron su boleto al hombre del tren, pasando en busca de algún vagón.

Claro que no notaron que Ron y Harry no habían cruzado y aún seguían en la estación Muggle.

—¡Casi creí que perdíamos el tren! —RJ le dijo a Ginny, buscando un compartimento mientras el tren se movía lentamente, comenzando a andar.

—por poco —asintió, yendo detrás de ella —¿Vamos con nuestros hermanos o...?

—no, mira, aquí solo hay una niña —señaló el compartimento vacío y lo abrió.

RJ le sonrió a la niña de cabello blanco que estaba leyendo el diario, la muchacha de piel pálida volteó a verlas con un movimiento suave que a RJ le pareció de seda. Tan delicado pero a la vez ido.

—lo siento mucho, ¿Está ocupado? Es que a penas y pudimos entrar al tren ¡Todo está lleno! —se excusó, viendo a la niña.

—esta bien, no me molesta —Se encogió de hombros y ellas entraron rápidamente, cerrando —soy Luna.

—¿Luna? —repitió, Ginny estirando su mano —Ginny.

—Si, Luna, Luna Lovegood —aceptó la mano y miró a RJ que estiró la suya, también estrechandola.

—RJ Weasley, somos mellizas —contó, feliz, y Luna sonrió genuinamente —¿Qué lees?

—El Quisquilloso, es la revista de mí padre —mostró y RJ asintió, impresionada —he oído de su familia, son sangre pura.

—gracias, yo no he oído de ti, pero tú cabello es muy lindo —Ginny, elogió, sonrojandose levemente. Luna sonrió.

—¡Gracias! Tambien me gusta su cabello, me hace acordar a la calabaza, hablando de calabazas, ¿escucharon alguna vez la historia de Jack? —les preguntó, inclinándose hacia adelante.

—no ¿Quién es Jack? —cuestionó, RJ, con curiosidad. Mientras conversaban, el tren había pasado por campos llenos de vacas
y ovejas. Se quedaron mirando un rato, en silencio, el paisaje.

—Dice la leyenda que, debido a su maldad extrema, un hombre irlandés llamado Jack no mereció un lugar ni en el cielo ni en el infierno cuando murió. Su espíritu se vio obligado a vagar por el mundo implorando la entrada en uno u otro sitio. Se manifestaba portando una calabaza hueca con una vela dentro y éste fue el símbolo más representativo desde entonces de la noche de Halloween —contó, asintiendo bastante segura. RJ infló sus mejillas y miró a Ginny que veía con ojos entrecerrados a Luna Lovegood.

Su forma de hablar y actuar era bastante extraña.

—Otro relato, por ejemplo, sugiere que la calabaza adoptó semejante aspecto tétrico a causa de un castigo que una bruja impuso a Jack por negarse a ayudarle a preparar la sopa de Halloween. El muchacho desapareció en el interior de la calabaza y ésta adoptó rasgos semejantes al rostro humano —terminó de contar, volviendo a abrir su revista.

—aja... —Ginny, asintió, miró a su hermana e hizo una mueca cómica que la hizo reír, pero si, Ginny había hecho referencia a que a Luna le faltaban varios jugadores. Por decirlo así.

—Creo que es interesante —murmuró, RJ, viendo cómo la puerta del compartimento se abría.

—¿Quieren algo del carrito, niñas? —preguntó, la mujer y las tres negaron. Las Weasley no tenían dinero y Luna no parecía tener antojo. Antes de que se cierre, un niño entró corriendo al compartimento y cerró detrás de él.

Las tres niñas lo vieron sin entender, pero el chico de cabello rubio y de complexión pequeña respiraba agitado.

—lo siento, no quería molestarlas —Caminó hasta sentarse a un lado de Luna —soy Colin Creevey, pero es que un niño de un año mayor comenzó a molestarme cuando vió mí cámara muggle —mostró el artefacto, fascinando rápidamente RJ —me preguntó si era hijo de muggles y dije que si, luego comenzó a querer molestarme... A ninguna le molesta que sea hijo de humanos normales ¿No? —las miró con temor.

—no, tranquilo —negó, Ginny —ese niño era de cabello blanco ¿Por casualidad?

—si...

—agh, Malfoy —se quejó, Ginny, rodando los ojos.

—Lo siento ¿Puedo ver tú cámara? ¡Amo las cosas muggles! —RJ no se contuvo y el niño sonrió.

—¡Claro! Vi que sus fotos se mueven, las mías no, pero quiero una de esas, a mis padres les encantaría —le tendió la cámara.

En aquel momento, el paisaje que se veía por la ventanilla se hacía más agreste. Habían desaparecido los campos cultivados y aparecían bosques, ríos serpenteantes y colinas de color verde oscuro. RJ sacó una fotografía con la cámara de Colin y el niño elogió que era bastante buena. Colín contó que era hijo de un lechero y tenía un hermano menor llamado Dennis, esperaban que también sea mago.

RJ iba a decirle algo pero su voz se calló cuando sintió su piel ponerse de gallina, ella volteó a ver el paisaje y luego tomó de sus cosas su diario.

—¿Vas a dibujar? —le preguntó, Ginny.

—ahm, no, voy a escribir el trayecto del viaje.

Vieron como usaba la pluma que Hermione le había dado, ella comenzó a escribir, los tres niños no le dieron importancia, comenzando a hablar. Aun que Luna miraba interesada el libro pequeño y delgado con las tapas muy gastadas, de color
negro en las manos de RJ.

¿El diario se lo había regalado Charlie? Ahm, no. El diario apareció entre sus pertenencias y RJ creyó que su madre tal vez se lo había regalado, pero tal vez solo lo tomaron por error, aún así, cuando vió que en su desvaída fecha de la cubierta entendió que tenía al rededor de cincuenta años de antigüedad. Eran solo hojas en blanco a excepción de la primera página podía leerse, con tinta emborronada, «T.S. Ryddle».

RJ comenzó a escribir en él, siendo una especie de pequeña adicción que la ayudaba a calmar sus nervios respecto a su primer año en Hogwarts. Claro que por fuera parecía un diario normal, pero no, no lo era.

RJ cerró su diario y miró por la ventanilla. Estaba oscureciendo. Podía ver montañas y bosques, bajo un cielo de un profundo color púrpura. Sonrió sin contener su emoción cuando el tren parecía aminorar la marcha.

—debemos cambiarnos —pidió, Ginny. RJ le dió la razón.

se quitaron las camisas y se pusieron las largas túnicas negras. Mientras, una voz retumbó en el tren.

—Llegaremos a Hogwarts dentro de cinco minutos. Por favor, dejen su equipaje en el tren, se lo llevarán por separado al colegio.

El estómago de RJ se retorcía de nervios y, su melliza, podía verlo, estaba pálida debajo de sus pecas. RJ sonreía pero le dolía hacerlo, le dolía el estómago. La única que no parecía muy nerviosa era Luna que los incentivó a reunirse con el resto del grupo que llenaba los pasillos.

El tren finalmente se detuvo. Todos se
empujaban para salir al pequeño y oscuro andén. RJ se estremeció bajo el frío aire de la noche, cada paso acompañaba el sonido de los latidos de su corazón que parecía a punto de tener un ataque. Entonces apareció una lámpara moviéndose sobre las cabezas de los alumnos, y RJ oyó una voz conocida, de aquel que había aceptado comer galletas y tomar té con ella.

—¡Primer año! ¡Los de primer año por aquí!
—La gran cara peluda de Hagrid rebosaba alegría sobre el mar de cabezas —Vengan, siganme…  Miren bien dónde pisan. ¡Los de primer año, siganme!

Resbalando y a tientas, siguieron a Hagrid por lo que parecía un estrecho sendero. Estaba tan oscuro que RJ pensó que debía de haber árboles muy tupidos a ambos lados. Nadie hablaba mucho. La pelirroja Weasley iba de la mano con Ginny, apretándola cada tanto.

—En un segundo, tendrán la primera visión de Hogwarts —exclamó Hagrid por encima del hombro—justo al doblar esta curva.

Se produjo un fuerte “¡oh!” cuando el sendero se abría súbitamente al borde de un gran lago negro. En la punta de una alta montaña, al otro lado, con sus ventanas brillando bajo el cielo estrellado, había un impresionante castillo.

—es... Magnifico —susurró, RJ. Siempre había querido ir, ahora que estaba allí, no podía creerlo. Salió de su ensoñación cuando escuchó el sonido del flash de la cámara de Colin.

—¡No más de cuatro por bote! —gritó, Hagrid, señalando unos botecitos alineados al lado de la orilla.

Sin pensarlo, las mellizas subieron con Colin y Luna.

—¿Todos subieron? —continuó Hagrid, que tenía un bote para él solo—¡Adelante!

Y la pequeña flota de botes se movió al mismo tiempo, deslizándose por el lago, que era tan liso como el cristal. RJ, a pesar de siempre hablar hasta los codos, no tenía palabras para definir lo maravillada que estaba, contemplaba el gran castillo que se elevaba sobre sus cabezas mientras se
acercaban cada vez más al risco donde se erigía.

—¡Bajen las cabezas! —les pidió Hagrid, a su vez que los primeros botes alcanzaban el peñasco.

Todos agacharon la cabeza y los botecitos los llevaron a través de una cortina de hiedra, que escondía una ancha abertura
en la parte delantera del peñasco. Fueron por un túnel oscuro que parecía conducirlos justo por debajo del castillo, hasta que llegaron a una especie de muelle subterráneo, donde treparon por entre las rocas y los guijarros.

—Colin, me gusta tú cámara, pero el ruidito de cada segunda y el flash arruina la emoción de muchos —le susurró RJ al niño que bajó su cámara, apenado, con una sonrisita.

—es que quiero tener todo para mostrarle a mí hermano, lo siento —RJ hizo un ademan y subieron por un pasadizo en la roca, detrás de la lámpara de Hagrid,
saliendo finalmente a un césped suave y húmedo, a la sombra del castillo.

Subieron por unos escalones de piedra y se reunieron ante la gran puerta de roble. Hagrid levantó un gigantesco puño y llamó tres veces a la puerta que se abrió de inmediato.

Una bruja alta, de cabello negro y túnica verde esmeralda, esperaba allí. Tenía un rostro muy severo, y RJ sonrió al saber que era Mcgonagall. Ansiaba demasiado tener clases con ella y saber si de verdad era un gato como decían sus hermanos.

—Los de primer año, profesora McGonagall.

—Muchas gracias, Hagrid. Yo los llevaré desde aquí.

Abrió bien la puerta. El vestíbulo de entrada era enorme. Las paredes de piedra estaban iluminadas con resplandecientes antorchas, el techo era tan alto que no se veía y una magnífica escalera de mármol, frente a ellos, conducía a los pisos superiores. Siguieron a McGonagall a través de un camino señalado en el suelo de piedra, los llevó a una pequeña habitación vacía, fuera del vestíbulo.

Se reunieron allí, más cerca unos de otros de lo que estaban acostumbrados, mirando con nerviosismo a su alrededor. Ginny sentía como si RJ pudiera aplastar su mano de lo fuerte que la apretaba. Pero la mayor de las mellizas no podía tanto con sus nervios, casi estaba por vomitar.

RJ solo deseaba ver a Harry, Ron, Hermione y a sus hermanos en la mesa gryffindor, esperando por ellas.

—Bienvenidos a Hogwarts —dijo la McGonagall, examinandolos —El banquete de comienzo de año se celebrará en poco, pero antes de ocupar sus lugares en el Gran Comedor deberan ser seleccionados para sus casas. La Selección es una ceremonia muy importante porque sus casas serán como su familia en Hogwarts. Tendran clases con la casa que les toque, dormiran en los dormitorios y pasaran el tiempo libre en la sala común de su casa.

La profesora paró su mirada en las mellizas Weasley y no supo si sonreír o si llorar, con solo verlas supo reconocerlas y rezaba para todos sus adentros, mientras pensaba “mas Weasleys”, y que no sean como Fred y George ¡O como Ron! Ojalá fuesen como Bill, Percy o Charlie.

—Las cuatro casas se llaman Gryffindor, Hufflepuff, Ravenclaw y Slytherin. Cada casa tiene su propia noble historia y cada una ha producido notables brujas y magos. Mientras esten en Hogwarts, sus triunfos conseguirán que las casas ganen puntos y cualquier infracción de las reglas hará que los pierdan. Al finalizar el año, la casa que obtenga más puntos será premiada con la Copa de las Casas, un gran honor. Espero que todos sean un orgullo para la casa que les toque...

Mcgonagall acomodó sus lentes, para luego terminar.

—La Ceremonia de Selección será en pocos minutos, frente al resto del colegio. Les sugiero que, mientras esperen, se arreglen lo mejor posible. Volveré cuando lo tengamos todo listo para la ceremonia... Por favor, esperen tranquilos.

Salió de la habitación. RJ tragó con dificultad y comenzó a revisar que estuviese bien.

—voy a fingir que no me ofendió lo que dijo; porque, con disimulo, dijo que todos estamos hechos un desastre —le dijo RJ a su melliza mientras todos se arreglaban nerviosos.

—¿A caso no viste lo despeinada que está Luna? —Ginny señaló a la chica que no se molestó en aplastar su melena albina. Era la única que solo veía y esperaba.

En verdad era rara.

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