01| Harry's house
“casa de Harry”...
HERMIONE CHILLÓ, saltando a abrazar a RJ que rió contenta. Hermione acababa de llegar a La Madriguera ya que el lunes por la noche sería el mundial de Quidditch y Arthur Weasley había conseguido entradas para Irlanda contra Bulgaria. Hermione iria con ellos y Harry -quien llegaría el domingo por la mañana si sus tíos le daban permiso, y si no igual- también.
—¡Mirate! —Hermione se alejó y señaló a RJ —empieza la pubertad —inclinó su cabeza de lado, viendo el crecimiento de cuerpo de RJ.
—Es porque estuve entrenando todas las vacaciones con Ginny —asintió, antes de girarse —¡Ya llegó Hermione! ¡Fred, George, sirvan para algo y entren su valija! —y se volvió a Hermione que reía —Casi todos los días de arduo entrenamiento. Me duele todo el cuerpo —tomó su mano para que entren.
—¡Hermione, cariño! —Molly recibió a la castaña que sonrió.
—oye, nosotros si servimos —se quejó, George, bajando las escaleras —hola, Herms.
—y servimos más que tu —asintio, Fred, detrás de él —Hola, Herms. —los dos fueron a tomar su baúl con cosas.
—¡Hola, Hermione! —Ginny bajó y la abrazó —¡Ron, ven a saludar!
—estaba durmiendo —se quejó el pelirrojo, pero se acercó a saludar a su amiga que sonreía.
—¿A dónde llevamos esto? —preguntaron Fred y George al unísono.
—a mí cuarto con Ginny —Les dijo, RJ.
Después de acomodarse, RJ salió con Hermione y Ginny al jardín, comenzando a contarle sobre que su papá consigió las entradas de primera clase gracias a sus
conocidos en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos. Le contó que llenó una carta de estampillas porque no sabía cuantas poner ya que era la primera vez usando el correo muggle para su familia, la carta iba para los tíos de Harry, pero, a su vez, Ron le enviaría una carta a Harry a través de Pig, su nueva lechuza -regalo de Sirius- para también explicarle sobre lo sucedido.
—¿Y Percy consiguió trabajo? —preguntó, pero sin mover mucho los labios ya que RJ la estaba pintando a ella y Ginny en un lienzo. Las tres sentadas en el jardin.
—si, en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Estoy muy feliz por él —asintió, RJ usando las pinturas que Harry le regaló —la verdad, estoy muy orgullosa. Percy se merece lo mejor del mundo... además, sabes que no crecimos como una familia económicamente estable, Percy busca eso, estabilidad económica... Es algo que los gemelos no entienden... Pero bueno, ¡Hablemos mejor del mundial!
—Es una oportunidad única en la vida —asintió, Ginny —Hace treinta años que Gran
Bretaña no es la anfitriona de la Copa y es muy difícil conseguir una entrada.
Así siguieron hasta que RJ acabó de pintar y esperaron a que el dibujo se seque.
—¿Y Harry en qué vendra? —cuestionó, Hermione.
—no, nosotros iremos a buscarlo. Creo que será... Divertido —RJ negó sonriendo, queriendo conocer al molesto primo de Harry y hacerle alguna travesura.
—ahm, y... —miraron a Hermione que se sonrojó —¿Quienes son ellos?
Siguieron la mirada para ver a Bill y Charlie que volvían de ir a comprar algunas cosas para Molly. RJ sonrió.
—mis hermanos mayores.
RJ señaló a Fred y George, luego, los tres hicieron una carrera a lo largo de la sala para ver quién llegaba primero a la chimenea, tomaba los polvos e iba a la casa de los tíos de Harry. Claro, la primera en llegar fue RJ que le puso el pie a Fred y él se agarró de George. Mientras, Arthur iba detrás de ellos, gritandoles que se comporten para dar una buena impresión ya que llegaban un poco tarde. Solo media hora.
Pero cuando RJ cayó en la chimenea de Privet Drive, gritó asustada, detrás de ella fueron Fred y George. Los tres estaban apretujados dentro de la chimenea que parecía tener un fuego artificial. Luego, llegó su padre y RJ con los gemelos agradecían no tener claustrofobia.
—¿Por qué tienen esto en la chimenea? —preguntó, RJ, apretada con los gemelos —no podemos salir así.
—creo que ellos no usan la chimenea, por eso —le dijo, su papá. RJ quiso moverse pero no podía y las molestias llegaron.
—¿Escucharon a un cerdo gritar o fue mí imaginación? —preguntó, George.
—creo que era el primo de James —contesto, RJ. —o nos equivocamos de casa.
—A lo mejor Harry nos puede oír… A lo mejor puede ayudarnos a salir…
RJ golpeó la pared, como si fuese una puerta.
—¡James! James, ¿nos oyes? —cuestionó, gritando. Pegó el odio a la pared.
—¡RJ! ¿Me oyes?
—¡Shh! Que no escucho —les dijo a sus hermanos y a su papá.
—¡Soy Harry, RJ…! La chimenea está cegada. No podrán entrar por aquí.
—dijo que no podemos entrar, tienen la chimenea bloqueada —Le dijo a los demás.
—¡Maldita sea! —gruñó, Arthur —¿Para qué diablos taparon la chimenea?
—Tienen una estufa eléctrica —explicó Harry.
—¿De verdad? —preguntó emocionado Arthur —¿Dijiste ecléctica? ¿Con enchufe? ¡Santo Dios! ¡Eso tengo que verlo…! Pensemos…
—¿Para qué quieren una chimenea si no es de verdad? ¡Que raro! —RJ rió, pero pronto alguien hizo más apretado el hueco. Ron había llegado —¡Ah, Ron!
—¿Qué hacemos aquí? ¿Algo fue mal?
—No, Ron, qué va —dijo sarcásticamente la voz de Fred —Éste es exactamente el sitio al que queríamos venir.
—Sí, nos lo estamos pasando en grande —añadió George, aplastado contra la pared.
—no siento el cuerpo... —susurró, RJ, apretada.
—Muchachos, muchachos… —dijo vagamente Arthur —Estoy intentando pensar qué podemos hacer… Sí… el único modo… Harry, échate atrás.
Pero como si alguien más los esperara detrás, se escuchó una fuerte voz.
—¡Esperen un momento! —bramó en dirección a la chimenea —¿Qué es lo que pretenden…?
¡Bum!
La estufa eléctrica salió disparada cuando todas las tablas que tapaban la chimenea saltaron de golpe y expulsaron a los Weasley entre una nube de escombros y gravilla suelta. Petunia, tía de Harry, gritó y cayó de espaldas sobre la mesita del café. Su esposo Vernon la agarró antes de que cayera al suelo, y se quedó con la boca abierta, sin habla, mirandolos.
—Así está mejor —afirmó, Arthur, jadeante, sacudiéndose el polvo de la larga túnica verde y colocándose bien las gafas —¡Ah, ustedes deben de ser los tíos de Harry!
RJ tosió, girando y encontrando un espejo; se acercó para limpiarse en él, sacando un pañuelo que siempre tenía preparado para cuando viajaba con polvos flu.
Arthur se dirigió hacia tío Vernon con la mano tendida, pero Vernon retrocedió unos pasos para alejarse de él, arrastrando a tía Petunia e incapaz de pronunciar una palabra. Tenía su mejor traje cubierto de polvo blanco, así como el cabello y el bigote, lo que lo hacía parecer treinta años más viejo.
—Bueno… disculpe todo esto —murmuró Arthur, bajando la mano y observando por encima del hombro el estropicio de la chimenea —Fue culpa mía: no se me ocurrió que podía estar cegada. Hice que conectaran su chimenea a la Red Flu, ¿sabe? Sólo por esta tarde, para que pudiéramos buscar a Harry. Se supone que las chimeneas de los muggles no deben conectarse… pero tengo un conocido en el Equipo de Regulación de la Red Flu que me hizo el favor. Puedo dejarlo como estaba en un segundo, no se preocupe. Encenderé un fuego para que regresen los muchachos, y repararé su chimenea antes de desaparecer yo mismo.
Pero los Dursley seguían mirando a Arthur con la boca abierta, estupefactos. Con dificultad, tía Petunia se alzó y se ocultó detrás de tío Vernon.
RJ volteó y vió como un niño regordete la miraba.
—¿Que me ves, muggle? —preguntó, alzando las cejas, después se giró y miró que Harry la veía. La verdad, Harry no dejó de verla desde que llegó —¡Hola, James!
Corrió a saltar a abrazarlo y Harry la atrapó antes de que ambos caigan. Los dos rieron y ella bajó de un salto, sonriente. Harry no se había cortado el pelo en dos meses y se notaba, igual que RJ que jamás se cortó el cabello. El chico de catorce años sonrió viendo a la de trece.
—hola, RJ —saludó sonrojado y ella volteó a ver a su papá.
—¡Hola, Harry! —saludó alegremente Arthur —¿Tienes listo el baúl?
—Arriba, en la habitación —respondió él, devolviéndo la sonrisa.
—Vamos por él —dijo Fred de inmediato. Él y George salieron de la sala guiñándole un ojo a Harry. Sabían dónde estaba su habitación por aquella ocasión en que lo ayudaron a fugarse en plena noche.
—El muggle primo de James está por ahí —les susurró RJ y ambos asintieron.
A ninguno le caía bien el insoportable primo de Harry.
—Bueno —dijo Arthur, balanceando un poco los brazos mientras trataba de encontrar palabras con las que romper el incómodo
silencio —Tie… tienen ustedes una casa muy agradable.
Al parecer, este comentario no agradó demasiado a los Dursley. El rostro de tío Vernon se tiñó de rojo, y tía Petunia volvió a quedarse boquiabierta. Pero estaban demasiado asustados para decir algo. Arthur miró a su alrededor, fascinado.
—Funcionan por eclectricidad, ¿verdad? —dijo en tono de entendido, viendo la tele —¡Ah, sí, ya veo los enchufes! Yo colecciono enchufes —añadió dirigiéndose a tío Vernon —Y pilas. Tengo una buena colección de pilas. Mi mujer cree que estoy chiflado, pero ya ve.
—¡Hermione tiene una! Adoro las televisiones —Le dijo RJ a Harry que sonreía viéndola.
Petunia veía a ambos con un tic en el ojo.
Dudley apareció de repente en la sala. RJ oyó el golpeteo del baúl en los peldaños y comprendió que el ruido había hecho salir a Dudley de la cocina. Fue caminando pegado a la pared e intentó ocultarse detrás de sus padres, en vano.
—¡Ah, éste es tu primo!, ¿no, Harry? —dijo Arthur, tratando de entablar conversación.
—Sí —asintió Harry —es Dudley.
—¿Estás pasando unas buenas vacaciones, Dudley? —preguntó cortésmente.
Dudley gimoteó. RJ vio que se agarraba con fuerza el enorme trasero. Y frunció sus cejas, extrañada.
Fred y George regresaron a la sala, con el baúl escolar de Harry. Miraron a su alrededor en el momento en que entraron y distinguieron a Dudley. Se les iluminó la cara con idéntica y maligna sonrisa.
—¡Ah, bien! —asintió Arthur —Será mejor darse prisa.
Se remangó la túnica y sacó la varita. Los Dursley se echaron atrás contra la pared, como si fueran uno solo.
—¡Incendio! —exclamó, apuntando con su varita al orificio que había en la pared.
De inmediato apareció una hoguera que crepitó como si llevara horas encendida. Arthur se sacó del bolsillo un saquito, agarró un pellizco de polvos de dentro y lo echó a las llamas, que adquirieron un color verde esmeralda y llegaron más alto que antes.
—primero las damas —Dijo su papá, señalando a RJ.
—entonces vas, Fred —RJ señaló a Fred.
—Voy —dijo Fred, haciendo reír a George —¡Oh, no! Esperen…
A Fred se le cayó del bolsillo una bolsa de caramelos, y su contenido rodó en todas direcciones: grandes caramelos con envoltorios de vivos colores. Fred los recogió a toda prisa y los metió de nuevo en los bolsillos; luego se despidió de los Dursley con un gesto de la mano y avanzó hacia el fuego diciendo: «¡La Madriguera!»
—Ahora tú, George —pidió, su papá —Con el baúl.
Harry ayudó a George a llevar el baúl hasta la hoguera, y lo puso de pie para que pudiera sujetarlo mejor. Luego, gritó «¡La Madriguera!», y George desapareció.
—Te toca, Ron.
—Hasta luego —se despidió alegremente Ron. Tras dirigirle a Harry una amplia sonrisa, entró en la hoguera, gritó «¡La Madriguera!» y desapareció.
—ahora si, RJ —Le pidió su papá y ella fue. Dandole una última mirada a cada familiar de Harry.
—Nos vemos allí —les dijo antes de gritar —¡La Madriguera!
Aquella sensación tan conocida la rodeó y la sala de estar de los Dursley se perdió de vista entre el estrépito de llamas de color esmeralda. Borrosas chimeneas pasaban ante ella a la velocidad del rayo. Cuando por fin la velocidad aminoraba, RJ cayó en su sala y sonrió viendo su hogar hasta que corrió riendo a chocar los cinco con los gemelos.
—¡Lo vi arrodillándose a un lado del sofá! —les dijo RJ —Cayó redondito.
—¡Va a tener la lengua glotona que tiene larga hasta los pies! —Gritó George carcajeando.
Pronto, Harry cayó detrás de los tres y voltearon emocionados.
—¿Se lo comió? —preguntó Fred ansioso mientras le tendía a Harry la mano para ayudarlo a levantarse.
—Sí —respondió Harry poniéndose en pie —¿Qué era?
—Caramelo longuilinguo —explicó Fred, muy contento —Los inventamos George y yo, RJ nos dió la idea y nos pasamos el verano buscando a alguien en quien probarlos…
Todos prorrumpieron en carcajadas en la pequeña cocina. RJ se acercó y se sentó a un lado de Charlie que la abrazó.
—¿Qué tal te va, Harry? —preguntó Charlie, dirigiéndole una amplia sonrisa y tendiéndole su mano grande que Harry estrechó.
Bill se levantó sonriendo y también le estrechó la mano a Harry. El chico, igual que Hermione, también pareció sorprendido por el atractivo de los hermanos mayores de RJ. La chica sonrió divertida, mas antes de que pudiera añadir algo, se oyó un pequeño
estallido y Arthur apareció de pronto al lado de George. Muy enfadado.
—¡No tuvo ninguna gracia, Fred! ¿Qué demonios le diste a ese niño muggle?
—No le di nada —respondió Fred, con sonrisa maligna, mientras RJ se escondía detrás de Charlie que aguantó la risa —Sólo lo dejé caer… Fue culpa suya: lo agarró y se lo comió. Yo no le dije que lo hiciera.
—¡Lo dejaste caer a propósito! —vociferó su papá —Sabías que se lo comería porque estaba a dieta…
—¿Cuánto le creció la lengua? —preguntó George, interesado.
—Cuando sus padres me permitieron acortársela había alcanzado más de un metro de largo. —todos prorrumpieron de nuevo en una sonora carcajada.
—¡No tiene gracia! ¡Ese tipo de comportamiento enturbia muy seriamente las relaciones entre magos y muggles! Me paso la mitad de la vida luchando contra los malos tratos a los muggles, y resulta que mis propios hijos…
RJ se calló abruptamente y su papá igual. Él miró a RJ igual que todos. La niña se mostró dolida y sabían la razón.
Después de que ella casi ponga en riesgo a la escuela, hijos de muggles y muggles por el diario de Tom Ryddle, el tema de la defensa a los muggles se volvió contradictorio. Algo sensible de tocar.
—¡No se lo dimos porque fuera muggle! —respondió Fred, indignado. Poniéndose delante de RJ.
—No. Se lo dimos porque es un asqueroso bravucón —explicó George —¿No es verdad, Harry?
—Sí, lo es —contestó Harry seriamente.
—Ésa no es la cuestión —repuso bajando la voz —Ya veran cuando se lo diga a su madre.
—¿Cuando me digas qué? —preguntó una voz tras ellos.
Molly acababa de entrar en la cocina y tenía una expresión de sospecha.
—¡Ah, hola, Harry! —saludó sonriéndole al ver que estaba allí. Luego volvió bruscamente la mirada a su marido —¿Qué es lo que tienes que decirme?
Se hizo un silencio mientras Arthur observaba nervioso a su mujer. Entonces aparecieron dos chicas en la puerta de la cocina, detrás de Molly: Hermione y Ginny. Las dos sonrieron amables.
—¿Qué tienes que decirme, Arthur? —repitió Molly en un tono de voz que daba miedo.
—Nada, Molly —farfulló —Fred y George sólo… tuve unas palabras con ellos…
—¿Qué hicieron esta vez? —refunfuñó su mamá —Si tiene que ver con los «Sortilegios Weasley» y metieron otra vez a RJ...
—no, nada de eso —negó RJ —si me disculpan, debo ir a buscar algo a mí cuarto. Bienvenido, James —sonrió incomoda antes de irse.
Molly la miró confundida hasta que vió a todos incómodos.
—Bien hecho, papá —alagó, Charlie, subiendo las escaleras detrás de RJ.
—¿No podías tener más tacto? —le preguntó, Bill, también yendo detrás de RJ —fue solo una broma.
Harry miró como ambos hermanos mayores eran especialmente protectores con RJ.
La niña entró al baño y se encerró allí, se sentó en el suelo y abrazo sus piernas con delicadeza mientras apoyaba su barbilla sobre sus rodillas flexionadas contra su pecho. Cerró los ojos por unos momentos, pensando en lo dicho por su papá “Me paso la mitad de la vida luchando contra los malos tratos a los muggles, y resulta que mis propios hijos…” ¿Sus propios hijos o su propia hija? Se preguntó la niña.
¿Algún día cerraría ese capítulo?
Charlie tocó la puerta con sus nudillos.
—RJ... Sabemos que estás ahí, siempre te encierras en el baño a llorar —le dijo, ella suspiró y Bill abrió la puerta, viendo a RJ allí.
—papá no lo decía en serio —Dijo, ambos caminaron hasta sentarse a su lado.
—sé que se refería a la broma contra Dudley, pero sentí que me lo decía a mí —susurró, con los ojos cristalizados.
Sus hermanos la abrazaron y RJ pensó seriamente en si sus padres pensaban si ella aún contenía algo de Ryddle en ella. Algo además del parsel que nadie sabía que ella hablaba.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro