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012

Ambas se miraban nerviosas la una a la otra expectantes a la reacción de la otra.

Los orbes dilatados de Mina mantenían en un hechizo a Nayeon, se sentía bien y por un momento olvidó quién era la chica en la que estaba encima. Por otra parte Mina no pensaba con coherencia, todo estaba entre sueños rosas, la proximidad íntima entre ambas era todo lo que necesitaba ahora.

Aún por encima de sus gruesas ropas podían sentir la mínima fricción placentera, no sabían si era a causa de las múltiples sustancias desconocidas que pudieron ingerir con esos panecillos pero el odio y repulsión de hace unos segundos se fue por el caño.

El ligero temblor de la mayor cuando Mina con ojos entrecerrados posó su mano en su muslo cubierto por sus jeans, la mezclilla era gruesa pero podía sentir perfectamente el calor de la mano de Mina calentar la zona con su toque.

¿Qué es esto?

Tomó con sus puños cerrados el acolchado del respaldo del sillón, su espalda era un río de fuego, todo era caliente casi como si estuviera en medio de la playa si nada sobre su cabeza.

La idea boba de sentirse en cámara lenta se instaló en su mente haciéndola reír bajito, casi sonando como un gruñido.

— ¿De qué te ríes?— preguntó por fin Mina en un susurró tan bajo que si no fuese por el silencio sepulcral del departamento no hubiera entendido sus palabras.

— Es una situación estúpida, me siento extraña, como si...

— ¿Estuvieses en medio de agua caliente?— Nayeon asintió boquiabierta.— Lo sé, me he sentido así todo el día.

— No lo lamento.

— Lo sé, eres una maldita dudo que conozcas la palabra empatía.— se burló Mina haciendo figuras al azar en sus muslos.

Trazos vagos que se convirtieron en masajes débiles hasta su cadera, un toqué tímido pero llenador, al menos lo suficiente para mantener un límite.

Porque claramente no quería follar con una extraña.

Aunque ahora su cuerpo estaba necesitado del toque ajeno, no podía hacerlo y menos con esa odiosa salvaje bajo ella.

— ¿Qué debemos hacer?— preguntó Mina sin mirarla, concentrada en su mano que seguía jugando por su cuerpo.

— ¿Ahora? Tal vez calmarnos y en un rato podemos seguir odiandonos.

— Puedo aceptar eso.— contestó Mina.

Era un contrato verbal, algo que posiblemente jamás en todos los universos volvería a pasar.

Nayeon movió sus caderas por encima de la zona pélvica de Mina haciendo un exquisito roce con sus ropas de por medio.

— ¿Podemos quitarnos...?— preguntó Mina bajando su cabeza hasta el posabrazo.

— No es sexo. Sólo quiero calmarme.

— Está bien— Nayeon se levantó rápidamente y se desabrochó los pantalones, oyendo cómo Mina lo hacía también.

Si le dijeran hace unos días que estaría apunto de calmar su deseó sexual con la chica más molesta que ha conocido en su vida por culpa de un pastel lleno de Sildenafil sin duda podría a esa persona en un sanatorio mental.

Nayeon volvió a su posición con la diferencia que Mina dejó caer su pierna cercana al borde al suelo dando un poco más de espacio para moler aún mejor su intimidad. Ella solía ser buena bailarina en los clubes durante su juventud universitaria, todos se impresionaban por el dominio de sus caderas y cintura.

No fue nada difícil hacer que Mina perdiese la noción del ambiente, vio como ese sexy cuello se estiraba havia atrás colgando del posabrazo mientras sus manos movían a un ritmo fuerta sus caderas, ayudándola con el trabajo.

La tela de por medio pronto se torno de una humedad caliente única, embriagante y adictiva. Sus jadeos salían fácilmente por sus labios alargando sus movimientos un poco más a veces lentos y otras rápidos, fuertes y precisos dando justo en el botón del placer de ambas.

El siseo de Nayeon al sentir esas cosquillas por su vientre ralentizando sus movientos pélvicos.

Cerró sus ojos intentando concertarse en un rostro distinto, no el de la odiosa chica debajo, un amante que fuese idóneo para su fantasía, actrices, actores, modelos de distintas etnias, lo que fuese bueno pero de forma inevitablemente abría sus ojos para ver el rostro tintado de Mina, sus labios abiertos abrillantados por las rápidas lamidas de su lengua en ellos quitándose la sensación de sequedad de su boca.

Mina podía sentir esos ojos mirarla intensamente así que decidió sostener esa mirada lasciva, no sabía si era a causa de las drogas o de qué pero juraría que podría arder en el infierno y no se sentiría tan caliente como ahora.

Sus miradas se cruzaron y se sostuvieron dejando escapar suspiros largos casi como gemidos tímidos, el chillido del sillón era lo único que podía escucharse por encima de ellas.

Todo era como un sueño erótico, de esos cuando te levantas tan húmedo que no sabes si te llegaste a correr dormido, era lento, íntimo pero sin ser personal, no eran algo pero se sentía tan bien como si lo fueses.

— C-creo que...— Mina no terminar la frase por el constante apretón en sus entrañas. Su liberación estaba cerca.

— Yo también. Yo también.— dijo Nayeon cerrando sua ojos un momento, totalmente mareada agitando y rodando aún más sus caderas, casi como un adicción, se sentía tan bien incluso mejor que muchos de las parejas que ha tenido en su lista.

Sus piernas se abrieron aún más sobre Mina y abrió sus ojos moviéndose sobre ella. La menor pasó sus manos por sus muslos cuando todo estaba tan caliente y abrumador sosteniendo esa mirada lujuriosa con labios entreabiertos.

¿Era válido pedir un beso?

Escuchó un gemido más contundente por parte de la mayor y fue lo suficiente como para hacerla venir con tanta fuerza que sus pies se clavaron en la superficie que fuese, entre sollozos y gemidos se dejo llevar por las olas dulces y réplicas.

Nayeon por su parte se concentró en como el cuerpo de la menor se quebraba, su cuello marcado, clavículas comprimidas, labios goteantes y cejas fruncidas.

¿No es este el mejor espectáculo sexual que ha visto?

De sólo ver ese desborde de erotismo su vientre dejo salir todo su orgasmo tan fuerte que tuvo que sostenerse del abdomen firme de Mina y su respaldo, cerró sus ojos al sentie la cegadora luz blanca y el sonido estático en sus oídos. Pudo sentir como cada falange se contraía en si mismos y pequeños temblores navegaban por su cuerpo. Saboreó el sabor salado de su sudor bajar por sus mejillas hasta sus labios, la camisa pegada a su espalda y sus mejillas ardiendo en calor.

Delicioso, único y espontáneo. Tal vez sea la descripción más precisa de lo que pasó.

Cuando todo se sintió más estable dejo salir un suspiro aún sintiendo las suaves mecidas que Mina obligaba hacer sobre sus caderas en un intento de prolongar su orgasmo.

— Que... q-que...— tuvo que tragar pensado y respirar en pausas para continuar sin escupir las palabras.— Eso fue asombroso pero que conste que te sigo odiando con todo mi ser, bruta.

— El sentimiento es mutuo, bruja.

Al menos por ese momento el Sildenafil y los estrógenos estaban golpeando fuerte a ambas, lo suficiente como para tener que recurrir a sus caricias para calmarse.

nunca confíen en mi jaja

fell in luv de playboi carti es el soundtrack de este cap ;))

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