Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capitulo 2

Mei quedó espantada ante el comportamiento de su hija, sobre todo porque detrás de ella venían Emma y Sophia, a las que había invitado a su casa mientras no dejaba de alabar lo buena y educada que era su chiquilla y lo bien que se llevaría con su nueva vecina.

Sophia, asombrada, no le quitaba ojo a aquella pequeña damita que siempre la saludaba amablemente y la ayudaba en las tareas.

Emma fue la única que no se extrañó ante la escena; pasó ante las dos mujeres y, poniéndole una mano en el hombro a su amiga, comentó:

―No te preocupes, Sasha suele afectar así a la gente. O la amas con todo tu corazón o la odias con toda tu alma. Parece que tu niña se ha decidido por la segunda opción.

―¡Ninguna hija mía va a tratar así a nadie! ―exclamó Mei furiosa mientras con paso decidido se plantaba delante de Anne y, por primera vez en ocho años, la castigaba.

Ella aguantó la regañina de su madre y se mostró, ante todos, arrepentida. Pero, antes de entrar en casa para encaminarse a su habitación, le dirigió una mirada de odio a la vecina. Ésta le contestó con una sonrisa burlona que decía «a ti te han castigado, pero a mí no».

Pasaron los días y, excepto por aquel único incidente con la limonada, y Anne parecía ser la misma criatura adorable de siempre, así que las madres decidieron amigablemente hacer un nuevo intento de acercamiento.

Se reunieron otra vez en el porche de los Boonchuy y disfrutaron de una refrescante limonada mientras observaban como los brutos de sus hijos jugaban entusiasmados a indios y vaqueros. Como de costumbre, Anne se mantenía al margen de las idas y venidas de sus hermanos, pero en esta ocasión su madre la animó con gran optimismo a participar.

La niña se negó, pero cedió ante la insistencia de Mei y se acercó lentamente a sus hermanos y a la niña desagradable, a la que, aunque sabía que se llamaba Sasha por las conversaciones de sus hermanos y su madre, prefería seguir llamándola así, «niña desagradable».

―Mamá me ha dicho que juegue con vosotros ―indicó con desgana mientras abrazaba su muñeca preferida.

―Tú nunca juegas con nosotros ―comentó Polly.

―No nos haces falta ―declaró Sprig.

―¡Eso díselo a mamá! ―contestó la niña, orgullosa, señalando a su madre.

―Dejémosla participar: cuantos más, mejor ―intervino Sasha con un brillo malévolo en los ojos.

―Vale, ¿pero ella qué será, indio o vaquero? ―preguntó Polly señalando los sombreros y las plumas.

―¡No pienso ponerme nada de eso! ―exclamó disgustada Anne mirando con desagrado los sucios disfraces de sus hermanos.

―¿Ves cómo es un muermo? ―se quejó Sprig ante la poca cooperación de su hermanita.

Sasha observó su pulcro vestido y su limpia y preciada muñeca y propuso:

―Ella no puede hacer ni de indio ni de vaquero. Será una mujer que vive en una pradera infestada de indios y a la que vosotros tendréis que defender, vosotros seréis la caballería ―decidió Sasha dirigiéndose a Polly―, y yo seré el indio―declaró adjudicándose el papel de mala.

―¿Yo qué tengo que hacer?―preguntó Anne, confusa.

―Cuidar a tu bebé en este sitio, que será tu casa ―le explicó su hermano Sprig. Después se alejó con los otros para planear su estrategia

Anne jugó tranquila a peinar su delicada muñeca mientras pensaba que sus hermanos y la vecina la habían dejado de lado y excluido de sus juegos, aunque eso no le importaba lo más mínimo, ya que ella no quería jugar con los cafres de sus hermanos. Cuando se creía sola, porque ya había pasado más de media hora sin la presencia de los niños, Sasha apareció de repente y cogió con brusquedad su muñeca por los pelos.

La «niña desagradable» iba vestida con un disfraz de india: llevaba un chaleco negro y unos pantalones marrones, así como una cinta con plumas en la cabeza. En la espalda portaba un arco y flechas de juguete.

Anne se puso histérica al ver su muñeca preferida en los brazos de aquella salvaje; no obstante, se serenó.

―¡Dame mi muñeca! ―exigió sin inmutarse.

―No sabes jugar, se supone que soy una india que te ha atacado. Tengo a tu bebé y le cortaré la cabeza si no consigo lo que quiero ―explicó Sasha, sonriente, a Doña Perfecta.

―¿Y qué es lo que quieres, india? ―preguntó Anne siguiéndole el juego.

―Como soy una india solitaria y la más guapa del lugar, quiero que te cases conmigo.

La cara de la perfecta damita cambió y su rostro se llenó de furia mientras le gritaba a la salvaje de la vecina:

―¡No, nunca jamás! ¡Ni en un millón de años! ―Sasha, metida en su papel, le sonrió malvadamente.

―¡Entonces despídete de tu bebé! ―gritó con voz de mala al mismo tiempo que le arrancaba la cabeza a su muñeca preferida delante de sus ojos; luego se paseó alrededor de ella bailando una especie de danza comanche de la victoria.

Anne la miró y después a su adorable muñeca, cuyo cuerpo se encontraba tirado en el suelo repleto de barro y cuya cabeza era paseada frente a sus narices, balanceada de un lado a otro. Se remangó las mangas de su vestido, se quitó sus preciosos zapatos blancos y... adiós a la perfecta damita.

Cuando llegó la caballería, ésta no sirvió de mucho, pues la india había sido reducida por la mujer, quien se le había subido encima y no paraba de golpearle una y otra vez con sus zapatos en la cabeza.

―¡Jo! Hemos llegado tarde ―se quejó Polly a su hermano.

―Sí, pero Sasha dijo que la caballería siempre llegaba tarde ―indicó Sprig―. Además, Anne no sabe jugar, se suponía que nosotros teníamos que capturar a la india, no ella.

―¿Crees que dejará algo para nosotros?―preguntó Polly.

―Parece que no. ―Polly y Sprig se quedaron quietos observando cómo su hermana apaleaba a la vecina sin piedad alguna. Por primera vez se sintieron orgullosos de ella: Doña Perfecta sabía cómo utilizar los zapatos después de todo.

Pronto las madres fueron advertidas por los gritos de pelea de las niñas de que algo ocurría. Separaron a sus hijas con algo de dificultad y esta vez ambas fueron castigadas.

En el momento en el que Anne fue apartada de Sasha, nuevamente pasó a ser la perfecta damita y Sasha, bueno... Sasha siguió siendo ella misma.

Al mes siguiente, cuando había pasado un tiempo prudencial desde la última disputa entre ambas, las madres lo volvieron a intentar. Esta vez la muñeca de Anne acabó calva y Sasha terminó con un corte de pelo al cero.

Anne estuvo a punto de librase del castigo, pero, aunque su cara de inocente parecía sincera, ya todos sabían que, con respecto a Sasha, a ella le salía la fierra que llevaba dentro.

De nuevo habían vuelto a jugar a indios y vaqueros. En esta ocasión quiso ser un indio, para que nadie la pudiera atacar, pero Sasha propuso que se dividieran en dos bandos de indios. Ella se negó en rotundo a ser la esposa india de Sasha en el juego, así que le tocó ser la hermana de Sprig, jefe Ojo de halcón.

En el momento en el que estaba descuidada haciendo una trinchera con su hermano, su preciada muñeca desapareció y más tarde apareció en las manos de Sasha, calva.

Ella se paseaba de lo más orgullosa ejecutando su baile de la victoria de un lado a otro, con la muñeca calva en una mano y la cabellera en la otra.

Los ojos de Anne brillaron con furia, y con la más absoluta calma le dijo a Sprig que iba a beber agua un instante y desapareció. Cuando volvió, su hermano la miró extrañado al ver que ella esbozaba una sonrisa ladina, nada habitual en ella. Pero dejó de lado los pensamientos sobre Anne mientras planeaba cómo conseguir una victoria.

Al final del día el equipo de Sprig ganó, y ella convenció a su hermano de retener como rehén a Sasha un poco más, mientras ellos iban al baño.

Mei vio a sus hijos salir de la cocina y rápidamente les preguntó, alarmada, dónde estaban Anne y Sasha. Al saberlas solas, ambas madres corrieron temiéndose lo peor.

Como no oyeron gritos, se tranquilizaron un poco, pero en el mismo instante en el que estuvieron cerca de ambas advirtieron que Sasha estaba atada al árbol del jardín y su precioso pelo rubio había sido cortado por completo a trasquilones. La pequeña Anne estaba sentada en el césped vigilando a la prisionera como una perfecta damita.

Mei se disponía a regañar a los brutos de sus hijos por lo ocurrido a la vecina, pero vio que junto a su hija se hallaba su preciosa muñeca sin pelo alguno en la cabeza.

―Anne, ¿qué has hecho? ―preguntó resignada a que su chiquilla fuera también una revoltosa, aunque sólo en presencia de la vecina.

―Jugar a los indios, mamá ―contestó inocentemente mientras pasaba junto a ella y se dirigía a su cuarto, conocedora de su castigo. Antes de subir a su habitación escribió algo nuevo en su lista:

«2. Que no sea un salvaje.»

Luego dejó su libreta en el porche, porque sabía que su sanción excluía cualquier entretenimiento, incluida su preciada libreta de dibujo.

En el momento en el que la vecina se marchaba a su casa, fue obligada a pedirle perdón. Sasha también tuvo que morderse la lengua y disculparse con ella.

―Perdona, Anne, no debí dejar calva a tu muñeca ―dijo con un brillo de satisfacción en los ojos.

―Perdona, Sasha, no debí dejarte calva a ti ―contestó Anne sin dejar de sonreírle.

―Toma, te he hecho un dibujo para excusarme ―comentó Sasha mientras le tendía su libreta de dibujo con una sonrisa irónica―. Ah, por cierto, yo soy una india, no una salvaje.

Anne la miró enfurecida al percatarse de que había estado fisgando en su libreta, donde sin duda le había hecho el dibujo de disculpa.

Rápidamente ojeó su libreta en busca de su lista y allí, en medio de ella, vio esbozado un feo y enorme sapo que se burlaba de ella y de su lista.

Anne la miró furiosa; sin embargo, delante de sus progenitoras sólo dijo:

―Gracias por la vaca tan bonita que me has dibujado.

―No es una vaca, ¡es un sapo! ―señaló Sasha ofendida.

―Ah, de todas maneras, gracias. ¿Me das mi lápiz un momento? ―pidió Anne a Sasha con amabilidad.

Y luego, al mismo tiempo que escribía en su lista, comentó en voz alta:

3. Que sepa dibujar.

Sasha se marchó airada hacia casa de su abuela, y Anne, enfurecida, hacia el encierro de su cuarto.

A partir de ese día se prohibieron los juegos de indios y vaqueros y las madres nunca más intentaron juntar a sus hijas, pero, independientemente de lo que hicieran, la guerra entre ellas ya había comenzado. 

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro