
Capitulo 15
Cuando Doña Perfecta y la Salvaje dejaron el pueblo, todo permaneció en calma.
Los días volvían a ser monótonos; las tardes, aburridas,las noches silenciosas y sosegadas. Pero en el momento en el que las dos volvieron de vacaciones, hubo una paz nada habitual entre ellas. Todos sospecharon que se trataba de la calma que precede a la tormenta y empezaron a apostar quién sería la primera en romper la tranquilidad que los mantenía a todos tremendamente adormecidos en sus deberes matutinos.
Las vacaciones de Navidad duraban apenas unas semanas, pero aún así Anne había decidido regresar al hogar. Uno de sus compañeros de clase, Lucas Jones, un chico guapo y risueño que siempre estaba rodeado de chicas, iba a quedarse solo en esas fechas tan señaladas, así que, sintiéndose llena de compasión y de lástima, se decidió a invitarlo a acompañarla. ¡Craso error! ¿Quién podía llegar a sospechar que todo el pueblo se revolucionaría ante su llegada?
Lucas Jones era apuesto, de cortos cabellos violetas y unos atrayentes ojos lilas que hacían su rostro de adonis muy interesante. Su cuerpo, a pesar de dedicarse sólo al arte, era firme y fuerte. Sus deportes favoritos, la natación y el footing.4
De humor siempre alegre y despreocupado, la hacía reír y le recordaba a su hermano Sprig; por eso y porque añoraba su casa, acabaron siendo pareja en algún que otro proyecto de clase.
Anne se hallaba empaquetando sus cosas cuando él se acercó a preguntarle dónde pasaría las vacaciones y ella, ilusionada, le describió su hogar como si de un sueño se tratase:
―Iré a mi casa, Lucas. No te puedes creer lo maravillosa que es en esta época del año: el pueblo entero se cubre de nieve, los niños hacen muñecos por todos lados, las casas compiten con los adornos y, aunque en ocasiones puedan parecer recargadas, son adorables. También hay una función de Navidad en la que el tema lo eligen los vecinos; por lo tanto, te puedes encontrar obras tan estrafalarias como El padrino―Anne hizo una pausa y continuó su descripción con una sonrisa.—Todos son amigables unos con otros, y el encendido del árbol en la plaza es algo precioso. ¡Tengo unas ganas tremendas de pasar estas fiestas en mi hogar! ¿Y tú Lucas? ¿Dónde irás?
―Yo me quedaré aquí, solo―respondió Lucas.—Ya sabes que mi familia es prácticamente inexistente y no me hace demasiada ilusión visitar a mi madre borracha en su vieja caravana.
―¡Pobre! ¿Y no tienes ninguna chica con la que pasar las fiestas, ningún primo lejano que visitar?―quiso saber Anne , preocupada por la soledad de su amigo en fechas tan especiales.
―Estaré solo, pero tú no te preocupes por mí: ya estoy acostumbrado a ello―expresó Lucas quejosamente.
―¡Ningún amigo mío pasará solo estas fiestas! ¿Por qué no te vienes conmigo a casa de mis padres? Tenemos una fantástica habitación de invitados y seguro que los habitantes de Amphibia te recibirán encantados.
―Está bien, si me lo pides así... ―comentó Lucas sonriente aceptando pasar sus vacaciones en un pueblo muy particular.
Sasha llegó ese año cargada de regalos para el día de Navidad un poco antes de lo habitual en ella y trajo consigo uno muy especial para Anne.
Había pensado en obsequiarla con un anillo de compromiso, pero, como era demasiado pronto y probablemente se lo tiraría a la cara, le compró un precioso par de zapatos rojos de tacón de aguja, pues, tras pasar un día frente al escaparate en el que estaban expuestos mientras hacía alguna compra de última hora, no pudo dejar de imaginarse a Anne desnuda y luciendo solamente esos espléndidos zapatos.
Cuando llegó, su madre y su abuela corrieron a recibirla con un gran abrazo. Mientras Anne la llenaba de besos y preguntas sobre su salud, su abuela la reprendía con una sonrisa por las posibles travesuras realizadas. Continuaron atosigándole hasta las escaleras, donde le apremiaron a dejar sus cosas en su habitación y a que bajara con rapidez para tomar un tentempié tras el largo viaje.
Después de ocultar bien los regalos ante los posibles husmeos de sus familiares, Sasha bajó las escaleras corriendo para preguntar por sus amigos y su querida Doña Perfecta. Antes siquiera de que abriera la boca, su abuela ya le había respondido a cada una de sus preguntas, o a casi todas.
―Tus amigos Sprig y Polly ya han vuelto de la universidad y Anne este año ha traído a un chico con ella. ¡Quién sabe! A lo mejor se ha echado novio, aunque por ahora dice que sólo es un amigo. Haz el favor de no espantarlo―le advirtió su abuela, amenazándole con un dedo mientras la dejaba marchar apresuradamente hacia la casa de los Boonchuy.
Cuando tocó al timbre le abrió la puerta un joven desconocido de la edad de Anne con una sonrisa en los labios y un gorro navideño que, si no recordaba mal, pertenecía al señor Boonchuy.
―Bienvenida al hogar de los Boonchuy, ¿en qué puedo ayudarle?―preguntó despreocupadamente Lucas mientras no dejaba de mirar hacia el interior, donde Anne intentaba colocar el ángel en lo alto del árbol y ofrecía a quien pudiera verlo una buena imagen de su soberbio trasero enfundado en unos leggins negros que se pegaban a su cuerpo como si de una segunda piel se tratase.—Anne , un poquitín hacia delante―le indicó Lucas.
Y ambos pudieron ver desde la entrada como se le marcaba la tanga.
―Lucas, eres pésimo indicando. Si me echo más hacia delante me voy a caer.
―Perdona querida, es que me ha distraído la visita―Lucas se volvió hacia Sasha y le dijo amablemente:
—Vuelva en otro momento.–Luego, sin molestarse en cerrar la puerta, exclamó― ¡Ahora mismo voy a auparte y verás como llegas a la cima!―señaló con un sonrisa ladina mientras se dirigía hacia ella.
Pero no llegó a alcanzarla, ya que las manos de Sasha bajaron a Anne del pequeño taburete en el que estaba subida y, cogiendo de sus sorprendidas manos el ángel, lo colocó en el árbol sin problema alguno.
―¡Eh, quería colocarlo yo!―protestó Anne.
―Pues no podías, y podías haberte hecho daño ―señaló la castaña enfadada.
―Lucas me iba a alzar ―añadió Anne decidida a llevarle la contraria.
Sasha se acercó lo bastante a ella como para susurrarle al oído:
—Cuando quieras que alguien te toque el culo, sólo tienes que llamarme―señaló groseramente.
―¡No has cambiado nada Sasha Waybright, sigues siendo una salvaje!―gritó Anne furiosa dándole la espalda y dirigiéndose hacia la cocina.
Lucas la miró sonriente y preguntó insolente:
—¿Y tú quién eres?
―Quien te va a partir la cara como vuelvas a mirarla así―contestó amenazadora mientras apretaba fuertemente sus puños para no ceder a la tentación de cumplir su amenaza.
―Ah, vale. Debes ser la vecina. Qué mal lo has hecho, tía. Mientras tú has quedado como una bruta insensible, yo he quedado como un buen amigo que la apoya y sabe valorarla.
―Tú lo único que estabas valorando es su trasero.
―Sí, pero, como las mujeres son idiotas y se dejan deslumbrar por los gestos caballerosos, yo soy el bueno de la historia y tú sólo una salvaje. Dime una cosa: al acabar las vacaciones, ¿quién crees que estará más cerca de acostarse con ella: el adorable compañero que siempre la apoya o la desquiciante vecina que la cree una inútil?
―Yo nunca la creería una inútil, ella es muy capaz de todo.
―Sí, pero ¿qué es lo que pensará ella? Ésa es la pregunta que te tienes que hacer. He visto a muchos como tú y, con Anne , no tienes ninguna posibilidad.
―Como te acerques a ella...―amenazó Sasha a Lucas mientras lo cogía de la solapa del jersey y lo apoyaba contra la pared.
―Piensa bien en la excusa que vas a darle a Anne para no alejarla más de ti por este rudo comportamiento―señaló Lucas sonriente.—Después de todo, yo únicamente muestro a las damas mi mejor cara.
―¡Lucas, querido! ¿No querías aprendes a hacer galletas?―gritó alegremente Mei desde la cocina.
―¡Ahora mismo voy, señora Boonchuy!―contestó Lucas con su mejor entonación de niño bueno.
Sasha soltó a aquel farsante sin dejar de observar impotente como se alejaba hacia la cocina.
Llena de rabia, salió de casa de los Boonchuy dando un portazo y sin fijarse en nada de lo que la rodeaba, y colérica, pegó un puñetazo a la pared de la casa de sus vecinos.
―Te agradecería que no dañaras la fachada de mi casa―comentó el señor Boonchuy, que se encontraba en esos instantes en el porche disfrutando de un chocolate caliente.
―Déjala papá ―comentó su amigo Sprig mientras la saludaba.
―¿Por qué crees que debo dejarla estropear mi hogar?―preguntó Brian enfadado.
―Porque por su reacción supongo que acaba de conocer a Lucas―se burló Polly compadeciéndose de ella y apoyando una de sus manos firmemente en su hombro.—Yo reaccioné igual, sobre todo después de que me dejara como un idiota delante de Bo.
―Yo he dormido dos días en el sofá por insinuar que quería dispararle con la escopeta―indicó el señor Boonchuy.1
―Y a mí mamá me regañó por decir que era un gilipollas―señaló Sprig.
―No me gusta que esté cerca de Anne, no creo que tenga buenas intenciones―confesó Sasha, dejándolos a todos preocupados.
―Podríamos hacerlo desaparecer...―propuso Polly, a lo que el señor Boonchuy contestó negando con la cabeza:
―Escopeta confiscada.
―Podríamos desenmascararlo―repuso Sprig.
―Es demasiado buen actor, no dirá nada inadecuado delante de las mujeres―descartó Polly―¿Contratamos a un matón?―preguntó esperanzado.
―Eso cuesta mucho dinero―se quejó el señor Boonchuy.
―Podría intentar hablar con Anne y hacerle comprender cómo es Lucas antes de planear nada―intervino Sasha intentando hacerse escuchar entre planes de asesinato y secuestro.
―¡Buena suerte!―le desearon tres voces desde el porche mientras seguían planeando un crimen que no fuera demasiado caro.
Sasha entró nuevamente en la casa y se dirigió hacia la cocina, desde donde provenían unas alegres risas de mujer. Cuando ella entró, las risas cesaron. Anne la miró enfadada. Estaba preciosa con su jersey rosa arremangado y sus hermosos cabellos recogidos en una coleta. Las manchas de harina que lucía su rostro le conferían más encanto a su cara de pilluela, de la que en ese mismo instante había desaparecido la sonrisa.
La señora Boonchuy la miró también un poco molesta; seguramente Anne le había comentado lo ocurrido y la única sonrisa que había en esa habitación era la de Lucas, que la retaba a decir algo en su contra.
―¿Qué quieres?―preguntó Anne bruscamente.
―Sólo hablar contigo en privado―contestó, y al ver la indecisión en su rostro.
—Por favor.–añadió.
Anne la siguió al salón, donde esperó impaciente sus explicaciones.
―Anne , me enfurecí porque ese capullo te estaba mirando el culo en vez de ayudarte.
―¿Pero qué dices? ¡Lucas nunca haría algo así!―contestó indignada la joven.
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