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17

Jungkook se encontraba sentado en su silla giratoria, sus ojos fijos en la oficina de Jimin. Después de que se separaron del beso, Jimin lo había echado rápidamente de su departamento, sin darle la oportunidad de decir nada más. Tal vez había sido un poco impulsivo, pero no se arrepentía. Finalmente había besado a Jimin, algo que ni en sus fantasías más locas había imaginado que sucedería. Sin embargo, en su mente, había soñado miles de veces con esos labios regordetes y suaves. Durante su ciclo de celo, incluso se había imaginado en situaciones más atrevidas, visualizando a Jimin bajo su cuerpo. Era loco, sí, pero no podía evitar esos pensamientos; incluso el beso de ayer le provocó una dolorosa erección.

Pasó una mano por su rostro, tratando de despejar esos pensamientos, pero no pudo evitar soltar otro suspiro pesado. Desde su escritorio, Taehyung lo observaba con una ceja levantada, claramente entretenido por el estado distraído de su amigo.

—. Creo que si no te pones a trabajar y entregas la propuesta de la nueva línea de comida instantánea al jefe, se le olvidará lo... cercanos que se han vuelto últimamente— comentó Taehyung con una sonrisa burlona.

Jungkook le dirigió una mirada cansada y bufó—. Ya tengo la propuesta lista, solo tengo que llevársela. El problema es... no sé si se sentirá incómodo al verme—

Taehyung lo miró con interés, inclinándose ligeramente hacia él—. ¿Por qué crees que se sentiría incómodo? ¿Qué hiciste esta vez?—

Jungkook desvió la mirada, pasándose una mano por el cabello en un intento de calmarse. Las palabras de Jimin seguían resonando en su mente, ese momento en el que le había dicho que lo hacía sentir en paz, especial, de una forma que nadie más lograba. Y, por supuesto, el recuerdo del suave toque de la mano de Jimin en su mejilla, seguido de ese beso que había anhelado por tanto tiempo, seguía haciéndolo perder el control.

—. Lo besé— soltó de golpe, sin rodeos.

Taehyung parpadeó varias veces, como si no pudiera procesar lo que acababa de escuchar—. ¡¿Qué hiciste qué?!— exclamó, aunque logró controlar su volumen para no llamar la atención.

Jungkook dejó caer la cabeza contra el respaldo de la silla, observando a su amigo con una expresión cansada—. Como lo escuchaste. Lo besé. Pero aquí está lo extraño... él no me rechazó. No me apartó ni intentó detenerme—

Taehyung se quedó en silencio por un momento, procesando la confesión, antes de que una sonrisa cómplice se extendiera por su rostro—. Bueno, amigo, si no te empujó, tal vez no estés tan lejos de lograr lo que quieres. Quizá nuestro jefe tiene más sentimientos por ti de los que crees—

Jungkook soltó una risa baja y amarga, sin estar seguro de qué pensar—. Eso espero... porque no puedo dejar de pensar en él. Pero, al mismo tiempo, no quiero presionarlo o incomodarlo. Ya me siento al límite con todo esto—

—. Entonces, empieza con lo básico. Llévale la propuesta y observa cómo actúa. Si se comporta como siempre, quizás lo que pasó no lo afectó tanto como temes y controla a tu animal interior — sugirió Taehyung, dándole una palmadita en el hombro.

Jungkook lo miró y asintió, intentando calmar sus propios nervios. Tenía razón; lo mejor sería actuar como si nada hubiera cambiado y ver cómo reaccionaba Jimin. ¿Pero y si Jimin actuaba como si nada hubiera pasado? Eso de verdad le dolería, pero de nada perdía intentar ver cual es su reacción al verlo.

Jungkook se levantó de su silla, tomó los documentos con decisión y se dirigió a la oficina de Jimin. Si Jimin pretendía actuar como si nada hubiera pasado, entonces Jungkook estaba decidido a recordárselo. Al llegar, tocó la puerta con firmeza y, tras escuchar el "adelante" del otro lado, empujó la puerta para entrar.

Jimin alzó la mirada y, al encontrarse con la figura de Jungkook en el marco de la puerta, sintió cómo su corazón comenzaba a latir desbocado. El recuerdo del beso de la noche anterior volvió a su mente con intensidad, haciendo que sus mejillas se tiñeran de un leve rojo. Apenas había logrado conciliar el sueño por culpa de aquel momento.

Por su parte, Jungkook notó de inmediato el rubor en el rostro de su jefe, y una sonrisa satisfecha apareció en sus labios. Se acercó al escritorio con una confianza calculada, mientras Jimin evitaba su mirada, claramente nervioso. El contraste entre el hombre seguro y profesional que siempre era Jimin y la versión tímida que tenía ahora frente a él lo hacía lucir aún más encantador ante los ojos de Jungkook.

—. Buenos días, jefe— saludó Jungkook con voz suave, un tono que llevaba una mezcla de dulzura y provocación—. Espero que haya dormido espléndidamente... porque yo no pude—

Jimin tragó grueso, todavía sin atreverse a levantar la mirada—. ¿Por... por qué no dormiste bien?— preguntó, su voz traicionándolo con un leve temblor.

Jungkook sonrió al ver esa reacción. Era la primera vez que veía a Jimin tan vulnerable y, sinceramente, le encantaba. Decidió acortar aún más la distancia entre ellos, avanzando hasta quedar justo frente a su escritorio. Luego, con suavidad, levantó la barbilla de Jimin con dos dedos, obligándolo a mirarlo.

—. Por tu culpa— respondió Jungkook, sus ojos fijos en los de Jimin, que lo observaban ahora con mezcla de sorpresa y desconcierto—. Y no evites mirarme, me hace sentir mal— añadió con una voz cálida y casi susurrante, mientras sus dedos acariciaban la mejilla de Jimin con delicadeza.

El mayor se quedó paralizado por unos segundos, incapaz de apartar la mirada de esos ojos oscuros que lo tenían cautivo. Pero, en un impulso, logró retroceder ligeramente, alejando la mano de Jungkook de su rostro. Esa acción, aunque suave, sorprendió al más joven.

—. Estamos en la oficina, Jeon Jungkook— dijo Jimin con un intento de firmeza que se quebró al final, traicionado por el nerviosismo—. Esto... Esto no se debe hablar aquí—

Jungkook alzó una ceja, divertido por el esfuerzo de Jimin por recuperar el control de la situación. Pero en lugar de molestarse, su sonrisa se amplió.

—. ¿Ah, sí? Entonces, ¿Dónde deberíamos hablarlo, jefe? Porque anoche... no parecía que te molestara tanto— respondió Jungkook con un toque de picardía, inclinándose levemente hacia Jimin, acortando de nuevo la distancia entre ambos.

—. Tú... tú...— Jimin tartamudeaba intentando articular sus pensamientos, pero teniendo a Jungkook tan cerca, invadiendo su espacio personal de una manera tan intensa, le resultaba prácticamente imposible—. Te estás volviendo muy atrevido— terminó diciendo con dificultad, su voz apenas un murmullo.

Jungkook soltó una risa baja, profunda, cargada de una confianza que desarmaba por completo al mayor. Sin apartar la mirada, rodeó el escritorio con pasos calculados, situándose justo frente a Jimin. Este último, en un intento de alejarse, trató de retroceder empujando su silla hacia atrás, pero Jungkook fue más rápido. Con movimientos ágiles, apoyó ambas manos en los reposabrazos, bloqueándolo en su lugar.

El más joven inclinó su rostro, acercándose aún más al de Jimin, lo suficiente como para que su respiración cálida chocara contra la piel del mayor. Una sonrisa suave y juguetona apareció en sus labios.

—. Sí, admito que soy atrevido...— susurró, su voz grave y provocadora reverberando en el reducido espacio entre ambos—. Pero eso, Jimin, es algo que reservo solo para ti—

Jimin sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo. El murmullo de Jungkook junto a su oído envió una descarga eléctrica que le hizo contener el aliento. Incapaz de hablar, ni siquiera de moverse, se aferró con fuerza al borde de su silla, como si eso pudiera estabilizar los nervios que lo estaban consumiendo.

Jungkook se apartó apenas unos centímetros, lo suficiente para poder observar el rostro de Jimin. Lo que vio lo hizo sonreír aún más: su jefe tenía las mejillas teñidas de un rojo intenso, sus ojos lucían nerviosos, y su respiración era inestable. Era una imagen que Jungkook jamás olvidaría. Ver a Jimin, siempre tan controlado y profesional, reducido a esa vulnerabilidad frente a él, era más de lo que había soñado.

—. Mírame, Jimin— pidió con suavidad, casi en un susurro cargado de ternura y deseo.

El mayor titubeó, claramente luchando contra su propia timidez, pero tras unos segundos de vacilación, levantó la mirada. Sus ojos conectaron con los de Jungkook, grandes y oscuros, llenos de intensidad. Jungkook no pudo evitar reír suavemente ante la obediencia tímida de su jefe.

—. Eres hermoso— dijo con una sinceridad que hizo que la garganta de Jimin se secara—. Me estás volviendo loco, Park Jimin—

El impacto de aquellas palabras hizo que el corazón de Jimin latiera con tanta fuerza que temió que Jungkook pudiera escucharlo. Su rostro se tornó aún más rojo, y el calor que invadía su cuerpo era casi insoportable. Jeon Jungkook no solo era peligroso para su autocontrol, sino también para su propia cordura.

Jungkook, al ver el efecto que sus palabras y cercanía tenían en Jimin, no pudo resistirlo más. Lentamente, acortó la distancia entre ellos. Sus labios estaban a milímetros de rozarse cuando, de repente, un sonido interrumpió la tensión del momento: la puerta de la oficina se abrió de golpe.

Jimin reaccionó en un instante, empujando a Jungkook con más fuerza de la que pretendía, haciendo que este retrocediera y terminara chocando contra la pared. El golpe fue lo suficientemente fuerte como para arrancar un gruñido bajo de Jungkook, quien rápidamente giró la cabeza hacia la entrada con el ceño fruncido, claramente molesto por la intrusión.

De pie en el umbral estaba Seo Sa-Kyung, con una expresión que parecía mezclar sorpresa e ironía. Su mirada alternaba entre Jimin, que trataba de recomponerse, y Jungkook, quien lo observaba con una furia apenas contenida.

—. Parece que interrumpí algo— comentó Sa-Kyung con una sonrisa leve que Jungkook encontró insoportablemente falsa.

El ambiente en la sala se tornó tenso en un instante. Jungkook apretó la mandíbula, su instinto protector y territorial activándose al instante. Mientras tanto, Jimin evitaba mirarlos a ambos, claramente incómodo y deseando que la tierra se lo tragara en ese momento.

Jungkook apretó los puños con fuerza, luchando por no responder de forma imprudente. Sabía perfectamente que Sa-Kyung no solo era su superior, sino también alguien con quien no se podía meter en frente de Jimin.

Jimin carraspeó, intentando recuperar la compostura—. No, no es nada. Jungkook solo venía a entregarme unos documentos— respondió rápidamente, pero su voz tembló ligeramente, delatando su nerviosismo.

Sa-Kyung arqueó una ceja, claramente divertido por la reacción de Jimin. Dio un par de pasos hacia ellos, quedando peligrosamente cerca de Jungkook.

—. Entiendo... aunque, Jeon, te recomendaría que no monopolices el tiempo de Jimin con cosas insignificantes. Él tiene responsabilidades más importantes que atender— dijo con una sonrisa que no alcanzó sus ojos, su tono condescendiente y claramente provocador.

Jungkook tragó saliva, sintiendo cómo cada palabra lo empujaba más al límite, pero no podía permitirse responder, su animal interior le demandaba que se hiciera respetar y que protegiera lo que era suyo, pero no podía,  no enfrente de Jimin.

—. Entendido, señor Seo— dijo con un tono respetuoso, aunque su mandíbula estaba tan tensa que casi dolía.

Sa-Kyung lo miró con una satisfacción evidente, como si disfrutara de la contención forzada de Jungkook. Luego, desvió su atención hacia Jimin, su mirada suavizándose, aunque la posesividad en sus gestos no se podía ocultar.

—. Jimin, te buscaba para revisar los ajustes al presupuesto del proyecto. Pensé que podríamos discutirlo ahora— dijo con una voz más amable, aunque todavía teñida de esa arrogancia que lo caracterizaba.

Jimin asintió rápidamente, feliz de tener una excusa para desviar la atención de lo que acababa de ocurrir—. Por supuesto, Sa-Kyung. Dame un momento para organizar los papeles— dijo mientras se movía torpemente para tomar los documentos que tenía en su escritorio.

Jungkook aprovechó la distracción para dar un paso atrás, su mirada fija en Sa-Kyung, quien, como si lo sintiera, volvió a dirigirle una mirada de advertencia disfrazada de cortesía.

—. Jeon, puedes retirarte— dijo finalmente, con una sonrisa que no era más que una invitación a desaparecer.

Jungkook miró brevemente a Jimin, como si quisiera asegurarse de que estaba bien, antes de asentir y dar media vuelta para salir. Cerró la puerta detrás de él con más fuerza de la necesaria, deseando no haber dejado que Sa-Kyung tomara el control de la situación tan fácilmente.

Dentro de la oficina, Sa-Kyung se acercó al escritorio de Jimin, inclinándose ligeramente hacia él, con una sonrisa que intentaba parecer relajada, pero que solo lograba transmitir posesividad.

—. Espero que no te moleste que me tome ciertas libertades contigo, Jimin. Después de todo, somos más cercanos que un simple jefe y subordinado, ¿No crees?— dijo, su tono deliberadamente suave, pero con una clara intención detrás de sus palabras.

Jimin lo observó y aclaró su garganta para asentir—. Ah... claro, hemos sido amigos desde hace bastante tiempo— respondió con una sonrisa leve

Mientras tanto Jungkook llegó a su escritorio y golpeó fuertemente este dejando una marca de su puño, Taehyung y algunos de sus compañeros de trabajo lo miraron sorprendido.

—. Jungkook ¿Qué sucedió?— preguntó con preocupación

Jungkook soltó un gruñido, quería ir arrancarle la cabeza a ese maldito bastardo engreído ¿Quién se creía que era para decirle eso? No era absolutamente nadie, solamente era un Myuin insignificante, un Zhar, era nadie al lado de él, él quien era el príncipe heredero de Zeytharion y que los dioses lo eligieron, así que Seo Sa-Kyung era nadie a comparación de él.

Taehyung observó el rostro de Jungkook y se sorprendió—. Jungkook tus ojos, trata de controlarte amigo. Vamos, inhala y exhala— dijo preocupado mientras trataba de que su amigo inhalara y exhalara

Jungkook soltó otro gruñido pero cerró sus ojos e inhalo y exhalo. Tenía que controlarse, tenía que hacerlo, pero de algo si estaba seguro es que le enseñaría su lugar a ese maldito bastardo, tal vez sea su superior en el trabajo pero como Myuin jamás.

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