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⚜ 18 ⚜

[ Minnie ]

Me puse nervioso al imaginar lo que podría haber planeado que requiriera que hubiera dormido bien y estirado debidamente.

¿Íbamos a pasar el día entero en el cuarto de juegos?

«Joder»

— Jimin —dijo.

Levanté la cabeza y lo miré a los ojos.

— Sí, Amo.

— Quédate en tu posición de espera. Vuelvo enseguida.

Yo me apresuré a situarme en esa postura y agaché la cabeza.

Mis rodillas se hundieron en el finísimo colchón que había bajo la manta y agradecí que me hiciera esperar allí en lugar de en el suelo.

En el cuarto de juegos era imposible medir el paso del tiempo.

Incluso aunque hubiera estado en una postura relajada y hubiera podido merodear por la habitación, allí no había ningún reloj.

¿Cuánto tiempo habría pasado desde que entré?

Me moría por buscar una ventana, pero incluso las ventanas estaban cubiertas por cortinas oscuras, así que mantuve la cabeza gacha.

Al rato, lo oí volver y cuando se puso a mi lado, noté cómo se hundía el colchón.

— Relájate, precioso —me indicó, sentándose a mi lado.

Cuando cambié de postura para sentarme con normalidad, me di cuenta de que sostenía un plato, un plato grande lleno de muchas cosas deliciosas.

— Traigo unos aperitivos —explicó— Tengo hambre.

¿Qué?

¿Había decidido tomarse un tentempié en el cuarto de juegos?

— Toma.

Me puso el plato en las manos.

Todo tenía una pinta deliciosa:

Albóndigas, pan con ajo y aceite y brochetas de vegetales.

— Son banderillas.

Hizo un gesto con la cabeza en dirección a las brochetas y luego abrió una botella de agua grande que tenía al lado.

— Empezaré con una de éstas.

Yo volví a mirar los palitos de madera con pepinillos, olivas y cebolletas ensartadas.

¿Que empezaría por una de ésas?

Yoongi esperaba a mi lado.

¿Quería que yo...?

Oh.

¡Oh!

«Oh» 

— Pero antes —dijo, metiéndose la mano en el bolsillo para sacar las pinzas para pezones unidas con una cadena— quiero decorarte un poco.

Yo tragué con fuerza y dejé el plato en el suelo.

Recordé el pellizco de las pinzas y el agudo dolor que sentí cuando me las quitó.

También recordé que cada vez que él tiraba de la cadena, sentía una punzada de deseo justo entre las piernas.

Me puse de rodillas y arqueé la espalda a modo de invitación y aceptación.

Se me endurecieron los pezones en cuanto pensé en lo que iba a hacer.

Él se movía con tranquilidad:

Me frotó el pezón con los dedos y luego hizo lo mismo con el otro.

Me provocaba.

Jugaba conmigo.

Me susurraba lo guapo que estaba.

Aun así, yo jadeé cuando me puso la pinza en el pezón.

Yoongi deslizó un dedo entre mis piernas y dibujó despreocupados círculos alrededor de mi clítoris para estimularme y jugar un poco más conmigo antes de ponerme la pinza en el otro pezón.

— Estás precioso —susurró al terminar.

Se volvió a sentar sobre los talones.

— Ahora ya puedes servirme.

Yo recogí una banderilla y enseguida me di cuenta de que la cadena se balanceaba cada vez que me movía.

Todo lo que hacía provocaba un nuevo movimiento de la misma que, a su vez, tiraba ligeramente de las pinzas.

Iba a ser una larga pausa para comer.

Oculté la sonrisa que esbocé al pensarlo.

— Vamos, Jimin —me apremió, tirando de la cadena y haciéndome gemir.

Yo volví a mirar el plato.

¿Debía sacar los vegetales de la brocheta y dárselos uno a uno, o limitarme a acercarle la banderilla a la boca?

Yoongi no me había dado ninguna instrucción, así que estaba bastante seguro de que podía hacerlo de las dos formas.

¿Qué preferiría él?

No estaba seguro.

Aunque lo que sí sabía era lo que querría yo si la situación fuera al revés.

Saqué un pepinillo de la brocheta y se lo di.

Él abrió los labios.

Su lengua rozó la yema de mis dedos, mientras el pepinillo desaparecía en su boca.

Joder, era muy divertido.

El bulto que vi en sus pantalones me dejó intuir que él estaba tan excitado como yo.

Le di una aceituna y una cebolleta, deleitándome con la punzada eléctrica que me recorría cuando sus labios me rozaban la piel.

Entre eso y el notable dolor que sentía en ambos pezones, para cuando le acerqué a los labios un pequeño trozo de pan untado con ajo y rociado con aceite, ya me había convertido en una auténtica masa temblorosa.

La cadena se volvió a balancear.

Sus labios rozaron de nuevo la yema de mis dedos.

Ocurrió lo mismo cuando le di las albóndigas.

Y lo mismo cuando volví a darle otra banderilla.

¿Cómo era posible que darle de comer fuera tan excitante?

No estaba seguro de cuál era el motivo, pero así era.

Entonces me di cuenta de que servirle era justamente eso:

Ofrecerme a él de cualquier forma que Yoongi quisiera.

Era la entrega sexual de mi cuerpo, el modo en que le servía el desayuno en el salón, cómo me preparaba, ya fuera haciendo yoga, corriendo o depilándome.

Y también era tan simple como darle de comer una aceituna.

— ¿Tienes hambre, precioso? —me preguntó, con los ojos oscurecidos de deseo.

— Sí, Amo —susurré.

Yoongi me quitó el plato en silencio y me miró fijamente a los ojos mientras desclavaba un pepinillo del palillo y lo acercaba a mis labios.

Yo abrí la boca y acepté su ofrecimiento.

Cuando acabé de masticar y me tragué lo que tenía en la boca, me acercó los dedos.

— Tengo algo en los dedos —dijo— Será mejor que me lo limpies.

Yo me metí sus dedos en la boca, uno a uno, y le fui limpiando.

Cuando acabé, recogió una oliva y me la dio.

Luego me volvió a acercar los dedos y yo le volví a limpiar los restos.

En una ocasión, me rozó un pezón cuando trataba de llegar hasta el plato y yo reprimí un gemido.

El hecho de que Yoongi me estuviera dando de comer, combinado con el dolor que sentía en los pezones, me hacía sentir licencioso y primitivo, porque no era su dedo lo que quería meterme en la boca.

— Paciencia —me ordenó, cuando me removí sobre el colchón— Voy a extraer todo el placer que pueda de tu cuerpo y cuando creas que ya no lo puedes soportar más —tiró un poco de la cadena— te demostraré todo lo que queda.

Yo me estremecí; me creía cada una de sus palabras.

Él sonrió al notar mi reacción, recogió una albóndiga y acabó de darme de comer.

— Ya has llevado las pinzas mucho rato —observó, cuando acabamos— Levántate y pon las manos a la espalda.

[ ⚜ ]

La comida me había excitado más de lo que habría podido imaginar.

Me había dado de comer muy despacio.

De vez en cuando, me acercaba la botella de agua a los labios y me decía que bebiera.

Él no lo hizo hasta que acabé yo.

Mientras me daba de comer, jugaba con las pinzas de mis pezones.

A veces chocaba contra alguna de ellas como por accidente, pero yo sabía que Yoongi nunca hacía nada por accidente.

Otras veces tiraba de la cadenita con descaro o golpeaba la piel que rodeaba la pinza.

Pero no importaba lo que hiciera, las consecuencias siempre eran las mismas.

Para cuando acabamos de comer, yo me había convertido en un amasijo de deseo.

Cuando me dio la orden, esperé a que se levantara para ponerme de pie delante de él.

Agaché la cabeza y esperé nuevas instrucciones.

Después de quitarme las pinzas, me ató las manos a la espalda con una cuerda muy suave.

— Ve a la mesa —me ordenó.

Mientras me acercaba, intenté no pensar en lo que pasaría a continuación.

Intenté concentrarme en hacer lo que me había dicho que hiciera y no anticipar ni tratar de adivinar sus planes.

Como debía ir de rodillas y tenía las manos atadas a la espalda, tardé algunos minutos en llegar.

Cuando conseguí subirme a la mesa, tras el que debió de ser el momento menos elegante de toda mi vida, Yoongi me tumbó boca abajo, apoyó la parte inferior de mi cuerpo sobre un calce acolchado y me elevó la parte superior del cuerpo con ayuda de unos almohadones.

Oí cómo se alejaba para regresar segundos después.

Me tapó los ojos con una venda.

Por un momento, sentí un poco de pánico, pero me relajé cuando él me acarició el pelo.

— ¿Estás bien? —me preguntó.

— Sí, Amo.

— «Amarillo» o «rojo» si necesitas que afloje o que pare —me advirtió sin dejar de acariciarme el pelo— Aún tengo que preparar algunas cosas. Relájate.

El tono de su voz era grave, pero conservaba su habitual despreocupación.

Entre eso y que sus manos empezaron a deslizarse por mi cuello, los hombros y la espalda, sentí cómo me rendía a él.

— Precioso —dijo, sin apartar las manos de mi piel.

Al cabo de un rato, me percaté de que los preparativos que había mencionado tenían que ver conmigo.

Me estaba preparando a mí.

«Joder»

Mis sospechas se confirmaron cuando me recogió un brazo y me ató una cuerda a la muñeca.

Yo me contoneé un poco en la mesa.

Entonces noté el impacto de su mano sobre mi trasero, cuando me dio un firme azote.

— No te he dicho que te muevas.

Me quedé completamente quieto mientras me ataba otra cuerda en la muñeca opuesta.

Luego me masajeó la cintura, amasándome la zona inferior de la espalda con los dedos.

Me relajé un poco más.

La parte inferior de mi cuerpo ya estaba expuesta a él, pero me tomó el tobillo izquierdo y lo ató a mi muñeca izquierda; luego repitió la maniobra con el tobillo derecho y la muñeca derecha, dejándome aún más expuesto.

Me sentía indefenso.

— Muy bonito —comentó.

Yo no me sentía especialmente atractivo.

Más bien indefenso e incómodo.

Me sobresalté al oír el sonido de una cámara detrás de mí.

— Sólo lo hago por si no me crees —dijo.

Oí el sonido de sus pasos al rodearme y luego otra vez el clic de la cámara.

Joder, me estaba sacando fotos.

— Mira esto —susurró, deslizando un dedo en mi interior un momento— Creo que te gusta bastante la idea de que esté sacando pruebas físicas de tu belleza.

Luego se acercó a mi cabeza y chasqueó la lengua.

— Vaya, se me han vuelto a ensuciar los dedos.

Me rozó los labios y yo abrí la boca para limpiárselos.

Tenía razón, me excitaba saber que me estaba haciendo fotos, en especial estando atado de aquella forma.

— Mírate, tan expuesto y esperándome —me rozó la abertura con los dedos— Imagina todo lo que podría hacerte.

Hizo girar los dedos alrededor de mi clítoris.

— Lo que te podría hacer aquí.

Insertó dos dedos en mi sexo y me estremecí.

Gemí al notar cómo mis doloridos pezones rozaban el almohadón de la forma más agonizantemente deliciosa.

Yoongi se rió.

— O aquí.

Desplazó los dedos hacia arriba para estimularme la otra abertura.

Yo inspiré hondo.

«Oh, sí. Otra vez. Quiero que me llene de nuevo»

Dejé escapar un gimoteo cuando noté cómo me untaba el lubricante con efecto calor.

— Estás muy necesitado —dijo.

Dibujó círculos alrededor de mi ano con alguna clase de tapón.

— ¿Te acuerdas? —me preguntó— ¿Recuerdas a Chan Yeol y Baek Hyun?

Yo rebusqué entre mis recuerdos, tratando de encontrar a qué se refería.

— ¿Te acuerdas de que te preguntaste cómo te sentirías?

Presionó y fue penetrándome con el tapón muy despacio.

Yo notaba cómo se me dilataba el cuerpo.

Estaba dilatado, abierto, expuesto y expectante.

Entonces me dio un fuerte azote en el trasero.

— ¿Te acuerdas ahora? —inquirió.

«Oh, sí»

— Contéstame.

— Sí, Amo.

Volví a sentir el suave movimiento de sus manos provocándome al deslizarse por mi abertura.

Fueron ganando aspereza poco a poco y me pellizcó los labios exteriores.

Luego me azotó de nuevo.

Alternaba los azotes con las provocaciones, hasta que me empezó a resultar difícil distinguir el placer del dolor.

Las manos de Yoongi conseguían que ambas sensaciones se mezclaran.

Entonces noté cómo presionaba contra mí algo duro y de piel.

«¿Una correa de piel?»

La deslizó arriba y abajo, me azotó el clítoris con ella con aire juguetón, para luego hacerla impactar con más fuerza sobre mis nalgas.

Yo gemía.

— ¿Te gusta? —me preguntó.

— Sí —contesté entre jadeos.

Entonces la correa impactó con más fuerza justo donde estaba el tapón. 

«Cielo santo»

— Sí, ¿qué? —quiso saber.

— Oh, Dios —jadeé— Sí, Amo.

Me azotó de nuevo.

— Eso está mejor.

La piel golpeaba con suavidad mi creciente y dolorosa necesidad, mientras él dibujaba círculos en mi clítoris con los dedos.

Me sentía como si me costara mucho aguantar el equilibrio y casi me caí cuando volvió a azotarme con la correa con fuerza.

Con más fuerza.

No quería que se acabara nunca.

Y durante un rato, parecía que fuera a ser así.

El tapón dentro de mí, sus dedos provocándome y la correa.

Y cómo, de alguna forma, él conseguía unirlo todo para lograr una mezcla de placer salpicado de dolor.

— Te voy a follar así —dijo al fin, con la respiración pesada— Así de lleno y abierto.

Oí el sonido de una cremallera y noté una corriente de aire.

Apoyó las manos en mis caderas y se enterró en mi interior de una dura y profunda embestida.

Yo grité.

La sensación era increíble:

Colmado por él y el tapón al mismo tiempo.

Abierto, tenso y atado.

Me pregunté cuánto tiempo aguantarían mi sensibilizada piel y mi cuerpo después de tanta provocación.

— Puedes correrte cuando quieras —jadeó.

Yoongi me penetró una y otra vez, colmándome más y más.

Me poseyó lenta y profundamente.

Sus embestidas eran controladas y mesuradas.

Yo volví a buscar el equilibrio, quería concentrarme en cómo me sentía.

Mi cuerpo se estremeció, víctima de la inminente liberación, y mis músculos se pusieron tirantes y tensos.

Él empezó a moverse más rápido detrás de mí.

Se movía más rápido en mi interior.

Apreté los puños mientras me penetraba, mientras embestía y se empotraba contra el tapón.

Otra vez.

Estaba...

Yo estaba...

...Gritando de placer.

Me sentía muy ligero.

O pesado.

Sí, era eso.

Me sentía demasiado pesado como para moverme y mi cuerpo no me respondía.

Me recorrió un ligero temblor.

Decidí que eran los efectos residuales de mi orgasmo.

Yoongi me fue acariciando mientras me desataba y me susurró con un tono de voz suave y grave.

Yo no entendía nada de lo que me decía, pero no importaba.

Él estaba allí.

Tenía las extremidades doloridas, pero Yoongi me trató con mucha delicadeza.

Me quitó la venda de los ojos.

El cuarto de juegos estaba oscuro.

— Relájate —dijo— Descansa.

Justo antes de que se me cerraran los ojos, sus labios se posaron sobre los míos con tierno afecto.

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⚘ Atte. ⚜☦ Ðҽʋιℓ Ɱιɳ ☽⋆

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