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1. UN BEBÉ OMEGA

La vida es muy complicada para todos, más cuando eres una omega y estás a la espera de quién será tu último cachorro. Hay tantas expectativas por cumplir para todas partes que si es varón debe ser fuerte y saber tomar el control desde muy pequeño, buscar sobresalir del resto de una u otra forma además al crecer debe salir a buscar y encontrar a su Omega perfecta para desposarla, marcarla, formar una familia, tenerle todo lo que ellos necesiten para que su omega solo se preocupe por cuidar de su hogar y sus cachorros; en cambio si es mujer las expectativas son de crecer siendo una Omega hermosa, delicada, femenina, obediente, que acepte ser desposada y marcada por el alfa que la pretenda y pasado esto darle algunos cachorros perfectos que a su vez deban cumplir las expectativas de los mayores de las manadas, así la cadena siguey sigue.

Las familias de manadas muy conservadoras pueden ser las más difíciles de complacer puesto que algunas decían que solo las mujeres podían ser omegas y solo los hombres podían ser alfas, en este caso la manada de mi propio alfa Trevor, tenía  justo esa ideología y yo no lo supe sino hasta la llegada de mi primer cachorro.

Algo dentro de mí me decía que este bebé sería diferente a Kek y a Jabes, mi abuela solía decir que antes de que un bebé naciera la madre sabía si tenía dentro un alfa o un omega independientemente de si era hombre o mujer. Yo sé que mi abuela no se equivocaba en sus palabras, yo sabía que dentro de mí crecía alguien delicado, pequeño, hermoso y tierno una maravillosa definición de un  omega.

Estaba segura de que le amaría con todo mi ser como a sus hermanos mayores y que siempre sería mi bebé. El  único problema sería su padre, pues no sabía cómo lo tomaría Trevor y toda su manada por todas las ideologías con las que habían crecido. Intentaba no preocuparme de más respecto al tema pues no quería que de algún modo fue a afectarle de manera negativa a mi bebé.

Algunas semanas más tarde y tras haberme realizado la última eco en la que me decían que mi bebé era varón, me encontraban en el nido, el que llevaba semanas preparando nuevamente pero esta vez en el espacio destinado para este nuevo bebé. Trevor venía cada noche con los niños hasta que ellos se dormían abrazados a mi pancita, para luego ser llevados a sus habitaciones por su padre, luego él volvía para darnos mimos y dormir con nosotros. Nunca le dije nada del presentimiento que tenía sobre nuestro cachorro amaba tenerlo cerca y tan amoroso quería que este bebé se sintiera deseado y amado incluso desde antes de nacer.

Después de mostrarle la última ecografía a mi alfa, el canturreo toda la mañana, parecía muy feliz con la noticia de tener otro varón en la familia, a todos sus conocidos y familiares les llamó y les dijo que se sentía tan bendecido de tener tres varones alfas, yo solo lo miraba en silencio, hasta que después de muchas llamadas se levantó del sofá. Toda la tarde se la pasó encerrado en su despacho y no salió hasta la hora de la cena. Después de llevar a los chicos a sus habitaciones como cada noche volvió y se acostó a mi costado de modo que su cara quedaba a la altura de mi abultado vientre con su mano acariciaba este de manera muy suave y delicada, comenzó a llenarlo de pequeños besos que me hacían erizar la piel.

— Tu nombre será Zedekiah... — dijo esperando alguna respuesta, pero al no obtener nada siguió hablando — desde hoy y hasta que crezcas serás mi pequeño Zed o Zeddy ¿Cuál te gusta más?

Y en ese momento se removió, mi alfa volvió a hablarle hasta que comprendió que le gustaba más ser llamado Zed. Como las veces anteriores mi alfa había sido el que había elegido el nombre de nuestro  cachorro, Zedekiah era un poco más largo que el de nuestros otros dos hijos nunca me dijo cual era la razón por la que eligió aquel nombre pero a mí me gustaba como sonaba.

El día de su nacimiento llegó, eran cerca de las 4:30 de la tarde y me encontraba sola puesto que Trevor había llevado a los niños a su entrenamiento de béisbol después de que le asegure más de cien veces que Zed aún no saldría y que estaríamos bien, cuando los dolores comenzaron a ser más fuertes llamé a mi madre para que viniera ayudarme como lo hizo con Kek y Jabes, ya que Trevor para este momento sabía que lo necesitaba de vuelta en casa.

Y aquí estábamos de nuevo pero está sería la última vez que los tres nos encontraramos en esta habitación ya no volveriamos a pasar una situación similar. Mi espalda estaba pegada al pecho de Trevor quién me ayudaba tanto como podía y nunca soltaba mi mano, mamá en cambio estaba mirándome de frente y dándome indicaciones como lo hizo las veces anteriores estaba tan cansada que sentí que no podría seguir con esto.

— Layan, solo un poco más — pedía mi alfa con un tono suplicante — es tu bebé, recuerda lo mucho que anhelabas tenerlo en tus brazos.

Y así fue como comenzó a recordarme algunas acciones que hacía de manera inconsciente por este bebé, algunas que no hice con los en los otros dos embarazos, desde la manera tan delicada con la que hice el nido la manera en la que ordenaba su ropa y antes de que continuará o se imaginará el motivo de mis diferencias tomé todas las fuerzas que me quedaban y puje tanto como pude, sintiendo como me partía en dos mientras salía nuestro cachorro, caí agotada en el pecho de mi alfa y éste limpiaba un poco el sudor de mi rostro hasta que su llanto  fuerte lleno  el silencio de la habitación.

Mira el rostro de mi madre y ella parecía feliz al conocer a su último nieto, me lo entrego y lo tomé entre mis brazos, un perfecto bebé con cabello negro era lo único que se veía pues su cuerpecito estaba cubierto con una pequeña manta de color azul, sonreí al ver como buscaba nuestro calor Trevor también lo notó y se acomodó a mi lado dejando que Zed comenzará a reconocernos a través de su olfato, dejé un pequeño beso en su frentecita para luego levantar la mirada hacia mi alfa  pues aún seguía en silencio, me sorprendió tanto el verlo con lágrimas correr por sus mejillas, porque ni siquiera cuando nació Kek nuestro primer cachorro había llorado como lo estaba haciendo ahora, lo miré  con algo de preocupación buscando alguna razón por que que estuviera así, no fue sino hasta que su mirada conectó con la mía que sonreí aliviada, su mirada lo decía todo estaba llena de orgullo y felicidad.

Trevor estaba feliz de tener Zed con nosotros.

Trevor ni siquiera sé imaginaba lo que yo sabía pero supongo que eso ahora no importaba ya que ahora era un bebé y hasta donde yo recordaba los bebés y los niños olían de manera dulce sin importar que al crecer terminaran convirtiéndose en alfas u omegas. Disfrutaría a mi bebé tanto como me fuera posible ya que cuando menos lo esperara dejaría de ser un bebé, ahora no quería pensar en el futuro, viviría en preguntar y amaría a mi bebé omega.

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