Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 15. Oops!

La vida me ha ido enseñando a lo largo de los años, que cuanto más planeas algo más posibilidades hay de que algún factor se desmorone y todo se venga abajo. Así que supongo que siempre hay que dejar algo de espacio a la improvisación. Por eso cuando llego a la puerta del banco más importante de la ciudad, no tengo ningún plan. Solo tengo que ser una distracción para que las chicas puedan entrar por detrás, sin importar que salten las alarmas. Todos tienen que creer que lo he provocado yo, que una loca ha provocado un pequeño incidente sin importancia. Pero, solo un pequeño detalle: no sé qué hacer.

¿Qué puedo hacer sin mi voz? No lo sé, pero no puedo demorarme mucho tiempo más. Así que cojo una bocanada de aire y me armo de valor. Estoy increíble, seguramente todas las miradas se posen en mí cuando entre. Y eso me lo pondrá fácil.

No me equivoco, porque cuando entro con la cabeza bien alta, más segura de mí misma de lo que nunca he estado, las cabezas de todos los clientes se giran para observarme. No es casualidad tampoco, he procurado hacer bastante ruido con mis pisadas, como diciendo: "Eh chicos, he llegado". Les sonrío de una forma enigmática, con picardía, pero como si hubiera algo que ocultara y estuviera dispuesta a que lo descubrieran. Hoy estoy dispuesta a todo. En ningún momento me disculpo con mi lenguaje corporal por ser ruidosa. ¡Faltaría más!

—Llegué —digo muy seria y al final suelto una risita.

Las caras de los clientes son un cuadro. Me miran como si estuviera chalada, y eso es justo lo que quería. Creen que estoy loca, ya es un paso. Tengo que actuar como la típica persona irritante que grita y que todo el mundo mira mal. Entonces se me ocurre una idea brillante. ¿Qué hay más loca que una mujer a la que acaban de dejar? ¡Já! No hay nada más odioso e irritante que una mujer enamorada, y si lo juntas con una mujer enamorada y despechada es una combinación explosiva. Así que mientras me dirijo a la larga fila de gente que espera a ser atendida, me llevo la mano al bolsillo de forma ansiosa. Finjo estar sorprendida e inmediatamente simulo que descuelgo el teléfono y me lo pongo en la oreja.

—¡Cariño! —grito sorprendida, pero creo que de lo que realmente estoy sorprendida es de haber llamado a alguien así—. ¡Estoy en el banco! ¡Ya te lo he dicho!

Veo como la gente comienza a mirarme con asco, y eso hace que me crezca y refuerce mi actuación. Pongo una voz de pito insoportable que provoca que hasta los trabajadores del banco me lancen miradas asesinas. Algunos incluso comienzan a chistarme para que me calle.

—¿Qué? ¿Cómo que te has liado con la niñera de tus sobrinos?

La verdad es que me cuesta no echarme a reír ante tal situación. Creo que debería hacer esto más a menudo. Es divertido. Y sobre todo creo que deberían darme un premio a mejor actriz, ¿por qué no tengo mi propia función en Soundway?

—¡No puedes hacerme esto! ¡La semana que viene es nuestra boda!

La gente se queda mirándome sin ningún corte. Definitivamente he captado su atención. Las caras sorprendidas de los clientes me encantan. ¿Cómo puedo añadirle más dramatismo? ¡Ah, sí! ¡Ya sé!

—¿Cómo? ¿Cómo que está em-barazada? ¿Pero tú estás mal de la cabeza? ¿Qué hay de la casa de un millón que nos acabamos de comprar? ¿Te vas a ir a vivir ahí con ella y vuestro retoño? ¿Tú es que no piensas? ¡Yo he pagado la mitad!

Algunos comienzan a mirarse entre ellos compartiendo su asombro, cada vez más metidos en la historia. Siento que estoy nerviosa, pues el corazón me late con fuerza, es el momento de dar el golpe final.

Me fijo por un momento en los empleados de seguridad, que siguen aburridos en una esquina. Es momento de hacerles trabajar un poquito, ¿no creéis?

—¡Está bien! No me cuentes historias. Todo esto se lo tendrás que explicar a tu familia, que van a estar muy tristes y decepcionados. Ya sabes quién es mi padre y todo lo que has perdido con tu desliz —me quedo unos segundos en silencio, como si estuvieran diciendo algo al otro lado de la línea, pero lo interrumpo—. No, mira olvídate de mí. Sé que será difícil, pero pasa página. Ah, no que ya lo has hecho. ¡Que te den, cerdo!

Finjo que cuelgo con mala leche y guardo el teléfono con malas formas dentro de mi bolsillo de nuevo. Paseo mi mirada por las caras de todos los que estaban observándome que ante el brusco final de mi conversación han vuelto a mirar hacia delante distraídos. Algunos casi han dado un brinco del susto. De verdad que esto me está divirtiendo un montón.

Se hace un profundo silencio, que decido romper con un estruendoso llanto, que más de una mujer de mi edad parece de una niña de cinco años. Para mi sorpresa, las lágrimas caen por mis mejillas como si hubieran abierto un grifo. Cruzo mis manos como si estuviera rezando o implorando que todo aquello que me había inventado, no fuera verdad. Dejo salir de mí todo el dolor que se supone que siento, como si no hubiera consuelo para mi alma desolada, destrozada, desenamorada.

La conmoción entre las gentes del banco se hace cada vez más evidente, y las miradas de sorpresa se transforman rápidamente en miradas de confusión. Definitivamente creen que estoy loca de remate. Algunos empiezan a estar cansados de mi actuación y vuelven a chistarme para que me calle.

La señora que tengo delante se gira y me mira con un poco de compasión. Me tiende un pañuelo y lo cojo expresándole mi gratitud.

—Cálmate, niña. Estás armando un espectáculo —susurra un poco avergonzada.

Me pone una mano en el hombro, como si tratara de apoyarme. Pero yo sé que a toda esta gente no le importa nada. Toda esta gente está igual de divertida que yo. Cuando salgan de aquí, seguirán con sus vidas aburridas, pero tendrán una anécdota nueva que contar: una loca ha sido dejada en el banco y se ha puesto a llorar como una niña de tres años armando un espectáculo. Todos son así, no ven más allá de sus propias narices, pero a todo el mundo le encantan las desgracias ajenas.

Así que decido seguir divirtiendo a mis espectadores, porque al fin y al cabo el artista se debe a su público. Sonrío a la mujer. Pero no una sonrisa amable, no. Una sonrisa como si acabara de perder la chaveta. Y a veces me pregunto si no lo he hecho realmente, porque todo esto me está sorprendiendo hasta a mí.

— I think I did it again —comienzo a entonar.

https://youtu.be/CduA0TULnow

Pero mi voz no suena como mi voz, aunque eso no importa ahora. Lo importante es dar espectáculo. Así que cuando digo las primeras palabras de la canción, me paso las manos por el cuerpo de forma sensual.

Sigo cantando mientras me tiro al suelo abriendo las piernas, me acuesto en el suelo, arrastrándome como una serpiente. La gente se miran entre ellos, ya se ríen como si fuera una broma pesada. Algunos sacan sus móviles y comienzan a grabar mi actuación.

De repente me levanto de un salto y voy girando por todo el establecimiento mientras sigo cantando. Me acerco a algunos hombres. A uno de ellos lo intento provocar, pegando mi cuerpo al suyo mientras sigo haciendo movimientos sugerentes. Me quedo muy cerca de su boca, y creo que hasta incluso duda si besarme. ¡¿Qué?! Quiero echarme a reír en el suelo. Cuando mis amigas se enteren de esto van a flipar.

No pasa mucho tiempo más cuando veo que la gente se comienza a agolpar en la puerta del banco y observa mi actuación a través de los grandes ventanales. Estoy causando una gran sensación.

Estaba tan ocupada que no me había detenido a mirar a los vigilantes de seguridad y a los trabajadores, que también están flipando. Una de las trabajadoras parece reaccionar y manda a los guardias a que vayan a por mí. Estos se acercan lentamente hacia mi zona de baile, pero rápidamente me escabullo.

Entonces se me ocurre algo más atrevido. Cojo mi Blazer Cropped negra y la tiro por los aires para mi público mientras grito:

— Oops! I did it again...

Ahora estoy en sujetador frente a un centenar de desconocidos. La gente enloquece y chilla, algunos de emoción y otros de desaprobación. Ojalá mis amigas estuvieran aquí para ver todo esto.

Pero mi espectáculo no dura mucho más, porque los guardias se tiran a por mí como dos leones hambrientos, y antes de que pueda esquivarlos una vez más me están agarrando por los brazos. Tratan de arrastrarme hacia la salida, pero ya me conocéis: no me rindo fácilmente y menos sin luchar.

Así que pataleo, mordisqueo y grito como si estuviera siendo secuestrada, en lugar de ser escoltada al exterior de la entidad bancaria.

—¡No podéis hacerme esto! ¡Soy una buena ciudadana! ¡Conozco mis derechos! ¡Están violando mis derechos! —exclamo como si de verdad me importara que me echasen.

Mi voz se va llenando de furia y desesperación, haciendo que mi actuación siga siendo tan convincente como al principio. Los guardias parecen incluso incómodos. Pero finalmente, aunque lo intento con todas mis fuerzas, me empujan hacia fuera, arrojando mi blazer al suelo.

La acera está llena de gente que me lanza una ovación. Recojo mi chaqueta y me la coloco, después sonrío a todos mis fans y les hago una reverencia de agradecimiento. Sin este público mi actuación no habría sido igual. Pero pronto la calle acaba vaciándose como si nada hubiera ocurrido. Y yo me siento en un banco, respirando con dificultad.

Espero que mi misión de distracción haya tenido éxito y que las chicas estén llevando el plan sin ningún problema.

Pero como decía antes, nada sale nunca según lo planeado porque mientras descanso llegan dos todoterrenos negros que miden mínimo tres metros. Esos bichos rugen de una manera que ya no se escucha el barullo de la calle. Y comienzo a comprender que todo está a punto de desmoronarse cuando bajan de los coches unos hombres tan corpulentos que parecen armarios. También van trajeados. Me quedo un segundo pensándolo, pero después tengo claro que los he visto en alguna parte. ¡Claro! ¡Son los tíos de la cafetería! Los que estaban con el novio de Gia. ¿Qué? ¡Esto no puede ser verdad! ¡Nos la ha jugado! ¿Tendrá Gia algo que ver?

Antes de que pueda seguir pensando si Gia nos ha traicionado y si ha sido real lo que hemos vivido o siempre ha jugado sucio, los clones irrumpen por la puerta principal del banco como si fueran un ejército. Un segundo después sacan sus armas y las balas inundan el vestíbulo, no se andan con tonterías. El estruendo de los disparos se mezcla con los gritos de la gente que se tira al suelo asustada, acurrucándose los unos en los otros negándose a que después de un momento tan divertido, estén a punto de morir. Los guardas de seguridad son los primeros en caer, no tienen tiempo ni de avisar. Pero enseguida las sirenas comienzas a sonar. Pronto llegarán las autoridades, así que adiós a la discreción. El tiempo se agota.

No hago nada, pues yo también soy una de esas que no ve más allá de supropia nariz, quien diga que no es así miente. Pero eso no es lo importanteahora, el caso es que me quedo aquí pensando: ¿Dónde quedó la elegancia deuna locura? Sabiendo que nuestro plan se ha desmoronado, pero en ningúnmomento pienso que estemos perdidas.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro