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Una semana más, realizando la misma rutina, era verdaderamente agotador mencionar lo mismo en cada ocasión, en especial por lo molestas que podían llegar a ser las pruebas para determinar cuán dañados estaban sus ojos. Taehyung no necesitaba que un profesional le mencionara algo que era obvio con lo cual vivía a diario.

La ceguera había empeorado desde la última cirugía, lo único que podía distinguir eran figuras borrosas, se había convertido en un completo dependiente de sus otros sentidos, en especial del oído para determinar quién estaba hablando. En ocasiones su olfato le ayudaba a saber si se trataba de alguien conocido.

Como cuando su padre se acercaba a él con esa molesta fragancia, la cual aborrecía desde el fatídico acontecimiento por el cual ahora se encontraba así. O bien el dulce aroma de su madre que siempre le hacía picar la nariz, pero al menos lo hacía sentir confortado.

— Taehyung, necesito que sigas la luz – su doctor podía ser molesto cuando insistía en esos ejercicios, en especial porque el resplandor le hacía doler los ojos. Sus inservibles ojos.

— Duele – mencionó entre dientes, mientras desviaba la mirada hacia un lado, no pudiendo observar nada más que una mancha, la cual sabía era su madre.

— Tae, no tienes que hacer esto si te incomoda – arrulló su madre mientras le tomaba la mano, haciéndolo sentir un escalofrío debido al tacto frío provocado por el nerviosismo.

— Esto no es una opción, tampoco eres un niño Taehyung – mencionó su padre, el hombre por el cual ahora se encontraba ahí, ¿por qué debía opinar? ¿Por qué siquiera estaba ahí? Con qué derecho.

— No estaría así de no ser por tu culpa.

— ¡Quieren hacer silencio! – Taehyung estaba cansado de aquella tonta discusión, algo que expresó al ponerse de pie, teniendo a sus padres controlando cada movimiento, hasta incluso sostenerlo – ¡suéltenme! Estoy cansado de todo esto. Los chequeos, cirugías y recuperaciones. Acéptenlo de una buena vez, jamás volveré a ver.

— Kim Taehyung no digas eso, nosotros haremos todo lo que esté a nuestro alcance para que puedas recuperar tu vida. Doctor Lee, ¿existe algo más que podamos hacer?

El hombre frente aquella familia suspiró cansado al ser testigo una vez más de esas discusiones, no le sorprendía que Taehyung se hallara en esa situación, de hecho todo había iniciado muy bien cuando se suponía que con unas cirugías recuperaría la vista, pero todo fue empeorando.

El trasplante era la última oportunidad de Taehyung, pero ¿quería aquello? Ya había perdido todo lo que le interesaba. Dejó la universidad hace varios meses, no podía hacer ninguno de sus pasatiempos favoritos. Su carrera en la ingeniería informática se había ido al caño gracias a que todos sus estudios dependían de sus ojos, ni hablar de sus planes a futuro, ¿qué haría alguien defectuoso como él por el resto de su vida? ¿Ser un parásito viviente y dependiente de los otros? ¿De sus padres? ¿De su hyung?

Estaba harto, cansado, en especial porque había perdido la esperanza de que algo le devolviera la vista, ni siquiera fue su culpa el haberla perdido, no fue descuidado y mucho menos alguien que se merecía aquel castigo. La vida se había vuelto un mundo lleno de manchas borrosas, lástima innecesaria proviniendo de las otras personas y algunos lamentos.

— Taehyung, aún existe la posibilidad de que entres a la lista para encontrar un donante, no será muy complicado, los trasplantes de córneas no demoran mucho y tienen una tasa alta de buenos resultados – su doctor jamás se daba por vencido respecto al tema, pero ese era su trabajo ¿no? Darle esperanzas cuando ni él mismo las tenía.

— Doctor Lee, esto del trasplante es seguro, quiero decir ya pasamos por dos cirugías y no funcionaron, ¿cree que de verdad esto resulte? – cuestionó su madre intentando guardar las esperanzas.

— La probabilidad es muy alta y son mínimas las circunstancias por las que pueda ocurrir un rechazo, los trasplantes de córnea no necesitan tener compatibilidad de tejidos, sangre o bien genética, de ahí el porqué son tan exitosas estas operaciones.

— Escuchaste eso Tae, hay posibilidades mayores de éxito.

Él lo sabía perfectamente, su hermano se había encargado de apoyarlo en su búsqueda ansiosa por conocer información respecto a todos los procedimientos que le regresan la vista.

Conocía el hecho de que 3 de cada 10 personas rechazaban o bien tenían problemas con su trasplante, hasta llegar al punto de causarle más problemas. Podía desprenderse la córnea nueva en el caso de que su propio cuerpo lo rechazara. Yoongi intentó bromear con decir que se vería como un muerto en vida si en algún momento llegaba a suceder eso.

En un inicio parecía divertida la idea, pero con el correr de los meses se volvió una pesadilla recurrente en la cual siempre despertaba de la cirugía y no podía ver nada, pero sí podía sentir cómo algo caía desde sus ojos. Quizá se trataba de sus propias lágrimas, aunque en sus sueños se trataba de sus propios ojos.

— Tae, necesitamos una respuesta de tu parte, no podemos decidir sobre ti – murmuró su madre sacándolo de sus pensamientos, haciendo que volviera a su asiento –. Tú debes decidir si quieres el trasplante o...

— No lo quiero.

— Kim Taehyung – le reprendió su padre de inmediato – deja esa actitud infantil, eres un adulto, compórtate como tal. Esto es una oportunidad para que recuperes tu vida.

— Algo que no debería ni siquiera estar pensando si no fuera por su culpa padre.

Tomó el bastón entre sus manos, poniéndose de pie, esta vez completamente decidió a salir de ese consultorio, aferrando su agarre en el objeto con el cual aún se le dificultaba guiarse en su andar, pero no le importó aventurarse en caminar por los pasillos del lugar.

La molesta luz blanca lo hizo odiar aún más su decisión, pues entre su pequeño arrebato había olvidado colocarse sus lentes oscuros dejándolos sobre el escritorio del doctor, muy posiblemente su madre los habría guardado en su bolso. Estúpida ceguera parcial que lo hacía no pensar claramente cuando decidía ser un poco independiente, pero estaría bien, solo debía mantener la mirada baja, evitando los rostros de las personas a toda costa y utilizando el bastón como mejor podía.

Escuchó el sonido de los ascensores a lo lejos, por lo que se dejó guiar por eso para al fin llegar a la caja metálica en la cual se refugiaría por algunos minutos mientras pensaba qué hacer.

Vamos, piensa en algo... solo piensa en algo.

Se encontraba tan distraído en su propio pensamiento que no pudo esquivar la mancha que le obstruyó el camino, haciéndolo tropezar y casi caer.

— ¡Cuidado! – aquella persona se acercó tanto a su espacio personal que Taehyung no dudó en empujarlo –. Lo lamento, de verdad no te vi – era el colmo, ¿cómo era posible que alguien con una vista perfecta le dijera algo como eso a él?, precisamente a él – no fue mi intención, ¿te encuentras bien? Oh... De verdad lo lamento... Yo fui muy descuidado...

No, no, no... alguien más dándole su lástima innecesaria, todo porque veía sus dañados ojos, los cuales debían verse horribles, porque si no fuera así, ¿cuál sería la razón para que todos reaccionaran de la misma manera?

— ¿Te encuentras bien? Por favor dime si te hice daño.

— No necesito tu lástima – lo había mencionado en un tono demasiado alto, olvidando que no debía alzar la mirada, le quedó más que claro que había causado esa reacción de nuevo – solo hazte a un lado.

— Por favor no tienes que ser grosero, fue un pequeño accidente, estaba demasiado distraído y no presté suficiente atención en mi camino, de verdad no quería...

Distraído... Accidente... Camino...

Eran palabras insignificantes para cualquiera, mas no para él, porque se trataban de detonantes, evocadores de recuerdos donde la velocidad de un auto aumentaba, luces brillantes, gritos y por último, oscuridad. ¿Hasta cuando debía soportar aquello?

— Hey ¿estás bien? – esa persona seguía insistiendo, estaba siendo demasiado molesto al mostrar tanto interés en él. Aquella mancha negra a la cual no podía poner un rostro comenzaba a incomodarle.

— Solo déjame tranquilo – con movimientos torpes, Taehyung comenzó a buscar el botón del ascensor, sin tener mucho éxito –. Mierda, ¿dónde está?

Aquella murmuración causó un efecto en el contrario que se hallaba más que intrigado por el comportamiento del bonito castaño que seguía haciendo pucheros al no encontrar el botón para llamar el ascensor.

— Déjame ayudarte, ¿necesitas ir a algún lugar específico del hospital?

— La salida.

— Puedo acompañarte.

— Dije que no necesito tu lástima.

— Hey, no te tengo lástima, míralo como una ayuda. Soy voluntario en un programa aquí en el hospital para los pacientes que necesitan...

— No digas que necesito ayuda o que soy un paciente más de esos, solo... – Taehyung se sintió incapaz de seguir con la conversación porque verdaderamente necesitaba salir de ahí y quizá, solo tal vez podría dejar de estar a la defensiva por unos minutos, permitiendo que alguien más le ayudara –. Quiero salir de aquí.

— Entonces, ¿me dejarás ayudar?

Taehyung asintió una vez, aferrándose a su bastón, alertándose de inmediato cuando pudo escuchar a lo lejos la voz de su madre discutiendo con su padre. Decidió tomarle la mano al contrario, encontrando una textura rasposa muy extraña, la cual no pudo identificar porque antes de cuestionar fue guiado hasta el interior de la caja metálica que sería su refugio.

Las puertas se cerraron detrás de él, su cuerpo se tensó cuando las manos contrarias apenas rozaron sus hombros, ayudándolo a girarse en su sitio.

— Gracias.

— Oh, ¿puedes agradecer? – se burló el contrario de inmediato, obteniendo un ceño fruncido de inmediato por parte de Taehyung – estoy bromeando. No tienes que tomar tan personal las cosas, en especial por pequeñeces.

— No me conoces y yo no te conozco, ¿por qué de pronto intentas meterte en mi vida? ¿Te parece gracioso hacer bromas así a la ligera? Ni siquiera somos amigos...

— Tienes razón. Soy Jungkook – Taehyung sintió un escalofrío, recorrerle el cuerpo cuando sintió la calidez de la mano contraria sobre la propia, aún estaba esa sensación extraña en el tacto, parecían vendajes, pero la calidez y delicadez con la que era sostenido le hizo sentir extraño – y tú... ¿Cómo te llamas?

— Taehyung.

— Un gusto, Taehyung – la voz de Jungkook parecía mucho más delicada y un poco amortiguada como si algo estuviera cubriendo su rostro, ahora que no se encontraba a la defensiva podía darse a la libertad de intentar descifrar la mancha negra que estaba en el rostro ajeno ¿acaso eso era...? – ¿Te encuentras bien? Estás parpadeando demasiado ¿Te molesta el brillo de las luces?

— Mucho – se sentía tonto al ser descubierto en aquel inútil intento de aclarar su vista borrosa, así que decidió ocultar su vergüenza con una triste excusa que no carecía de verdad – olvidé mis lentes y me lastima.

Jungkook no dudó un segundo en quitar los lentes de sol que estaba utilizando para colocarlos en las manos ajenas, eran tan delicadas, delgadas y un poco demacradas, aún tenía algunas cicatrices visibles, parecían de cortaduras.

— Toma los míos.

— No puedo aceptar eso son tuyos, ¿por qué me los darías?

— Los necesitas más que yo, acéptalos – Taehyung empuñó el objeto, haciendo a un lado su orgullo, decidiendo que los necesitaba demasiado como para no usarlos – Wow, te quedan mejor que a mí.

El sonrojo en las mejillas de Taehyung fue instantáneo, aunque no duró demasiado, pues una llamada entrante invadió el eco del ascensor. Comenzó a buscar en su bolsillo el aparato, el cual entre su nerviosismo terminó dejándolo caer al suelo. Jungkook actuó de inmediato recogiéndolo, husmeando un poco el remitente de aquella llamada.

— Dice, "Hyung".

— Gracias – apenas murmuró Taehyung, tomando el aparato entre sus manos, llevándolo hacia su oído – ¿hyung?... estoy bien, ¿puedes venir por mí, por favor?... si estaré esperando en la recepción del hospital... solo no le digas a madre.

La llamada terminó tan rápido que el breve encuentro entre ambos parecía que sería tan fugaz como compartir el ascensor. Taehyung guardó su teléfono en su bolsillo sintiendo como el mecanismo volvía funcionar, ¿acaso se había detenido sin él darse cuenta? El mayor aún estaba ensimismado en encontrar una respuesta a la situación, mientras que Jungkook colocaba de nuevo en movimiento la caja metálica, dejando que el mecanismo regresara a su funcionamiento normal. Sabía que se ganaría una reprimenda por hacer eso, pero no pudo evitar hacer eso, no cuando Taehyung se veía así de alterado.

Las puertas de la caja metálica se abrieron y Jungkook se encargó de guiar a Taehyung hasta las sillas de la recepción, en un lugar donde estuvieran tranquilos, era un espacio en el que él mismo se había refugiado de todos, sabía que nada perturbaría la tranquilidad de ambos mientras estuvieran ahí mismo.

— ¿Tu hermano vendrá por ti?

— Sí. Gracias por ayudarme y lamento la manera en la que te traté.

— Está bien, estoy acostumbrado.

— ¿Qué clase de respuesta es esa? – cuestionó Taehyung sonriendo apenas –. No puedes acostumbrarte a que te traten mal, eso no es correcto.

Jungkook sonrió, incrédulo, que por primera vez aquellas palabras le hacían verdadera gracia. Taehyung parecía bastante ajeno a todo lo que le rodeaba, no solo por el hecho de que ahora carecía de su vista para notar el mundo a su alrededor, no, aquella actitud parecía demasiado arraigada en él, demasiado inocente, quizá ignorante del dolor que una persona podía llegar a sentir.

Bastaba con darle un vistazo para saber que sus condiciones de vida eran muy diferentes. Taehyung era verdaderamente atractivo, con un perfil inocente, que escondía una personalidad tenaz, quizá un poco caprichoso. Su cabello castaño estaba un tanto largo, lo cual lo hacía ver bastante aniñado.

— ¿Jungkook? – cuestionó el castaño al sentirse nervioso por tan extenso tiempo en silencio, ¿se había quedado solo? ¿Le había molestado lo que dijo?

— Estoy aquí, no me he ido.

— Te quedaste callado por mucho tiempo – reprochó, comenzando a lamer sus labios como un mal hábito suyo – pensé que te habías molestado.

— ¿Por qué debería importarte si un desconocido se molesta por algo que dices? Tú lo dijiste, no nos conocemos, no tengo por qué enojarme...

— Pero sí nos conocemos – murmuró apenas haciendo que Jungkook se tensara completamente, abriendo sus ojos de par en par, sintiendo su pecho un tanto apretado, ¿lo conocía? – tú eres Jungkook, voluntario en este hospital – Taehyung sonrió apenas, como una burla de su breve intento de socializar – conozco tu nombre y tú el mío eso ya no nos hace desconocidos.

Jungkook quiso contestar ante aquella manera tierna de romper el hielo, pero antes de intentar pronunciar una palabra notó a un muy malhumorado y preocupado Yoongi, quien buscaba desesperado con la mirada dónde se encontraba su pequeño hermano.

— Tienes razón, fue un gusto conocerte. Taehyung... – apenas murmuró aquello antes de cruzar miradas con Yoongi quien frunció su ceño en confusión por ver a su hermano con un extraño – debo irme.

— Aguarda, ¿me dejarás aquí solo? Dijiste que te quedarías.

— Tae – la voz de Yoongi invadió los sentidos de Taehyung, quien de inmediato lo buscó, regresando la cabeza hacia donde provenía el sonido – Tae, ¿estás bien? – cuestionó el mayor una vez estuvo cerca del menor, quien asintió – ¿quién era la persona que estaba contigo?

— ¿Uh? – Taehyung intentó buscar a la persona que segundos antes lo acompañaba, encontrando solamente la ausencia – n-no era nadie, solo alguien que me ayudó.

— ¿Dejaste que alguien te ayudara? Eso es algo nuevo – murmuró el mayor sintiéndose un poco mejor al notar que su hermano estaba bien – andando te llevaré al apartamento.

No muy lejos de ahí, donde una escena bastante ajena a él se estaba dando, Jungkook se limitaba a observar la dinámica de los dos hermanos, mientras que salían del hospital compartiendo algunas risas y demostrando la relación fraterna que mantenían. Sabía que Taehyung estaría bien, siempre lo había estado, al menos cuando se encontraba alrededor de Yoongi.

Se encogió un poco entre su sudadera amplia, doliéndole un poco el cuerpo, de nuevo tendría que pasar a revisión, si no obtenía un visto bueno, el doctor Kim no le dejaría estar ahí. Ignorando cualquier molestia, decidió que no dejaría que eso le arruinara su buen humor, pues nada le quitaría de la cabeza que por primera vez en mucho tiempo había tenido ese acercamiento con Taehyung.

Sus pasos lo llevaron hasta el área donde su supervisora lo estaría esperando con la misma mirada de reproche, esa que siempre se ganaba por sus llegadas tarde, mas nada de eso le podía importar, ni siquiera dio paso al sentimiento de culpa cuando todos sus compañeros se alertaron al verlo.

— Kook ¿que te sucedió? – mencionó Minah, la chica siempre tenía esa mirada preocupada cuando lo veía con esos rastros de un encuentro poco pacífico y no tardó en acunar el rostro sacándole una queja –. Déjame revisarte.

— Jungkook, ¿de nuevo traes la mascarilla? ¿Qué ocurrió? – cuestionó la señora Park, su supervisora y a quien más respetaba.

— No es nada, ya saben la historia de siempre, estoy bien, no tienen por qué preocuparse. ¿Cuál es el horario de hoy?

Todos los presentes se observaron preocupados, últimamente aquella actitud parecía ocultar más que la mascarilla en su rostro. Jungkook no dejaba de utilizar sudaderas amplias, las cuales ocultaban hasta sus manos, las cuales siempre mantenía con heridas o bien con algún vendaje.

La situación era preocupante, en especial porque ahora el moretón en su rostro, cerca de su ojo, lo hacía ver...

— Tú no irás a ningún lado con ese golpe – mencionó Minah, tomando la mano de Jungkook con un poco de fuerza – iremos con el doctor Kim para que te revise eso, ¿de acuerdo?

Jungkook no se opuso, pues quizá ese tipo de atenciones no las encontraría en otra persona y mucho menos nadie se preocuparía como lo hacían ellos. Así que sin más quejas por su parte fue llevado hacia la oficina del doctor Kim, quien ni bien lo tuvo a la vista le indicó que tomara asiento, para así comenzar a tomar las cosas necesarias para curar sus heridas.

— ¿Que fue esta vez?

— Una pelea.

— No prometiste que dejarías de involucrarte en peleas callejeras

Jungkook no pudo evitar morder su labio, el cual también estaba lastimado, sacándole un siseo, cosa que fue suficiente para que el doctor Kim le bajara la mascarilla, notando la sangre seca y la sonrisa culpable del menor.

— Jungkook, no entiendo, ¿por qué te gusta meterte en problemas? – Namjoon comenzó a limpiar metódicamente cada herida abierta que hacía lugar en el rostro de Jungkook, sacándole siseos constantes –. Piensa un poco en tu madre, a ella no le gustaría verte metido en estas circunstancias, eres un buen chico, ¿que ocurre? ¿De nuevo regresó?

El menor se tensó completamente evitando que el doctor Kim siguiera limpiando su herida, no quería verle a la cara cuando su secreto era sabido a voces entre el personal del hospital. ¿Quién no sabía la situación complicada de Jungkook? Después de tantos meses con las mismas heridas, era evidente que no se debía a torpeza o peleas callejeras.

— No es nada, de verdad se lo prometo.

— Si no haces algo al respecto, ¿cómo protegerás a tu hermana? Debes ser más cuidadoso, ¿de acuerdo? Sé que tu madre estará orgullosa de saber el hijo que tiene.

El tema de su madre era algo que no le gustaba hablar, en especial porque su rostro y cuerpo tenía esas marcas de dolor debido a su madre, ella era la razón para estar así, no se arrepentía de eso, al contrario, se enorgullecía de ser él quien portara todo aquello.

Namjoon lo observó una vez más luego de colocar un poco de cinta médica en el labio y la ceja del menor. Suspirando un tanto, cansado de seguir haciendo este procedimiento cada semana y últimamente ocurría demasiado seguido, ni siquiera le daba un descanso a su cuerpo para que sanara.

Sin embargo, a pesar de todo, Jungkook no perdía la sonrisa, una que le hacía creer a todos que verdaderamente estaba bien.

Una vez Namjoon se alejó de él para descartar las gasas y algodones manchados de sangre, Jungkook no perdió más tiempo en colocarse de nuevo la mascarilla, poniéndose de pie y dando una reverencia hacia el mayor.

— Gracias por preocuparse, prometo que no volveré a meterme en problemas.

— Aún no sé cómo puedes estar tan feliz o siquiera sonreír de esa manera después de pasar todo lo que estás viviendo.

— Bueno, hoy particularmente me siento el más afortunado de todos.

— Y eso a qué se debe.

— Porque un ángel me dejó acercarme a él y fue lo más maravilloso.

Sí, definitivamente ese era su día de suerte porque quién diría que el llegar de nuevo tarde debido a sus problemas le daría la oportunidad de encontrarse con el mismísimo Kim Taehyung, ¿podría ser más afortunado? En toda su desdicha ahora tenía un golpe de suerte, el único golpe por el cual estaba verdaderamente feliz.

Con esa idea y la imagen del castaño tan viva y fresca en su cabeza salió de la oficina del doctor Kim para por fin hacer su voluntariado con los pacientes que necesitaban ayuda en su recuperación.

Taehyung podía escuchar a su hermano ir y venir mientras hablaba por teléfono con su madre, dando explicaciones de que se quedaría en el apartamento del mayor y que estaba a salvo. No importaba que tuviera 23 años, el problema era que ahora se había convertido en un dependiente de su familia, un parásito absorbente.

Todos giraban alrededor de él desde que eso había ocurrido. ¿Por qué no lo podían dejar tranquilo? ¿Por que sus padres no podían ser como su hyung? Yoongi no lo hostigaba, siempre dejaba que eligiera lo que quisiera, tampoco lo presionaba para hacer algo, ¿era tan difícil entender eso para sus padres?

— Taehyung-ah, ¿tienes hambre? – cuestionó el mayor luego de terminar aquella llamada acercándose al menor, tomando asiento en la mesa de café frente al sofá donde se encontraba Taehyung –. Hey, todo estará bien, madre no vendrá por ti y padre... él no se atreverá a poner un pie cerca del apartamento, no lo olvides, soy como tu repelente de padres molestos.

Taehyung sonrió muy apenas porque esa frase escondía demasiado dolor envuelto en una capa de diversión, a él todavía le dolía, ¿cómo era posible que Yoongi lo viera con gracia?

— Okay.

— ¿Quieres decirle a hyung qué ocurrió?

— De nuevo insistieron con el trasplante de córnea.

—Tae, eso es muy bueno, quiere decir que tus ojos han sanado lo suficiente como para soportar la cirugía – Taehyung frunció su ceño y quitó los lentes de sol que no le pertenecían, haciéndolo de manera brusca, pero no dejando que el leve dolor lo hiciera perder su postura.

— ¿Esto te parece sano, hyung? – señaló casi con odio su rostro, indicando cierta parte de su mejilla, Yoongi suspiró cansado, mas tomó la mano del menor para que pudiera señalar correctamente el lugar al cual iba dirigida aquella seña – tengo cicatrices en la cara. Mis ojos... ni siquiera sé cómo se ven.

Yoongi no podía evitar sentirse impotente, el notar el rostro triste de su hermano le dolía si tanto solo él se hubiera encargado de ir por él esa noche Taehyung no habría tenido el accidente con su padre, quizá si su madre no hubiera insistido en hacer aquella llamada el hombre tras el volante no se habría distraído.

Tal vez si ese conductor de camión no se hubiera pasado la luz en rojo, su hermano no tendría una lesión en los ojos causada por los vidrios rotos del parabrisas. Taehyung le había pedido en incontables veces le dijera cómo se veía, el menor no comprendía los jadeos sorprendidos del resto de personas, ¿por que de pronto todos reaccionaban asustados cuando lo veían?

Las personas hieren cuando algo les parece fuera de lo normal, en especial cuando se trataba de estúpidos universitarios. Yoongi habría deseado callarle la boca a todos cuando mencionaban que los ojos de Taehyung se veían extraños.

Por supuesto que se veían poco comunes, la lesión había provocado que se formara un tejido transparente sobre la córnea, además las heridas en su rostro eran muy marcadas, no podían pasar desapercibido.

— Hyung, en serio, no quiero más cirugías.

— Tae, crees que si esto no fuera seguro, el doctor no lo sugeriría.

— Pero...

— No serás parte de ese porcentaje que rechazan el trasplante, tendrás una nueva oportunidad para hacer lo que amas.

El sonido de la clave de seguridad se escuchó, ninguno de los dos hermanos se inmutó ante la llegada de la persona que atravesaba la puerta, no tenían que temer, no cuando de quien se trataba era otra persona que los confortaba a ambos.

Yoongi sintió las pequeñas manos deslizándose en su cuello, pasando por su rostro hasta hacerlo encarar a su tierno novio, quien le sonrió ampliamente, para seguido dejar un beso en sus labios.

— Hola bebé – murmuró Jimin volviendo a besar los labios de su preocupado novio – ¿cómo estás?

— Hola Jimin... Oh que cómo estoy, pues en la mierda gracias por preguntar... que si hui de nuevo de mis padres... sí, lo hice – aquella conversación falsa era lo más tierno que podía escuchar Jimin, habladurías que silenció abrazando al menor de tal manera que parecía querer unirlo pieza a pieza.

— Hola para ti también osito gruñón.

— Hola – murmuró apenas Taehyung sintiendo un ardor molesto en sus ojos, ¿por qué el accidente no le había quitado la habilidad de llorar? Afortunadamente, eso se había salvado.

— ¿Tuviste un mal día? ¿Quieres que comamos juntos y vemos una película?

— No puedo verla – se quejó el menor abrazando a un más fuerte al cuerpo delgado de Jimin.

— Puedes escucharla, además así no verás cuando bese a tu hermano.

— Ugh, pero podré escucharlos... – se quejó el menor haciendo reír a su hermano y a Jimin quien comenzó a intentar besarlo a él como compensación de los besos que escucharía durante la película.

— Iré a preparar la cena – susurró Yoongi, dejando un beso en la sien de Jimin quien era víctima del agarre de Taehyung – te amo.

— Y yo a ti.

Yoongi avanzó hasta llegar a la cocina desde donde podía ver a los dos amores de su vida, el primero se trataba de su pequeño hermano menor. Nadie habría esperado que tuvieran tan buena relación.

El padre de Yoongi había desaparecido en el primer instante en el que supo de su existencia, dejando sola a su madre durante años, para luego aparecer y fingir ser una familia feliz. Duró muy poco, tanto como le tomó al hombre que le había dado su apellido el perderse en el alcohol hasta morir.

Luego, su madre encontró al padre de Taehyung, Kim Haesung, un hombre muy correcto, malhumorado, recto, muy estricto, pero amoroso con sus hijos. Yoongi se sentía feliz con el nacimiento de su pequeño hermano, y todo parecía perfecto hasta que de nuevo la ilusión se rompió en el momento que mencionó que tenía un gusto por los hombres.

Fue rechazado por su padrastro, lanzado a la calle por estar llevando malas enseñanzas al menor del hogar, quien en esos momentos apenas tenía 13 años, Yoongi había sido tachado de ser una mala influencia durante mucho tiempo hasta que su madre se divorció de Haesung; cansada de soportar el desprecio hacia su hijo y las peleas constantes que desgastaron el matrimonio.

Taehyung había sido siempre su apoyo incondicional, incluso lo apoyó cuando Jimin apareció en su vida, quien no dudó en amar cada rasgo roto de él, por eso era tan importante para él que ambos se llevaran así, como cómplices.

Después de una tarde complicada, una noche con buena comida , un poco de charla y dejar que Taehyung descansara en la habitación contigua a la principal, la pareja se acurrucó en la cama, demostrando lo mucho que se habían extrañado entre mimos, caricias, besos, una que otra risa por parte de Jimin al sentir cosquillas provenientes del tacto de su novio.

— Dime qué te dijo Tae – soltó sin más el mayor, aferrando su agarre en el trasero abultado de Jimin, quien trató de ignorar aquella manipulación – por favor bebé, dile a hyung qué pasó con TaeTae.

— Deja de actuar así – se quejó Jimin intentando quitarse de encima a su novio, quien había comenzado a besarlo en todo el rostro –. Ya ¡Hyung! Basta estás actuando como un niño.

— Vamos, hyung quiere saber... por favor...

— De acuerdo, pero debes prometer que no enloquecerás y que me escucharás – le acusó el menor mientras acunaba el rostro ajeno, dejando un beso en la punta de la nariz de Yoongi quien gustoso recibió la muestra de afecto – ¿quieres que te abrace mientras hablamos?

Yoongi no perdió más tiempo en buscar su pose favorita para tener ese tipo de conversaciones y esa era con él apoyando su cabeza en el pecho de Jimin, para ser más específico, recostándose de tal manera que podía escuchar el corazón de su novio latiendo tan lento a ritmo casi hipnótico, era algo curativo para su alma el tener ese latir tan calmo.

Aún recordaba la primera vez que discutieron porque Yoongi no estaba del todo convencido con su relación, Jimin lo había abrazado de tal manera que quedó a la altura de su pecho, dejándolo ahí hasta que se calmara, sintiendo los pequeños dedos enredándose en su cabello junto con esa respiración tranquila acompasada a su corazón.

Hogar.

Jimin era su hogar y justo ahí deseaba quedarse para siempre.

— ¿Estás cómodo? – cuestionó divertido Jimin al sentir como Yoongi se frotaba contra su pecho, murmurando una afirmación que le indicaba que comenzara a hablar – bien, ¿por dónde empiezo? Creo que lo más importante aquí es que tus padres discutieron de nuevo por el accidente mientras que estaban en la consulta.

— Tae detesta que hagan eso.

— Lo sé, tu padre casi quiso obligarlo a que se hiciera la cirugía – Yoongi bufó bajo mientras se abrazaba más al cuerpo de su novio, intentando calmar su malhumor – le dije a Tae que creo que es una buena idea el intentarlo, pero no quiere...

— Solo tiene miedo porque piensa que será de ese pequeño porcentaje que rechaza el trasplante.

— No lo creo, más bien parece que perdió la motivación para hacerlo. No quiere hacerlo, de verdad no lo desea, necesita ayuda.

— ¿Ayuda? – Yoongi se incorporó apenas, pero ni bien intentó levantarse del todo, Jimin lo regresó a su sitio en su pecho – Hey, no iba a decir nada malo. Solo quiero saber qué clase de ayuda.

— Necesita apoyo.

— Me tiene a mí y también a ti – se quejó el mayor, pero no pudo mencionar algo más porque Jimin no se lo permitió.

— Calla y escucha. Tae ha estado muy deprimido desde el accidente porque no ha podido ser él mismo, ya no puede jugar videojuegos, ver películas, hacer nuevos sistemas o tomar fotografías.

— Y qué sugieres.

— Un grupo de ayuda.

— ¿Qué?

— Sh... calla y escucha a hyung en estos momentos – Yoongi apenas sonrió cuando escuchó aquello, él era el mayor de la relación, pero en ocasiones como esa Jimin actuaba un poco más maduro, solo un poco – Tae dijo que se encontró con un voluntario en el hospital, ¿recuerdas el grupo de ayuda del que te hable hace unas semanas?

— Sí.

— Bien, pues creo que es tiempo, podemos convencerlo en que vaya una vez, con intentar no perderá nada, quizá eso sea de ayuda para que piense mejor el tema del trasplante.

¿Un grupo de ayuda? ¿Eso sería suficiente para que Taehyung cambiara de opinión respecto al trasplante? Su madre había pedido que no lo sacaran de la lista de espera, serían unas cuantas semanas hasta encontrar un nuevo donador, solo debían convencer a su hermano que podría tener una nueva oportunidad de vivir su vida.

Min Yoongi solo quería que su familia volviera a sonreír.

— Oh, lo olvidaba, Taehyung dijo que una persona lo ayudó hoy. Dijo que había sido muy bueno a pesar de que se comportó grosero.

— Ahora que lo mencionas, Tae estaba con una persona cuando llegué al hospital y él parecía muy a gusto con su compañía.

— Ves, creo que necesita ver otros rostros además de los nuestros.

— Jimin...

— ¿Qué? Sigue viéndonos, aunque ahora seamos unas simples manchas borrosas, nuestros rostros están grabados en su memoria, no puede olvidar mi bello rostro.

— Eres increíble, por eso te amo tanto.

— Y yo te amo mucho más a ti.

Su pecho ardía, sus piernas dolían y el hacer que el suficiente oxígeno llegara a sus pulmones le era dificultoso, pero no llegaría tarde, no a esto, definitivamente no se lo perdonaría. Trató de hacer que sus pasos fueran aún más rápidos, tratando de imaginar su mayor motivación.

Su hyung había tenido una emergencia, así que debía llegar antes de que fuera demasiado tarde. Había prometido llegar para la cena y lo cumpliría. Solo se había retrasado un poco porque en el hospital se complicaron las cosas con un paciente, era demasiado difícil en ocasiones superar el hecho de que alguien no resistiera...

Corrió tanto como su adolorido cuerpo se lo permitió, la calle que parecía jamás terminar por fin le mostraba la casa, la cual era su meta, las llaves en su bolsillo por fin tuvieron un mejor uso que solamente tintinear con sus pasos para por fin darle paso a la entrada de aquel lugar oscuro.

— Uno, dos, tres... el conejito salió de su madriguera – aquel pequeño juego siempre funcionaba al entrar a casa para hacer salir a la única persona que lo esperaría en su regreso – ¡Ryeon! – llamó de inmediato con su voz agitada, comenzando a sentirse preocupado cuando no escuchó respuesta alguna – ¿Ryeon? ¿Dónde estás?

— Koo... ¿Por qué gritas tanto? ¿Encontraste a mamá? – la silueta de su hermana menor frotando su ojo derecho fue lo que le trajo paz, corriendo de inmediato a su encuentro.

— Hola, Ryeonie ¿por qué no respondiste cuando llamé la primera vez?

— Estaba durmiendo en la madriguera, me dolía mi pancita, así que cerré los ojos hasta que ya no dolió. – murmuró la niña entre los brazos de su hermano mayor, frunciendo su ceño cuando notó el moretón en el rostro de este – ¿Koo de nuevo peleaste con el lobo? – Ryeon tocó apenas con la yema de su dedo, la herida en el labio de Jungkook quien no se quejó, sonriendo amplio, ocultando así el rastro del golpe en su labio —. A Rye no le gusta que ese lobo te lastime.

— Pero, Koo lo hace porque ama a Rye. Además, si no luchara con ese lobo no estaríamos juntos – murmuró el mayor abrazando el cuerpo de la pequeña, quien no se quejó, más bien también devolvió la muestra de afecto con la misma fuerza en su abrazo –. Ahora... Vamos a comer, pequeña conejita. Debes estar hambrienta.

— ¿Entonces si lo conseguiste? ¿Podemos comer fideos?

— Sí, y adivina qué, pude comprar huevos esta vez.

— ¡Sí!

Jungkook sonrió satisfecho a su hermana corriendo hacia la cocina, mientras sostenía la comida que debería ser suficiente para no hacerlos pasar hambre durante la noche.

Quitó la mochila de su hombro, quejándose apenas del dolor en este, masajeando un poco el área, para luego comenzar a sacar los platos de comida. Verdaderamente, era su día de suerte, en el hospital se habían apiadado una vez más de él dejándole algunas porciones de comida, algunos rollos de Kimbap que podría congelar y kimchi eso sería suficiente hasta que obtuvieran más comida.

— Hola mamá – susurró mientras resbalaba la yema de su dedo sobre el retrato de la mujer que le dio la vida – aún no he roto mi promesa.

— ¡Koo, tengo hambre! ¡El agua no calienta!

— ¡Ryeon! ¿Cuántas veces hemos hablado de esto? Aléjate de eso, te quemarás. 


Próxima actualización... 

Kim Taehyung

Jeon Jungkook

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