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32: La última fiesta


Corrí por el campo pero por más rápido que iba, Gato me alcanzaba en su forma demoniaca, volteé y extendí las manos para ver si lo repelía pero terminó tumbándome hacia atrás. Giré al darme cuenta del calor en mi cuerpo y le lancé lo que sea que fuera al Gato. Salió disparada una esfera blanca que lo impactó y lo hizo chillar.

Quedé con la boca abierta. Vino furioso y apenas pude cubrirme con los brazos cuando chocó conmigo, ambos salimos disparados en direcciones opuestas.

—¡Si no la controlas de nada sirve! —renegó Sirio.

—¡Es fácil decirlo! —reclamé poniéndome de pie y sobándome los raspones en los brazos—. Ni siquiera sabía que podía hacer eso.

—Sabía que tarde o temprano lograrías dispararla. No eres el único humano con la capacidad de despedir energía. No son muchos pero no eres el único, así que muévete y aprende a controlarla. Si pudiste con la otra, puedes con esta, es lo mismo.

—¿Dices que hay más?

—Pero como bien sabrás, debes ser recatado con esto, no hablar. Es imposible que no hayas escuchado de personas que puedan curar haciendo "imposición" de manos, o videos extraños en los que alguno se ilumina, incluso con Herminia vimos una vez una noticia en la que una cámara había captado a una persona siendo salvada de ser atropellada, por alguien que apareció como un rayo de luz y ponerlo a salvo en otro lado de la pista.

—Casi no todos pueden ver la energía —agregó lucero—, pero algunos animales, e incluso aparatos de grabación suyos, como cámaras y filmadoras, sí.

—Recuerdo eso... —Quedé impresionado. No era el único, pero no podíamos decir nada y no cualquiera podía verla—. Bueno...

Saqué mi móvil y puse la radio.

—¡Oye!

—¡Shh! Tengo que saber los resultados.

Se alejó tras soltar un bufido. Lucero vino con curiosidad.

—No te preocupes, has ingresado —dijo feliz.

Abrí mucho los ojos.

—Habla serio, oye, ¿seguro?

—No le creas —refutó Sirio—, quiere hacer que sigas entrenando.

Lucero se cruzó de brazos y lo miró ofendido. Tensé los labios y negué en silencio, ya se me había bajado la presión sanguínea.

—Si gustas los escuchamos por ti. Anda que Gato te está esperando.

—Así no estaré tranquilo. Además más tarde es mi fiesta de graduación, no puedo estar muy cansado.

—Pero planeas estar sentado, comer, y salir temprano.

—¡No se metan en mi cabeza, ya hemos hablado de eso!

—No se puede evitar...

—Pensaré cosas que a ustedes no les van a agradar mucho —amenacé.

—Si te refieres al apareamiento, no importa, ustedes lo piensan a toda hora. Es una cuestión biológica de sus cuerpos.

Gruñí. Los locutores mencionaron medicina y me petrifiqué, subí el volumen, los chicos se acercaron para escuchar también y así los tres quedamos viendo el aparato.

—Mierda, ahora ya no quiero escucharlo.

—¡Lo hiciste! ¡Lo hiciste! —gritó Lucero.

—Anda, tonto, si ni siquiera... —Escuché mi nombre—. ¡Lo hice! ¡Maldita sea, lo hice! —grité con el alma regresando a mi cuerpo.

—Ese lenguaje —refunfuñó Sirio.

—¡Gato, lo hice! —exclamé alzando los brazos.

Empecé a reír de su cara gris y seria de "me importa un carajo". Lucero me abrazó también feliz.

—¡Detecté tu nombre en sus pensamientos antes de que hablara! ¡Te lo dije!

—Sí, sí, te creo. Ahora suéltame, esto es muy gay.

—Oh. —Se apartó—. Malas costumbres de perros.

—Sí, casi te lame la cara —se burló Sirio con una leve sonrisa.

—Iugh.


***

Me asomé por la puerta y la señora Lucy me sonrió.

—Ahí estás —saludó feliz mientras entraba.

—Me han dicho que no ha querido tomar sus medicinas.

Me senté en la silla que siempre tenía al lado.

—Ay, ¿ya para qué? Solo alargan la agonía... mis hijos ni siquiera vienen tanto como tú.

Entristecí un poco pero negué y le sonreí de forma reconfortante.

—Han de estar ocupados. Han de tener responsabilidades que yo todavía no.

—No, los conozco. —Tosió y la ayudé a sentarse poniéndole un cojín tras su espalda—. Tú tienes tus cosas que hacer, me lo dijeron dos niños en un sueño, además tuve otros en los que te vi. En uno tienes enormes alas luminosas. En otro son negras como el carbón... Ten mucho cuidado —posó su mano en mi hombro—, pase lo que pase, no te alejes de la luz, joven ángel...

Tensé los labios y puse mi mano sobre la suya.

—No, descuide. Todo estará bien.

—Ahora estoy tranquila porque casi puedo verlas y siguen claras —entre cerró los ojos y señaló—, ahí están. Puedo verlas mejor que antes...

Sonreí.

—Bueno, quizá porque estoy feliz, y estoy tratando de ser mejor. Además ingresé a la universidad.

Eso la emocionó.

—¡Aaah, esoooo! ¡Muy bien, me alegra tanto! Podrás visitar tantos lugares. —Se acomodó para descansar quizá, quedó viendo al techo y suspiró—. Nunca salí de este país...

—Ya conocerá el mundo...

—Me encantaría, pero pronto llegará mi hora.

—No diga eso... La mantendré sana, y apenas pueda, la haré conocer algo aunque sea.

—No te preocupes. —Sonrió un poco—. Estoy feliz con lo que viví...

Saqué el móvil.

—Bueno, entonces al menos acepte ver videos de algunos lugares —dije mostrándole.

—Ay, a ver —lo tomó con rapidez olvidando su letargo—, ¡estas cosas son una maravilla!

Reí de forma leve.


***

Abrí la puerta de mi casa, ignorando una de las tantas llamadas a mi móvil, ya que no quería falsas felicitaciones ni escuchar a nadie, no aguantaba los discursos. Al entrar vi a mi madre en el sofá, quedó mirándome unos segundos.

—Mamá... —Vino corriendo y me abrazó llorando. Suspiré—. Mamá, no llores.

—He sido una mala madre...

—No, no. Tú no fuiste el problema, sino yo.

—Debí estar más tiempo contigo.

Melody se asomó.

—Mami está llorando.

—Sí, pero estará bien, trae agua —le ordené.

Nos sentamos, ya se estaba calmando.

—Estoy tan orgullosa sin embargo —sollozó—, no puedo creer que ingresaras.

—Eh... gracias. Creo...

Melody se acercó y le dio el vaso con agua.

—Es en serio —tomó un sorbo—. No es que te creyera inútil.

—No tienes que disculparte por nada. Ya pasó.

—Mi hijo ya es universitario...

—Bueno, dicen que ingresar es lo más fácil, terminar la carrera es lo complicado. Pero descuida, claro que podré.

Asintió limpiando sus lágrimas.

—¿Puedo organizar alguna...?

—Nooo, no, no, no reuniones con esa gente. —Pareció desilusionarse—. Pero si quieres puedes prepararme algo de comer.

Sonrió y asintió.

—Sobrino —entró mi tía Leticia, la bruja roba energía—, mis felicitaciones.

—Que la puerta esté abierta no significa que eres bienvenida —respondí distante—. ¿A qué vienes?

—Alexander, ay por Dios —se avergonzó mi madre.

Me puse de pie.

—Sé lo que haces —murmuré—, pero no creas que vas a poder seguir haciéndolo.

Pareció tensarse y ponerse algo nerviosa.

—¿Qué hablas, hijo?

—No le hagas caso, hermana —interpuso la vieja—, de todos modos solo vine a saludar. Además avisarte que habrá un paseo de la congregación el otro año, ya falta poco, deberían ir. Sobre todo tus hijos, al menos este que nunca quiere conectarse con Dios.

—Me disculparás pero no planeo seguirles como oveja, y los desconectados son ustedes. ¿Cómo puedes hablar de Dios si te gusta robar?

Mi mamá resopló, pero la tía sabía qué cosa robaba, y ahora sabía definitivamente que yo estaba al tanto.

—Este chico a veces me preocupa...

—Ya déjalo, así son los jóvenes. Bueno, ya me tengo que ir. Ya sabes, espero vayas.

Se fue cerrando la puerta.

—Ay, Alex, a veces no sé qué pasa por tu mente, ultimamente me entero de una cosa tras otra. Ahora resulta que Lety es cleptómana... —Se fue a la cocina mientras hablaba.


***

Más tarde esa noche ya me encontraba sentado en una de las mesas decoradas del salón del hotel en donde se estaba por dar la fiesta de promoción. Aunque no me gustara, estaba con traje elegante como todos.

—¿Cómo puede ser que no tengas pareja? —preguntaba una maestra.

Como en las mesas se estaban acomodando los familiares, mis compañeros iban a entrar siendo presentados, y con una pareja, claro. Yo no tenía porque no me había dado la gana conseguir a nadie porque todo era muy estúpido para mí, así que no me querían dejar ser presentado solo.

—Quizá alguna de tus compañeras puede entrar contigo —sugirió mi madre—. ¿Qué tal Diane? Siempre fueron amigos.

—No...

—Sí, sí puedo. —Volteé, ahí estaba mirándome con cierto temor y a la vez tristeza.

—No es necesario, no necesito ser presentado.

—Pero no saldrás en el video de la fiesta —se quejó mamá.

Quería poner los ojos en blanco.

—Es solo un momento, Alex —se acercó Diane—. Luego te dejaré. Además he venido con un primo así que debo estar con él...

—Uch... bien, como sea.

Me puse de pie de mala gana.


El primo tonto de Diane se había tenido que quedar en la mesa. Ya estaban nombrando a los alumnos y estaban saliendo con sus parejas, no solo eso, uno de ellos había ingresado a la universidad también y lo habían mencionado mientras salía, lo que significaba que...

—Ahora Alexander Acosta, acompañado por su compañera Diane Peralta.

Rayos. Ella me tomó del brazo y salimos. Esto era estúpido. Mientras andábamos para quedar con las otras parejas que se estaban formando en columnas frente a frente, escuché que también mencionaban que yo había ingresado, ganándome más aplausos. Tuve que fingir una sonrisa de agradecimiento.

—Felicidades —murmuró Diane.

—Meh, no es la gran cosa.

Nos pusimos frente a frente también y así estuvimos como idiotas mientras terminaban de llamar a todos.

—Me he sentido algo diferente desde que Darky... se fue.

—Me imagino que sí.

—No sé qué tenía, no era yo. Estoy tan arrepentida por...

—De nada te sirve empezar con eso ahora.

—Nunca vas a perdonarme, ¿verdad?

—En serio lo dudo.

Bajó la vista. Debía admitir que tenía un vestido negro con algunos detalles rojos que la favorecían bastante. Era probable que su alma ya fuera del todo negra, aunque no podía saberlo a ciencia cierta, si era así no iba a tener salvación, y eso me causó algo de lástima, muy poco, pero lo sentí.

Empezó el ridículo vals y tuve que tomarla para bailar. Recostó su cabeza contra mi pecho luego de un rato.

Quizá todo ese tiempo había estado influenciada al cien por ciento por ese demonio. Sabía que la situación con su mamá era terrible, era como mi padre casi, solo que yo tenía a mi mamá ahí todavía que me apoyaba de algún modo, ella no.

No era muy justo tampoco. Y me daba cuenta de que no quería que los demonios la destruyeran cuando muriera. Esperaba que quizá quedara algo de blancura en su espíritu, y quizá aun la quería como amiga.

—Oye... —Me miró—. No hay perdones todavía pero... Si tu mamá llega a molestarte mucho, puedes buscarme como antes. —Se sorprendió, sus ojos se inundaron de lágrimas y sonrió—. No, no, no vayas a llorar porque se te va a correr el maquillaje y vas a parecer un oso panda.

Rió y se limpió las lágrimas como pudo. Me abrazó fuerte, Joel y Marcos me vieron e hicieron señales de aprovación. Me encogí de hombros al tiempo que la rodeaba también y acariciaba su cabello.

—Me vas a manchar la camisa...

—Sí. —Se apartó—. Disculpa. —Trató de limpiar una mancha de su lápiz labial—. Ay, rayos.

—Pero mira lo que haces —me quejé.

—Es tu culpa por hacerme emocionar, tonto.

—Bueno, al menos ahora parezco el stripper que siempre quise ser, ¿no?

—¡Ja! Ay sí, ay sí —se burló.

Invitaron a los padres de familia para que terminaran el vals con sus hijos. Vino mi mamá así que Diane se despidió con una sonrisa y tuvo que ir por su primo.

—Estoy tan feliz, mi pequeño ya es un hombre.

—Má', no soy pequeño.

—Para mí siempre vas a ser mi bebé —la voz se le quebró.

—Ay, mamááá.

La música acabó luego de un rato y hubo un brindis, y más discursos insoportables. Al menos lo más importante estaba por llegar: comer. Me entretuve mirando hacia el enorme jardín que se veía más allá de la piscina. Era un hotel grande, el ambiente en dónde estábamos daba a la piscina. En esta flotaban un arreglo floral y letras que decían la promoción y el año.

Mi vista fue atraída por un movimiento entre las plantas de atrás. Entrecerré los ojos al ver una figura ocultarse. Me mantuve mirando fijamente, traté de no retirar la vista pero tuve que hacerlo cuando pasaron el fotografo y el camarografo, aun así estaba atendo a cualquier señal.

Luego de que sirvieran la comida terminé quitándole importancia. Quizá había sido algún jardinero o alguno de los que estaban hospedados en el hotel... aunque fuese ya bastante tarde.


Algunas compañeras quisieron sacarme a bailar así que luego de rechazar a un par salí con una de mis ex novias. Claro que no quedaban resentimientos, total nunca había sido gran cosa nungún noviazgo escolar. Todo había sido bastante superfluo, y más conmigo que siempre había detestado los besos y cualquier sentimiento estúpido y cursi. Solo estuve con ella para ver si aceptaba dejar que le tocara los grandes pechos que tenía... que por cierto, sí.

Joel se puso a mi lado con su pareja, le puso el dedo índice en la cabeza a mi ex y ella se dio una vuelta. Rieron un poco. Me di cuenta de que ellos andaban en algo al recordar haberlos visto por el colegio juntos, solo que no le había dado ni la más mínima importancia.

—Oye —dijo Miguel que se había puesto a mi otro costado—, no nos dijiste que postularías.

—Soy de la creencia de no decirle a nadie mis planes.

—¡Pues ahora celebra, vamos a tomar hasta que amanezca!

—Naah, ya lo estoy dejando.

—¡¿Quééé?! ¡Anda mierda, esa no te la cree ni tu madre!

Reí.

—Lo siento por ti pero es cierto.

Por supuesto planeaba regresar temprano a casa. Reaccioné al percatarme de que me habían cambiado de pareja. Mi ex estaba con Joel y él me había dejado a su hermana, otra que estaba algo hormoneada por mí. Sonrió, y aunque antes hubiera aprovechado, simplemente hoy era diferente.

—Voy avisando que hoy me voy temprano —les dije a ambos.

Se quejaron.

—No sé quién seas pero ya regresanos a nuestro amigo —reclamó Miguel.

Negué riendo en silencio. La hermana de Joel reclamó mi atención intentando rodear mi cuello para bailar así.

—No, nena —retiré sus brazos—, sin tocar. ¿Ves esto? —Mostré la mancha de lápiz labial—. Ya estoy marcado. —Guiñé un ojo.

Me alejé finalmente, dejándolos algo decepcionados.

Fui hacia la piscina, pensando quién de esos locos iba a terminar cayéndose ahí en la madrugada después de tomar demás. Pero estando ahí pude sentir que definitamente alguien me observaba.

Miré fijo hacia el jardín y pude volver a ver algo ocultarse. Fruncí el ceño. Fuera lo que fuera, iba a poder con eso. Si era un demonio iba a poder atacarlo y repelerlo. Sin darme cuenta ya estaba llendo a su encuentro.

¿Y si era el tal "Cazador"?

Un escalofrío me recorrió al pensar en eso, sin embargo seguía andando entre la oscuridad como si un imán me estuviera atrayendo. Apenas había luz del lejano local de la fiesta y las estrellas.

Cuando me encontré con una persona frente a mí. Mi respiración se detuvo unos instantes, quedé más que sorprendido, intrigado, y conmovido. Al verme sonrió de forma leve, un poco feliz, un poco triste. No podía ser.

—Herminia...




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