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6. Control


Pensé en seguir a Bruce al laboratorio, porque disfrutaba de su compañía y en estos momentos no quería estar sola, pero la preocupación por el estado de mi hermana me convenció de quedarme.

Necesitaba estar aquí, en caso de que llegaran más noticias. Además, si no quería recibir ninguna sorpresa desagradable, sería mejor que mantuviera un ojo en las pantallas, Fury, Coulson y Hill.

Los escuché y observé por lo que fueron unas largas horas. Los agentes rara vez se levantaron de sus lugares. Se turnaban para ir a comer y dejaban sus pantallas a cargo de alguien mientras iban al baño. Nadie descansó.

Después de estar vigilando a todos, decidí relajarme y estirar un poco las piernas. Me levanté de la mesa tringular de cristal oscuro que había en la planta alta de la sala de controles. Todo el rato estuve ahí sentada, con los pies desansando en una de las sillas giratorias, pendiente de cualquier cambio de emoción en Fury o Coulson, quien noté que se ponía contento cada vez que se acercaba a Steve Rogers.

Crucé la sala con la cabeza en alto y las manos metidas en los bolsillos traseros del pantalón. Ignoré las miradas fijas que todos me dedicaron, reconociendo la curiosidad y el nerviosismo en sus gestos.

Nadie aquí desconocía mi historia y mis habilidades, al igual que mi talento para perder la noción del espacio-tiempo cuando mis instintos dominaban mi mente. Probablemente estaban pensando en lo distinta que era a Callisto...

Ella parecía mucho más letal y amenazante que yo. Su actitud y personalidad dura dejaba muy claro que no era buena idea retarla. Después de todo, era una agente de nivel siete, con las mismas capacidades que la Viuda Negra.

Mi imagen, en cambio, encajaba perfectamente con la de una maestra de secundaria. Sin embargo, las cosas no eran así en realidad. Callisto podría detener a cinco soldados en cinco minutos. Yo podría aniquilar a diez en uno.

No detuve mi andar hasta que llegué al gran ventanal que daba vista al oscuro cielo estrellado. Hace rato que había anochecido, pero mi temor por el estado de Callisto no me había dejado sentir ni una gota de sueño.

Estaba en constante alerta. Mi mente no me dejaría descansar hasta que viera a mi hermana libre de la manipulación de Loki. Me pregunté si estaría bien o si Loki ya habría terminado de encontrarla útil. Tenía la esperanza de que siguiera con vida.

Escuché pisadas acercándose y pronto reconocí el aroma. Me permití bajar la guardia, sobretodo cuando su voz grave y dulce mostró un sincero tono de cuidado.

—Nadie te culparía si quisieras descansar un poco —mencionó.

Lo miré cuando llegó a mi lado, quedando hombro con hombro. O, más bien, hombro con brazo. Mi altura de 1.67 contra su 1.83 apenas dejaba que mi barbilla alcanzara su hombro.

Sonreí de lado, con un toque casi irónico.

—No es como si mi mente fuera a dejarme —confesé, encogiéndome de hombros—. Tranquilo. Estaré bien para la pelea.

—Eso no me preocupa —contestó, encogiéndose de hombros sutilmente—. Coulson me enseñó tu archivo junto con el del doctor Banner.

—Ah —comprendí, borrando mi sonrisa. Bajé la mirada a mis tenis, que estaban impecablemente blancos, como me gustaban—. Viste el video de seguridad.

Steve no respondió, y eso fue suficiente para confirmar mis palabras. Sin embargo, no estaba incómodo o temeroso. Después de haber visto mi peor lado, y cuando sólo era una niña, me pregunté por qué aún querría hablarme.

Volví la mirada al cielo frente a nosotros, y vi el reflejo de su rostro en la ventana. Era tan guapo que me ponía nerviosa.

—A eso te referías con perder el control —comprendió, guardando sus manos en los bolsillos delanteros de su pantalón.

Asentí lentamente.

—Sólo he perdido el control una vez desde ese día. Tampoco terminó bien —exhalé, un poco avergonzada.

—¿Cómo aprendiste? A controlarte, quiero decir.

—La verdad es que nunca aprendí como tal. Lo que hago para evitar descontrolarme es usar mi miedo a lastimar a un inocente para contener mis instintos. Generalmente, mi miedo es más grande que mi furia.

Pude ver por el reflejo cómo volteó y bajó un poco la mirada para verme. Tardé un segundo en mirarlo también, y cuando lo hice, sentí como si hubiera perdido el aire. Sus electrizantes ojos azules, con delineados grisáceos y toques verdes, eran hipnotizantes.

—Y siempre tengo miedo —terminé de explicar.

Pensé que vería compación o lástima en sus ojos, pero no fue así. Vi... orgullo, casi admiración, y respeto.

—Creo que tu voluntad es más fuerte de lo que piensas.

Sentí mis mejillas calentarse por la pena. Quise voltearme para que no se diera cuenta, pero un pitido agudo nos hizo olvidarnos de lo que estábamos hablando y girar hacia el lugar del que provino la alarma.

—¡Hallamos algo! —avisó uno de los agentes, que usaba un traje negro como Coulson, en lugar un uniforme.

Steve y yo nos acercamos cuando el agente, que leí en su tarjeta de identificación que se llamaba Jasper Sitwell, empezó a informarle a Coulson de lo averiguado.

—Hay 67% de compatibilidad. Esperen. Ya subió a 79%.

Coulson se acercó a la computadora, que mostró un mapa y ubicó un lugar en específico.

—¿Ubicación? —preguntó Coulson.

—Stuttgart, Alemania. Veintiocho de Königstrasse.

La pantalla suplantó el mapa con la fotografía de Loki, enseñando su cara perfectamente a las cámaras de seguridad. Estaba entrando a lo que parecía ser un museo.

—¿Por qué no se está escondiendo? —pensé en voz alta. Steve me miró con curiosidad— Esto ni siquiera es una cacería para él, es un juego. Sabe que iremos por él. De hecho, creo que espera que vayamos por él.

Steve comprendió de lo que hablaba y frunció el ceño, haciéndose la misma pregunta que yo. ¿Qué planeaba Loki al exhibirse y retarnos en público?

—Capitán, señorita Kershaw —llamó Fury, haciéndonos voltear a verlo—, les toca.

Bruce estaba tratando de localizar el Teseracto, pero ahora era nuestro turno de hacer lo que vinimos a hacer: capturar a Loki y salvar a los agentes manipulados.

Steve asintió de forma rápida y apenas perceptible antes de mirarme con las cejas alzadas.

—¿Tienes un traje?

Justo cuando estuve por responder que no, Coulson se aproximó con una sonrisa cerrada de suficiencia.

—Lo tiene. Por favor, síganme.

Lo seguimos por un largo pasillo, alejándonos de la sala de controles. Se detuvo frente a una compuerta, que abrió con la huella de su pulgar derecho, y entró a la oscura habitación que se iluminó con el movimiento.

Steve, con su esperada caballerosidad, me dejó pasar primero. Le hubiera sonreído sino fuera por que estaba demasiado confundida ante la cantidad de armamento que había amontonado alrededor del cuarto.

Justo en el centro, en la pared principal, se abrieron dos pares de puertas. Una de las vitrinas dejó ver el traje del Capitán América, llamativo y clásico, como lo mostraban las viejas fotografías de la Segunda Guerra Mundial.

La otra vitrina tenía un traje mucho más simple y sutil: era un conjunto negro, de tela flexible y aparentemente muy cómoda, que dejaba a la vista parte del abdomen. Reconocí el traje como el que me hicieron en Alquemax cuando era una niña, y que llegué a usar sólo una vez para una demostración de mis talentos a los inversores de la compañía, con el fin de probar que estaban teniendo éxito con sus experimentos en niños.

Los científicos me obligaron a pelear contra seis soldados y, al asesinarlos, los inversores quisieron comprarme como guardaespaldas; pero Alquemax no me puso a la venta con ellos, porque era sus mejor creación y planeaban venderme al gobierno que más dinero ofreciera. Por suerte, fui liberada por SHIELD al día siguiente.

Lo único que me gustó, fue que las botas no tenían tacón, como las de Romanoff o Callisto. Además, la chaqueta de Bunny encajaba curiosamente bien con el conjunto.

Atrapé a Steve mirándome con ojos curiosos, como si tratara de adivinar mis pensamientos. Debió haberse dado cuenta de que, por alguna razón, el traje no me complació mucho. Evitando tocar el tema, decidí preguntar:

—¿Cuál es el plan?

Vi la sorpresa plantada en su rostro. No esperaba que fuera a seguir sus órdenes. Pero yo no era estúpida. Nunca me había enfrentado a un dios. No sabía qué tan poderoso era Loki. Y yo no era ninguna estratega. A diferencia de Steve, yo no tenía entrenamiento militar, sólo de combate cuerpo a cuerpo.

—Formaremos uno en el camino.

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