Capítulo Siete.
ORIANA SALAZAR Y DUNCAN LEE
¿ESTA ES LA PARTE EN LA QUE PEDIMOS UN ABOGADO?
— ¿Misión cumplida? —Dixie nos miró a Duncan y a mí con confusión acompañada de cierto reproche.
— ¿Cómo llegaron acá? —inquirió Tom, ladeando la cabeza con mirada entornada como si quisiera leernos los pensamientos.
— ¿Se puede saber dónde estuviste toda la noche? —la voz de Andrew resonó entre todas las voces, en su papel de hermano sobre protector.
Lo miré con saña antes de percatarme de lo cercanos que se encontraban él y Milena. Intenté no sonreír pero la burbujeante alegría dentro de mí no se pudo contener. Milena se volvió torpe y sus ojos parecían los de un ciervo perdido. Meneé la cabeza y me hice paso entre mis amigos para sentarse en un banco al fondo de la habitación. Palmeé el lugar junto a mí a la espera de que Duncan se sentara a mi lado.
— ¿Qué es lo que quieren saber primero? —pregunté.
— ¿Qué hacen acá? —preguntó Nerea. Busqué la mirada de Duncan, y él me sonrió.
— Solo vinimos a buscarlos, creíamos que se habrían metido en problemas porque no los encontramos —suspiré derrotada y me quedé en silencio, pero dado las miradas inquisitivas y venenosas que me dedicaron, sabía que muchas opciones no tenía más que confesar.
Vamos a remontarnos a dos semanas atrás. Era un sábado al atardecer y algunos de nosotros nos encontrábamos reunidos en mi casa. Yo me encontraba sentada en el sillón mirando una película mientras resumía, pero estaba muy atenta a mí alrededor.
Milena y Andrew no dejaban de coquetear y contar chistes patéticos, como siempre, mientras Nerea se reía de cuan malo era Tom para hablar con las chicas. Dixie no se encontraba porque estaba ayudando a su mamá en la tienda y estaría ocupada hasta tarde, o eso es lo que dijo; todos sabíamos que en cuanto pudiese huiría a casa de su novio. Y Duncan ocupaba el sillón al lado mío.
En un momento, dejé de lado mis estudios y la película. Observé el alrededor y tuve uno de esos momentos en los que detienes tu mundo para prestarle más atención y analizarla.
— ¿No te sucede que te das cuenta que somos realmente aburridos y predecibles? —le pregunté a Duncan. Él me miró de soslayo y sonrió de lado.
— Todo el tiempo —canturreó—. Ya varias veces he intentando que hagamos algo diferente pero se aferran a lo conocido —agregó mirando a los demás como si se tratasen de algún experimento.
Torcí el gesto con disgusto y en medio de un suspiro volví a mis resúmenes. Pero aún cuando pareció que eso era una conversación más, sin significado alguno, ahí había nacido una pequeña idea que pronto se convertiría en un plan maquiavélico... o eso me gusta pensar a mí.
Me encargué de convencer a Duncan para que se uniera a mí, lo que me costó bastante... Bueno, eso es una completa mentira. Él accedió al segundo que le propuse que hiciéramos algo diferente, y el tiempo que teníamos entre clases lo usamos para pensar que podíamos hacer.
Tuvimos que agradecer que el destino nos pusiera en el camino a personas que nos ayudaron, y eso comenzó el día que me encontré con mi antiguo compañero en el supermercado. Él me había reconocido y aunque intenté sacármelo de encima, porque realmente nunca me agradó, reconocí a Elijah, y todo mi aburrimiento se fue. Si algo aprendí al ver tantas películas es que no hay cosa que ponga más en evidencia los sentimientos de un hombre que sentir que aquella persona que le gusta pueda irse con alguien más, y todos sabemos que el tonto de mi hermano siempre quiere verse como alfa, pero apenas llega a omega. Y que Milena estuvo mucho tiempo sin poder dejar de hablar de Elijah, acosándolo por todos lados.
— ¡Ey! —gritaron Andy y Milena, interrumpiendo mi relato.
— ¡Que no lo acosé! —insistió Milena, y recibió la misma mirada venenosa que me estaba dedicando a mí. Ella miró a los demás con reproche y maldijo por lo bajo.
— No soy omega, soy genial y tú no sabes nada —se quejó mi hermano, viéndose más patético de lo habitual. Suspiré, y seguí hablando.
Como iba diciendo antes de que estos dos individuos me interrumpieran... la invitación a la fiesta nos sirvió para planificar una gran salida fuera de lo habitual, y afianzar el plan sobre la relación de Andy y Milena, porque realmente todo estábamos cansados de verlos actuar como chiquilines, haciendo de cuenta que no se gustan pero haciendo lo imposible para llamar la atención del otro. Así que era mi turno, volverme la mala de la película para Andrew y lograr que actúe un poco.
Toda esa semana me había encargado de poner de mal humor a mi hermano, merodeando alrededor de él y Milena, y recordándole sobre la fiesta en la que estaría Elijah. Me encantó verlo sombrío y cabreado, porque la mayor parte del tiempo es como un oso imposible de dañar algo, pese a que él diga lo contrario. Y entonces llegó el sábado, y estábamos reunidos en casa de Duncan. Ese era nuestro territorio y debíamos saber movernos allí.
Mi principal proyecto era mi hermano y mi mejor amiga, y haría cualquier cosa por salir vencedora en aquel juego. Por lo tanto, me dediqué a presionar sobre la herida en el orgullo de mi hermano y a afianzar la confianza de mi amiga. Me aseguré de que se viera realmente bien para que pudiese darse cuenta lo maravillosa que era porque no necesitaba todo eso para ser genial, y en un momento de debilidad, intenté hacer entrar en razón a mi hermano.
— ¿Qué demonios es lo que sucede contigo Andrew? —le pregunté con exasperación, al meterme en el baño mientras se daba una ducha.
— Nada, solo se me metió un poco de shampoo en los ojos —me respondió el tonto, como si no se diera cuenta de nada— Intenta ser más específica —agregó. No, él realmente no se daba cuenta de nada.
— Con Milena —le dije pronunciando su nombre para que no nos escuchara—. Has estado toda la semana de mal humor, cada vez que nombro a Elijah tu pareces celoso, sin embargo no haces nada porque estas esperando vaya uno a saber qué—agregué. Esperé alguna especie de respuesta pero sus neuronas estaban ahogándose, probablemente— Dios, ¿por qué me diste un hermano tan descerebrado? —Pregunté mirando al techo—. Lo voy a decir una maldita vez: ten coraje, sé hombre, reconoce lo que demonios te pasa y haz algo, estoy cansada de verte ser una piltrafa cada vez que ella intenta ser feliz con alguien. Es mi mejor amiga y merece estar con alguien que la entienda y quiera por lo que es, pero si no actúas ahora, luego no esperes tener otra oportunidad —sentencié y me fui porque si pasaba un segundo más, quizás lo golpearía.
Luego de eso y de convencer al resto de no intervenir, ahora solo quedaba que ellos actuaran pero eso no significaba que no pudiese dar un pequeño empujoncito. Y así fue que ni bien llegamos a la fiesta me dediqué a buscar a Elijah. ¿Qué si me daba cuenta que estaba un tanto pesada con el tema? Por supuesto que sí, pero todo valdría la pena al final. O eso quería creer.
— ¿Y qué hiciste después de que hui de ti? —me preguntó Milena.
— Estuve todo el tiempo allí, espiándolos hasta que vi Andrew te sacó de la fiesta y tras el beso saliste corriendo —respondí—. Intenté ir a buscarte para que no te perdieras y poder ayudarte pero nunca logré encontrarte —agregué, sintiéndome tan culpable como el momento en que ocurrió eso.
Estaba muy preocupada por ella y solo me tranquilicé cuando Duncan me aseguró que todo estaba bien.
— Lo próximo que hice fue buscar a alguien, y me encontré a Duncan que estaba disfrazado y bailando —dije mirándolo y él sonrió ante el recuerdo.
Nadie dijo nada, y suspiré rendida. Estaba cansada de querer hacer feliz a los demás, y al verlos allí, sabía que habíamos ido demasiado lejos, pero solo deseábamos un poco diversión.
— Solo se nos fue un poco la mano con la fiesta —admitió Duncan, diciendo en palabras mis pensamientos.
Él posó su mano sobre la mía y la apretó con fuerza para darme un poco de apoyo logístico. Temía que mis amigos nos odiaran, y que mi hermano y Milena se enojaran seriamente conmigo.
No había medido las consecuencias hasta aquel instante, en donde el policía nos miraba con detenimiento. Probablemente creía que éramos un grupo de inadaptados sin vida ni esperanzas de mejorar.
Podíamos ser un tanto inadaptados, pero teníamos un gran futuro por delante.
— ¿Y qué hay de ti? —inquirió Tom mirando a Duncan. Con su mano libre, peinó su pelo y me miró de soslayo, listo para contar su versión de los hechos.
Si es que hacer que mis amigos sean felices y darles un poco de emoción a sus vidas es un delito, bueno, aprénseme por eso.
Bueno, es una forma de decir, no es que quiera terminar en prisión.
Cuando Oriana me comentó la posibilidad de hacer algo realmente loco, no pude evitar unirme a ella. Nos estábamos volviendo monótonos y aburridos, y tras observar a nuestros amigos llegue a la conclusión de que debía hacer algo por ellos. Sino, ¿para qué están los amigos?
Me pasaba viendo como Tom dudaba sobre cómo actuar con las mujeres. A Nerea estar triste por su separación porque aunque lo negara o no quisiera reconocerlo, se notaba que extrañaba a su ex novia. Y a Dixie complicarse con su agenda de cosas por hacer y eso solo la estresaba más. Y ni hablar de Milena y Andrew, pero ese era un tema de Oriana. Así que mi proyecto principal eran Tom, Nerea y Dixie.
El trabajo de Oriana y mío fue minucioso. Nos encargamos de convencer y reunir a todos. Aquello hacía un montón que no sucedía, porque siempre faltaba alguien. No podía estar más emocionado esa noche, así que me aseguré de que todos estuvieran felices y yo disfrute cada momento.
Disfruté cada momento como si fuese único y nunca había estado tan sobrio, porque aunque parecía que bebía mucho, la mayoría de los tragos se los daba a los demás o fingía que bebía. Aquello no quería olvidarlo ni tampoco recordarlo borrosamente. Me reí durante el baile en mi casa con Mile y Andy, en cada instante en que Tom contaba chistes durante la noche o cuando Nerea hacía alguna apuesta, o en los momentos en que Dixie estaba totalmente sentimental.
— Creo que va a resultar muy bien —me dijo Oriana en un momento de la noche. Ella había salido del baño donde Andy tomaba un baño y se refugió en la habitación en la que me encontraba.
— Creo que sí. Ni bien lleguemos, encárgate de que ella encuentre a Elijah y yo intentaré enseñarle algunos trucos a Tom —le dije con un guiño y ella sonrió. Chocamos las manos como dos mentes malvadas y decidimos seguir fingiendo nuestra inocencia.
Al momento de llegar a la fiesta todo era una locura.
Nerea y yo bailábamos vergonzosamente porque no hay nada más lindo en la vida que ser ridículo y estar orgulloso de eso. Luego comenzamos a divertirnos con Tom quien estaba lo suficientemente animado y suelto que no necesitó de mi ayuda. Él y Dixie comenzaron a hacer apuestas y divertirse, aunque tuvo momentos de terror con las mujeres. Y Dixie estuvo toda la noche bailando, riéndose y diciéndole a todo el mundo que lo quería. No recordaba la última vez que la había visto tan risueña y relajada. Y al ver a mis amigos así, sentía que mi misión estaba cumplida.
— Y simplemente todos terminamos así, haciendo algo que nos trajo aquí —comenté con despreocupación. Oriana, a mi lado, asintió de acuerdo pero algo en las expresiones de mis amigos me decía que algo no les terminaba de cerrar.
Milena fue la primera en levantar la mano.
— Entonces planearon todo esto pero un poco se les fue de las manos, ¿no? —inquirió, y yo asentí—. ¿Planeaste lo de la comisaría? —volvió a preguntar y yo dudé.
— Algo así —respondí crípticamente, y sus rostros se volvieron más sombríos.
— ¿Algo así? —preguntó Nerea.
— No planeé que llamaran a la policía pero me las arreglé para que si alguien era detenido viniese a éste sitio —respondí y esperé alguna respuesta pero sus cerebros un tanto enlentecidos no reaccionaban—. Mi padre trabaja aquí, él puede sacarnos pagando una fianza o bien dejándonos el resto de la noche aquí. Recemos para que ocurra lo primero —comenté después.
Vi al policía menear la cabeza y sonreír con entendimiento. Él sabía quién era mi papá porque se conocían bien, por lo que tenía entendido y fue él quien me avisó que aquí estaban mis amigos.
— Hay algo que sigue sin cerrarme —susurró Dixie, cruzada de brazos y aquella mirada retrospectiva que me daba un poco de miedo—. Hay momentos en sus historias que tienen huecos —agregó.
Oriana y yo nos miramos. Ella negaba con aspecto de aburrimiento, y yo me mostré lo más desorientado posible.
— No hay mucho más para decir. Estuvimos con ustedes todo el tiempo —aclaré.
— Es cierto, yo estuve todo el tiempo tras los pasos de Mile y Andy —agregó Oriana a mi defensa.
— Dixie tiene razón —asintió Tom—. Hubo momentos en que desaparecías —dijo y lo miré con saña.
— Tú no puedes decir nada de momentos porque diste un par de vueltas creyendo que fueron horas y pensaste que hablaste con muchas chicas siendo que fue siempre la misma —comenté y él me miró venenosamente, viéndose como un niño encaprichado.
— Aun así ella tiene razón. Yo no estaba tan perdida como ellos dos y recuerdo bien que hubo instante en que no te encontrabas junto a nosotros, y de pronto aparecías, como si nunca te hubieses ido —reconoció Nerea.
Froté mis ojos con cansancio. Todo se estaba saliendo de control.
— ¿Y dónde iba a estar sino? —preguntó Milena desorientada hasta que su rostro quedó en blanco, y sus ojos comenzaron a abrirse con algo similar al asombro— No... —susurró para sí misma, mirándome con el juicio en sus ojos negros.
— ¿Qué? —preguntó Andrew confundido mirando a todos lados. Estaba tan perdido que si no estuviese sufriendo en ese instante, me habría reído mucho.
Los ojos negros de Milena no se quitaban de Oriana y de mí, y levantó su dedo acusador con reproche.
— No lo puedo creer —insistió. Todos se giraban hacia ella y Dixie abrió su boca con sorpresa mientras que Nerea comenzó a reír a carcajadas.
— No estoy entendiendo, ¿Qué ocurre? —preguntó Andy, rascándose la cabeza y buscando con desesperación una respuesta.
— Yo también quiero saber, no me quejen afuera —exclamó Tom infantilmente, hasta que nos miró a Oriana y a mí, congelándose instantáneamente—. ¿Qué? ¿En serio? —preguntó entre risas.
Mierda.
No queríamos que se enteraran de este modo.
— Por favor, ¿Pueden tranquilizarse? Están haciendo mucho drama por esto —se quejó Oriana.
— ¿Tú no quieres drama? —preguntó Milena irónicamente.
— Trágame tierra —oí que dijo. Sonreí, intentando ser valiente y posé mi mano sobre su espalda.
— Solo estábamos esperando un poco —murmuré con timidez.
Milena, Dixie, Nerea y Tom hicieron una especie de coro entre sonidos de ternura y otros de hinchada. Mientras tanto, me temía que Andrew seguía tan perdido como minutos antes. En serio, ¿Milena y el alcohol le nublaron el pensamiento?
— ¡ALGUIEN QUE ME EXPLIQUE! —gritó Andrew impaciente. Raff, el policía, se aclaró la garganta y vi la palidez ensombrecer el rostro de Andy que estaba a punto de desmayarse por la baja de presión.
— Si no entendí mal... tu hermana sale con tu amigo —comentó el policía.
Andrew parpadeó. Una, dos, tres y un par de veces más. Podía oír el sonido de su cerebro haciendo contacto y procesando la información. Todos los ojos estaban puestos en él, y vimos el instante en que asumió lo que escuchó.
— ¿Qué mierda? ¿Tú y mi hermana? —preguntó entre gritos, corriendo hacia mí para golpearme.
Muchas veces había pensado en ese momento, y siempre era lo mismo. Él viniendo a mí a golpearme. ¿Merecía que me golpeara por meterme con su hermana? No. ¿Merecía que me golpeara porque le mentí? Tal vez sí.
No cerré los ojos. Solo respiré hondo y esperé la coalición... que nunca llegó.
— Andrew Salazar, llegas a golpear a mi novio y te juro que te golpeo aún más fuerte —amenazó Oriana, poniéndose de pie e interponiéndose entre ambos.
Quedé tan sorprendido como el resto al oír llamarme novio, y se sintió bien. Placenteramente bien. Ella era la chica más maravillosa que había conocido. Era mi amiga y era la chica que me había demostrado que no necesitaba ser genial todo el tiempo para atraerle.
La quería por eso y por ser como era: divertida, protectora y leal. Era eso y mucho más.
Andy se detuvo, sobre todo porque Raff lo tomó del brazo y no le quedó otra opción. Miró a su hermana y luego a mí. Yo no sabía que decir, pero solo esperaba no perder a mi amigo.
— Pero... —susurró él.
— Pero nada —dijo Oriana determinante. Cuando se comportaba así, teniendo el mando de la situación y siendo implacable, me resultaba más hermosa—. Siempre he apoyado tu extraña relación con mi amiga aun cuando la hacías sufrir por ser un idiota. Así que lo mínimo que merezco es un poco de respeto y aceptación —indicó.
Andy quedó en silencio, recapacitando ante las palabras de su hermana. Y ella me miró a mí, sonriéndome y no pude hacer más que ir a besarla. Otra ola de sonidos nos rodearon.
— Ay, por favor... voy a vomitar —se quejó Andy caprichosamente, ya sin sonar enojado. Oriana le mostró su dedo medio y yo sonreí completamente emocionada. Definitivamente esa noche sería inolvidable.
— Entonces —comentó Raff, mientras todos terminábamos nuestro café. Podíamos ver el cielo claro de un nuevo día—, todo esto creo que quedó bastante aclarado. Y suponiendo que no tienen más nada que decir, quiero creer que se puede ir sin ningún problema —comentó.
Nuestros ánimos emergieron y se sintió como la mañana de navidad en la que recibimos regalos.
— ¿En serio Raffy? —preguntó Mile. Yo la miré con extrañeza porque ella había logrado agradarle a aquel tipo que nos daba cierto terror. Él la miró con una mezcla de impaciencia y rendición.
— Con tal de que se vayan y no vuelva a verlos, voy a ser tremendamente feliz —comentó él. Milena le sonrió y buscó en Andy un poco del mismo entusiasmo. Él estaba bebiendo su café y asintió torpemente.
— Tienes que agradecer que no ensuciamos nada con todo lo que bebimos —agregó Andrew con un encogimiento de hombros. Inmediatamente Nerea levantó la mano.
— Les limpie el aura, creo que cuando amanezcan van a estar mejor de lo que podría ser —comentó—. Eso no quiere decir que no tengan resaca porque no hago milagros.
— Necesito hacer un informe para el martes pero no importa, voy a dormir todo el día —dijo Dixie poniéndose de pie y estirándose—. Debo confesar que la pasé muy bien, gracias a todos —sonrió con ternura y abrazó a Oriana.
— Yo también la pasé bien, ahora solo necesito hablar con Gabriela sobrio —Tom torció sus labios pero se sacudió, repeliendo la cobardía—. Pero lo voy a hacer, es una promesa —sentenció. Él y Andy chocaron las manos, y sentí que mi trabajo estaba más que hecho. Había hecho todo lo que podía hacer un amigo, ahora es su turno.
— Entonces, nos vamos —dije, y Raff asintió. Tomé la mano de Oriana pero ella parecía querer algo más.
— Raff, ¿Nos harías un último favor? ¿Nos tomarías una foto? —preguntó, sonriéndole del modo que ella tenía para convencer a las personas.
Raff se hizo el que lo pensaba, pero sabía bien que quería que nos fuéramos felices. Así que él aceptó y tomamos dos fotos de aquella noche; una de los siete juntos y otra con él. Y felices y un tanto embriagados pero con suficiente café en nuestros sistemas, nos fuimos felices tras una larga noche salvaje e inolvidable.
Esosí, mañana tendríamos otra lucha contra la resaca pero eso era otra cosadistinta.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro