26🐿️
Los siguientes días JungKook fue al colegio con su colita vendada y cada tanto la abrazaba, mirando con falso odio a JiMin. JiMin, por su lado, sólo rodaba los ojos antes de agarrarlo por la cintura y darle un beso en la mejilla.
―Qué exagerado eres ―comentó HoSeok―, no te hizo daño en la colita.
―¡Claro que sí! ―exclamó JungKook, indignado―. Pudo habérmela arrancado...
―Eres un exagerado ―apoyó Taehyung―, ya verás, no te quejarás tanto cuando JiMin te coma la cola ―y puso una expresión coqueta.
JungKook tardó en entenderlo. Cuando lo hizo, sus mejillas se pusieron rojas con fuerza y soltó un chillido, empujando a su amigo que estalló en risas. HoSeok tuvo que esconder su sonrisa para no ser agredido también.
De cualquier forma, las bromitas siguieron durante los otros días, en especial porque el invierno ya iba acabando y daba paso a la primavera. Con su llegada, el tiempo cambiaba bruscamente y los días de sol eran mucho más calurosos. JungKook había decidido sacarse ya la venda de la colita porque se la apretaba y daba calor. Apenas lo hizo, JiMin se la abrazó de sorpresa y le arrancó un grito.
―¡JiMin! ―le regañó.
―¿Qué pasa? ―JiMin, ahora, aplastó la colita contra su espalda para abrazarlo―. Tu colita es muy bonita.
―¿Por eso me la mordiste?
―¿No lo vas a superar? ―se rió JiMin, y ahora lo soltó sólo para abrazarlo por la cintura―. Ya, bebé, te pedí perdón. No seas rencoroso. Además, cuando nos conocimos, me mordiste el dedo.
―¡Porque pensé que ibas a comerme! ―reclamó JungKook, pero dejó que JiMin le besara la mejilla.
―Claro que quiero comerte, bobo ―dijo el alfa.
JungKook le picó el costado, pero sus mejillas sólo se colorearon y aceptó otro beso.
Gracias al aumento de las temperaturas, JungKook comenzó a evitar los suéteres y sudaderas gruesas, lo que era un poco difícil para él. Sin embargo, lo malo de ser híbrido, era que la temperatura corporal era un poco más alta del humano promedio, y JungKook solía sudar con facilidad.
Dos semanas después, escogió una de sus playeras enormes y unos pantalones cortos, que llegaban a medio muslo y de tela de mezclilla. Se puso brillo en los labios, pintó sus uñas de verde y naranjo, y guardó los cuadernos en su mochila. JiMin no pasaría por él ese día, pero había quedado en irse con HoSeok y Taehyung, y no tardaron en aparecer.
―Estás muy arreglado hoy ―comentó su amigo conejito―, ¿tienes una cita con JiMin?
―¿Qué? No ―JungKook se rió―. ¿Por qué dices eso?
―Mmm ―HoSeok sólo se encogió de hombros, sin responder nada más, y el omega pronto olvidó esas palabras.
Tuvieron clase de Biología en la primera hora y, como ya era costumbre para ellos, hizo el trabajo de la clase con Jisung. Era normal que híbridos iguales trabajaran en conjunto para facilitar los temas de investigación. En esta ocasión, tenían que hacer un informe sobre...
―¡Los períodos de celo! ―exclamó la profesora, la que era híbrida de jirafa―. Para cada animal es distinto y los síntomas pueden variar por lo mismo.
―Qué lindas tus uñas ―le dijo Jisung.
―¿De verdad? ―Susurró JungKook.
―Sí ―Jisung le sonrió―. JiMin es muy afortunado.
JungKook le dio un suave empujón, ignorando el claro coqueteo. Él ya se había acostumbrado a que Jisung lanzara alguno de esos comentarios cada cierto tiempo, porque no hacía más que eso. Luego de conversarlo con él, el alfa le dijo que ya no le daría más regalos si le incomodaba, pero le preguntó si podía seguir halagándolo.
A veces, JungKook se preguntaba si Jisung seguía enamorado de él, o hacía eso como una forma de pedirle perdón por lo que le hizo tiempo atrás. Fuera cual fuera la razón, al omega no le molestaba demasiado.
El timbre de recreo sonó y JungKook recogió sus cosas, saliendo junto a sus amigos.
―No es justo ―se quejaba HoSeok―, el período de celo de conejos es lo peor, ¡el trabajo que haré con Nayeon será más largo que el de Tae!
―¿Por qué te quejas ahora? ―Taehyung bufó―. Bien que disfrutas tus celos seguidos con YoonGi y Jin.
El rostro de HoSeok se pintó como un tomate en menos de un segundo y pegó un grito, haciendo que Tae saliera corriendo para no recibir un golpe. El conejito le siguió con el puño en alto. JungKook sólo rodó los ojos ante la costumbre de que esos dos se molestaran así.
―¿Koo?
Se volteó al escuchar el llamado, sonriendo porque reconoció a JiMin. El alfa le observó a los ojos unos segundos, antes de bajar y subir nuevamente la vista.
―¡Hola, Mimi! ―saludó JungKook, yendo hacia él para agarrarle la mano―. ¿Cómo te fue la clase de inglés?
―¿Ah? ―JiMin parecía un poco aturdido y le dio un apretón―. Sí. Yes ―sacudió la cabeza―. ¿Qué llevas encima?
―¿Encima? ―JungKook se miró, confundido―. Ropa. ¿Hay algún problema? ¿No te gusta?
―¿Aaaaaah? ―repitió JiMin, y volvió a mirarlo de pies a cabeza―. No, claro que no. Te ves muy... lindo. Sí, lindo. Lindo, lindo.
JungKook frunció el ceño, más desorientado por las palabras del alfa. Es decir, era normal que su novio le dijera cosas lindas, pero estaba... estaba un poco raro. A pesar de ir a su lado, parecía evitar sus ojos, como si estuviera distraído. No pudo evitarlo y se preocupó un poco, ¿es que le habría pasado algo?
Aunque la preocupación pasó a un segundo plano cuando llegaron al patio y se sentaron en el césped. JiMin le habló brevemente de que quería invitarlo a comer con sus padres alguno de esos días, ya que querían hacer una barbacoa aprovechando los días lindos.
―¿Me van a tirar a la parrilla? ―bromeó JungKook.
―Sí, para que pueda devorarte ―dijo JiMin antes de besarlo.
JungKook ahogó una risa y devolvió el beso, feliz de que su novio le dijera esas cosas. De alguna forma, cuando JiMin actuaba así y decía ese tipo de palabras, el corazón del omega saltaba en alegría e ilusión. Era como si olvidara todas sus inseguridades.
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El omega emitió un gemido bajo cuando la boca de JiMin se deslizó por su cuello. Casi de manera automática, se recostó en el suelo y sintió el beso del alfa encima suyo, y las manos de JiMin se deslizaron por su cintura hacia abajo. JungKook se sobresaltó un poco cuando sintió los largos dedos agarrándole de los muslos con fuerza, y barboteó un jadeo entrecortado al sentir una leve humedad en su parte trasera.
¿Era la primera vez que JiMin lo agarraba de esa parte directamente, sin una prenda encima?
La respuesta no se concretó porque fueron interrumpidos.
―¡Ustedes, niños calenturientos!
JiMin lo soltó y retrocedió casi de un salto, como un gato. La estúpida comparación estuvo a punto de hacerlo reír, al menos, hasta que vio al inspector de patio frente a ellos con mala cara.
―¡Este colegio no es un motel! ―les dijo el hombre, y JungKook se enderezó, acomodándose la playera.
―¡Perdón, se-señor Han! ―gritó JungKook, bajando la vista ante el inspector, que era un híbrido de alce.
―¡Como los vuelva a pillar así ―dijo el inspector― llamaré a sus padres! ¡Lo que le faltaba a este colegio, un montón de críos en celo...!
Y se fue rezongando, enfadado.
JiMin aclaró su garganta, con la piel bastante roja y los labios hinchados.
―Mierda ―lo escuchó murmurar―, lo siento, Koo. Disculpa, tengo que irme...
―¿Qué? ―JungKook sacudió su cabeza―. ¿Por qué?
JiMin lo miró de reojo. De pies a cabeza, otra vez, y desvió la vista.
―Acabo de recordar un trabajo que no entregué.
Y, sin darle tiempo para añadir algo, el alfa se apresuró en recoger su mochila y casi irse corriendo de allí, dejando a un muy confundido omega sentado en el suelo. Un minuto después, el timbre para volver a clases tocó y no le quedó más remedio que entrar al colegio.
Sin embargo, el comportamiento raro de JiMin no cambió por el resto del día. En los siguientes recreos, al verlo sólo le daba un beso en la boca, le volvía a ver el cuerpo entero y salía con alguna excusa como ir al baño o hablar con algún profesor. Para el almuerzo, todos comieron juntos y usaba a los chicos como cualquier excusa para no tocarlo demasiado. Sin poder evitarlo, JungKook se empezó a sentir un poco inseguro con su aspecto.
―¿De verdad me veo lindo? ―le preguntó a Taehyung en la última clase del día, que era Artes.
Taehyung volteó su vista del caballete en el que pintaba. JungKook no entendía lo que estaba haciendo, pero su amigo decía que eso era arte. Para el omega ardillita, parecía sólo un montón de trazos hechos al azar.
―Claro que sí ―le dijo el zorrito, sorprendido―. ¿Por qué? ¿Alguien te ha dicho lo contrario?
―No ―JungKook no quiso decirle que sentía que JiMin lo estaba evitando.
El fin de semana pasado tuvo cita con su psicóloga y ella le comentó que, a veces, era necesario empezar a diferenciar sus ideas preconcebidas con la realidad. JungKook sentía que no se veía bien, pero ¿era así? Todos le dijeron que estaba muy bonito, incluso JiMin, entonces ¿había algún motivo para pensar todo lo contrario? Claro que no.
¿JiMin le estaría evitando, entonces? Ninguno de sus amigos hizo algún comentario e, incluso, tuvieron una caliente sesión de besos más temprano, antes de ser descubiertos. ¿Sería una idea preconcebida de JungKook?
Para el final de la clase, cuando ya tocó el timbre para irse del colegio, JungKook decidió ir en busca de Jin. No iba a irse con JiMin ese día porque tocaba taller de básquetbol, pero quería aprovecharlo para hablar con el primo de su novio. A veces, Jin era bastante hocicón sin querer serlo a propósito, y JungKook podía aprovecharlo a su favor.
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―¿Qué pasa? ―preguntó Jin cuando lo vio aparecer―. ¿Me has extrañado, JungKook? ¿O alguien te está molestando? ―puso una mirada amenazante.
―No, Jin ―se apresuró en decir JungKook―, es sólo que... uh... JiMin ha estado un poco raro, ¿no crees?
―¿Raro? ―Jin borró la cara de chico malo y sonrió―. Mi primo es raro, Kookie. Ya sabes, comer ardillas de niño y ahora tener de novio a una...
―¡Oye, no seas grosero! ―saltó JungKook, indignado―. JiMinnie ya me dijo que fue un accidente.
―Sí, accidente, así le llaman ―Jin soltó una carcajada―. ¿Qué pasa, JungKook? ¿Estás celoso? No debes preocuparte, JiMin es incapaz de engañarte.
―No me ha dado muchos besos hoy ―se quejó JungKook, inflando sus mejillas con disgusto―. Sólo me ha dado siete, cuando normalmente me da veinte ―sus ojos se pusieron llorosos―. ¿Ya no le gusto tanto?
Jin sacudió la cabeza y le dio un abrazo por los hombros, haciéndolo caminar.
―¿Cómo puedes decir eso? ―el alfa sacudió su cabeza―. De seguro se anda poniendo caliente con tus besos, y tú vistiéndote así... Pobrecito...
―¿Cómo? ―JungKook levantó sus orejitas en señal de alarma.
―Pues eso ―Jin se encogió de hombros―. Los híbridos de pantera tienen dos celos anuales, ¿no lo sabías? Uno al finalizar otoño y el otro al comenzar primavera.
―¿Su... su celo?
―Sí, tal vez comenzará mañana o en unos dos días. Yo apuesto más por mañana ―puso una cara de secreto―. No le digas que te dije, pero me ha dicho que se muere por morderte los muslos.
―¡Jin! ―se escandalizó JungKook.
―No es broma ―insistió el híbrido de hámster―. Me lo confesó hace como un mes, pero ahora, al verte así, ha tenido que volverse loco. Debe verte y ponerse taaaaaaaan cachondo...
Mala idea, JungKook no tuvo que haber ido con Seokjin. Estaba escuchando más información de la que era capaz de procesar. El alfa podía soltar ser demasiado chismoso a veces.
Se apresuró en despedirse e ir al baño para echarse agua en el rostro, queriendo controlar su respiración y, peor aún, los pensamientos sucios que aparecieron de pronto. Claro, claro, ¡ahora todo tenía sentido! Jin estaba en lo correcto, las panteras tenían dos celos y ahora correspondía el segundo. Las ardillas, por otro lado, tenían tres anuales: uno en primavera, otro en verano y un tercero en otoño, porque invierno era para hibernar y descansar.
El celo, ¡el celo! JiMin tenía que estarlo evitando por eso, quizás se dio cuenta cuando fueron descubiertos de que no iba a aguantarse, ¡su novio jamás lo besaba así en el colegio! Era muy discreto con lo que ellos hacían.
Entonces, pensó en lo que iba a hacer. Por lo que sabía, los celos de pantera duraban entre tres a cinco días. Él todavía no se sentía muy seguro de pasar un celo con JiMin, no porque no lo quisiera, sino porque no sabía si estaba preparado para eso. Normalmente, en los celos, el omega obtenía la ansiada marca, y JungKook quería estar listo para eso.
Pero... pero también le ponía un poco ansioso (quizás, en el buen sentido de la palabra) pensar en que JiMin se calentara con él. ¿No le había agarrado los muslos con fuerza esa mañana? Qué vergüenza.
Mordió su labio inferior y tomó una decisión rápida. Que las santas bellotas de sus antepasados lo perdonaran.
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JiMin había tenido un día muy agotador tratando de no mirar (demasiado) a los grandes muslos regordetes y firmes de JungKook. Al menos, pensó mientras se bajaba del bus que le acercó a su casa, el taller de basquetbol le quitó mucha energía, porque eso era lo terrible de sus celos: la energía parecía aumentar a mil, todo con el objetivo de procrear. Re-pug-nan-te.
Es decir, no repugnante si lo hacía con JungKook. Quería hacerlo con JungKook. Era repugnante si lo hacía solo y en sus sábanas. As-que-ro-so.
Sacudió su cabeza, con el cabello pegado a la frente debido a la transpiración, tanto por el calor, el ejercicio y el pre-celo. Ya podía estar un noventa por ciento seguro: el celo iniciaría mañana. El problema del celo animalístico era que uno perdía un poco el razonamiento, y por lo mismo, no podía controlar la transformación. Por lo normal, debían consumir algún supresor que calmara lo suficiente el instinto animal y quedar sólo en sus formas humanas, o tumbados en sus formas animales. De lo contrario, era difícil controlarse y podían generarse algunas situaciones... incómodas. O raras. Lo que fuera. Ellos eran mitad animales, pero algunas cosas eran complicadas de hablar sin que le miraran como un raro.
Abrió el portón y sus ojos chocaron con JungKook, que estaba sentado contra su puerta. Se sintió atónito al verlo allí, con el omega sonriéndole como si nada. Como si no estuviera mostrándole esos bonitos muslos que le hablaban para que los mordiera.
―¡Hola, bebé! ―saludó JungKook, contento―. Pedí pizza, ¿quieres pizza?
―Hola, cariño ―JiMin se forzó a desviar sus ojos de las piernas de JungKook y centrarlas en su rostro. Sí, su rostro, esa carita rechonchita, inocente y perfecta para...
Parpadeó. No, no por ese camino.
―¿Me estabas esperando desde hace mucho? ―preguntó JiMin, sacando las llaves de su casa―. ¿Ryujin no estaba?
―Nop ―JungKook entró detrás de él―, me ha dicho que saldría con sus amigas y me imaginé que tus padres estarían fuera.
―Mmmm ―JiMin se quitó la mochila y zapatillas―, esto suena a una trampa para que comamos juntos.
―¿Una trampa? ―JungKook cerró la puerta―. Puede ser... ¿quizás para que me comas a mí?
JiMin casi se quebró el cuello cuando se giró a verlo.
JungKook estaba de pie ante él, con una expresión tímida y levemente colorada. JiMin humedeció sus labios casi en automático, pero todavía quedaba el suficiente raciocinio en su cabeza para hablar.
―¿Koo? ―preguntó, tratando de ser cuidadoso―. ¿Qué dices?
―Estás en pre-celo ―JungKook comenzó a pucherear, sabiendo que eso hacía que su corazón se ablandara―, y me has mirado todo el día los muslos, Mimi.
―Ah... ―desvió la vista con vergüenza―, perdón, cariño, no quería incomodarte.
―No pidas perdón ―el omega se le acercó―. ¿Por qué... por qué no hacemos algunas... algunas cositas...?
La primera idea que tuvo JiMin fue de echarlo un poco para atrás y preguntarle varias veces si estaba seguro, pero enseguida notó la expresión de JungKook. Y pudo concluir dos cosas rápidas: a JungKook le costó mucho decirle algo como eso, y si le decía que no o trataba de asegurarse con sus preguntas, quizás le pondría inseguro o heriría en el ego. Él no quería hacer eso.
Pero no pudo evitar preocuparse un poco, porque si bien era su pre-celo, temía que hacer algo con JungKook provocara que el celo se le adelantara. No quería hacerle daño a su omega, de ninguna forma.
JungKook le agarró la mano.
―Confío en ti ―le dijo, con amor en su voz.
JiMin le dio un apretón y tiró de él.
―Ven, estarás más cómodo en mi cuarto.
El omega se dejó llevar, sólo concentrándose en el suave aroma de JiMin, que de alguna forma estaba calmando a su enloquecido omega. Ese olor siempre servía para hacer que su corazón latiera rápido al inicio, pero luego se tranquilizara, ya que ese era su lugar seguro.
Los dos se sentaron en la cama, se miraron unos segundos a los ojos y, de pronto, JiMin le estaba besando. Lento al inicio, un suave toque de mariposa que pronto se profundizó en algo más, como esa mañana. JungKook abrió su boca, sintiendo la lengua del alfa contra la suya, y gimió suavemente, echándose en la cama.
JiMin se acomodó encima de él, besándole el cuello y encima de su glándula de feromonas. Sin poder evitarlo, el omega empezó a emitir suaves chillidos de ardillita que provocaron que el alfa gruñera, pero en lugar de asustarlo, JungKook sólo se excitaba más y más. Su agujero se apretó en la nada, lubricando ante los suaves toques que recibía en su piel, y de pronto, los dedos del alfa estaban en sus pantalones.
Dejó que se los quitara y cayeron al suelo. JiMin no hizo el amago de bajarle la ropa interior o sacarle la playera, consciente de que JungKook no le había dado permiso para eso. Los ojos del omega le decían lo que podía y no podía hacer. Pero al alfa no le importaba demasiado, porque eso era ya suficiente para él: JungKook con su carita escarlata, los ojitos llorosos y las piernas abiertas, con esos preciosos y desnudos muslos para hacer lo que quisiera.
El alfa le agarró primero de las rodillas y se inclinó.
―Si te duele... ―le murmuró JiMin.
―Te voy a patear ―le dijo JungKook.
JiMin sonrió, orgulloso de que su omega se defendiera así.
Primero le besó en esa zona, de las rodillas, y escuchó cómo la respiración del omega se cortaba un segundo. Lo hizo un par de veces, antes de comenzar a bajar hacia los muslos internos. Su nariz percibió el aroma del lubricante, la vainilla inundando el lugar, y sin poder evitarlo, le lamió el muslo izquierdo antes de posar sus labios y comenzar a chupar y mordisquear.
JungKook soltó un gemido sonoro, cubriendo su boca para tratar de ahogar los siguientes, aunque apenas lo logró. La boca de JiMin, posada en su pie desnuda, era la gloria misma, con los dientes rozando y marcando, los labios chupando y amoratando esos lugares en un claro gesto de posesión. Sus ojos revolotearon, sintiendo la manera en que chorreaba y endurecía, y una parte suya quería pedirle más, con la zona de su cuello latiendo por una marca.
No, no, no. Todavía no, logró convencerse a duras penas, y los dedos de JiMin estaban agarrándole los muslos, casi la zona del trasero, con mucha fuerza. De seguro le dejaría un par de marcas, sin embargo, a JungKook no le importaba en ese momento. No con la boca de JiMin cerca de su entrepierna.
―A-alfa ―gimió, moviendo sus caderas―, alfa...
―Omega ―escuchó gruñir―, mío, mi omega...
La voz ronca de JiMin era el éxtasis mismo, emitiendo esos salvajes gruñidos, y JungKook pudo ver las estrellas cuando el orgasmo estalló de manera repentina, haciendo que su jadeo se alargara en un sonido entrecortado y tembloroso.
JiMin estaba, de manera repentina, frotándose contra su entrepierna, y entre el sobre-estímulo pudo percibir la dureza antes de oír también su gemido ronco. JungKook volvió a estremecerse.
Estuvieron unos segundos en silencio, con sus respiraciones acompasándose.
―Kook ―escuchó murmurar, y JungKook trató de enfocar su vista en el rostro de JiMin. Se veía muy atractivo con el rostro transpirado y colorado―, cariño...
―Te amo ―barboteó JungKook.
JiMin sonrió y se inclinó para darle un beso.
―Yo también ―le prometió―, ¿estuvo bien? ¿No me excedí?
―Nop ―JungKook lo abrazó por el cuello, acurrucándose contra él―, me gustó. Me gustó mucho.
―A mí también ―JiMin le besó la frente―. ¿Realmente pediste pizza o esa fue tu excusa para que te invitara a entrar?
JungKook soltó una risa.
―Pedí la pizza ―aseguró JungKook―. ¿Ya tienes hambre?
―Un poco ―JiMin se enderezó unos centímetros―, pero si dejas que te coma otra vez, quizás se me pase...
―¡No te aproveches!
JiMin sólo le hizo cosquillas, haciéndolo reír, y JungKook ya estaba ahora, totalmente seguro, de que el alfa era el amor de su vida. Su único amor para toda la vida.
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