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-02-

El pensamiento de que conocía a ese par se hacía más grande conforme los miraba, ambos sostenían sus manos mientras el peli-negro miraba hacia él con recelo, ¿Él ya lo había reconocido? Si ese era el caso entonces si se conocían.

—¿Que desea tomar? Si quiere puede pedir algo para comer —preguntó el chico que atendía la barra, desviando su atención del peli-negro que lo miraba de reojo.

—Uh —realmente no tenía hambre, ni sed, pero no quería dejar al chico hablando solo—, lo que sea está bien, solo que no tenga alcohol.

Cuando miró de nuevo a aquel chico de cabellos negros ya no estaba, él y su pareja se alejaban hacia la salida del bar, sin que él pudiera preguntarle de dónde se habían visto anteriormente. Luego de un suspiro volteó, el pelirrojo miraba al de cabellos negros, y Atsushi comprendió que anteriormente no lo miraba a él, estaba mirando al de ojos azules, ambos parecían luchar en silencio, siendo él únicamente un espectador interpuesto al medio de la disputa.

—No es que sea entrometida, pero noté los anillos en sus dedos —habló la pelirroja, bebiendo de un vaso con un líquido transparente.

Akutagawa había guardado silencio, cuando anteriormente al llegar al hotel se había esforzado en alejar a la pelirroja discretamente. "Hipócrita", pensó Atsushi para sus adentros.

—Llevamos dos años casados.

Fue Atsushi quien habló, no quería exponer sus problemas maritales, ella no tenía que enterarse que su marido se había acostado con su asistente y que él quería desquitarse provocandolo con su mejor amiga.

Comenzó a rememorar su relación.

Era un joven de dieciocho años, varios detalles de cómo inicio su carrera como detective son demasiado borrosos, no recordaba en especial a uno de sus compañeros en la agencia, Izumi Kyouka era la nieta de su jefe, así que frecuentemente la niña estaba entre los detectives, principalmente con él, ya que siendo el novato tenía los casos más sencillos, al menos así era hasta antes de conocer a su esposo. Conoció a Akutagawa Ryuunosuke ya que este laboraba en una importante industria hotelera, él era el leal asistente del esposo de su jefe, así que el encuentro fue inevitable.

Primero no solían hablarse mucho, quien siempre acompañaba a su jefe era ese chico al que no recordaba... A pesar de ser alguien demasiado importante para él no podía recordar su rostro o su nombre, era extraño, sentía que alguien había hurgado en sus memorias y extraído a aquel joven al que tanto cariño le tenía.

Luego se su desaparición fue Atsushi quien tenía que acompañar a su jefe en las reuniones importantes, así fue que se hizo novio de Akutagawa, un poco apresurado tal vez. Pero desde que ellos dos se habían conocido la relación había surgido como una fuerte llamarada.

Se habían amado con locura desde el primero momento. Fue en su cumpleaños número veintitrés que Akutagawa le propuso matrimonio, y él obviamente había accedido a unir sus vidas.

Fueron felices el primer año, al menos hasta antes de su segundo aniversario, cuando Akutagawa se inventaba reuniones con su jefe para no llegar a dormir, las discusiones aumentaron. La llamarada que habían encendido en cuanto sus ojos se toparon parecía extinguirse.

Hasta que pensaron en hacer un viaje, un viaje que repararía su relación fracturada. Fue la peor idea que se les pudo ocurrir.

—Ya no tengo sueño, ¿Crees que sería buena idea seguir el viaje? —preguntó Akutagawa sacándolo de sus pensamientos, al parecer había estado demasiado perdido, cuando reaccionó su marido estaba sentado a su lado, sin dirigirle la mirada, y la pelirroja se había desaparecido, ahora estaba lejos hablando con un chico de cabello naranjo mientras ambos se dirigían a la salida del bar.

—Esperemos, mañana estaremos mejor descansados y dejaremos de estar discutiendo. Solo vamos a dormir.

No quería dormir, y ya no tenía las fuerzas para discutir, una enorme nostalgia invadió su cuerpo.

Una tristeza sin precedente que de forma irreal le era extrañamente familiar.

—Respecto a lo que viste...

—Ya no importa, solo vamos a nuestra habitación...

—Para mi importa... —mencionó cuando ambos iban en el ascensor, Atsushi estaba seguro de haber pedido algo sin alcohol, es más, estaba seguro de que no había bebido nada, pero se sentía desorientado y aturdido, aunque estaba seguro de que no dormiría, se sentía muy confundido.

Cuando llegaron a su piso se encontraron con algo que hizo qué Atsushi recobrará la sobriedad, una enorme bestia que caminaba encorvada revisaba habitación por habitación, abriendo y cerrando puertas, dejando un rastro de alguna pegajosa sustancia de olor putrefacto.

Akutagawa empujó a Atsushi al fondo del elevador, dónde lo cubrió con su cuerpo mientras presionaba con fuerza y desespero los botones para que el elevador bajara a la primera planta. Al bajar, se encontraron con la pelirroja que los había dejado en el bar, seguía con ese chico con el que conversaba, que llevaba un uniforme del hotel, desordenado.

—¿Salieron de la habitación? ¡Les dije que no lo hicieran!

—¡¿Que mierda es eso de arriba?!

Akutagawa se sorprendió al ver a Atsushi tan a la defensiva, siempre lo veía muy apasible y tranquilo, solo lo había escuchado alzar la voz aquella tarde, durante su discusión, y ahora que le gritaba a la pelirroja.

—Ah... Síganme, los llevaré a un lugar seg...

—¡No! Ryuunosuke, ve a encender el auto, nos largamos en este mismo instante.

El pelinegro salió del hotel, entonces fue que cayó en cuenta de algo que tal vez antes por el sueño ignoraba, un grueso banco de niebla cubría el exterior y no permitía que viera más allá de un par de metros.

En cuanto llego a su auto se dió a la tarea de encenderlo, pero conforme más tiempo mantenía girada la llave menos parecía querer encender el vehículo, estaba comenzando a desesperarse, cuando su esposo se sentó a su lado no pudo hacer más que golpear el volante.

—¡¿Que ocurre?!

—¡No enciende!

Atsushi se bajó del automóvil sin decir nada, se adentro de nuevo en el hotel y Akutagawa le siguió, esperando que no hiciera más alboroto.

—¡Que mierda le hicieron a nuestro auto!

—No tiene sentido gritar, si nos dejarán explicar...

—¡No! Solo quiero largarme de este lugar.

—Entonces inténtalo —intervino el de cabellos naranjos, por primera vez, con una voz serena pero firme y desafiante—. Pero deja de gritarle a la señorita Montgomery sin intentar siquiera oír lo que tiene que decir.

—Estoy harto de todo esto...

Atsushi tomo con fuerza la mano de su esposo y lo hizo caminar hacia afuera, se adentraron en el frío banco de niebla caminando en línea recta, dejando atrás el auto ahora inútil y el hotel, ¿Cuánto tardarían en llegar al siguiente lugar donde estarían a salvó? No tenían la mínima idea pero iban caminando juntos, hasta que sobre el banco de niebla se levantaba la luz de un letrero que a la lejanía se divisaba como una estrella.

Sintió alivio al llegar a aquel lugar, que se desquebrajo y se le escurrió entre los dedos como un puñado de arena al ver aquel maldito letrero.

“Hotel Welthell”

(...)

Uff, hace muchísimo que no escribía esto, me tarde tanto que hasta olvide de que iba...

Dije que estaba trabajando en el separador, y era un dibujo que me gustaba pero mi teléfono se descompuso, así que tardaré muchísimo más en tenerlo listo.

Bueno, espero que alguien aún recuerde esta cosa

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