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-01-

Fue demasiado extraño... El hecho de que el sueño lo abandonará apenas tocar la cama en simultáneo con su marido lo asusto un poco.

No quería estar en la misma habitación que el, aún podía salir antes de que el ambiente entre ambos se volviera extremadamente incómodo y terminarán forzando la plática de lo que realmente ocurría en su relación.

Él aún no estaba listo para recibir la explicación.

Así que se levantó de la cama y salió de la habitación recorriendo el pasillo con los dedos pegados al suave terciopelo que adornaba las paredes rojas.

Su corazón se aceleraba y los ojos se le hacían aguados en cuanto recordaba aquellos mensajes que encontró en el celular de Ryuunosuke, demonios, ¿Él ni siquiera se molestó en borrarlos? Fue como si se hubiera esforzado en qué él descubriera aquella aventura.

¿Por eso le pidió responder sus mensajes en su lugar cuando estaban en la carretera? ¿Quería decírselo en el viaje?

Le había restregado en la cara que se había burlado de él, y que lo haría nuevamente.

Aguanto el sollozo que amenazaba con escapar de su boca mientras llegaba al elevador, donde encontró a la pelirroja que le dio recibimiento.

—¿Sin sueño? Suele suceder cuando llegas a la cama.

—Eh, si, por eso iba a buscar un bocadillo nocturno, a veces no puedo dormir por el hambre —mintio, realmente no sentía hambre.

—Oh, justamente estaba dirigiendome al bar. Ahí sirven aperitivos.

El platinado le sonrió a la pelirroja, y antes de que está cerrará la puerta de aquel elevador antiguo una mano hizo intromisión, atrapando a tres personas en la pequeña cabina.

Era su esposo.

Estaba haciendo incómodo el ambiente con ese silencio, que ninguno se atrevía a romper...

El pelinegro intento tomar su mano, entrelazando sus dedos, Atsushi levanto la mano mientras llevaba su cabello albino detrás de su oreja, Akutagawa no insistió más, pero en su rostro había un deje triste y resentido. Pero no insistió más, Atsushi agradecía que su esposo tuviera un mínimo de educación y no se acercara a él cuando su presencia no le favorecía, no era insistente.

—Bueo, si ambos van al bar pueden seguirme —sugirio la de los ojos verdes con una sonrisa tranquila, una sonrisa tan roja como la pañoleta que adornaba su cuello.

Akutagawa dejo que Atsushi avanzara primero, siguiéndolo en silencio y dándole un espacio de unos dos metros y medio.

—¿Y dejo a alguien en la recepción?

—Realmente el hotel no recibe muchos huéspedes, ustedes dos son los primeros que recibimos en un largo rato.

Eso era extraño, cuando llegaron les había otorgado la habitación por qué según ella “ estaban un poco llenos”.

No dejaría de pensar en eso el resto de la noche, ¿Sería que Lucy se había confundido? Tal vez solo le quiso jugar la broma y cerro por no haber habitaciones vacías. Suspiro, aún con el tema en su mente perdiendo el protagonismo.

Ella se sentó en la barra, mientras el matrimonio la imitó, pidieron sus correspondientes tragos servidos por un cantinero joven, con una cicatriz en el rostro.

Atsushi miro con atención a su alrededor, para distraerse un poco de su pregunta inicial, a su lado izquierdo habia una pareja, un pelirrojo y un castaño que platicaban con ánimo, mientras el más alto entre ambos lucía un poco nervioso. Volteo al lado derecho, evadiendo a su esposo y a su recién conocida, había un chico pelinegro y uno con largos cabellos que le cubrían el rostro. Por alguna razón sintió que conocía a esos dos, sentía que los había visto de algún lado.

Tal vez algún día se toparon en la calle.

Tal vez alguna vez los vio en un sueño.

O posiblemente se habían conocido de otra vida.

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