『 Día 4 』∴ Hechizo/Maldición
Nadie sabía cómo o porqué pero el joven Omega había caído en cama luego de sus primeros días de casados, muchos explicaban que posiblemente sea por el cambio drástico de vida, pasar de ser un joven sucesor a ser líder de la secta Jiang a ser esto sumado a ser el esposo de otro gran líder como lo es Lan XiChen debió haber sido chocante en varios aspectos, pero esto no daba pie ni cabeza a que el Jiang pase tantos días en cama, casi tres meses ahí sin poder ejercer sus deberes como deseaba, ¿Cómo podían ayudarlo?
Lan XiChen se preocupó por su amado Loto, buscando en libros de la biblioteca privada de su clan algo que pueda ayudar a su amado, pero no encontraba nada en los tantos libros de medicina, posiblemente esto sea una enfermedad reciente donde no hayan registros de alguien que la haya padecido antes.
Pero eso no detendría su busqueda, no importaba cuanto se demore él quería hallar la cura para tener devuelta a su esposo, aquel joven con el ceño fruncido pero la sonrisa más hermosa que podrían ver,que quería nada más, solo su bienestar.
— ¿Lograste encontrar algo, A-Ji? — le preguntó a su hermano, este negó mientras aún leía las páginas de uno de los tantos libros desparramados en la mesa.
— Hermano, no hay nada. — respondió con su rostro estoico pero por dentro sentía pena de no poder ayudar a su hermano mayor. — Lo siento.
XiChen suspiró y cerró el último libro que le faltaba revisar, lágrimas acumuladas en sus ojos, su semblante tan pobre, sin aquella caracteristica sonrisa, hacía notar que tan afectado estaba el Lan con respecto a todo el asunto.
Cerró los ojos e intentó concentrarse, quería pensar donde más podían buscar la solución.
— Tal vez... Algún libro este faltando. — comentó, acarició el puente de su nariz agotado.
— Hermano.
— Eso debe ser hermano, un libro falta.
— Hermano, no hay más libros, al parecer... No podremos curar al joven Jiang. — comentó, XiChen se rehusó a pensar en eso, ¿su esposo no tendría curar? ¿Como podría dejar que su amado loto muera poco a poco justo enfrente suyo y él no haga nada? ¡No! ¡Definitivamente no!
— Me niego a pensar en ello, puede que no halla registro, pero me niego a creer que no exista cura. — sentenció, molesto salió de la biblioteca, encontrándose con su cuñado Wei WuXian, que tenía a un pequeño niño en brazos, al ver a XiChen lo saludó.
— Cuñado, ¿pudieron encontrar algo? Llevas días ahí adentro. — Habló serio, aunque usualmente Wei Ying era despreocupado y bromista, ahora el ambiente había cambiado totalmente.
XiChen negó con una mueca en su rostro, Wei WuXian también hizo una mueca, ¿Cómo podían ayudar a el joven Jiang?
— Lo siento, — dijo WuXian, Lan XiChen negó con la cabeza y forzó una sonrisa. — Podría... Podríamos contactar con el taoísta Xiao XingChen, es.. Es alguien que podría saber acerca de este tema.
—¿Cómo lo podríamos contactar?— preguntó XiChen esperanzado, Wei WuXian lo pensó un momento y contestó.
Tal vez esta era la última esperanza para que su amado Loto vuelva a ser el de antes.
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Con un nudo en su garganta se acercó a el dormitorio, pudo divisar desde la puerta a su amado Jiang, que descansaba su respiración era lenta y ligeramente pausada, tal vez no le quedaría mucho tiempo, con muy sigilo se acercó y se acomodó cerca de su loto sin perturbar su suelo, poder apreciarlo era algo que necesitaba, quería grabarse a su hermoso Loto en sus retinas, quería volver a ver a aquel joven fuerte, decidido y orgulloso que conoció y del que se enamoró...
— A-Cheng, amor, resiste un poco más, por favor. — suplicó, una mano fue llevada a la cabellera del menor, acariciando sus finos cabellos. — Lo siento tanto, debí ser yo el que caiga enfermo...
Pequeñas lágrimas se escaparon de sus ojos, mordió su labio al sentir un nudo en su garganta, su corazón dolía al ver a su loto de tal manera.
— A-Hu.. A-Huan... — susurró el Jiang, abriendo poco a poco los ojos.
— no digas nada, descansa. — pidió, besó su frente y siguió acariciando su cabellera.
— A-Huan... ¿no pudiste... Encontrar nada? — preguntó, XiChen detuvo sus caricias, con mucha impotencia negó con la cabeza, no podía hablar sin querer llorar ahora, vio como su amado sonrió con esfuerzo. — No es tu culpa... A-Huan, gracias... Por tu esfuerzo..
Lan XiChen sollozó y dejó caer lágrimas, las cuales fueron limpiadas con lentitud y casi sin fuerzas por el Jiang.
— No llores...
— Lo siento, lo siento tanto A-Cheng, es mi culpa.... — susurró, el Jiang quería abrazarlo y decirle que no era su culpa, eran cosas del destino, pero no pudo hacer nada porque no tenía nisiquiera fuerzas para mantenerse sentado. — Te amo, quisiera ser yo el que estuviera en tu lugar... Mi WanYin...
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El taoísta Xiao llegó junto a otro chico de prendas negras que contrastaban las túnicas blancas que llevaba él. Se veía con una sonrisa tierna pero la cinta en sus ojos no pasaba desapercibida, Wei WuXian llegó junto a ellos y rápidamente el taoista fue conducido a donde el joven Jiang descansaba.
El taoísta fue puesto al tanto de la situación, lo dejaron a cargo de todo ahora, cualquier método para salvar a Jiang Cheng estaba en sus manos, XiChen solo podía ver desde la puerta, sintiendo un punzón en su corazón por no poder hacer más.
— XingChen encontrará una solución, no se preocupe líder Lan. — habló el muchacho que acompañó al taoísta.
— Muchas gracias, sé que el taoísta debe estar ocupado... Lamento... Pedir su ayuda.
— No lo haga, él encantado de ayudar a los demás, lo conozco bien. — mencionó con simpleza.
—¿Cuál es su nombre?
— Soy Xue Yang, — comentó — soy... Como los ojos de XingChen, y él... Es mi vida.
— Ustedes...
Y antes de que pueda finalizar la pregunta, XingChen llamó a Xue Yang, quien se acercó rápidamente al taoísta.
Indicó algunas palabras y el de prendas negras salió casi volando del dormitorio, quién sabe que le había dicho o pedido, pero XingChen aún analizaba la situación del Jiang, minutos después Xue Yang ingresó con hierbas en un pequeño paquete y se las entregó al taoísta.
— Gracias, A-Yang, — le sonrió, empezó a mezclar las hierbas en un envase de agua, luego de preparar una infusión se la dio de beber al Jiang, quien con dificultad terminó el líquido dado. Jiang Cheng empezó a toser sangre negra, Lan XiChen se asustó y se acercó preocupado por su esposo, pero fue detenido por Xue Yang.
— ¿Porqué me detienes? ¡Está mal! ¡A-Cheng!
— Tranquilo joven Lan, sé que se ve mal... Pero Jiang Cheng está eliminando la mala energía, es demasiada, debemos encontrar la fuente de esta. — explicó.
— ¿Fuente de esta? ¿Cómo...?
— Al parecer el joven Jiang ha sido hechizado, tiene una maldición, — comentó — quería asegurarme de esto, pero al parecer sí lo está y tiene mucha energía resentida en su cuerpo, si no encontramos la fuente de esta en la próxima semana... El joven Jiang podría morir.
XiChen detuvo su forcejeo de Xue Yang, ¿su esposo... Moriría? ¡No podía! ¡No dejaría que eso suceda!
— ¿Cómo puedo encontrar la fuente de todo esto? — preguntó XiChen serio.
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Xue Yang lo guiaba junto a un talismán que el joven taoísta les había dado, si era riesgoso podrían apoyarse, ya que su hermano no podría ir por encargarse de un asunto en la secta y Wei WuXian tendría que cuidar de su pequeño niño.
— ¿Está tan lejos? — preguntó el Lan, Xue Yang rodó los ojos y negó.
— Creo.. Que estamos dando vueltas... — murmuró Yang, XiChen frunció el ceño, ¿estaban dando vueltas? ¿Acaso el talismán no ayudaba en nada? — ¡Creo que el culpable está dentro de el Receso de las Nubes!
Lan XiChen sintió su sangre helar, ¿alguien dentro de su propio clan había hecho daño a su amado? ¿Quién podría ser? ¿Porqué?...
Xue Yang sujetó el talismán y luego de agregar algunas letras, este empezó a al fin cambiar de dirección, llevándolos a un aposento dentro de Receso de las Nubes, pero este se encontraba en el área de las mujeres.
— ¿Alguien.. De mi propio clan, daña a mi esposo? — mencionó con asombro, ¿cuándo dejaría de ser tan ingenuo? ¡No todos son buenas personas!
No fue hasta que llegaron al área de cocina, donde una de las sirvientas , la cuál conocía, estaba preparando algo, la supuesta 'bebida' tradicional del Jiang, pero esta agregaba algo más junto a palabras inentendibles para los dos hombres que llegaban.
— Tú... — dijo XiChen, la mujer asustada tiró el recipiente y se volteó a ver a el líder Lan.
— ¡Lider Lan! — hizo una reverencia, temblando.
— ¿¡Qué le hechaste a la bebida?!— exclamó — ¿¡Qué le pusiste?!
Xue Yang se acercó a analizar la escena, XiChen tenía los puños cerrados y una vena se marcó en su cuello, parecía que explotaría.
— Joven Lan... Líder Lan... Yo... Yo...
— ¡Tenemos que darle algo que contraste con esto, ya! ¡El líder Jiang no aguantará esto! — exclamó Xue Yang una vez que había analizado todo.
XiChen llamó rápidamente a varios discípulos, pidiendo que la encierren hasta que solucionen todo lo acontecido, rápidamente Xue Yang tomó una muestra y salió corriendo con el Lider Lan devuelta a el dormitorio donde el Jiang descansaba.
No importaban las reglas de no correr o no gritar, ahora pasaban a segundo plano para el Lan.
— ¿Esto...
— Esto afecta a su núcleo dorado, no importa que tan fuerte sea su cultivo, esto lo mata silenciosamente por dentro. — informó Yang, XiChen pedía a los dioses que no sea tarde.
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Una vez que habían llegado, XingChen rápidamente había preparado una cura, Jiang Cheng la bebió y durmió el resto del día, el taoísta respondió que eso era normal, tenía que recuperar las energías de su núcleo dorado.
Luego de que la situación esté más controlada y el joven Jiang ya no corría riesgos, Lan XiChen personalmente se encargó de aquella mujer, nunca creyó que alguien de su círculo íntimo fuera a traicionarlo, dañando lo que más amaba, haciendo que se sienta tan inútil de no poder hacer nada. La condenaron varios años, aunque nisiquiera eso debería bastar, esa mujer debió morir, queriendo engatusarlo porque segun decía ella era quien debía haberse casado con el Lan, ella debía haber estado ahí, pero con la llegada del Jiang ella nunca fue vista por el Lan, ella ni siquiera hubiera sido una sirvienta para Lan XiChen porque Jiang Cheng siempre hubiera sido lo que más anhelaba.
El día siguiente Jiang Cheng se veía ligeramente mejor, tal vez aún no podía levantarse de la cama, pero se le veía más sano.
— A-Cheng, me alegra... Que estes mejor... — sonrió, acarició la mejilla del Jiang, quien también le sonrió ligeramente, ahora estaba sentado en la gran cama, apoyado en el espaldar de esta.
— Gracias por no rendirte, A-Huan. — comentó.
— Eres mi esposo, ¿cómo iba a rendirme? — preguntó este, Cheng sonrió.
— Te amo, agradece.. Al taoísta Xiao XingChen y a su acompañante por mi. — pidió. — ambos... Son un dúo inusual.
Lan XiChen asintió dandole la razón y besó los suaves labios color cereza de su esposo, sintiéndose tan feliz de tenerlo devuelta.
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