
🌹33 [PARTE II]🌹
Durante unos instantes, nos miramos
a los ojos.
Amor.
Eso es lo que Taehyung me da. Pero el momento se rompe cuando Yong hi exige:
—¡Quiero ir ya a casa de Eon Jin!
Sorprendido, lo miro. ¿Qué le pasa?
Pero al ver su ceño fruncido lo entiendo.
Está celoso.
Tanta gente desconocida para él de golpe no es bueno. Taehyung, conocedor del estado de su sobrino, se aleja de mí, le toca la cabeza y murmura:
—En seguida iremos. Tranquilo.
El niño se da la vuelta y se sienta en
el sofá, dándonos a todos la espalda.
Taehyung resopla, y mi hermana, para desviar la atención, interviene:
—Esta casa es una preciosidad.
Taehyung sonríe.
—Gracias, Yang mi. —Y mirándome,
dice—: Enséñales la casa e indícales
cuáles son sus habitaciones. En dos
horas tenemos que salir todos para la
casa de mi madre.
Sonrío, encantado de la vida, y junto
a mi familia, salgo del salón. En grupo vamos a la cocina, les presento a Sarah, Norbert y a Susto y Calamar.
Después vamos al garaje, donde silban al ver los carrazos que tenemos allí estacionados.
Cuando salimos del garaje les enseño los baños, los despachos, y mi
hermana, como es de esperar, no para de soltar grititos de satisfacción mientras lo observa todo. Y ya cuando abro una puerta y aparece la enorme piscina cubierta, se vuelve loca.
—¡Aisss, tontooooooo, esto es impresionante!
—¡Que bonitoooooo! —grita mi sobrina—. Cielos, tío, ¡tienes piscina y todo!
La pequeña va hasta el borde y toca
el agua. Su abuelo, divertido, la avisa:
—niña de mi vida…, aléjate del
borde que te vas a caer.
Con rapidez mi padre la agarra de la
mano, pero la pequeña se suelta y,
poniéndose junto a mi hermana y a mí, cuchichea con cara traviesa:
—¿A que los tiro a la piscina?
—¡Hey! —grita mi hermana, mirando mi ropa.
—Esta niña es ver una piscina con
agua y volverse loca —se ríe mi
padre.
De todos es bien conocido que estar
con la pequeña cerca del agua es acabar empapado. Me entra la risa. Si me moja el precioso terno será un drama, por ello miro a mi sobrina con complicidad y murmuro:
—Si me tiras con el terno que Taehyung me regaló, me enfadaré. Y si no me tiras, prometo que mañana estaremos mucho tiempo en la piscina. ¿Qué prefieres?
Rápidamente mi sobrina pone su
dedo frente al mío. Es nuestra manera de estar de acuerdo. Pongo mi dedo junto al de ella, y ambos guiñamos un ojo y nos sonreímos.
—Vale, tío, pero mañana nos
bañaremos, ¿vale?
—Prometido, cariño —sonrío, encantado.
Levantamos nuestros pulgares, los
unimos, y después nos damos una
palmada. Ambos sonreímos.
—Recuerda, que mañana por la
tarde regresamos a casa —insiste mi
hermana.
Una vez que salimos de la zona de la
piscina, subo con mi familia a la
primera planta de la casa. Tengo que
reprimir mis ganas de reír a carcajadas ante los gestos de admiración de mi hermana por todo lo que ve. Se sorprende hasta con el papel de las paredes, ¡increíble!
Tras acomodarlos en las habitaciones, les apremio para que se vistan. En una hora tenemos que salir hacia la cena en casa de la madre de Taehyung.
Cuando regreso sola al salón, Taehyung y Yong ho juegan con la PlayStation, como siempre a todo volumen. Al entrar ninguno de los dos me oye, y acercándome a ellos, escucho al niño decir:
—No me gusta esa niña parlanchina.
—Yong ho…, basta.
Sin hacer ruido me paro para
escucharlos mientras ellos siguen:
—Pero yo no quiero que ella…
—Yong ho…
El pequeño resopla mientras maneja
el mando de la Play e insiste:
—Las chicas son un problema, tío.
—No lo son —responde mi Iceman.
—Son torpes y lloronas. Sólo
quieren que les digas cosas bonitas y
que las besuquees, al igual que los donceles ¿no lo ves?
Incapaz de contener la risa, me
acerco con precaución hasta la oreja de Yong ho y murmuro:
—Algún día te encantará besuquear
a una chica y decirle cosas bonitas, ¡ya lo verás!
Taehyung suelta una carcajada, mientras Yong ho deja ir el mando de la Play enfadado y se va del salón. Pero ¿qué le pasa? ¿Dónde está todo nuestro buen ambiente?
Una vez que nos quedamos solos, apago la música del juego, me acerco a mi chico y, sentándome en sus piernas con cuidado de no arrugar mi bonito traje, murmuro feliz:
—Te voy a besar.
—Perfecto —asiente mi Iceman.
Enredo mis dedos entre su pelo y
susurro con pasión:
—Te voy a dar un beso ¡explosivo!
—¡Mmm!, me gusta la idea —sonríe.
Arrimo mis labios a su boca, lo
tiento y murmuro:
—Hoy me has hecho muy feliz
trayendo a mi familia a tu casa.
—Nuestra casa, pequeño —corrige.
No digo más. Con mis manos, agarro su nuca y lo beso. Introduzco mi lengua en su boca con posesión. Él responde. Y tras un increíble, maravilloso, sabroso y excitante beso, lo suelto. Me mira.
—¡Guau!, me encantan tus besos
explosivos.
Ambos reímos.
Me encanta verlo tan feliz y, cuando
vamos a besarnos de nuevo, aparece Yong ho ante nosotros con los brazos
cruzados. Parece enfadado. Tras él asoma mi sobrina con un vestido de
terciopelo azul y, mirándome, pregunta:
—¿Por qué el Latino no me habla?
¡Uisss, lo que acaba de decir! ¡Le ha
llamado Latino!
Yong ho frunce más el ceño y resopla.
¡Aisss, pobre! Con rapidez me levanto
de las piernas de Taehyung y regaño a mi sobrina.
—Hey, se llama Yong ho. Y no es Latino, es alemán.
La niña lo mira. Después mira a Taehyung, que se ha levantado y está junto a su sobrino, luego me mira a mí y, finalmente, con su característica "bocaza" insiste:
—Pero si tiene los ojos grandes. ¿Tú lo has visto, tío?
¡Oh, Dios!, me quiero morir.
Qué situación más embarazosa. Al
final, Taehyung se agacha, mira a mi sobrina a los ojos y le dice:
—Cielo, Yong ho nació en Alemania y
es alemán. Su papá era Latino y su
mamá alemana como yo, y…
—Y si es alemán, ¿por qué no es
rubio como tú? —insiste la jodía.
—Te lo acaba de explicar, Pequeña —
intercedo yo—. Su papá era Latino.
—¿Y los Latinos no tienen ojos más pequeñitos?
—No, pequeña —respondo mientras la miro para que se calle.Pero no. Ella es preguntona.
—¿Y por qué tiene los ojos así?
Estoy a punto de matarla.
¡La mato!
Entonces, entran en el salón mi padre y mi hermana con sus mejores galas.
¡Qué guapos están!
Mi padre, al ver mi mirada de
¡socorro!, rápidamente intuye que pasa algo con la niña. La coge entre sus brazos y la incita a mirar por la ventana.
Yo respiro, aliviado. Miro a Yong ho, y éste sisea en alemán:
—Esa niña no me gusta.
Taehyung y yo nos miramos. Pongo cara de horror, y él me guiña un ojo con complicidad. Diez minutos después, todos en el Mitsubishi de Taehyung, nos dirigimos a la casa de Eon Jin.
Cuando llegamos, la casa está
iluminada y hay varios autos estacionados en un lateral. Mi padre,
sorprendido por la grandiosidad de la
vivienda, me mira y susurra:
—Estos alemanes, ¡qué bien se lo pasan!
Eso me hace sonreír, pero la sonrisa
se me corta cuando veo el gesto de Yong ho.
Está muy incómodo.
Una vez que entramos en la casa, Eon Jin y Chung ha saludan a mi familia con cariño, y ambas me dicen lo guapo que estoy.
Yong ho se aleja y veo que mi sobrina va tras él. No es nadie la canija. Diez minutos después, encantado, sonrío mientras me siento la persona más dichosa del planeta rodeado por las personas que más me quieren y
me importan en el mundo.
Soy feliz.
Conozco al hombre con el que Eon Jin
sale. No es guapo. Ni siquiera atractivo.
Pero cinco minutos con él me hacen ver el magnetismo que tiene. Hasta mi hermana, que no sabe alemán, le sonríe como tonta.
Taehyung, por el contrario, lo observa. Lo mira y saca sus conclusiones.
Que su madre tenga un
nuevo novio no le hace mucha gracia,
pero lo respeta.
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