
🌹17[Parte 2]🌹
Taehyung se sube a la cama y lleva su boca hasta la cara interna de mis muslos.
Los besa.
Los besa con delicadeza, y yo
siento que me deshago.
Él, con su habitual erotismo, continúa su camino de besos sobre mí. Ahora sube. Me besa la cadera, luego el ombligo, después uno de mis pezones, y cuando su boca está sobre la mía y me mira a los ojos, susurra con voz cargada de morbo y erotismo:
—Everything you want.
¡Oh, Dios!
¡Oh, Dios mío!
Mi respiración se acelera. Mi entrada
se contrae y mi estómago se derrite.
Taehyung, mi Taehyung, saca su lengua.
Me chupa el labio superior, después el
inferior, y antes de besarme me da su
típico mordisquito en el labio que me
hace abrir la boca para facilitarle su
posesión.
Adoro sus besos. Adoro su exigencia.
Adoro cómo me toca.
Lo adoro a él.
Una vez que finaliza su beso, me
mira a la espera de que le pida algo y,
consciente de lo que deseo, musito:
—Devórame.
Su camino de besos ahora baja por
mi cuerpo. Cuando me besa el pubis, pasa con sensualidad su dedo por
mi tatuaje.
—Ábrete con tus dedos para mí.
Cierra los ojos y fantasea. Ofrécete
como cuando hemos estado con otra
gente.
«¡Ofrécete! ¡Otra gente!».
¡Dios, qué morbo!
Sus palabras me provocan un
calentamiento tremendo y mis manos
vuelan hacia mi entrada. Lo abro y me expongo totalmente a él, deseoso de que me devore mientras mi mente imagina que no sólo estamos él y yo en esta habitación.
Sin demora, su lengua se dirige hacia esa zona, ¡oh, sí!, ¡sí!, y yo me
consumo ante él.
El fuego abrasador de mis fantasías
y la excitación que Taehyung me provoca me dejan sin fuerzas. Desnudo y tumbado en la cama, sus ávidos lametazos me vuelven loco mientras sus manos suben por mi trasero.
Mi morboso hombre me agarra por las caderas para tener más
accesibilidad a mi interior.
—Ofrécete, Kook.
Avivado, activado, provocado y
alterado por lo que imagino y lo que me dice, acerco mi entrada a su
boca. Sin ningún pudor, me aprieto
sobre ella y me ofrezco gustoso, deseoso de disfrutar y de que me disfrute.
Su boca rápidamente me chupa, y yo jadeo y busco más y más.
La piel me arde mientras un loco y
salvaje placer toma mi cuerpo. Me
retuerzo en su boca a cada toque de su lengua y le exijo más.
Eso lo provoca. Lo sé.
Pero cuando levanta la cabeza y me
mira, me incorporo como una bala y lo beso.
Su sabor es mi sabor. Mi sabor
es su sabor.
—Fóllame —le exijo.
Taehyung sonríe, me muerde la barbilla y vuelve a dominarme. Me tumba con rudeza, y esa vez mi cuerpo cae por el lateral de la cama mientras me abre de nuevo las piernas, me da un azotito y continúa su asolador ataque.
Taehyung con su dedo me dilata e
instantes después noto que introduce mi regalo.
—Precioso —le escucho decir
mientras me besa el culo.
Desde mi posición, no puedo verle
la cara. Pero su respiración y su ronca
voz me indican que le gusta lo que ve y lo que hace.
Durante varios minutos, mi entrada se contrae.
¡Qué delicia!
—Mírame, Kook.
Con la cabeza colgando por el
lateral, vuelvo mis ojos hacia él, que
murmura con la voz rota por el
momento:
—La joya es bonita, pero tu trasero
es espectacular.
Eso me hace sonreír.
—Prefiero la carne al acero
quirúrgico.
—¿Ah, sí?
Asiento.
—¿Prefieres que otra persona y yo
tomemos tu cuerpo?
Al asentir de nuevo, sus dedos se hunden más en mí.
¡Locura!
Arrebatado por la excitación, insiste:
—¿Seguro, pequeño?
—Sí —jadeo.
Sus dedos entran y salen de mí una y
otra vez, mientras con la otra mano
aprieta la joya y yo me vuelvo loco.
Tras soltar un gemido, abro los ojos, y
Taehyung me está mirando.
—Pronto seremos dos quienes te
follaremos, pequeño… primero uno,
luego el otro, y después los dos. Te
aprisionaré entre mis brazos y abriré tus muslos. Dejaré que otro te folle mientras yo te miro, y sólo permitiré que te corras para mí, ¿entendido?
—Sí…, sí… —vuelvo a jadear,
extasiado con lo que dice.
Taehyung sonríe, y yo tengo un espasmo de placer. Mi entrada se contrae y sus dedos lo notan. Con rapidez, cambia su pene por los dedos, y yo ahogo un grito al notar su impresionante erección entrar en mí.
¡Oh, Dios, cómo me gusta!
Con manos expertas, me agarra por
la cintura y me levanta. Me sienta sobre él en la cama y murmura cerca de mi boca mientras me aprieta contra él:
—Seremos tres la próxima vez.
Entre jadeos, asiento.
—Sí…, sí…, sí.
Taehyung me besa. Su pasión me vuelve loco cuando jadea.
—Muévete, pequeño.
Mis caderas le hacen caso a un ritmo
profundo y lento. Creo que voy a
explotar. La fricción del juguete es tremenda.
Nos miramos a los ojos mientras me clavo una y otra vez en él.
—Bésame —le pido.
Mi Iceman me satisface, y yo
acreciento mi ritmo volviéndolo loco.
Una y otra vez, entro y salgo de él hasta que se para. Con un movimiento, me posa sobre la cama, me hace dar la vuelta y me pone a cuatro patas.
—¿Qué haces? —pregunto.
Taehyung no contesta, mete su duro y
erecto pene en mi entrada, y tras un par de empellones me hacen jadear.
—Fuerte…, fuerte, Tae.
Pero él no me hace caso. No quiere
dañarme.
—¡Dios, pequeño, qué apretado
estás!
Me acomodo a la nueva situación,
dichoso del placer que siento, mientras él entra y sale de mí y yo jadeo. Ardo.
Me quemo. Me entrego al gustoso placer del sexo y lo disfruto.
Me siento perverso.
Practicar sexo caliente con Taehyung me vuelve perverso.
Loco.
Desinhibido.
Estoy a cuatro patas ante él, con el culo en pompa, desesperado porque me folle, porque me haga suyo
una y otra vez.
—Tae…, me gusta —aseguro
mientras clavo mi trasero en su cuerpo, deseoso de más profundidad.
Durante varios minutos nuestro juego
continúa. Él me penetra, me agarra por la cintura, y yo me muestro receptivo.
Un…, dos…, tres… ¡Ardor! Cuatro…,
cinco…, seis… ¡Placer! Siete…,
ocho…, nueve… ¡Necesidad! Diez…,
once…, doce… ¡Taehyung!
Pero mi Iceman ya no puede
contenerse más y su lado salvaje le hace penetrarme con más profundidad, mientras mi cara cae sobre la cama.
Un grito ahogado con el colchón sale de mi boca, y mi alemán sabe que mi placer ha culminado.
Entonces, clava sus dedos en
mis caderas y se lanza hacia mi dilatado trasero a un ataque infernal.
¡Oh, sí! ¡Oh, sí!
—Más…, más, Taehyung… —suplico, estimulado.
El placer que esto le ocasiona y el
deseo que ve en mí lo vuelven loco y,
cuando no puede más, un gutural gemido sale de su boca y cae contra mi cuerpo.
Así estamos unos segundos.
Unidos, calientes y excitados. El sexo entre nosotros es electrizante y nos gusta.
Instantes después, Taehyung sale de mi y nos dejamos caer en la cama
felices, cansados y sudorosos.
—¡Dios, pequeño!, me vas a matar
de placer.
Su comentario me hace reír. Me
abrazo a él, y él me abraza. Sin hablar,
nuestro abrazo lo dice todo, mientras en el exterior llueve con fuerza. De pronto, se oye un trueno, y Taehyung se mueve.
—Vamos a lavarnos y a vestirnos,
pequeño.
—¿Vestirnos?
—Ponernos algo de ropa. Un pijama,
o algo así.
—¿Por qué? —pregunto, deseoso de
seguir jugando con él.
Pero Taehyung parece tener prisa.
—Vamos, coge tu ropa interior de la
mesilla —me exige.
Pienso en protestar, pero opto por
hacerle caso. Cojo mi ropa interior y un pijama. Pero no me quiero vestir.
¡Vaya cambio de ambiente!
Taehyung, al ver mi ceño fruncido, me
besa animadamente mientras coge la
joya y guarda el lubricante en la
mesilla. Después, se levanta, y justo
cuando me coge en brazos, la puerta de la habitación se abre de par en par.
Yong ho, con cara de sueño y su pijama de rayas, nos mira boquiabierto. Me tapo con mi
ropa como puedo y gruño:
—Pero ¿tú no sabes llamar a la
puerta?
El niño, por una vez, no sabe qué
responder.
—Yong ho ahora volvemos —dice Taehyung.
Sin más, entramos en el baño. Una vez dentro lo miro en espera de una
explicación por esa aparición y murmura cerca de mi boca:
—Desde pequeño le asustan los
truenos, pero no le digas que te lo he
dicho. —Me besa y cuando se separa
prosigue—: Sabía que iba a venir a la
cama cuando he oído el trueno. Siempre lo hace.
Ahora quien lo besa soy yo.
¡Dios, cómo me gusta su sabor!
Y cuando abandono con pereza su boca, pregunto:
—¿Siempre va a tu cama?
—Siempre —asegura, divertido.
Su gesto me hace sonreír.
¡Qué lindo que es mi alemán!
Un nuevo trueno nos hace regresar a
la realidad, y Taehyung me posa en el suelo.
Deja la joya sobre la encimera del
baño y se lava. Después, se seca, se
pone los calzoncillos y dice antes de
salir:
—No tardes, pequeño.
Cuando me quedo solo, cojo la
joyita y la meto bajo el chorro del agua para lavarla.
Pienso en Susto.
Pobrecillo.
Con la que está cayendo, y él en la calle. Luego, me aseo, y una vez
que me pongo el pijama, me miro en el espejo y, mientras peino mi alocado
pelo, sonrío.
¡Vaya niño!
Pero segundos después, recuerdo
que cuando yo era pequeño me pasaba igual que a Yong ho. Me daban miedo los truenos, esos ruidos infernales que me hacían pensar que demonios feos y de uñas largas surcaban los cielos para llevarse a los niños.
Fueron muchas noches durmiendo en la cama con mis padres, aunque al final mi madre, con paciencia y alguna ayuda extra, consiguió quitarme ese miedo.
Al salir del baño, Taehyung está tumbado en la cama charlando con Yong ho. El pequeño, al verme, me sigue con la mirada; abro la mesilla y con disimulo dejo la joya. Después, cuando me meto en la cama, el enano gruñón pregunta a su tío:
—¿Él tiene que dormir con
nosotros?
Taehyung hace un gesto afirmativo, y yo murmuro, tapándome con el edredón:
—¡Oh, sí! Me dan miedo las tormentas, sobre todo los truenos. Por
cierto, ¿les gusta los perros?
—No —contestan los dos al
unísono.
Voy a decir algo cuando Yong ho
puntualiza:
—Son sucios, muerden, huelen mal y
tienen pulgas.
Boquiabierto por lo que ha dicho,
respondo:
—Estás equivocado, Yong ho. Los
perros no suelen morder y, por supuesto, no huelen mal ni tienen pulgas si están cuidados.
—Nunca hemos tenido animales en
casa —explica Taehyung.
—Pues muy mal —cuchicheo, y veo
que sonríe—. Tener animales en casa te da otra perspectiva de la vida, en
especial a los niños. Y, sinceramente,
creo que a ustedes dos les vendría muy bien una mascota.
—Ni hablar —se niega Taehyung.
—Me mordió el perro de Leo y me dolió —dice el niño.
—¿Te mordió un perro?
El niño asiente, se levanta la manga
del pijama y me enseña una marca en el brazo. Archivo esa información en mi cabeza e imagino el pavor que debe de tener a los animales. He de quitárselo.
—No todos los perros muerden, Yong ho —le indico con cariño.
—No quiero un perro —insiste.
Sin decir más, me tumbo de lado
para mirar a Taehyung a los ojos. Yong ho está en medio y rápidamente me da la espalda.
¡Faltaría más!
Taehyung me pide disculpas con la mirada, y yo le guiño un ojo.
Minutos después, mi chico apaga la luz y, aun en la oscuridad, sé que sonríe y me mira. Lo sé.
2/2
si ven alguna incoherencia xfa avisenme
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