
Capitulo 2
Narra George
Salir a correr con Lando y con Alexander me ha venido bastante bien, no voy a mentir. Desde que Mercedes me fichó hace menos de una semana estoy en el ojo del huracán mediático y despejarme con mis amigos de siempre ayuda y mucho. Eso y estar con mi chica y mi hija hacen que no haya perdido ya la cabeza, y eso que no he corrido siquiera una carrera con las flechas de plata, eso sí que va a ser una prueba de fuego.
Miro a los lados y veo que ninguno de mis amigos está cerca, por lo que freno y me doy la vuelta viendo como aparecen a lo lejos. Me meto en mis pensamientos y me motivo corriendo a más velocidad que mi monoplaza, no falla.
Aprovecho el estar quieto para recuperar el aliento y en cuanto Norris y Albon llegan a donde estoy, me miran de tal manera de que si las miradas matasen, mi hija estaría huérfana de padre en este mismo momento.
Alexander: Por mi hermana y mi sobrina que no te mato ahora mismo William
Lando: La monería de niña que tienes por hija te salva de la muerte
George: Lo siento, me he metido en mi mundo y no me he dado cuenta de que he acelerado el paso
Lando: Todo bien????
George: Si, perfectamente. Es solo...
Alexander: La presión, ¿No? Temes no poder con ella
Asiento con la cabeza suspirando para responder a las palabras de mi cuñado y me siento en el banco que está en el borde del camino que estamos recorriendo dejando los brazos apoyados en mis piernas, sentándose Alex a mi derecha y Lando a mi izquierda.
Lando: Puedes contarnos lo que quieras, ya lo sabes
Alexander: Y me arriesgaría a decir que lo que te está pasando no se lo has contado a Kayla
George: No la quiero cargar en exceso, con todo esto se está ocupando de Eyla prácticamente ella sola y ya me siento bastante mal por ello, la niña es tan mía como suya
Alexander: Russell, te desvives por la pequeña, ahora estás un poco más liado pero va por rachas, Kayla no tiene campeonatos a la vista y tiene más tiempo libre, pero en unos meses empezarán sus competiciones y cambiareis papeles
Lando: Tienes que aprender a gestionar la presión, dudar de si estás cumpliendo tu papel de padre es absurdo
George: ¿Y cómo lo hago? Me lo he encontrado de repente y no sé qué tengo que hacer
Alexander: Lo que hay que hacer no lo sé, pero ante ti tienes el claro ejemplo de lo que no hay que hacer
Lando: Solo sigue conduciendo como hasta ahora. Como dijiste el año pasado en Abu Dabi, conduciendo un Williams o un Mercedes la persona tras el volante no cambia
George: ¿Y si no estoy preparado y lo pierdo todo?
Alexander: No vas a cometer mis mismos errores, no te lo vamos a permitir ni mi hermana ni yo
Lando: Estas preparado de sobra, ¿Tú has visto lo que has hecho con Williams? Puedes con ello
George: No me refería solo a mi asiento
Lando: De verdad, estas de un paranoico que no hay quien te aguante
Alexander: Eyla te quiere con locura, quedes como quedes para ella eres un campeón y no va a cambiar nada, te conozco y sé que vas a dar todo de ti para que esa imagen sea real. Y en cuanto a Kayla, me duele que pienses que mi hermana pueda ser así, si estaba muerta de miedo el día que ganaste Fórmula 2 porque no sabía si decirte que estaba embarazada por miedo a perderte
George: Lo recuerdo, y a mi cuando me dijo que quería hablar contigo pero que tenía miedo por amargarme el día se me paró el corazón pensando que se había dado cuenta de que podía tener a alguien mejor que yo, y resulta que me dio una de las mejores noticias de mi vida
Alexander: Pues entonces tranquilo, eso es lo primero de todo
Lando: Aprende a gestionarlo, y pide ayuda si lo necesitas. No estás solo, recuerda eso
George: Gracias chicos, se agradece. Y venga, aún nos queda un poquito de carrera
Los dos se quejan levantándose y yo me río dispuesto a levantarme, pero me empieza a sonar el teléfono sacándolo de mi bolsillo a toda velocidad, otra muestra de lo que ha cambiado mi vida al ser padre, estar con las alarmas activas 24/7.
Miro la pantalla del teléfono y veo un número oculto, por sistema suelo colgar sin pensar pero justo cuando voy a pulsar el botón rojo algo me dice en mí que responda, que es importante. Decido hacer caso a mi intuición y pulso el botón verde llevando el móvil a mi oído, antes de que pueda hablar empiezo a escuchar ruidos que un poco más y me dejan sordo.
¿Qué narices?
George: ¿Hay alguien ahí?
Xx: Ya era hora de que dieras señales de vida niñato
George: ¿Quién habla?
Xx: Eso da igual, solo que sepas que te has metido donde no tienes que estar, asume las consecuencias que perderás algo que te importa
Se oye un último grito y la llamada se corta, haciendo que me quede en estado de shock totalmente.
Mis dos amigos intentan hacerme reaccionar pero sigo petrificado, ese grito lo reconocería en cualquier lugar del mundo hasta estando sordo, no confundo con nada un grito de miedo de Eyla, la voz de mi hija no es un misterio para mí.
Parpadeo volviendo al mundo real y mi reacción no es otra que levantarme y salir corriendo hacia mi casa, si la pequeña está así algo fuerte ha pasado y Kayla no está cerca, y eso tampoco me da buena espina. Escucho a Lando y a Alex llamarme pero no les hago ni caso, solo corro y corro hasta llegar a casa, ahí abro la puerta y entro, encontrándome de lleno que la puerta del gimnasio destrozada, sabía que algo no iba bien.
Cuanto más me adentro más destrozos veo (cuadros que teníamos en el salón y algunos trofeos de categorías inferiores, todo tirado por el suelo) y más lágrimas empiezan a aparecer en mis ojos porque no hay señal alguna ni de Kayla ni de Eyla.
Subo por las escaleras y compruebo que no hay nadie, tal y como me esperaba, por lo que bajo las escaleras sujetándome fuerte al pasamanos porque siento como si me fuera a desmayar, por lo que por seguridad me siento en uno de los últimos escalones y rompo a llorar sin poder evitarlo.
Mi mirada va hacia la puerta del gimnasio y veo algo raro en el suelo de este junto a la ventana, por lo que me levanto sacando fuerzas de no sé donde y entro en la habitación, dándome cuenta nada más entrar de que hay algo raro en una de las estanterías.
Me acerco y veo que es el móvil de mi chica, por lo que lo cojo y al mirar la pantalla veo que está grabando y decido pararlo, mirando el tiempo que dura el video y dándome cuenta que todo esto acaba de pasar, si solo no hubiera salido a correr o no hubiera hecho un recorrido tan largo lo hubiera podido evitar.
Suspiro guardando el teléfono de la madre de mi hija en el bolsillo junto al mío, no tengo cuerpo ahora mismo para ver lo que ha pasado, y vuelvo a mirar hacia debajo de la ventana, momento en el que se me rompe el corazón del todo y que me confirma, por si había alguna duda, que mi novia y mi hija no se han ido por voluntad propia.
A pesar de que tengo las piernas hechas un flan y que ahora mismo solo quiero despertar de esta horrible pesadilla, me acerco a la ventana y me agacho cogiendo a don Orejitas, un conejito azul celeste de peluche que tiene mi hija desde que nació y del que no se separa para prácticamente nada.
Que este tirado en el suelo y no puesto en el cuenco donde Kayla y yo dejamos las llaves es otra prueba de que alguien se las ha llevado. Me derrumbo por completo y caigo al suelo al fallarme totalmente las piernas, aprieto el peluche contra mi pecho y dejo salir las lágrimas, me han quitado lo más importante de mi vida y no he podido hacer nada por evitarlo.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro