Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo único

Chifuyu Matsuno se consideraba alguien sentimental, demasiado a decir verdad. Se dejaba llevar más por su corazón que por su cerebro, pues, como en los mangas acostumbraban a decir: el corazón es la voz de la razón. Lo cual puede ser perjudicial en determinadas situaciones.

Cuando debía ser cabeza dura y negarse a sucumbir lo que su ser y tonto-órgano-determinante-de-vida diga, la razón se encargaba de traicionarlo y ceder la decisión del sentimentalismo.

Y quizá muchas de esas decisiones sean correctas, como cuando decidió que Takemichi sería su compañero (cosa de la que se dio porque sintió que ese chico tenía un corazón de pollo como él), o cuando adoptó a Peke J pese a saber de antemano que a su madre no le gustaban los animales. Si lo piensan, son buenas ideas. Pero, por desgracia, no todas lo eran.

Había otras inclinaciones que iban más allá de su fuerza de voluntad. Él las llamaba: decisiones del corazón. Y aquello significaba que no podía hacer nada para que esa decisión vacile. Porque, claro, "el corazón todo lo sabe", según Takemichi. Lastimosamente, el corazón no disponía de cerebro. Y, ahora, Chifuyu demostró que tampoco.

—¿Eh? —soltó con sorpresa. Hanagaki aumentó su sonrisa.

—Estás enamorado de Baji —afirmó por segunda vez. Vamos, era algo tan obvio a la vista de todos que solo faltaba él por darse cuenta (lo que hizo justo en ese momento).

Chifuyu parpadeó repetidas veces, generando incomodidad por el silencio en Takemichi y duda por lo recién planteado en Matsuno.

¿Qué? ¿Él? ¿Enamorado? ¿De Baji? ¿El chico más admirable del mundo, que le parecía sumamente atractivo y divertido y con quien disfrutaba su compañía más que con nadie, y que además tenían un hijo juntos (Peke J)? Era una locura... . Bueno, está bien, quizá no tan locura, pero sí sorprendente.

Es decir, Baji se le hacía alguien inalcanzable para una persona como él, y que tenía un físico y personalidad extrañosamente similar a sus gustos adoctrinados por lectura de mangas de romance (y BL, pero eso era algo aparte). Pero estaba cien por ciento seguro de que él jamás se fijaría en alguien como Chifuyu. Porque, vamos, era Chifuyu: el subordinado que veía como mejor amigo y que se metía en problemas más grandes que la torre de Tokio si le tocaban un pelo a Baji.

Ah, también a quien dominaba sus acciones y desiciones su corazón.

No, no. Es obvio que eso a Baji no le interesaría en lo más mínimo. Él era rudo y fuerte, dejándose guiar por cosas más interesantes que el cerebro o el corazón: sus músculos y sentimientos. Oh, y su hambre. Tenía un carácter duro y amaba a sus amigos, por sobre todas las cosas. Eso significaba que, de cierta forma, lo quería. Eso podría explicar esa extraña fascinación que Baji tenía de oírlo hablar cuando le ayudaba con literatura, o cuando lo iba a visitar los fines de semana con excusa de ver a Peke J, o... ¡¿Por qué su rostro estaba ardiendo?!

Está bien, puede que Baji le gustara un poco (mucho), lo cual era un problema. Desde que era un niño inocente, acostumbraban a enamorarse de personas que NO estaban enamoradas de él, como en en jardín o en la escuela primaria. Lo cual indicaba que la historia se repetía otra vez. "De vuelta la burra del trigo", diría su mamá. Y él solo respondería: "perdónmamásoytontojajaabrazameovoyallorar".

Su pecho ardía y se removía. Dolía el solo pensar que sus sentimientos nunca valgan la pena. Y dolía mucho. Y Takemichi lo notó, porque sus ojos llorabam, pero no tanto como su alma. Se quebraba. Y dolía, dolía, dolía. Tanto que sentía que moría.

Y no aguantaba más.

Se echó a llorar, rodeado de los brazos de Takemichi. Estaba harto de todo. De seguir siempre la voz de su corazón que lo hacían así de vulnerable. De enamorarse siempre de personas que no podía tener, porque éstas no lo veían de igual forma. De dar siempre tantas vueltas al mismo asunto en las noches de desvelo, intentando negar todo. Las lágrimas se deslizaban frenéticas por sus mejillas, su pecho se estrujaba con fuerza, su rostro quemaba como la mierda, su respiración se aceleraba. Parecía sufrir de un ataque de miocardio.

¿Era eso lo que llamaban morir de amor?

°•°•°•°


Poco a poco se fue calmando entre los brazos de su compañero. Bien, ahora debía verse como un idiota que le teme a las relaciones y al amor frente a él.

Y ni hablar lo que parecería frente a Baji. Ahora que se dio cuenta de sus verdaderos sentimientos, todo indicaría cuatro opciones:

1) Todo estaría normal entre ellos, como si nunca se hubiera dado cuenta que anda mendigando como vagabundo por probar salvajemente los labios de su capitán.

2) Su amistad se volvería incomoda ya que Baji averiguaria lls verdaderos sentimientos de Chifuyu hacia él y, como es su mejor amigo, él no querrá perderle de esa forma, y utilizaría la típica frase cliché que todo el mundo conoce: "no quiero perder lo que tenemos"

Malditos escritores sin un gramo de originalidad.

3) Baji se enojaria con él y pediría un nuevo sub-capitán y se separarían para siempre. Keisuke se conseguiría un nuevo mejor amigo no gay y él quedaría abandonado con su alma herida por el puto amor que siente hacia él.

Y 4) Baji corresponde sus sentimientos y se besan y viven felizmente en una cabaña en el bosque, lejos de la gente, acurrucados en la cama y brindando con vasos con diseños de frutillas.

Bueno, no tan así. De todas formas, la última opción era la menos probable.

Es por ello que Chifuyu encontró tres brillantes soluciones a sus opciones:

A) Finge qur has muerto.

B) Huye.

C) Ríndete.

La primera se veía muy tentadora.

Pero no. Si algo caracterizaba a Chifuyu Matsuno era que era un idiota, pero uno hecho y derecho, que no huía de los problemas. Él hacía los problemas.

Suspiró, removiendose del abrazo de su amigo. Jamás sería capaz de decirle a Baji lo que sentía. Era un cobarde en aquellas situaciones y fingir morir no lo salvaría de nada. Su pecho burbujeó. Se leía la melancolía en el ambiente. Aquella producida por la avaricia de querer toda la vida de Baji solo para él, no importaba su propia vida. Tan solo quería ser parte de ella, marcar lo distintivo de la belleza de una vida y de vivir para Baji. Todo por su amor que chorreaba melancolía.

—Chifuyu, ¿qué sucede? —preguntó suavemente.

Chifuyu lo miró de soslayo, sorbiendo su nariz.

—Estoy harto —Su voz rasposa picó su garganta. Dolía, pero su ser lo hacía más—. Estoy harto del amor, Takemichi.

El chico desvió su vista de Chifuyu hacia él frente, donde admiró a los niños del parque divertirse en los juegos propios del sitio. Chifuyu distinguió que sus ojos brillaban. ¿Tristeza? No, Takemichi ya nació con la tristeza en los ojos, estos eran diferentes. ¿Melancolía? Tal vez. ¿Amor? También podía ser. Era una mezcla de sentimientos, como si su corazón los hubiera puesto a todos en una olla y hubiera hecho una sopa con ellos. Chifuyu no distinguía todos, pero sí sabía que Takemichi conocía un poco mejor que él los sentimientos.

—A veces pasa —dijo y Chifuyu le parecía sumamente absurdo—. El amor te vuelve loco en algún punto y por eso no puedes más. Te llenas de amargura porque ya no te sientes tranquilo cuando estás con esa persona y, no sé, no aguantas más esa melancolía.

Chifuyu apartó la mirada de él para imitar la suya. Los grillos cantaban a la lejanía, pero se oía como si estuviera a su lado, igual que Takemichi, que cantaba lo que él corazón contaba.

—Odio vivir así.

Takemichi se rió.

—Lo sé.

—Se siente como morir.

—Lo sé.

No dijeron nada más. Por lo menos hasta que el sol murió al otro extremo. Había paz, aquella que Chifuyu perdió cuando calló ante Baji sin siquiera darse cuenta. Sonaba extraño decirlo, pero le gustaba. No. Lo amaba. Porque había tanta diferencia que quería reírse de lo irónico que era.

Por más que estaba tranquilo, la melancolía todavía estaba allí, recordandole que no era nada más que su amigo, por más que él quisiese más y más.

Tal vez debería vivir con ello, porque no podía hacer nada más que anhelar.

—¿Sabes? La maldita melancolía se ríe de mí por querer que su corazón anhele más que amistad en mí.

Takemichi bufó divertido y Chifuyu se volvió hacia él, ligeramente irritado.

—Qué poético, has estado alimentado bien a ese cerebro tuyo, ¿eh?

Le pegó en el brazo tan fuerte que se quejó por media hora.

Suspiró una vez más. Odiaba vivir así, porque parecía morir lenta y dolorosamente. Su amor lo hundía y lo ahogaba, porque estaba celoso del corazón de Chifuyu, que era tan fuerte y bondadoso. Ardía en canto y reclamaba acciones que demuestren resultados.

Esbozó una sonrisa.

Quería que Baji lo amara y la vida del otro se pertenezcan. Quería besarlo y, por sobre todo, quería ser más que su amigo. Todo por amor, aquel desastroso amor tatuado en la melancolía de un corazón dominante.

—Quizá tenga una idea.

Takemichi tragó duro.

—Oh, no.


°•°•°•°

Su plan nunca se pudo realizar. Al menos, no como esperaba.

Baji murió ese mismo fin de semana

Falleció en los brazos de Chifuyu, susurrando un pequeño gracias que escapó tan débil de sus labios al igual que la vida de su cuerpo. Chufuyu lloró mientras lo abrazaba con fuerza, queriéndose aferrar a la poca vida que le quedaba para mantenerlo ahí.

Besó sus labios antes de que su último aliento cediera. Lo vió sonreír satisfecho cuando lo hizo y, cuando se separó, ya no había más calor en el cuerpo.

Gritó y lloró con más fuerza.

Chifuyu antes moría de amor. Ese día literalmente murió su amor.

Definitivamente vivir de esa forma podía matarte por amor. Y fueron testigos, cómplices y culpable de como las decisiones del corazón podían acabar.

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro