Capítulo 3.
Berry tiene un acosador.
Tenía seis meses trabajando en este lugar y no me quejo, aunque no me gustara el sitio de trabajo mi paga era buena y las propinas aún más. Paulette insistía siempre que recibiría más propinas si me aplicaba un poco de maquillaje. Ella tenía razón, el dinero empezó a llover pero también los asquerosos hombres que no paraban de ver mi pequeño cuerpo.
Estoy administrando bien mi dinero ya que no pago ni comida ni hospedaje. Paulette me permitió quedarme en El Cóctel gratuitamente, aunque todavía sigo pensando que nada es gratis y algún día me cobrará este gran favor que me está haciendo. Mientras tanto, guardo gran parte de mi dinero en una cajita que está escondida en mi habitación y la otra parte la utilizo en mis estudios. Como en las mañanas y en las tardes estoy libre, entré a un programas especial de chicos que necesitan graduarse más rápido por diferentes razones. Voy muy bien y si las cosas salen tan bien como ahora podría estar graduándose en un año.
Limpio la barra de madera con un paño mientras que deslizo mi mirada por todo el lugar. Orange Uno y Dos están compartiendo a un hombre de unos sesenta años, a mi derecha Kiwi—una de las chicas exóticas—, está sentada sobre el regazo de uno de los peces gordos de la ciudad, estoy segura de haberlo visto en la televisión un par de veces. Más allá mis ojos se encuentran con Apple, la nueva chica, apenas entró hace un mes y le ha dado tantos problemas a Paulette como nadie. Por lo que había escuchado la chica estaba aquí como pago, su padre la vendió a este lugar luego de que se endeudada hasta el culo con el dueño del local. Apple no era feliz, estaba destrozada y todo su ser me transmitía era dolor. Nuestras miradas se encuentran mientras un hombre desliza su palma abierta en su entrepierna, sus ojos sufren, ella sufre y yo realmente tenía miedo que mi pago a todo lo que me han dado en este lugar tuviera que ver con que un hombre metiera sus asquerosos dedos de salchicha en mis partes íntimas, me enfermaba pensar en eso porque siempre me llevaba a Lion.
Aparto mi vista para dejar de ver sufrir a Apple y mis ojos se encuentras con un hombre que nunca había visto en El Cóctel. Era alto, tal vez de unos cuarenta años y lo más curioso es que se encuentra solo. Ninguna mujer está a su alrededor, él solo bebé de su vaso y a su vez lo mira fijamente, quizás sintió mis ojos porque en ese momento sube su rostro haciéndome jadear por esos hermosos ojos azules. El hombre no era feo, pero sin duda alguna lo que le daba su belleza eran sus ojos, tan azules como el cielo. Una sonrisa escalofriante se forma en su rostro y yo rápidamente aparto mi mirada para volver al trabajo.
Pero durante toda la noche lo sentí, me miró, cada movimiento que hacía él lo vigilaba como un tigre a su presa, yo no podía estar más incómoda. A pesar de que mantuvo su mirada fija en mí no se acercó en ningún momento, como si fuera un acosador que solo está el esperando el momento de atacar.
Cuando son aproximadamente las dos y media de la mañana Paulette sale de su oficina con una sonrisa. Ella tenía razón, podría ser la mayor de todo el local pero era hermosa y los hombres la miraban hambrientos cada vez que ella se paseaba por el lugar. Con una sonrisa radiante camina con rapidez en dirección a mi acosador, no puedo apartar mi mirada de Paulette, quiero ver que va a pasar. Paulette al estar junto a él coloca su mano en el hombro del acosador y acerca su rostro, supongo yo para darle un beso, pero el hombre se aleja, Paulette está sorprendida, toda la expresión de su rostro me lo demuestra. El hombre le dice unas palabras, el ceño de Paulette se intensifica y es cuando mi acosador vuelve a mirarme.
Realmente debo dejar de meterme donde no me llaman, por eso aparto mi mirada de ellos dos, pero sé que ellos ven a mi dirección, siento sus ojos en cada movimiento que hago detrás de la barra. Un carraspeo me hace levantar mi mirada encontrándome con una Paulette consternada, está molesta y podría decir que un poco preocupada.
—Berry, ¿cómo va tu noche?
—Bien, aunque han habido mejores—Ella asiente con mi respuesta entrelazando sus dedos por encima de la barra.
—Quiero que me sigas, quiero presentarte a alguien. Procura no hablar si no te lo piden.
Me quedo tiesa en mi lugar, Paulette me insiste en salir y es lo que hago, rodeo la barra y salgo por la pequeña puerta del personal. Paulette entrelaza su brazo con el mío y me lleva hacia el acosador de ojos azules.
—Berry, este es el señor Víctor Williams, dueño de El Cóctel—mi corazón bombea con rapidez mientras veo más de cerca a ese hombre.
Se supone que él es el dueño de cada persona que trabaje en este lugar... incluyéndome.
—Puedes dejarnos a solas, Paulette.
Paulette duda un poco pero al final toma su decisión alejándose de nosotros.
»Toma asiento, Berry—hago lo que me dice y recuerdo las palabras de Paulette, las de no hablar si no me lo piden—. Eres preciosa. ¿Desde hace cuánto estas trabajando en este lugar?
—Seis meses.
—Me encanta que hayas elegido el nombre de Berry porque no hay más nadie en este lugar que lo haya escogido—toma de su bebida y deja de nuevo el vaso sobre la mesa—. ¿Cuál es tu verdadero nombre?
—Soy solo Berry, siempre ha sido así—respondo con firmeza, pero esa firmeza se va cuando una sonrisa espantosa se desliza en los labios de ese hombre.
—Me encanta ser dueño de una muñequita como tú—Su asperoza mano se posa en mi muslo y poco a poco va subiendo dejándome congelada del miedo—, estoy molesto porque nadie me había hablado de ti, pienso que eres especial y me encanta que nadie en este lugar todavía te haya tocado.
—Yo... Yo soy so... lo la chica de la ba... rra—tartamudeo de los nervios, su mano ya está a punto de tocar mis partes íntimas, pero él inesperadamente la retrae dejándola sobre la mesa.
—La verdad es que eras la chica de la barra porque ahora que te he encontrado, mi preciosa Berry, es muy difícil que te vaya a dejar.
—Usted no tiene control sobre mí.
Nuevamente esa sonrisa macabra está en su rostro levantando cada uno de los vellos de mi cuerpo.
—Te equivocas, preciosa, a partir de esta noche te conviertes en mi procesión más valiosa.
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