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6. LA LEYENDA DEL CIERVO BLANCO

Capítulo 6. La leyenda del ciervo blanco.

—¡Sus majestades! —Peter, Violet, Susan y Lucy escucharon la emocionada voz del señor Tumnus.

—¡Señor Tumnus! —Lucy le devolvió el saludo de la misma manera, mientras cerraba con cuidado el libro que estaba hojeando.

Los reyes y reinas se encontraban en la oficina de los sumos reyes, para nada importante, solo estaban ahí para su reunión semanal.

—Espero perdonen mi entrada. —Él fauno se disculpó, pero aun así se notaba que tenía algo importante que decirles. —¡Pero el ciervo blanco está aquí!

—¿El ciervo blanco? —Peter y Edmund preguntaron con confusión, sin embargo, la mente de las tres reinas hizo un click al acordarse de la leyenda de aquel ciervo que leyeron en un libro de la biblioteca del castillo.

—Es aquel que, si lo cazas, te puede conceder cualquier deseo. —Explicó la Compasiva. —¿O me equivoco, señor Tumnus?

—¡Su majestad está en lo correcto! —El fauno exclamó con emoción.

—¿Qué esperamos entonces? —Edmund preguntó con burla mientras se paraba de su asiento y se dirigía a la puerta. —Ve a ponerte algo cómodo Peter, te espero en quince minutos en la entrada del palacio.

—¡Hey! ¿qué hay de nosotras? —Susan comentó indignada al notar que su hermano no las incluyó en el comentario.

—Ustedes pueden quedarse en el castillo, podemos cazar al ciervo por nosotros mismos. —El Justo se mofó.

—Oh, no lo creo. —Dijo Lucy para luego levantarse con elegancia, planchando con sus manos las arrugas que habían quedado en su vestido amarillo. —Nosotras vamos, sin discusiones. En quince minutos nos veremos en la salida.

Y salió con la frente en alto de la oficina, dejando boquiabierto a Edmund.

—Esa es mi Lucy. —Violet susurró con orgullo y siguiendo a la menor, se fue de la habitación, con Susan por detrás.

Saliendo de su estupefacción, el Justo bufó y se retiró de la oficina con indignación, dejando a Peter solo con el fauno.

—Supongo que ya tenemos planes para la tarde. —El Magnífico sonrió de lado, para luego mirar al fauno. —¿Puedes decirle a la guardia real que saldremos en cacería? diles que estén listos ahora mismo y que nos esperen en la entrada.

—Claro, su majestad. —El fauno se reverenció torpemente, debido a su emoción, y se retiró rápidamente hacia el cuartel de la guardia real narniana.

Peter sonrió por la emoción de su amigo.

Es decir, solo irían a cazar un ciervo.

—¿Qué podría pasar? —Se preguntó a sí mismo mientras dejaba la oficina.

No tenía ni idea.

•••

—¿Donde está Edmund? —Preguntó Susan al darse cuenta que el azabache era el único que faltaba.

Peter, Violet, Susan, Lucy y Anna estaban en la entrada del palacio, esperando a que el Justo se dignara a aparecer para ir en búsqueda del ciervo. Todos habían optado por una vestimenta cómoda, pues irían a caballo, y dejaron sus coronas en sus baúles ya que no querían tener que estar arreglando el ornamento mientras cabalgaban.

—¡Aquí estoy! —Exclamó el hombre menor de los Pevensie, llegando donde los demás.

—Tío Edmund, realmente te demoras mucho en vestirse. —La ahora pre adolescente Anna, con doce años, regañó a su tío.

—Claro que no, Annie. ¿Sabes cuánto te demoras tú? —Edmund revolvió el rubio cabello de su sobrina con burla, para luego fijar su mirada en las tres reinas. —¿Realmente quieren ir? digo, cazar no es lo más adecuado para las mujeres...

—Termina esa frase y no volverás a ver la luz del sol por varios meses. —Lucy amenazó a su hermano.

—No sabía que las mujeres tenían un lugar adecuado... —Susan siguió, levantando una ceja y marcando su acento inglés por la leve indignación.

—Edmund, todo lo que tú puedes hacer, nosotras lo hacemos incluso sangrando. —Violet miró a su cuñado con una pizca de decepción. —Somos las reinas de Narnia y podemos ir a cazar un ciervo, además, algo me dice que será una gran aventura para todos nosotros.

—¿Puedo ser como ellas cuando sea grande? —Susurró la princesa Anna, sacando algunas risas de la guardia real y de Peter.

—Bueno, lo entiendo. Perdón —Se disculpó el azabache con sinceridad. —¿Podemos ir ahora a cazar?

Los demás asintieron, Violet, Susan y Lucy se despidieron de Anna, montaron sus caballos y siguieron a los guardias, mientras que Peter y Edmund se quedaban atrás.

—¿Qué quiso decir Lettie cuando dijo que ellas hacen cosas incluso sangrando? —Edmund le preguntó en voz baja a su hermano mayor luego de despedirse rápidamente de su sobrina y de subirse a su fiel caballo.

Vaya, si los reyes y reinas hubieran sabido que esa sería la última vez que vieran a la pequeña rubia, se hubieran despedido de ella con más cariño.

—¿Es que mamá nunca te explicó ese tema? —Se burló Peter para luego subir a su corcel y cabalgar hacia donde estaban sus hermanas y su esposa.

•••

—¡Vamos, Whisper! —Exclamó Violet mientras le hacía cariño a la brillante crin de su caballo blanco, impulsandolo a seguir más rápido al escurridizo ciervo.

—¡Eh, Edmund no está! —Avisó Lucy, dándose cuenta que el azabache no se encontraba con ellos.

—¿Se habrá quedado junto a la guardia? —preguntó Peter, ya que los soldados estaban tomando un descanso del viaje unos metros más allá.

—Es casi imposible, conoces a Edmund. —Se burló la Compasiva. —Él mismo fue el que dio la iniciativa de la caza.

—Debe de haberse quedado atrás, hay que recordar que Philip ya es muy viejo. —Dijo Susan, recordando al compañero de aventuras de su hermano menor, aquel fiel caballo café.

—Vayamos a buscarlo entonces. —Dijo Peter.

Los demás asintieron y les pidieron a sus corceles que dieran la vuelta, para luego ir a buscar al azabache.

—¡Ed! —Exclamó Lucy al encontrar a su hermano. —¡Perderemos al ciervo si nos demoramos más!

—Ustedes avancen. —indicó el Justo mientras acariciaba a Philip. —Estoy descansando un poco.

—¡Ja! —Susan se burló. —¿Qué fué lo que él dijo, chicas?

"Ustedes quédense en el castillo, podemos cazar al ciervo nosotros mismos." —Los demás se rieron de la pésima imitación de Violet.

—Hey, ¿qué es eso? —Preguntó Peter al notar una luz salir de una enredadera de ramas.

El rubio se bajó de su caballo, con los demás imitando su acción. Para luego acomodarse en media luna alrededor de la luz.

—Oh, es un farol. —Susurró Susan cuando reconoció el objeto detrás de tantas hojas y ramas.

—Lo recuerdo de alguna parte. —Murmuró Edmund para sí mismo.

—Es como un sueño. —dijo Peter.

—O el sueño de un sueño. —Le siguió Violet.

Bitación... —Lucy susurró al mismo tiempo que sacudía su cabeza levemente, señal de que estaba recordando algo.

—¿Lu? —Susan miró a su hermana menor cuando esta comenzó a retroceder lentamente con una sonrisa.

—¡Bitación! —La Valiente volvió a repetir, aunque esta vez con más euforia, y corriendo se dirigió a un lugar del bosque.

—¡Lucy! —Exclamó Peter, para luego seguir a su hermana.

—Oh, no otra vez. —Se quejó Violet, al tener un deja vú de aquel momento.

—¡Vamos! —Susan agarró a su cuñada del brazo y siguió a Peter y a Lucy, quienes ya le llevaban algo de ventaja, mientras que Edmund iba al lado de ellas.

Llegaron hasta un pequeño claro, donde en una parte del bosque se encontraban muchas ramas en conjunto, como si no quisieran que se viera lo que había detrás. Sin pensarlo dos veces, Lucy se abrió paso por las ramas, seguida por sus hermanos y cuñada.

—¡Auch, Susan, me pisaste mi pie! —Exclamó Ed con desgano.

—¡Lucy, para de empujarme! —Peter gritó esta vez.

—¡Yo no fuí! —Lucy dejó en claro indignada, mientras que cada vez se apretujaban más, era como si el espacio se hacía cada vez más estrecho. —¡Es Susan!

—¡Oye, no me eches la culpa! —Exclamó Susan.

—Estás no son ramas... —Violet era la única que al parecer seguía cuerda y no exclamaba cosas. —Son abrigos, y aquel farol... oh Dios, ¡es el gran farol, aquí es donde todo empezó!

Pero los demás estaban tan enfrascados en quitarse los abrigos y ramas de encima, que realmente no la escucharon. Siguieron caminando apretujados, hasta que la presión de sus cuerpos hizo que la puerta del lugar donde aparentemente estaban se abriera completamente, logrando que todos cayeran al piso de lo que parecía ser un salón vacío.

Violet miró confundida el lugar, lo reconocía de alguna parte, hasta que miró hacia abajo donde estaban sus manos, y se llevó una sorpresa al notar que eran pequeñas y jóvenes de nuevo. Y ya no llevaba su largo vestido con sus cómodas botas de montar, si no que llevaba un vestido azul marino con detalles blancos, unas medias blancas con zapatos negros con un poco de tacón.

—¿Dónde...? —La aguda voz de la que parecía ser Lucy sacó a todos de su ensoñamiento, para luego mirarse asustados, pero confundidos.

¡Eran jóvenes de nuevo! Lucy volvía tener el aspecto de una niña de nueve años, Edmund era un adolescente de nuevo, Susan volvió a ser una jovencita de catorce años, y Violet y Peter eran dos jóvenes de quince años nuevamente.

Violet volvió a ver sus manos de nuevo, solo para darse cuenta que su anillo de compromiso no estaba ahí, ni tampoco se hallaban su anillo de matrimonio y el anillo de amistad que compartía con Susan y Lucy.

—¿Estamos solos? ¿Dónde está Anna?

Todo era tan confuso, hace tan solo unos minutos atrás estaba cabalgando en busca del majestuoso ciervo blanco, y ahora estaba en una habitación vacía, parecía que ni siquiera estaban en Narnia.

Hasta que recordó, buscando en los recuerdos más profundos de su memoria se dió cuenta que no estaba solamente en una habitación vacía, ¡estaba en la casa del profesor Kirke! Ella tenía recuerdos borrosos sobre algunos de los momentos en la estancia de la casa del profesor, pero aún así su mente maquinó rápido y pudo encontrar aquel recuerdo exacto de lo que hacían dentro del ropero.

Se habían escondido de la señora Macready, quien los venía persiguiendo por que ellos habían roto una ventana y una armadura sin querer.

La señora Macready... ¿Después de tantos años ella y el profesor seguirán vivos?

Violet confirmó su teoría al escuchar pasos de una persona dirigirse hacia la habitación, para luego meter una llave a la cerradura y entrar con una calma total al salón.

Era el profesor.

—¡Ah! ahí están. —Saludó el viejo hombre mientras jugueteaba con una pelota en sus manos. —¿Se me permite preguntar qué hacían todos en el armario?

—Si le decimos... no nos creería señor. —Murmuró Peter.

—Hay que ver. —El profesor Kirke les guiñó un ojo al mismo tiempo que le lanzaba la pelota a Peter, para que este la atrapara.

•••

—Muchas gracias por su hospitalidad, realmente estamos agradecidos. —dijo Violet con voz apagada al notar que el tren estaba por llegar a la estación.

—Ha sido todo un honor, sus majestades. —El viejo hombre soltó una risita. —Las puertas de mi hogar siempre estarán abiertas para ustedes niños.

Estaban en la estación Coombe, el bombardeo había acabado y los niños que habían evacuado debían de volver a sus hogares, así que el profesor Kirke se tomó la molestia de ir él mismo a despedir a los niños.

—Muchas gracias, profesor. —Susurró la ahora pequeña Lucy, abrazando al hombre, para que luego todos se unieran a la muestra de afecto.

—Mantengan sus ojos bien abiertos. —El señor Kirke rompió el abrazo. —Buena suerte.

Peter, Violet, Susan, Edmund y Lucy le regalaron una última sonrisa al profesor, para luego tomar sus maletas y abordar el tren que ya se hallaba al lado de ellos. Buscaron un compartimiento y con calma se acomodaron, mientras sentían que el tren volvía a avanzar.

Ya pronto estarían en casa.

•••

—¡Niños! ¡hijo, por aquí! —Los gritos de varias mujeres recibieron a los niños cuando llegaron a la estación de Londres.

—¡Ahí está mamá! —Exclamó Susan cuando notó que su madre no estaba tan lejos de ellos, buscándolos con la mirada.

Sin pensarlo dos veces, ella, Lucy y Edmund corrieron hacia el encuentro con su progenitora, dejando a Violet y a Peter detrás.

—¿Vendrás conmigo? —Le preguntó el rubio. —Quiero que conozcas a mamá.

Un sentimiento de nerviosismo se instaló en el pecho de la Compasiva, pero aun así asintió y entrelazando su brazo con el del Magnífico, se dirigieron donde la señora Pevensie abrazaba sentimental a tres de sus hijos.

—Mamá. —Saludó Peter cuando llegó al lado de su madre.

—Oh, Peter. —La señora Helen soltó un par de lágrimas cuando abrazó a su hijo mayor, para luego posar su vista en Violet. —Hola jovencita.

—Buenas tardes, señora Pevensie. —La ojiazul hizo gala de modales al saludar a su madre en ley.

—Qué encantadora. —Susurró la mayor, antes de fijarse en los brazos entrelazados de ambos jóvenes.

—Mamá, ella es Violet Wright. —El rubio presentó a su pareja. —Ella es mi espo... novia, ella es mi novia.

Edmund no pudo evitar soltar una risa al ver que su hermano casi lo arruina.

—Oh, Dios. —Lágrimas de sorpresa se juntaron en los ojos de la señora Pevensie. —Es un honor querida, gracias por hacer feliz a mi hijo.

Y hablaron y hablaron, incluso la tía de Violet y su primo ya habían llegado, pero en la estación se quedaron presentándose, haciendo invitaciones para cenar y un sin fin de otras cosas.

—Creo que le agradas. —Susurró Edmund con burla, logrando que sus hermanos y cuñada sacarán una carcajada.

A pesar de no estar en Narnia, o estar sin Anna, ellos se sentían más unidos que nunca. Porque sabían que iban a volver, tal vez no ese día, ni en las semanas siguientes.

Pero tendrían sus ojos bien abiertos.

Capítulo editado.

🏹🏹🏹
(antigua nota de autora)

fin de "la edad dorada"

q sad, aber lloremos.

mi colegio canceló las clases por dos semanas a causa del COVID-19, así que cuando no esté estudiando estaré escribiendo más capítulos y actualizando <3

actualización: 3 de septiembre del 2021 y que ILUSA mi yo del pasado pensando que iban a ser solo 2 semanas :)

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