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CAPÍTULO 7

Las citas no son lo mío, he tenido quizás unas tres o cuatro como máximo y la cantidad insuficiente de veces no han sido del todo estupendas. La falta de tiempo es mi peor enemigo en cuanto a salir con hombres se trata, termino rechazando cualquier propuesta o postergándola, hasta que al final ellos se cansan y soy descartada entre su lista de conquistas.

Habían pasado apenas dos días desde aquel mensaje de texto que perturbó toda mi noche, divagaciones que al final de cuentas volverían al día siguiente.

Mientras peinaba el cabello largo y cobrizo de Yasmina, mi mente continuaba en el dilema de si aceptar o no la propuesta de Christian. Tenía una impresión muy buena de él, alguien interesante para pasar un rato agradable, pero como mencioné antes, la falta de tiempo es mi peor enemigo.

—Estás muy callada— Comentó la pequeña, y aunque no podía verle la cara, estaba segura se encontraba frunciendo el ceño y con una mueca decorándole la boca, preguntándose ¿Qué estaría pasando conmigo?

—Estoy reflexionando nada más—Respondí con simpleza, pasando a otro mechón para desenredarlo.

—¿En qué piensas?—Preguntó, girándose para quedar de frente hacia mí. Me miraba fijamente, sus ojos verdosos tropezando con los míos parecían llenos de intriga—Es por un hombre...

—Claro que no—Afirmo de inmediato, antes de que saque sus propias conclusiones.

—La abuela dice que si tienes cara de tonta, esa es la prueba para saber que estás pensando en alguien. Y tú tienes justo esa expresión, dime ya quien es—Me animó, sin despegar sus curiosos ojos sobre mí.

Me planteo por largos segundos si sería correcto decirle o no, sin embargo, conociendo a la pequeña Yasmina, estoy segura no descansará hasta saber la verdad.

—El mejor amigo de tu padre me invitó a salir—Digo, restándole importancia.

El ruido de un objeto que se estrella contra el suelo nos hace sobresaltar a ambas y en seguida, Thiago se disculpa en voz muy baja al tiempo que recoge al ken junto a la barbie, para luego devolverlos a su sitio. Si su intención era pasar desapercibido, la torpeza le ha jugado en contra.

—¿Christian te invitó a salir?— Curiosea Thiago, entrometiéndose en la conversación.

—Sí, pero no he respondido su mensaje—Me limito a responder con frialdad, mirándolo con recelo ante repentino interés en mi vida privada.

—¿Y qué estas esperando?—Replicó la niña embrollada, haciéndome recordar su presencia en la ecuación—¡Acepta la invitación, mujer!

—Yasmina, la decisión es de Auba, no tuya— La reprende su padre desde el otro lado, atento a la expresión de disgusto en el rostro de la pequeña de brazos cruzados y mohín en el rostro.

—No tengo tiempo para citas y no quiero que el espere por mí. Puede salir con otra chica—Aseguro, dirigiéndome directamente hacia la niña, rogando en mi mente porque la conversación se acabe.

—Sospecho que te asusta—Interviene el castaño y por primera vez en mucho tiempo, su comentario me cae como balde de agua fría. Yasmina por su parte guarda silencio, alternando su mirada en los dos.

—¿De qué tendría miedo?—Pregunto, desbordando algo de enojo en mi tono de voz.

—Al compromiso—Responde con obviedad.

—¿Compromiso?—Le miro incrédula—Es solo una cita.

—Una cita que bien puede ser la mejor o la peor de tu vida. Una cita que puede convertirse en muchas o quedar solo en una—Aclara, mirándome con reproche—¿Qué pasará si resulta salir bien? Querrá saber más de ti, compartir contigo en su tiempo libre, colearse en tu vida paso a paso y tal vez tú no quieras eso.

—Porque no tengo tiempo—Sostengo mi palabra, esta vez con más seguridad.

—O estás asustada—Vuelve a atacarme con lo mismo de antes.

Exasperada, me tomo un par de segundos para respirar profundamente antes de perder la calma, pero para Thiago, mi silencio es malinterpretado y lo toma como sustento para confirmar que lo que está diciendo, no es cosa de su imaginación.

—¡Ahí está! Si estás asustada—Maldigo por lo bajo en cuanto lo escucho decir eso y noto como Yasmina abre los ojos de par en par.

—¿Sabes qué? Aceptaré la invitación ¿Por qué no?— Un alarido que destella conmoción se escapa de la boca de Yasmina y sin contar los brinquitos que hace con los brazos en alto.

—Oh ya sé, podemos hacerte un peinado glam que resalte...—En un santiamén me desconecté por completo de la conversación, asintiendo con la cabeza a lo que decía la pequeña. Sofocaba mi cabeza con mil y un corrientes, preguntándome "¿En qué momento habrá abandonado Thiago la habitación?" "¿Cómo una niña puede ser más coqueta que yo?"

Pero con lo que más me sentía fuera de órbita era no saber que responder. Que palabras exactas colocar en el móvil y en un sencillo segundo paso darle "click" para enviarlo.

—Préstame tu teléfono—Demandó Franco, lo miré con los ojos entrecerrados y aferrando más el celular en mi pecho con desconfianza le di a entender que no tengo motivo alguno como para dárselo tan fácilmente. El niño rueda los ojos, pero su misión de obtener mi celular sigue en pie, por lo que le hace una seña con la cabeza a su hermana quien tan pronto como puede se aproxima a donde estoy y comienza a hacerme cosquillas en el estómago—¡Bingo!

—Lo siento, Auba— Yasmina se aparta, dejándome con un intenso dolor pese a la risa incontrolable que me indujo gracias a su ataque que me tomó desprevenida. Su hermano mayor está lo bastante lejos con mi celular en la mano como para que pueda alcanzarlo así de veloz.

—Veamos— Franco se pasea alardeando su victoria de un lado a otro, mientras yo intento capturarlo—¿Qué tal si ponemos...? "Hola Christian, espero que hayas tenido un buen..." No espera, eso no suena a ti. "Espero que hayas tenido un fructífero inicio de semana, he estado ocupada últimamente en cuidar a los malcriados hijo de tu mejor amigo Thiago..."

—¿Malcriados? Jamás diría eso de ustedes— Reclamé irritada. Franco tiende a ser abyecto cuando se lo propone y en estos instantes está cumpliendo con ese papel a la perfección, ¿Qué debo hacer para agradarle a este mocoso?

—¿En qué estaba?— Inquiere para sí mismo de manera pensativa al mirar al techo. Aprovecho esos ápices de segundos para ir tras de él, sin embargo, mis pasos no son lo suficientemente discretos como para que el no los note. Así que se escabulle por la cocina.

—¡Devuélveme el teléfono Franco!—Vocifero yendo detrás del niño. Franco rodea la isla, alzando el celular aún más para no golpearlo con lo que esté a su alrededor, hago lo mismo pero una escoba se interpone en mi camino y mi caída inminente me hace salir de la carrera.

—¿Estás bien?—Cuestiona con preocupación Yasmina al verme tirada y adolorida en el suelo. Me posiciono boca arriba gimiendo de dolor, la pequeña se pone en cuclillas y extiende su mano hacia mí—¿Quieres una mano?

—No creo que puedas conmigo—La niña carcajea reconociendo que es cierto lo que digo, se termina de tumbar en el suelo y se acuesta a un lado, perdiendo su mirada al techo al igual que como lo estoy haciendo mientras recupero mis fuerzas.

—Tranquila, Thiago no enviará ese mensaje. Lo conozco muy bien y no sería capaz de hacerte esa maldad.

<<Más le vale>>

***

Al final el vil de Franco si se atrevió a enviar el mensaje, lo que me imagino desconcertó a Christian quien llamó en cuanto llegué a casa luego del trabajo. La cita seguía en pie después de todo, por lo que debía escoger en cuestión de segundos un atuendo ideal para esa noche.

—¿A dónde iras?—Preguntó la abuela apenas notó la ropa que sacaba del closet.

—No lo sé aun, es una sorpresa—Contesté entre risas. La abuela tomó la silla de mi escritorio, la acercó a la cama y se sentó en ella, mirando cada opción de conjunto.

—Deberías ponerte el vestido coral, te queda muy bien ese color.

—¿Quieres arreglarme?—Inmiscuí, extendiendo la paleta de sombras y una brocha. Ella ladeó la cabeza sin estar segura en si tomarlo o no.

—Ya no eres una niña—Dijo con serenidad.

—No, no lo soy—Reconocí e hice una leve pausa—Pero es bueno recordar viejos tiempo ¿No crees?

—Si queda mal será tu culpa.

—¿Estas dudando de tus propias habilidades?

—Hace tiempo que no hago esto.

—Estarás bien— Hizo un resoplido cargado de fatiga, me arrebató el maquillaje de las manos y aceptando el reto, comenzó su trabajo.

La abuela es de esas personas que quieren que todo, absolutamente todo, quede perfecto, un leve desajuste y eso hará perder su paciencia, así que el factor tiempo será su peor enemigo. No quiero presionarla ni mucho menos desconcentrarla con mis torpes comentarios, por lo que mantengo mi boca cerrada y dejo que fluya.

—Y...Listo—Avisa la abuela en cuanto aparta la brocha de mi párpado izquierdo, sopla con suavidad la zona de mis ojeras para desaparecer las virutas de maquillaje que han caído por accidente.

Abro los ojos con lentitud y me observo boquiabierta al espejo pequeño con forma circular que me ha entregado la abuela. Quedo impresionada por como el maquillaje que a pesar sea de noche, no se ve para nada recargado y conserva aun así un toque elegante.

—No quise hacerte nada en el cabello, adoro tus rizos y esta noche pienso que debes lucirlos como nunca antes lo habías hecho—Agrega la abuela con una sonrisa gigantesca estampada en su rostro, le devuelvo la sonrisa, pues fue un lindo detalle que dijera eso además de arreglarme. Valoro mucho ese gesto.

Las dos seguimos hablando del galán que Thiago tiene como mejor amigo, la abuela no sabe quién es exactamente, por lo que pregunta más sobre él y cómo fue que me invitó a salir. Al instante en que voy a contestar a sus cuestiones, mi teléfono repiquetea y vibra por la mesa, lo tomo de inmediato y mi abuela con los ojos abiertos hasta el límite me pregunta de quién se trata.

—¡Christian!—Digo al atender la llamada, mi abuela abre la boca para dejar escapar un suspiro, se sienta a mi lado y pega su oreja del móvil para escuchar la conversación.

—¿Qué tal, preciosa? ¿Ya estas lista?—Cuestiona al otro lado de la línea, puedo imaginarme por unos segundos su encantadora sonrisa hincándosele en el rostro.

—Sí, claro—Afirmo con nerviosismo.

—Estaré ahí en unos minutos—Indicó, antes de colgar. Logrando incrementar a paso rápido mis nervios.

Tal como lo había dicho, en menos de quince minutos, Christian ya estaba afuera esperándome. Me despido de mi abuela quien previo a mi salida acomoda mi cabello hacia delante y me guiña un ojo con picardía, ruedo los ojos y me dirijo rápidamente al ascensor.

Al estar en planta baja, veo a mi cita apoyada del capot de su auto, el hombre de ojos verdes, cabello oscuro, tez morena y alto, esboza una sonrisa encantadora al verme y sus misteriosos luceros se pasean por todo mi cuerpo. Sin perder el tiempo, hago lo mismo, detallando como el traje azul eléctrico, camisa blanca y zapatos negros, al igual que bien lustrados se ajusta en las partes correctas a su cuerpo, realzando sus buenos atributos como los hombros anchos y sus fuertes brazos.

—Te ves radiante—Dice al terminar su escaneo.

Le agradezco en un susurro y lo halago también, dejándole en claro que luce aún más apuesto que la vez que nos conocimos.

Es el primer sujeto con el que salgo en mucho tiempo y mentiría si dijera que no estoy para nada nerviosa, que mi corazón no está descontrolado, mis manos no sudan y mi mente no deja de imaginar cientos de escenarios catastróficos de cómo está cita podría terminar en un tremendo desastre. Christian por su parte no parece notar el efecto que está salida con el causa en mí, así como yo no me doy cuenta de que posiblemente el esté igual que yo y su manera de disimularlo es la de un experto.

Desde que pongo un pie dentro del auto, Christian me hace saber que el lugar al que iremos es uno de sus favoritos y también lo deja en factor sorpresa, lo cual no me disgusta, pero si logra aguijonear mi curiosidad. Durante el camino no es mucho lo que hablamos, solo acerca de cómo estuvo nuestro día y luego somos interrumpidos por una llamada telefónica a Christian. Al cabo de unos minutos cuelga la llamada, se disculpa y cuando y al final de cuentas desisto a la idea de retomar la conversación al ver que hemos llegado a nuestro destino.

No soy de salir de casa muy a menudo, menos ir a restaurantes. Prefiero quedarme en casa luego del trabajo y recostarme debido al cansancio, o después de que finalizan mis clases y no tengo que cuidar de los niños, visito a Fernando al trabajo o el me invita a comer hamburguesas en un puesto que hay a dos calles de donde estamos.

Pero por supuesto que nada se le parece al restaurante al que me ha traído Christian. Al pasar por una preciosa puerta con Aldaba, siendo el símbolo del Restaurant, hay una barra acogedora donde reciben los bartender a la clientela con diversos cocteles, por otro lado, a la izquierda está el gran salón del restaurant de piso de mosaico, con largas mesas de madera y sillas del mismo material al igual que uniformemente barnizadas.

Christian me dirige al medio del salón, rueda la silla hacia atrás para que tenga el espacio y la comodidad suficiente para sentarme en la mesa antes de empujar el asiento hacia delante sin excesivo esfuerzo. Con un grato saludo nos recibe un hombre unos cuantos años mayor que él, de vestimenta mucho más elegante que el propio Christian.

Confundida por lo que está pasando y de quien es el hombre sentado en la misma mesa que nosotros, opto por quedarme al margen mientras escucho su conversación con mi cita. Con el pasar de los minutos, convirtiéndose en horas conversando de sus vidas como el trabajo, la familia, más trabajo y yo sintiéndome como pez fuera del agua, al igual que atónita por la cantidad de ceros que había en la carta. Algunos platos me parecían apetecibles, otros no tanto por su contenido, pero los números era lo que más me desconcertaban.

—¿Ya sabes que pedirás?—Preguntó Christian, dirigiéndome la palabra por primera vez en lo que iba de noche. Acercó el menú a su cara y noté como sus ojos viajaban de arriba hacia abajo por todo el papel— El Fetuccine a la Marinera se ve grandioso.

—Creo que pediré lo mismo que tú—Titubee, porque no sabía que otro platillo pedir y ordenar alguno que esté por encima del precio que él había dicho, me haría sentir peor.

El resto de la velada, por más que Christian compartiera con su colega, hacía un gran esfuerzo en comportarse como todo un hidalgo, siendo atento y amable, escuchando las pocas palabras que compartía. Cuando trajeron los pedidos, las risas junto a la exquisita comida eran una excelente combinación a pesar de que al principio sentía que Christian me tenía como invitada en una cena de negocios en lugar de una cita, hasta que el hombre desconocido en realidad era un agente de bienes raíces, amigo de la familia que al cabo de un rato se terminó marchando y fue entonces que comenzó la "cita".

No obstante, de un momento a otro, hubo un cambio repentino de dirección, la plática dejó de ir en el sentido correcto pasando de ser bilateral a prácticamente un monólogo.

Me gusta el hecho de hablar acerca de mi trabajo, hacer diminutos comentarios acerca de él. Pero hablar sobre lo mismo no era la manera idónea de culminar una cena especial. Christian hablaba, hablaba y hablaba de sus negocios internacionales, de las ventajas y desventajas sobre ello, su competencia, la impericia de algunos de sus trabajadores, los impuestos, contratos por concluir, números tras números.

Hubiese querido dar mi punto de vista al respecto, aunque no entendía la mayoría de lo que Christian me compartía, tampoco es que me diera oportunidad de hablar y a él solo le bastó que asintiera con la cabeza y pareciera interesada a pesar de no estarlo ni siquiera una pizca. 

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