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Cuando Arzu tenia seis años, le salio un erupción en el cuello y, por ello Argentina y Venezuela lo llevaron al dermatologo.
Como siempre que uno va al medico, la espera se hizo interminable y, mientras aguardaban su turno el niño se fastidio.
Arzu: Aburrido, aburrido, ¡Aburrido!.
Argentina: Arzu, vamos a hacer algo para que te entretengas, vos contaras del uno hasta el numero mas alto que te sepas.
Arzu: Okey papá, ¡Uno, dos, tres...!.
Venezuela: Bueno eso lo distraerá un rato.
Cuando el niño no recordaba un numero le preguntaba a sus padres.
Arzu: Veintidós, veintidós... Papi, ¿que viene después de veintidós?.
Venezuela: Veintitrés. Acuérdate que después de diez, los números que vienen vuelven a tener detrás los nueve primeros.
Arzu: ¿Y por que no se dice diez y uno o diez y dos, sino once y doce?.
Venezuela: La verdad no se, pero supongo que es porque se les usa tanto que tienen su propio nombre.
El niño volvió a su cuenta, esta vez acompañando cada numero de un golpe a uno de los brazos de la silla donde se hallaba.
Y, aunque esto resultaba igualmente molesto para los otros pacientes, Argentina y Venezuela lo dejaron seguir porque les pareció que era mejor que tenerlo corriendo y saltando por todos lados.
Arzu: ¡Cien!... ¿y ahora que papá?.
Argentina: Ahora es como si empezaras de nuevo: Ciento uno, ciento dos, ciento tres,...
Arzu: ¿Por que no cien uno, cien dos, cien tres, cien cuatro...?.
Argentina: Porque no suena bien, en cambio, ciento uno, ciento dos, se oye bien.
El niño continuo con su cuenta, pero a los golpes que le daba a la silla con la mano, añadió otros con los pies. Ademas ya no recitaba los números sino que casi los gritaba.
Venezuela: ¡Ya, Arzu! ¿No ves que molestas haciendo eso?.
Arzu: ¿Ya no cuento mas?.
Argentina: No, digo, si, seguí.
Ahora lo que hacia el niño era que contaba con tranquilidad, pero el pequeño se paro de su asiento y comenzó a dar un salto por cada numero que decía lo que era igual de molesto.
Argentina: ¡Arzu...!.
Ante la vista amenazadora de su padre el menor regreso a su asiento.
Venezuela: ¿No puedes contar sin molestar?.
Arzu: Okey papi.
El pequeño volvió a contar pero ahora como quien reza en la iglesia. Apenas dejaba escapar un murmullo.
Arzu: Papá, ¿cual es el numero mas grande que hay?.
Argentina: El infinito.
Arzu: Yo no creo que sea ese.
Venezuela: ¿No?.
Arzu: No papi, mira, es como me dijeron ustedes, infinito uno, infinito dos, infinito tres...
Argentina: ¿A que hora nos vamos?.
Venezuela: Pronto pronto.
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