
Capítulo 28
Había un par de zonas de la casa en las que Jungkook aún no había curioseado. Principalmente porque aparentemente no tenían nada interesante o todavía no habían sido restauradas.
Pero se prometió a sí mismo que de ahora en adelante comenzaría a prestar más atención a ese tipo de rincones cada vez que pudiera, pues a un costado de la casa de Dalbich, en una zona oculta a la vista, había una descuidada habitación, que según él, era un almacén lleno de cosas aburridas.
Pero se retractó de sus palabras totalmente debido a que Taehyung lo había guiado hasta su interior y fue entonces que pudo observar lo que aquel lugar resguardaba.
Efectivamente, era un almacén. Muchos de los objetos en su interior solo se ocupaban de vez en cuando: algunas mesas y sillas plegables, instrumentos para el vino de los que desconocía el nombre, entre otras cosas de apariencia antigua. Olía a polvo y a antigüedad.
Pero su atención se centró en lo que se encontraba en medio de la habitación: debajo de una gran manta blanca, y siendo resguardado del polvo, se encontraba un reluciente auto de un impactante color carmesí. Un Versa Advance Aut.
— Hace poco más de un año compré este auto. No suelo usarlo demasiado. — Señaló el omega, terminando de quitar la manta y doblándola cuidadosamente. — Tenía que ir a Daegu para cerrar un trato, y no quería llegar en taxi y dar una imagen de lástima, así que Jimin y Namjoon me llevaron hasta allá y me ayudaron a escoger el modelo. Es bonito ¿No?
— Me encanta el color. — Comentó. Jungkook salió de la habitación y se quedó a un costado del portón, para no interponerse en el camino del auto a medida que Taehyung lo sacaba de ahí.
Una vez que el auto estuvo afuera, Jungkook se encargó de cerrar la enorme puerta y apagar la luz del interior. Después se encaminó al lugar del copiloto y se sentó en él.
Taehyung emprendió el camino fuera del viñedo en cuanto el alfa se colocó el cinturón de seguridad. Jungkook detalló el interior del auto toqueteando el tablero, el asiento y cuanto objeto estuviera al alcance de sus manos. Una nostálgica imagen de sus autos llegó a su cabeza, recordando que había olvidado preguntarle a Yoongi qué había sucedido con sus pertenencias.
El omega rio enternecido, viendo por el rabillo del ojo las acciones de su alfa. A su parecer, era como un pequeño cachorro.
Pero una vez que estuvieron saliendo de la arboleda que rodeaba el camino que llevaba a la entrada del viñedo, Jungkook cambió su atención a su alrededor, fuera del auto, conociendo aquel caminó que él jamás recorrió. O al menos que él recordara haberlo hecho.
El sendero hecho de adoquín se conectaba con una avenida de asfalto; a la derecha se encontraba el pueblo al que el viñedo pertenecía. Lo supo cuando al ver hacia esa dirección pudo notar un cúmulo de luces que iban prendiéndose poco a poco, conforme la noche llegaba. Sin embargo, Taehyung tomó la dirección contraria: la izquierda.
Prefirió no cuestionar nada, Taehyung tenía toda su confianza. Se mantuvieron en ese mismo silencio por varios minutos, disfrutando de la cercanía del otro, siendo resguardados por el arrullo del auto en movimiento.
Pronto tomaron una desviación a la derecha y se internaron en el interior del bosque. Las luces del auto revelaban el sendero que seguía y seguía sin un final aparente.
— Hace muchos años que no he ido con ella, pero por lo que recuerdo, es bastante estricta. — Taehyung rompió el silencio. — Pero también es muy sabia. Sabe muy bien lo que hace.
— ¿Debo esperarme acertijos y profecías? — Taehyung rio por el comentario, pero respondió encogiéndose de hombros.
El camino duró poco más de media hora, por lo que llegaron cuando el sol ya se había ocultado en el horizonte.
Estacionaron el auto frente a una pequeña cabaña con un inmenso jardín, lleno de flores coloridas y olores perfumados. Salía humo por la chimenea y las luces del interior estaban encendidas, dejando en evidencia la presencia de alguien en el interior. El bosque parecía rodear aquel hogar como una fortaleza.
De forma casi instintiva se tomaron de las manos mientras compartían una mirada significativa. Jungkook se acercó para besar la frente de su omega, y no despegó sus labios por un minuto entero.
Después se separaron y con un apretón al final, sus manos se soltaron por unos momentos para volver a encontrarse poco después, cuando el alfa y el omega se encaminaban a la puerta de entrada.
Taehyung golpeó los nudillos de su mano libre contra la madera, de forma segura pero sin excesiva fuerza. Esperaron unos momentos y la puerta se abrió revelando a una muchacha joven, de no más de veinte años. Tenía el cabello castaño trenzado cuidadosamente hasta su cintura, un suéter de punto azul pastel, un pantalón de mezclilla y unas botas altas cafés.
— Hola, venimos a ver a Sohye. — Anunció el omega, mostrando una diplomática sonrisa.
La chica asintió y les permitió entrar. El interior era cálido, principalmente por la leña que crepitaba en la calidez del fuego de la chimenea. Jungkook analizó el interior de la sala de estar en cuanto tuvo oportunidad. En el sofá había una piel de animal extendida a lo largo del respaldo; los muebles habían sido hechos, en su mayoría, de madera. Había varias fotos colgadas en las paredes, algunas figuras talladas de animales, y también se podía observar algunas reliquias en las repisas.
En el ambiente flotaba un conjunto de olores de forma homogénea. El alfa no era capaz de discernir olor por olor, pero suponía que debían venir de los brebajes naturales que la curandera presuntamente realizaba.
La chica les indicó con un movimiento de su mano que tomaran asiento en el sofá, lo cual hicieron, observándola escurrirse por una puerta y perdiéndola de vista por unos minutos.
— ¿Crees que sea real? — Preguntó refiriéndose a la piel a sus espaldas, medio curioso, medio aprensivo.
— Me extrañaría si no. — Respondió. — Era un venado. — Señaló el omega, con una pincelada de lástima en su voz. — A partir de aquí comienza el territorio de una manada de cambia formas, y aunque muchos se las ingenian para comprar productos del pueblo o de la ciudad, la mayoría recurre a la caza para poder sobrevivir.
— Baekho hyung me dijo que él había vivido en una manada antes de trabajar en el viñedo. — Recordó.
— Es esta. — Confirmó. — No es un sacrilegio decidir no seguir en una manada, pero en cuanto lo haces, no puedes regresar. Es una decisión irreversible.
— Parece un poco extremo ¿No te parece?
— La manada de esta zona es bastante pacífica y civilizada, pero prefieren no tener más contacto con el exterior del estrictamente necesario. Funcionan como un ecosistema cerrado.
La conversación se vio interrumpida justo después, cuando una mujer bañada en arrugas y de un largo cabello del color de la nieve atado en una trenza entró en la sala de estar.
Parecía tener una edad incalculable, pero caminaba con una agilidad envidiable y con la espalda completamente erguida. Sohye, la curandera, posó sus oscuros ojos en el omega y se dirigió a él con una reluciente sonrisa.
— ¡Tae! ¡Qué sorpresa tenerte aquí! — Taehyung se levantó por cortesía, pero se desconcertó cuando ella lo estrechó entre sus brazos con un inusual entusiasmo. Como si fuese alguien a quien le guardara un profundo cariño. Sohye se separó un poco y acunó la mejilla del omega con una de sus manos.
Taehyung era varios centímetros más alto que ella, por lo que Sohye debía levantar bien el rostro para poder observarlo. El omega notó un inmenso cariño y ternura en los ojos de la mujer e internamente no podía dejar de preguntarse a qué se debía tal recibimiento.
— Tan solo mírate ¡Cuánto has crecido! La última vez tan solo eras un pequeño cachorro.
— Temo que no recuerdo con la suficiente lucidez nuestro último encuentro. — Mencionó apenado.
El rostro de Sohye decayó por un par de segundos, pero rápidamente repuso su expresión feliz y amable.
— No tendrías porqué. Fue hace mucho tiempo. — Finalmente apartó su mirada y alertó la presencia del otro invitado.
Jungkook se levantó al lado de Taehyung, sintiéndose un poco incómodo.
— ¿Y quién es este guapo alfa? No recuerdo haberte visto antes. — Dijo con voz pícara. Jungkook sonrió apenado, pero sin una gota de humildad. Él sabía bien lo que era, y le encantaba que las personas lo destacaran.
— Llegué aquí hace poco. — Reveló.
— ¡Qué suerte la tuya! Eres tan joven y ya has encontrado a tu destinado. — Ambos prestaron atención a aquellas últimas palabras. — Pero ¿Dónde están mis modales? — Se cuestionó a sí misma, poniendo sus manos en su cintura. — ¿Quieren una taza de té, un vaso con agua o un café? Creo que también tengo un poco de chocolate.
— Un té estaría bien. — Aceptó el omega.
— Lo que dijo él.
Sohye se dirigió a la chica que se mantenía a sus espaldas, cuidándola desde las penumbras, y le pidió que trajera tres tazas de té.
— Ella es mi aprendiz. — Comentó mientras la veía alejarse y perderse por una de las puertas de la cabaña. — Es muda, pero nunca ha sido un impedimento, ella es muy talentosa. — El orgullo recorría cada letras que era pronunciada por Sohye, como una madre que habla de los logros de su hija.
— Ha tenido una excelentísima maestra, después de todo. — Sohye ensanchó su sonrisa ante el comentario del omega.
Mientras tanto, los tres tomaron asiento. Jungkook y Taehyung en el sofá donde se encontraban unos minutos atrás y Sohye en el sillón colocado frente a ellos. Ahora solo eran separados por una rectangular mesita de café.
— ¿Qué los trae hasta este lugar?
— Queremos resolver algunas dudas, y creímos que usted podría ayudarnos con ello. — Comenzó el alfa.
— Bueno, pues iniciemos con ello. — Las tazas de té llegaron justo después, por lo que la conversación se vio interrumpida por unos momentos en lo que cada uno tomaba una taza y daba un sorbo del líquido caliente. Reconocieron fácilmente el característico sabor del té Nok Cha. Uno de los tés más tradicionales de Corea. La aprendiz se retiró de la habitación con una respetuosa inclinación, después de haber comprobado que los invitados no necesitaban de nada más.
— Desde hace algunos días, he estado sintiendo bastante inquieto a mi lobo, de forma anormal. — Taehyung dejó la taza en la mesita de noche, con cuidado de no desparramar el contenido. — Desde que recuerdo siempre ha tenido una conducta sosegada, así que me inquieta un poco su comportamiento.
— Además, ha estado teniendo algunos malestares físicos, como dolor de cabeza. — Completó Jungkook.
Sohye tomó un sorbo de té mientras sopesaba aquella información en sus adentros. Acto seguido, dejó su taza sobre la mesita frente a ella y con un gesto le indicó al omega que le permitiera tomar su mano.
Una vez que Taehyung hubo extendido su brazo derecho, Sohye tomó con ambas manos la contraria y cerró los ojos, como si quisiera concentrarse para oír una voz muy lejana. En medio del silencio que se formó tan solo podía escucharse el crepitar del madera al ser consumida por el fuego. Ambos esperaron con expectación e intriga.
— Tu lobo está despertando. — Reveló después de unos momentos, a lo que el omega frunció el ceño, confundido.
— No entiendo, ¿A qué se refiere?
La curandera soltó su mano, enderezó su espalda y con voz serena habló:
— Parece que ha estado un largo tiempo dormitando, como si algo le estuviera robando sus energías. — Declaró. — Ahora las está recuperando y se encuentra fortaleciéndose.
— ¿Robando sus energías? — Murmuró el alfa. — ¿Tiene idea de qué es lo que pudo provocar algo así? — Indagó. Su propio lobo gruñía gravemente, molesto con lo que sea que pudo haber provocado aquella situación. Era una ley que todos los cambia formas conocían bien: «Nunca reprimas a tu otra parte de forma excesiva».
— Es difícil dar una respuesta acertada con tan poca información. Pero estoy segura de que esto fue provocado por algo artificial, algo ajeno a la naturaleza. — Mencionó con una mirada triste. — Lo recomendable es mantenerte en revisión, Tae. No sabemos si esa represión tendrá consecuencias en tu salud.
El omega miró las manos en su regazo, mientras conectaba la información que le había proporcionado con el suceso que tuvo justo aquella tarde. Cualquiera que tuviera dos dedos de frente sería capaz de conectar los cables en todo aquel asunto.
Se regañó internamente por ser tan ingenuo, por dar un poco de su confianza a aquella maléfica mujer. Había sido un niño que intentaba llevarse bien con todos, sin ser consciente de que pocos querías llevarse bien con él.
Respiró profundamente, pues su olor comenzaba a alterarse y mostrar la molestia de la que estaba siendo víctima. Llevó su mano al bolsillo en donde había guardado el bote de pastillas y lo extrajo de él con movimientos trémulos.
Lo colocó en la mesita de madera y de inmediato las otras personas presentes pusieron su atención en el objeto.
— C-Creo que es por esto. — Sohye tomó el botecito entre sus manos y comenzó a escanearlo con sus ojos, mientras que Jungkook fruncía el ceño, sin evitar sentirse un poco resentido por no haber sido conocedor de aquella conclusión hasta ese momento.
— ¿Qué son? — Preguntó el menor.
— Desde que mi madre murió comencé a tener problemas con mi omega. Solía lastimarme cada vez que cambiaba de forma, y algunas veces había incidentes en medio del cambio. El lazo era demasiado inestable. — Relató con la cabeza gacha, rememorando el nacimiento de uno de sus demonios. — Mi padre me llevó a varios médicos, hasta que esas pastillas parecieron ser la solución a mi problema. Su función era restablecer el lazo con mi omega y evitar que se volviera tan inestable hasta que se convirtiera en insostenible.
— Abundan los médicos que se creen capaces de tratar este tipo de padecimientos. — Sohye se levantó y le ofreció su mano al omega. Taehyung estrechó su mano con la de ella y la curandera le indicó que la siguiera. — También puedes venir Jungkook.
El alfa se apresuró a levantarse y seguirlos. Se adentraron más a la cabaña hasta llegar a una terraza trasera, la cual conectaba directamente con el jardín que rodeaba la cabaña.
Sus cuerpos se estremecieron al sentir el cambio de temperatura entre el interior y el exterior. La frescura del bosque se había acrecentado con el pasar del tiempo.
— ¿Puedes cambiar? —Preguntó la curandera bajando un par de escalones para llegar a un pequeño patio trasero que se conectaba directamente con el bosque.
Sus movimientos tan solo eran iluminados por un par de apliques de luz cálida. Por lo que las sombras parecían ser más grandes que ellos mismos.
Taehyung se encogió ante la pregunta y negó avergonzado. Jungkook se acercó a él y colocó una mano en su espalda baja, besó castamente su sien, intentado mostrarle su apoyo.
El omega recibió positivamente el gesto, suspirando de forma liberadora, recibiendo la sutil descarga de seguridad que le fue compartida. Levantó el rostro y se encontró con la mujer observándolo a corta distancia, con aquella mirada conciliadora que pareciera mantener la mayor parte del tiempo.
Dejando a su alfa, avanzó hasta alcanzar a Sohye, y cuando llegó ambos volvieron a conectar ambas manos.
— Lo que vamos a hacer ahora es lo siguiente: Yo misma cambiaré a mi otra forma lentamente, y tú intentarás imitar lo que yo haga. Es importante que en ningún momento sueltes mis manos. — Indicó con paciencia. — Esta noche no hay Luna Llena, por lo que puede costarte un poco de trabajo, pero estoy completamente segura de que lo lograrás.
— P-Pero, mi lobo... — Titubeó.
— Tu lobo está recuperando energías, pero debes lograr un equilibrio con él. Es primordial que puedas lograr cambiar. — Taehyung volteó su rostro y buscó a Jungkook con sus ojos, lo encontró justo en el mismo lugar en el que lo dejó, recargado contra una columna de madera, y dejando ver, aun en el juego de luces y sombras, una adorable sonrisa que tenía la intención de transmitir seguridad.
— Lo intentaré. — Se decidió, posicionándose de nuevo completamente frente a Sohye.
— Jungkook, es esencial de que te mantengas alerta durante todo el proceso. — Informó. — Pues en dado caso de que alguna cosa vaya mal, solo tú serás capaz de tranquilizar a tu omega. Además, puedo notar una vitalidad bastante alta en ti y en tu lobo, lo cual es un punto a favor para nosotros.
— También queríamos preguntar por ello. — Expuso, antes de comenzar aquel ritual. — Jungkook ha vivido en la ciudad durante mucho tiempo y ha logrado cambiar con destreza y sin ningún percance ¿Eso es normal?
— No lo calificaría con ese objetivo Tae. — Sohye no se había mostrado impresionada por ello en ningún momento. — Yo utilizaría la palabra excepcional. La unión lobo-humano suele fortalecerse al estar cerca del bosque y dejando en libertad cada parte de uno mismo con regularidad. Y por si fuera poco, estar cerca de tu destinado potencia aún más esa unión.
— Es decir, es la suma de distintos factores que han coincidido justo ahora. — Simplificó el alfa. Sohye sonrió satisfecha y asintió.
— ¿Destinado? — Musitó Taehyung, y solo Sohye fue capaz de escucharlo. Ella respondió a su pregunta asintiendo.
Taehyung sonrió dichoso. Su interior estaba experimentando un océano de emociones ante aquella revelación. A pesar de que en el fondo, muy en el fondo, ya lo sabía. Pero no había sentido la típica atracción instantánea de la que todos presumían. Tampoco había experimentado aquella dependencia inicial que tanto había escuchado. Y mucho menos había percibido a su lobo pedir por el alfa con la fuerza de la que todos hablaban.
Y ahora, su sonrisa no podía desaparecer de su rostro. Quería saltar, quería bailar, quería gritar. Quería besar a su alfa.
No obstante, se contuvo, debía prestar atención a lo que Sohye estaba a punto de hacer. Ya tendría tiempo de sobra para cumplir con su lista de deseos.
Sohye inhaló profundamente y expiró con la misma paciencia. Taehyung la imitó.
Se quedaron en silencio, y aunque pareciera que se habían detenido, todos los presentes sabían perfectamente que no había sido así.
Estaban concentrándose en conectar con su animal y con su entorno. No podían ignorar nada pero debían concentrarse en un sola cosa.
Una suave ráfaga de viento recorrió su camino a través de ellos. Despeinó sus cabellos y movió sus vestimentas.
El cambio comenzó justo después.
Pero no salió como esperaban.
MiaGarrettA
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