Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

CAPÍTULO 5.


Desperté por el constante sonido de mi alarma.

-No puede ser-Susurré.

Me puse boca arriba, aún con los ojos cerrados. A tientas tomé el reloj de la mesita de noche apagando el sonido. Abrí un ojo y miré la hora. 6:30 de la mañana, ¿en serio? desperdiciando mis preciadas horas de sueño solo porque se me olvidó apagar la alarma, si para tonta no se estudia.

Volví a cerrar mis ojos para tratar de dormir, no funcionó.

Rindiéndome me levanté de la cama y fui al baño, me cepillé los dientes para después enjuagar mi cara.

Sali de la habitación y bajé a la sala para pasar el rato ya que nadie despertaba aun.

Una vez ahí, tomé el control de la TV y la encendí, la dejé en una película de detectives para después acostarme en el sillón.

Era viernes, último día de clases y termino del ciclo escolar.
Mientras mis amigos disfrutarían de las largas vacaciones, yo tenía que recuperar mis materias perdidas si quería pasar de semestre. Suspiré.

Escuché pasos en las escaleras.

-Hola Alex-dijo una vocecita adormilada, llegando al sofá. -ya que estas despierta, ¿Puedes servir mi cereal?

-No-fue lo único que dije, sin mirarlo.

Sonreí cuando escuche sonido en la cocina.

Me levanté del sofá para ir con él.

Había puesto una silla frente al refrigerador para alcanzar su cereal, pero aun así no pudo tomarlo.

-Que enano estás-dije poniéndome de puntitas para alcanzarlo. Lo dejé en la mesa mientras mi hermano acomodaba la silla en su lugar. Él me puso mala cara.

-Buenos di... -dijo papá, entrando a la cocina y al verme guardó silencio-¿Qué haces despierta? no me digas que se hizo tarde para dejar a Thomas a la escuela-dijo preocupado.

-¡JA JA! Que chistoso papá y no, no se te hizo tarde, yo me levanté temprano-me senté en la mesa frente a mi hermano.

-¿Ese milagro? -preguntó, desconcertado.

-Nada- me encogí de hombros-es que no apagué la alarma. -me levante de la silla para tomar un tazón y servirme cereal con leche-Oye papá, tengo que ir a la escuela a las 9:00 para reinscribirme a las clases. -di un bocado.

-Bien, ¿Quieres que te lleve o vas a ir tú? -estaba de espaldas a la mesa, preparándose un café.

-Si puedes llévame tú, tengo flojera de tomar el camión-hice una mueca.

-Cuando no-respondió mi hermano ya con su tazón vacío.

Le saqué la lengua y este me imitó.

-Está bien, te llevo, espero que estés lista cuando regrese porque también tengo que estar en el trabajo a esa hora-respondió mi padre.

-Cuenta con eso.

|...|

Una hora más tarde, a las 7:30, me encontraba medio arreglada, frente al espejo del baño, con vendas y tijera en mano.

-Vamos Alex, sé que te da miedo y asco ver sangre, pero tú puedes, tienes que ser fuerte-me alenté.

Estaba tratando de cambiar el vendaje de mi herida, pero no podía quitarlo del todo ya que la gasa y la herida estaban pegadas por una costra. Humedecí la gasa con poca agua para tratar de retirarla. Gemí de dolor cuando esta salió por completo.

Limpié la herida con cuidado, poniendo gasa nueva sobre esta. Una vez que terminé, escuché el sonido del claxon del coche de papá.

Miré la hora en el celular. 7:40. No se le vaya a hacer tarde, pensé.

Ignorando el sonido, tomé mi maquillaje que estaba en un cajón, debajo del lava manos. Saqué el maquillaje en polvo, rubor, mascarilla para pestaña. Comencé a maquillarme con calma.

Estaba poniéndome la mascarilla para pestañas cuando escucho golpes en la puerta, di un brinco ocasionando que manchara mi párpado.

-¿Qué tanto haces? te dije que estuvieras lista para cuando llegara-dijo papá alterado, entrando a la habitación.

-¡Papá! -grité mientras salía del baño-mira lo que hiciste-señalé mi ojo derecho.

El me vio y achicó los ojos para poder ver que era. Negó con la cabeza desconcertado.

Puse los ojos en blanco.

-Olvídalo, vámonos-salí de la habitación con mi mochila, no sin antes tomar un algodón con desmaquillante y un labial color coral.

Una vez en el coche, me dispuse a quitar la mancha del párpado con la ayuda de un espejo que llevaba en la mochila.

-Solo pido que no te saques el ojo-dijo divertido papá.

No dije nada, solo gruñí.

Cuando por fin pude quitar la mancha, pinté mis labios. Guardé todas las cosas que utilicé en la mochila y volteé a ver a papá.

-Y bien, ¿Cómo me veo? -le sonreí.

-Como un payaso-bromeó. Ni siquiera me miró.

Lo miré mal y le di un golpe en el hombro. El rio.

-Si fueras un padre normal, me dirías que me veo linda-refunfuñé.

-Exacto, pero no lo soy-se detuvo en un semáforo en rojo.

Me crucé de brazos y a continuación el coche se inundo en un profundo silencio.

-Oye papá, tengo una duda-empecé a decir-¿Por qué te separaste de Eli?

Una duda que no me dejaba dormir por las noches. Aparte de los sueños, claro.

El me miró, pero no dijo nada. El semáforo se puso en verde y siguió conduciendo.

-¿Qué? ¿acaso ella te hizo mucho daño o te engañó? porque si es eso, tendré que intercambiar unas cuantas palabras con ella-dije recelosa.

-No es nada de eso y no sigas esta conversación, por favor-dijo un poco molesto.

-Pero... Es que Thomas y yo necesitamos una explicación para entender lo de ustedes- insistí-Están separados, pero cuando los vi juntos en el hospital parecían nerviosos y también noté como la mirabas, como si estuvieras absorbiendo todo de ella, no le quitabas la mirada de encima-me percaté que ya estábamos en el estacionamiento de la escuela. ¡Que rápido! -eso es lo que hacen las personas enamoradas, mirarse así, como ustedes lo hacen.

-Tú no sabes nada del amor.

¡Ouch! eso había dolido.

Buscó un lugar vacío y se estacionó bajo un árbol, cerca de la entrada de la escuela.

-Tienes razón, no sé nada del amor, pero cualquier persona que sepa del tema, diría que estoy en lo correcto-le sonreí, bajando del coche.

-Manda mensaje cuando salgas para llevarte a casa o al trabajo-me gritó cuando comencé a caminar hacia la escuela.

Me volví.

-Si papá-le grité, para después desaparecer dentro.

Fui directo a la administración para hacer el proceso de reinscripción.

Cuando llegué, intenté abrir la puerta pero estaba cerrado. Miré el reloj del celular. 8:40 y la administración se abre a las 9:00.

Estupendo, tengo que esperar 20 minutos.

Caminé en círculos lo que me pareció varios minutos esperando que abrieran, hasta que me cansé, miré nuevamente el celular. 8:45.

-¡AAAH! -Grité exasperada.

Tengo que buscar algo en que entretenerme, pensé.

Busqué en la agenda y marqué a Evan.

Sonando, sonando, sonando...

-Hola... -respondió con una voz adormilada.

-Me imagino que no estás en la escuela, así que ¿tu hermana lo está?

-No lo sé, pregúntale a ella-dijo bostezando y colgó antes que le dijera algo.

-Idiota-le susurré al celular.

Le marqué a Sonya. Respondió al primer timbrazo.

-Hola Sonya, de casualidad ¿estás en la escuela? -dije antes que hablara.

-Hola, lo lamento, acabo de regresar-dijo apenada.

No puede ser.

-Bueno, está bien, que tengas lindo día. -colgué cuando ella se despidió.

Miré la hora. Bueno solo faltan 10 minutos, no es nada.

Esta vez me senté en el suelo a esperar.

10 minutos más tarde, la fila de espera se había hecho más larga. Qué bueno que soy la primera.

Al otro lado de la puerta escucho decir a una persona que pase, entro y veo a una señora con cara de pocos amigos.

-Toma asiento, por favor-dijo seria, sin mirarme.

Hago lo que me pide, dejando mi mochila en el suelo, entregándome una hoja.

-Cuando termines de llenar la hoja, te puedes ir.

Asentí mientras tomaba la hoja.

Tomé un bolígrafo del escritorio y leí el papel. Nombre completo, fecha de nacimiento, edad, sexo, matrícula, semestre a recursar, materias del semestre a recursar, correo electrónico, número telefónico, dirección.

Llené rápidamente lo que pedía y después se la entregue a la señora.

-En el transcurso del fin de semana te llegará un correo con el horario, empiezas este lunes. -dijo, tomando el papel.

Asentí. Dejé el bolígrafo donde lo agarré, tomé mi mochila del suelo para ponerla en mis hombros y salí del aula.

Una vez fuera de la escuela, caminé por el estacionamiento hasta donde papá había aparcado cuando vino a dejarme. Ahora estaba una motocicleta de color rojo estacionada, pero no importó.

«Ya terminé papá, te espero en el estacionamiento de la escuela, donde aparcaste»

Envié el mensaje.

Pasaron los segundos, minutos y papá no respondía. Muy raro de parte de él.

«PAAAPAAAAA RESPONDEEEE»

Envié nuevamente.

Cansada de estar de pie, observé a mi alrededor para ver si había rastro del dueño de la motocicleta. No había nadie más que yo en el estacionamiento. Me encogí de hombros y me senté con cuidado para no volcarla.

Sin recibir respuesta de papá, le marqué.

-Alex... -contestó al primer timbrazo.

-Papá, ya salí, te estoy enviando mensaje, pero no me haces caso-lo interrumpí.

-Lo sé hija, vi tus mensajes, estoy algo ocupado-a lo lejos escuché la voz de varias personas hablando y el sonido de utensilios de cocina usándose-¿traes dinero? para que tomes un taxi y vayas a casa o si quieres ven al trabajo.

-¿Acabas de entrar al trabajo y ya estás ocupado? -repliqué. -Si, traigo dinero, a ver si me alcanza para ir a casa. -suspiré.

Ni loca voy al trabajo de papá, huele a mariscos, comida que odio y siempre termino de mesera sin recibir ningún pago a cambio.

-Sabes que no sólo se cocina mariscos en el restaurante, tenemos un menú de desayuno y eso es lo que se está preparando en este momento-al otro lado de la línea, escucho que alguien grita el nombre de papá-lo siento hija, tengo que irme, me necesitan, manda mensaje cuando llegues a casa. - colgó.

Guardé el celular en el bolsillo del pantalón e intenté bajar de la motocicleta.

-Buena relación con tu padre, eso es bueno-dijo alguien detrás de mí.

Me sobresalte, gritando y caí al piso boca arriba. Tapé mi cara, esperando el peso de la motocicleta, pero nunca llegó.

Quité las manos de mi cara viendo la moto. Nunca llegó el golpe porque el chico la agarró justo cuando iba a caer sobre mí.

Wow, que fuerte era. Pensé al ver que la sostenía con una mano.

Me levanté del piso, limpiando mis manos.

-Gra... -cerré la boca cuando lo vi. -¡Genial! primero se mete en mi sueño y ahora lo tengo que aguantar en la vida real. -pensé. O al menos eso creí.

-¿Que? -dijo desconcertado.

¡Mierda!

-¿Que? -dije nerviosa.

Frunció el ceño.

-Como sea, siento mucho lo que le pasó a tu celular-dijo subiendo a su moto. -para recompensarte, te llevaré a tu casa. -sonrió.

-¿Perdón? pero ni siquiera te conozco.

-Cierto, soy Damián- estiró su brazo para estrechar nuestras manos.

-¿Crees que con solo decir tu nombre ya te conozco? -dije un poco molesta. Me crucé de brazos.

-No, pero al menos hice el intento-puso sus manos en los bolsillos de su pantalón y se encogió de hombros.

Puse los ojos en blanco y me alejé de él para tomar un taxi.

-¡Espera! -gritó ese tal Damián.

Lo ignoré.

Le hice señas a un taxi y este se detuvo. Abrí la puerta trasera.

-Hola, disculpe, ¿Qué costo tiene llevarme a la calle Wilshire? -era la calle donde vivía.

El señor tecleó algo en su celular, para después verme.

-$150 señorita.

Rápido quité la mochila de mis hombros, la abrí para sacar la cartera y contar el dinero que traía.

$55, no me alcanzaba ni para la mitad del camino.

Noté la presencia de Damián a mi espalda.

-Gracias-le sonreí amable, cerrando la puerta.

-¿Reconsiderarás la oferta? -dijo divertido Damián, una vez que el taxi se fue.

Lo Miré enojada, acomodando la mochila nuevamente en mis hombros.

-Solamente por esta única ocasión-dije sin mirarlo, pasando junto a él en dirección a su motocicleta.

-Eso lo veremos- dijo, pero lo ignore por completo.

Cuando llegamos, él subió primero, dejándome espacio detrás. Pasé una pierna sobre esta, subiendo.

-Te aviso que nunca he subido una, así que ve con cuidado-dije con algo de miedo.

-Puedes agarrarte de mí, si gustas-volteo a verme.

-Ni hablar.

Una vez listos, arrancó la moto, hizo un movimiento brusco y de manera instintiva, pasé mis brazos por su cintura. Este rio, para después desaparecer, mezclándose entre los coches de la calle.

|...|

Cuando llegamos a casa, bajé de la moto apresurada, con el corazón en mi garganta.

-¿Estás loco? ¿acaso sabes manejar esa cosa? -dije señalando la moto.

-La verdad no, apenas estoy aprendiendo-dijo calmado. Bajó de la moto y se apoyó en esta.

Y se notaba. Estuvimos a punto de volcarnos porque el señorito iba como alma que lleva el diablo y de repente frenó en un semáforo que no vio y estaba en rojo.

Lo Miré con la boca abierta por un momento.

-¿Y hasta ahora lo dices? -le grité, enfadada.

Este rio.

-Oye calma, estás sana y salva en tu casa.

No dije nada, solo gruñí.

Me di la vuelta para ir a la casa. Busqué mis llaves en la mochila y cuando las encontré, las introduje en la cerradura para abrir la puerta.

-De nada-gritó Damián cuando cerré la puerta detrás de mí.

Suspiré.

Arrojé la mochila al sofá y fui directo a mi habitación. Asomé la cabeza por la ventana. No había rastro de él. Menos mal.

Saqué el celular de mi pantalón, enviando un mensaje a papá diciendo que ya había llegado a casa. Una vez enviado, lo dejé en la cama.

Me dirigí al baño, miré mi reflejo en el espejo y me sorprendí por lo despeinada que estaba.

No puede ser que Damián no dijera nada. Aunque para ser sincera, no es que me importara mucho como lucía frente a él.

Tomé una liga y até mi cabello en una coleta alta. Lo tenía demasiado largo, ya merecía un corte.

Salí de la habitación para dirigirme a la cocina a ver que encontraba de comer, abrí el refrigerador, había restos de comida china de la noche anterior, dos pedazos de pizza de hace una semana y nada más. Sin nada que se me apeteciera, lo cerré, no sin antes tomar el frasco con la insulina, lo dejé en la mesa para buscar la jeringa.

-Linda casa, muy acogedora-dijo un voz.

Pegué un brinco cuando la escuché.

Era Damián, echando un vistazo a la cocina.

¿Pero que rayos...? No había escuchado la puerta de entrada abrirse y mucho menos sus pasos.

-Pero como... -me voltee para encararlo.

-Deberías asegurar la puerta, cualquiera puede entrar a robar-se sentó en una silla junto a la mesa, tomó una uva del cesto de frutas y se la comió.

-¡Oh claro! lo dice el extraño que está dentro de mi casa, en la cocina, sentado en la mesa, comiendo tan deliberadamente-ironice. Tomé el frasco de medicina de la mesa donde él estaba, junto con la jeringa, para llenarla con el líquido. -Vete de mi casa-dije furiosa, alzando la jeringa para que él pudiera verla.

La usaría como arma si fuese necesario.

Estaba más que furiosa, quería gritarle y golpearlo. Sobre todo deseaba esta última.

-No-Dijo tranquilo, mirándome.

Agarró otra uva, la aventó hacia arriba, alzó la cara y esta cayó en su boca.

Mi agarre de la jeringa era más fuerte. Suspiré para relajarme.

-Bien, mira-dije más tranquila. Me acerqué a la mesa, para sentarme frente al intruso. Dejé la jeringa a un lado-¿Qué es lo que quieres? dinero, joyas... Si es eso, tomaste a una muy mala víctima...

-Te quiero a ti-dijo serio con la voz ronca, mirándome. Se aclaró la garganta.

Abrí muchos los ojos, sorprendida por lo que acababa de escuchar. Me sonroje.

-Si pudieras ver ahora mismo tu expresión-dijo Damián riendo.

Lo miré de mala gana. Me di cuenta de que, al reírse, se le hacía un pequeño hoyuelo en una de sus mejillas.

Genial, no podía ser más estúpidamente perfecto. Rodee los ojos.

-¿Qué tengo que hacer para que te vayas? -susurré lo bastante alto para que pudiera escuchar.

Ya no tenía sentido pelear, hiciera lo que hiciera, dijera lo que dijera, no se iría.

-Nada, ya hiciste mucho-dijo más calmado.

Se levantó de su asiento, tomó una manzana del cuenco de las frutas y salió de la cocina.

Cerré mis manos en puños al verlo salir, mi sangre hervía en furia.

No era justo que entrara así a mi casa, que me insultara y se riera de mí.

Me levanté y salí de la cocina como alma que lleva el diablo.

-¡Hey! se te olvidó esto-dije una vez que lo alcancé en la puerta de entrada.

El volteó y al hacerlo, sin pensar, lo golpee en la mandíbula con mi puño cerrado. Este se tambaleó, soltando la manzana y sosteniéndose del marco de la puerta.

Sentí en mis nudillos un fuerte dolor. ­­

Nunca pensé que doliera tanto. No entiendo porque los hombres les gusta meterse en peleas.

Sonreí triunfante al ver la cara de sorpresa de Damián, sosteniendo su mandíbula.

Lo empujé fuera de la casa, sin que éste pusiera resistencia y cerré la puerta en su cara, poniendo el seguro.

Fui nuevamente a la cocina y me inyecté la insulina, guardé lo que había ocupado, para después sentarme en la mesa, tomando una manzana.

Le di el primer mordisco cuando veo algo enrollado pulcramente en el cuenco de las frutas, específicamente, entre las uvas. Fruncí el ceño, tomándolo.

Era un papel.

Dejé a un lado lo que comía y rápido lo desdoblé.

Era una escritura que alguien hizo de manera rápida, pero afortunadamente entendible.

CRESTMOORE BOULEVARD.

SÁBADO 8:30 DE LA NOCHE.

Era lo que decía. Mas abajo ponía un número de celular y el nombre de quien lo había escrito.

Damián.

Hola bellas personitas de Dios, aquí les traigo el capítulo 5 de esta historia.
Espero que lo disfruten y no olviden votar y comentar qué les pareció. 🤗💖✨

Iloviu 💗💗

Gracias por llegar hasta aquí, toma una galleta 🍪 y un vasito de leche 🥛

Nos vemos el viernes próximo con el siguiente capítulo, no se lo pueden perder. 👀

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro