CAPÍTULO 18.

Viernes, último día de la semana y bienvenido el tan esperado fin de semana.
El día había amanecido muy diferente a comparación de ayer, que me estaba muriendo del insoportable calor, pero hoy no, el clima era agradable, estaba nublado, las ramas de los árboles se balanceaban de un lado a otro, en un baile sincronizado por la brisa fresca que simbolizaba que en cualquier momento se desataría la lluvia; era el ambiente perfecto para estar en casa, sin hacer nada más que echarse un maratón de películas románticas, acostada en el sofá, comiendo palomitas y lamentándome del porque aún no tenía mi historia de amor con alguien si era una chica linda y de buenos modales, aunque la respuesta era más que obvia; yo misma alejaba a los chicos de mi lado, cualquiera que se me acercaba, los echaba a huir con mi actitud aburrida y distante, sin embargo, al parecer al único individuo que no le hacía efecto y que anhelaba que lo hiciera, era a Damián.
Al recordarlo, vinieron a mi mente los acontecimientos del día de ayer.
Después de la agonía con la marca en mi brazo, la cual, para este momento ya estaba desapareciendo, Damián había interrumpido en la habitación alegando que necesitaba cambiar el vendaje de su herida y quería que yo le ayudara, lo cual me negué diciéndole que esperara a Elizabeth, que en cualquier momento llegaría para que lo atendiera e hiciera un mejor trabajo.
—No puedo esperar más, las gasas están empapadas de sangre. —había comentado mientras se subía la camisa, mostrando que tenía razón; una mancha circular color carmesí se habría paso entre el vendaje, por lo cual me preocupe, pensando que se le habían desgarrado las puntadas.
—Está bien, espera mientras voy por las cosas. —me había adentrado al cuarto de baño, cuando escuche en la parte baja de la casa el gritito alegre de mi hermano por la llegada de su madre, lo cual me produjo cierto alivio, pues no quería martirizarme nuevamente con esto. —¿Ves? ya llego... —anuncie disipando mi voz poco a poco, saliendo de la estancia con los objetos a utilizar y casi se me caen de las manos, cuando me percate que el chico ya no se encontraba allí.
Qué raro, pensé alzando una de mis cejas, aunque recordando, todo lo que hacía Damián era inusual.
Me había quedado sola en la habitación y lo peor de todo es que no había escuchado la puerta abrirse ni cerrarse.
El resto del día había sido perfecto, disfrutando de mi pequeña familia y de los amigos de Thomas, a no ser por la pequeña incertidumbre que me había ocasionado la huida tan repentina del chico.
En fin, volviendo al presente y con las cosas que anhelaba hacer en este momento, las cuales eran muy diferentes a lo que estaba haciendo ahora mismo, ya que me encontraba sentada en la mesa de la cocina, concentrada, ahora si, en la tarea de química.
Ya había terminado un resumen, tres síntesis y un mapa mental, (que eran las actividades que se habían realizado en clase el día que había huido de allí), y ahora mismo estaba estudiando el tema de ácidos y bases para un pequeño examen que la profesora "buena onda" nos aplicaría a Henry y a mí y que se supone que los temas a evaluar, ella lo había explicado en la clase que no habíamos asistido, y si no pasaba, adiós vida.
Por eso chicos, sean responsables con sus estudios.
Leí una, dos, tres y cuatro veces un mismo párrafo y no entendía ni una mierda.
¡Osh! pero que es esto, pensé cuando vi los ejercicios y las fórmulas.
Me disponía a cerrar el libro, rindiéndome, cuando el celular sonó y agradecida con el de arriba por la repentina distracción, lo tomé, respondiendo la llamada.
—Hola, habla Alexia Anderson. —Comencé a decir con voz lo más parecida a una contestadora que podía, haciéndole una pequeña broma a mi amigo. —Por el momento la linda chica no se encuentra disponible, por favor deje su mensaje después del tono. Beep.
Al otro lado de la línea escuche a un Evan algo desorientado por mi respuesta, a lo que se me escapo una risita por toda esta situación.
–JA JA, que chistosa. —respondió el chico, cuando se dio cuenta de mi intensión y maldije mentalmente por haberme delatado de esa manera. —Y a ti te llama Bratt Pitt, ¿no? —dijo con ironía y solté una sonora carcajada por aquel comentario, haciendo que mi estomago doliera por el esfuerzo y cuando sentí que me hacía falta el aire, trate de tranquilizarme hasta que solo quedo el sonido de nuestras respiraciones.
—Ay amigo, ojalá fuese cierto. —respondí entre suspiros y limpiando las lágrimas que, de tanto reír, se habían escapado deslizándose por mis mejillas. —Pero lástima que se trata de ti. —me quejé e hice un mohín aun sabiendo que no podía verme.
—Gracias Alex, yo también te quiero. —dijo de manera gruñona, fastidiado por las burlas de mi parte y yo sonreí por su pequeña confesión. —Cambiando a los temas relevantes, ¿Cómo va nuestra investigación, Watson?
¿Que? ¿Había escuchado bien? ¿Me había llamado Watson? ¡Como que Watson!
¿Quién es Watson?, pensé confundida.
—¿Perdón? ¿Watson? —hablé indignada cuando recordé de quien se trataba. —Prácticamente yo estoy haciendo todo el trabajo de relacionarme con él y sacarle información. Yo debería ser Sherlock y no Watson. —reclame.
No supe muy bien desde cuando estábamos haciendo aquello, todo fue muy raro y rápido, un día Evan me había dicho que me mantuviera alejada de Damián, que era peligroso y al día siguiente me llamó diciéndome todo lo contrario, que me ganara su confianza, que me hiciera amiga de él, que lo mantuviera vigilado y que le sacara todo tipo información para que supiésemos que clase de persona es y con quien estábamos tratando.
Hasta ahora iba bien con lo de mantenerlo vigilado y de acercarme a él, pues ya contaba con información valiosa que era digna de contarle a mi amigo. En cuanto a la parte de ganarme su confianza, era la más difícil de todas.
Me levanté poniendo el celular entre la barbilla y mi hombro para mantenerme en contacto con el chico. Fui a la nevera, saqué un tupper que contenía fruta picada, tomé un tenedor y volví a mi lugar en la mesa.
—Bien Sherlock, ¿Cómo va la investigación? —habló entre dientes, irritado por obtener respuestas.
Sonreí cuando me había salido con la mía.
—Así me gusta. —mencione con la boca llena. —He estado siguiendo de cerca a Damián, bueno, solo un día, estaba en una llamada telefónica. —puntualicé y tomé otro bocado de mi fruta. —Hablaba sobre una chica, tal vez le debe dinero a la persona con quien Damián hablaba, porque dijo que la tenía en la mira. —respondí, jugando con el tenedor, finalizando mi reporte. —No tengo idea de a qué está jugando.
Después de relatarle la noticia, Evan no respondió, a lo que pensé que a lo mejor había terminado la llamada sin querer.
—Hol...
—¿Qué crees que signifique? —preguntó de repente, interrumpiéndome. Se le escuchaba angustiado.
Me encogí de hombros, olvidando que era una llamada.
—Soy ignorante a ello. —tomé el último pedazo de fruta. —¿Drogas tal vez? —deduje a partir de los hechos ocurridos. —Damián se encarga de repartirla, cobrar el dinero y quizá esa chica le deba, por eso las órdenes del jefe y sus palabras.
Sonaba lógico, alguien que posiblemente era muy poderoso, tiene en la mira a una mujer la cual le debe una considerable suma de dinero por los negocios ilícitos que hacen, y ella, al intentar defenderse o escapar, manda a sus secuaces para deshacerse de Damián y de la persona a cargo. Agregue cuando a mi mente vinieron los recuerdos del día del accidente.
Una punzada de miedo y desilusión se hizo presente en mi ser al recordar la plática que mantuve con el chico cuando estábamos descansando en el parque; cada vez que rememoraba esa escena en mi memoria, más se reforzaba mi teoría: las cosas que me había preguntado, el cómo había actuado, los errores que había cometido; ahora todo cobraba sentido y lo peor de esto es que mi familia, de manera implícita, estaba en medio de esto.
No quería alarmarme con mis suposiciones descabelladas, pero con Damián todo podía suceder, como el asesinato de Edith Jones, recordé. Mi amigo estaba seguro que el autor detrás de esa obra maestra se trataba de Damián, lo había acusado sin pruebas sólidas, solo porque escucho diversos rumores que su agresor era alguien similar a él, aunque pensándolo bien, ese caso seguía abierto, todavía no daban con el responsable y deduciendo que se tratara de él, ¿porque la habría asesinado? ¿Se encontraba en la misma situación que la otra chica?
Rasque mi cabeza, molesta por la falta de respuesta.
La teoría de las drogas era creíble, pero ¿esto? sonaba estúpido solo por el simple hecho de las similitudes del atacante con el chico; miles de personas se asemejan a otras y no por eso son unos monstruos asesinos despiadados.
Necesitaba evidencia para que desmintiera o confirmara mis sospechas, sin estas, para mi él seguía siendo inocente hasta que pudiese demostrar lo contrario.
—Otra cosa amigo. —me debatí en decirle o no sobre los sujetos armados. —Ayer lo siguieron unos tipos, traían armas y todo ese tipo de cosas. —confesé con cierto temor a su reacción.
De inmediato escuche a Evan susurrar algunas palabras ininteligibles para mí, pero por su tono, había sonado satisfecho con mi confesión.
—¿Que rayos acabas de decir? —pregunte confundida.
—Nada, esto se está poniendo demasiado interesante. —respondió, vocalizando cada silaba de la última palabra, como si estuviese disfrutando decirla.
Fruncí el ceño perpleja por su reacción demasiado desinteresada por mi bienestar.
—¿Estas bien? lo digo porque te noto raro. —puntualice. —Mi amigo, el Evan normal, a estas alturas de la conversación tal vez estaríamos en una discusión a muerte para que me alejara lo más que pudiese de Damián o para que dejara esto en paz porque te preocupa mi bienestar, pero no, en cambio solo dices que es interesante.—reclame incrédula.
—Alex por favor. —murmuro rezongando. —Te conozco y si te pido que te mantengas al margen de esto, no lo harás, además, no tengo ganas de pelear contigo.
—Pero por supuesto que estas en lo correcto, los dos nos metimos en esto, los dos tenemos que salir. —más que una expresión, me salió como amenaza. —¿Ahora cual será nuestra siguiente movida?
—Por el momento no lo se. —dijo entre suspiros, que termino en un gran bostezo por parte del chico. —De igual forma hoy regreso, iré a ver algunas cosas de la universidad e investigaré más de cerca a Damián.
Al escuchar que volvía, no pude evitar alegrarme, pues extrañaba tanto su presencia, al igual que la de Sonya, para que me alegraran los días con sus ocurrencias y para poder estar acompañada en esos días de soledad, como este, por ejemplo.
—Bien, entonces aquí te espero. —exprese con alegría.
—Claro, te dejo, tengo que preparar mi maleta.
—Por supuesto, adiós. —me despedí, antes que terminara la llamada.
La repentina noticia de mi amigo al regresar me hizo sentir demasiado contenta como para darle una segunda oportunidad a mis estudios.
Dejé mi celular a un lado junto con el tupper ahora vacío y leí por quinta ocasión el tema.
"Para superar las limitaciones del modelo de Arrhenius, los químicos Brönsted y Lowry, paralelamente, propusieron en 1923 un nuevo modelo ácido-base.
En este, definieron que:
Un ácido es un donante de protones.
Una base es un aceptor de protones.
Hice una mueca, ya que conforme avanzaba con el contenido, más perdida me sentía.
Según la definición de Brönsted-Lowry, una reacción ácido-base es cualquier reacción en la cual se transfiere un protón de un ácido a una base"
Al leer esa frase, me quede un segundo sorprendida por lo que acababa de pensar.
¿Claro, porque no lo hice desde un principio?
No podía reprobar este examen, papá se enteraría y si sucede eso, tendría conocimiento de que falte a clases, lo que provocaría un castigo seguro de su parte. No podía permitírmelo, era por mi bien.
Sin más, arranque una hoja en blanco de mi libreta y comencé a escribir las cosas importantes del tema, junto con el pequeño ejercicio y en cuanto termine, inspeccione el papel.
Era algo demasiado grande para un acordeón, pero el riesgo valía la pena, pensé mientras lo doblaba y lo guardaba entre mis útiles escolares. Mientras hacía aquello, mi conciencia se apodero de mi mente, haciéndome sentir mal por la decisión que había tomado.
Agh, tonto rencor.
Yo solo rezaba para que Henry le haya entendido al tema y así pudiese pasarme alguna que otra respuesta sin tener que sacar el papel.
Sin otra preocupación de por medio, comencé a recoger los libros y cuando termine, me levante con el tupper en la mano para lavarlo, pero me detuve a medio camino ya que tocaron el timbre de la casa.
Deje el traste en el lavabo, para atender a la persona que osaba interrumpir mi tranquila soledad.
— ¿Quién es?—pregunté con un ánimo de los mil demonios, cuando estuve a una distancia prudente para que el susodicho pudiese escucharme.
— ¿Tu quien crees? —respondió con esa voz grave, tan masculina que me sacaba de quicio y al instante sentí que mi corazón dio un vuelco, sorprendida por su repentina presencia.
¡Dios mío!
Sin darme cuenta, me encontraba alisándome de manera rápida el cabello en un intento por verme bien ante él y cuando me percate de lo que hacía y de lo que había pensado, arrugue el rostro e hice una mueca de disgusto.
¿Porque me importaría verme bien estando con él?
Me obligué a dejar mi melena en paz y después abrí la puerta mirando al chico frente a mí.
Fruncí el ceño al ver su atuendo.
— ¿Qué haces aquí? y ¿Por qué vistes como si fueras a recibir un premio importante? —bromee divertida y este solo arqueo una de sus cejas, serio.
Vestía una camisa blanca de manga larga, las cuales estaban arremangadas hasta la mitad de su antebrazo, dejando al descubierto los extraños, pero familiares tatuajes de esa zona; también llevaba lo primeros dos botones sueltos, lo que hizo que mi vista cayera directo a la piel de su pecho, el cual veía subir y bajar de manera lenta y calmada con cada respiración que daba.
Verlo así, en paz, hacia que mi cuerpo se relajara, era como si la tranquilidad del chico me la estuviese transmitiendo de alguna u otra manera.
Damián dio un paso al frente para poder entrar a la casa y enseguida mi mente volvió en sí y me interpuse en su camino.
— No entraras hasta que respondas...—fui bajando el tono hasta que las palabras me salieron en susurros al percatarme de cuan cerca lo tenía, provocando que la respiración me fallara y mis latidos se aceleraran.
En un intento de ignorar el nerviosismo que sentía, me cruce de brazos, mirándolo a los ojos de una manera firme y determinada, como diciéndole que en esta ocasión no me iba a intimidar con su presencia.
Pero esto no perduro mucho, pues el chico se aproximó más a mí, bajando poco a poco el rostro hacia el mío e instantáneamente cerré los ojos para que prosiguiera y darle paso a lo que estaba a punto de hacer.
De pronto la atmosfera a mi alrededor se volvió tensa, un cumulo de diversas emociones se abrian paso por mi ser a punto de ser liberadas de golpe; sentía pánico, curiosidad y agitación en todo el cuerpo, al igual que el ritmo cardiaco aumentaba y mis extremidades comenzaban a sudar, en espera del anhelado deseo.
Repentinamente sentí las manos cálidas de Damián en mis hombros, haciendo que temblara, dejando una sensación electrizante, reconfortante para mi cuerpo con cada caricia que dejaba atrás y de repente...
— ¿Quisieras quitarte de mi camino? —escuché que me susurraba al oído, lo que provocó que los vellos de mis brazos se erizaran y como si hubiesen interrumpido de manera brusca una canción, abrí los ojos aun anonadada por lo que acababa, o, mejor dicho, lo que no acababa de pasar.
Damián se encontraba frente a mí con una sonrisa de autosuficiencia en su rostro y yo gruñí por ese efecto.
No podía creer que había caído en su jueguito, o más bien, mi mente me había traicionado, como de costumbre, al intuir que el chico quería besarme. Por su puesto que no quería besarme, pues sería lo último que él hiciera si llegara a pasar aquello.
Si como no, eso sería lo primero que harías para dar paso a algo que las dos sabemos, acabaría en la cama, hablo mi conciencia, sorprendiéndome y enseguida la hice callar, notando mis mejillas arder por el repentino pensamiento.
¡Maldición! Necesitaba alejar esas sucias imágenes de mi mente ahora mismo.
— ¿Qué haces aquí? —pregunté de nuevo, de manera sonriente y lo más amable que pude, haciéndome a un lado para que el invitado pasara. —¿Mi padre no te aviso que hoy no estaría Thomas? —intente cerrar la puerta con cuidado, pero el repentino aire de afuera hizo que soltara la perilla y esta se azotara, ocasionando un gran estruendo en la silenciosa casa, dando paso a que diera un brinquito, asustada.
Lleve una mano al lugar de mi corazón, intentando calmarme.
—Si me aviso, pero obviamente no vengo a eso. —se sentó en el brazo del sofá y fue deslizándose poco a poco hasta quedar desparramado en este. —Henry no asistirá hoy a sus clases, así que me pidió que te diera sus tareas.
Lo observe sorprendida por la noticia. ¿Como que Henry no asistiría? Tenía que presentar un examen y ayudar a su compañera, o sea, yo.
Es oficial Alexia, despídete de tu libertad.
— ¿Por qué? —pregunté curiosa mientras me sentaba en la otra punta del mismo sofá, lejos del chico.
En lo poco que conocía a Henry, nunca faltaría dos días seguidos a clases y menos si eso significaba la segunda falta, lo cual quería decir que una ausencia más y repetía todo el año, a menos que llevara algún justificante médico para que lo perdonaran por no haber acudido esos días.
—No lo sé, no tuve tiempo de preguntarle. —hablo Damián en un tono apagado, cansado.
Voltee la mirada en su dirección y este estaba con los ojos cerrados, refregándolos con sus manos y una vez que termino, me tendió la carpeta y yo la tome.
— ¿Te encuentras bien? —dije al verlo en esa condición, pues era la primera vez que lo veía así, agotado. —¿Como va la herida? —pregunte de manera inconsciente, pero cuando me di cuenta, ya era demasiado tarde.
Genial, ahora creerá que me preocupo por él.
Este me miro y pude notar en sus ojos un destello de sorpresa.
— ¿Bien? —respondió confundido. —Me estoy recuperando rápido.
Asentí jugando con la carpeta en mis manos en un intento por mantenerme distraída con algo.
Al mencionar la lesión, no pude evitar que a mi mente se colaran los acontecimientos de día de ayer y el día anterior a ese. Damián necesitaba explicarse, me debía eso.
— Te haré un par de preguntas y quiero que me respondas con la verdad, por favor. —pedí casi a suplica.
—Alex y sus preguntas. —hablo entre suspiros, para después apoyar sus codos en las piernas. —Bien dime, soy todo oídos.
Muy bien, esta era una de las pocas oportunidades que tenía para saber en que andaba metido, por lo tanto, mis peguntas deberían de ser francas, directas y no andarme con rodeos.
— ¿Quiénes eran esos hombres que nos seguían aquel día? —demande, temerosa por la respuesta que pudiera darme. —¿Que querían? ¿Porque andaban tras de ti con armas? ¿En qué andas metido? —de mi boca salían y salían preguntas sin parar, abrumando al chico a mi lado. —¿Porque te fuiste de repente de la fiesta de mi hermano? —pregunte recordando su repentina desaparición. —¿Porque no quisiste que te checara la herida Eli? ¿La conoces? —murmure lo último, rememorando el extraño sueño que tuve la noche anterior.
Cuando termine de hablar, Damián me miraba como si me hubiese vuelto loca.
Bien, tal vez me pase con las preguntas, pero eso no me importaba en absoluto, lo importante era lo que tenía que decir al respecto.
— ¿Te han dicho que hablas demasiado? —comento divertido y yo gruñí en su intento por cambiar la conversación.
—Solo responde a mis preguntas, ¿quieres? —exigí molesta.
—Está bien. —accedió a regañadientes. —Los tipos de ese día solo eran simples mortales que no saben lo que es perder de manera justa un juego de apuesta. —declaro.—Les hice perder mucho dinero, ellos se enojaron, van tras de mí y bueno, el resto es historia. —explicó.
Escuche atenta lo que dijo y me sorprendió la forma tan insignificante en que lo dijo; si yo fuera él, estaría muerta de la preocupación sin poder dormir, pensando si hay más personas detrás de mi buscándome para amenazarme o peor aún, asesinarme.
Si no se le veía alterado, eso quería decir que no era a primera vez que le sucedía.
¡Vaya! Este chico tenía pinta de ser un adicto a las apuestas; menos mal que es eso y no la tonta teoría de las drogas, aunque pensándolo bien, pudiese estar mintiendo.
En fin, aun así, me mantendría firme hasta sacarle toda la información que necesitara para conocer el tipo de persona que era.
—En cuanto a la huida de la fiesta de Thomas, bueno, mi jefe me llamo alegando que me necesitaba con urgencia en el trabajo, así que no tenía más remedio que presentarme. —se recostó en el sofá, cruzándose de brazos. —Era la quinta vez que llegaba tarde al trabajo así que en cuanto llegue, no estaba tan contento que digamos. —dijo lo último como si fuese algún secreto.
Eso explicaba la repentina desaparición, pero lo que no me quedaba claro era como fue que bajó los escalones tan rápido y en el estado en el que se encontraba, ¿Había saltado por la ventana?
Un momento, me quedé atónita al recordar ese pequeño detalle.
¿Acaso se había presentado a trabajar en ese estado?
— ¿Te presentaste aun estando herido? —pregunte incrédula y este se encogió de brazos.
—Alerta de spoiler Alex, tu jefe no le importara como te sientas física o mentalmente, lo que le importa es que seas productivo para la empresa, aun cuando te paguen lo mínimo. —de repente escuche un celular sonar, a lo que el chico saco el suyo del bolsillo del pantalón e inspecciono unos segundos la pantalla. —Bien, tengo que irme, supongo que nos veremos luego. —se despidió y se levantó del asiento para encaminarse hacia la salida y en cuanto me percaté de ellos, rápido me levanté y le cerré el paso.
— ¡No! —dije casi a gritos y Damián me observo sin entender. —Perdón, yo... te iras cuando respondas a la última pregunta. —amenace.
Este puso los ojos en blanco y se pellizco el puente de la nariz, murmurando algunas palabras que no alcance a oír bien.
— ¿Te refieres a que, si conozco a Elizabeth, la mamá de Thomas? —pregunto y yo asentí. —Te haré otra pregunta y quiero que me respondas con sinceridad, si es que sabes la respuesta claro.
Fruncí el ceño, confundida. ¿Porque tanto rodeo? ¿tan difícil era decir si o no?
— Dime tu, ¿cómo porque diablos conocería a la mamá de Thomas? —cuestiono y mi mente se quedó en blanco al escucharlo, en un intento por tratar de buscar alguna repuesta lógica para aquello.
No le podía decir que mi pregunta nació después de haber soñado con él y con mi familia. Claro que no, me tacharía de demente.
—Bueno, pues yo tenía esa duda y pues no lo sé...—balbuceaba nerviosa, jugando con los dedos de las manos.
— Si, eso mismo pensé. —respondió sonriendo de medio lado. —Te dejo porque se me hace tarde. —paso por mi lado dejando en el aire el olor de su fragancia la cual no lo había notado antes. Era una combinación de madera y pino que me embriago de pies a cabeza.
— ¿Para qué? —hablo mi curiosidad y corrí tras de él, deteniéndome en las escaleras del pequeño corredor.
—Tengo un asunto de trabajo que atender. —grito desde su coche.
Al escucharlo, el foquito imaginario en mi cabeza se encendió, teniendo repentinamente una idea.
¡Estupendo! seria genial seguirlo para ver a donde se dirige, espiarlo para saber en que trabaja y cual era ese asunto que tenía que atender.
— Muy bien, entonces nos vemos mañana y suerte con ese asunto tuyo de trabajo. —me despedí lo más amable que pude y el chico solo movió su barbilla y se adentró al coche.
Gracias al de arriba por esta oportunidad perfecta para saber más de este chico misterioso.
Regrese a la casa y en cuanto cerré la puerta, corrí a mi habitación por mis converse blancos para ponérmelos y de paso tomé una chamarra. Tenía que ser lo más rápida que podía para que no lo perdiera de vista. Al terminar de arreglarme, miré por la ventana de mi habitación, para darme cuenta que aún seguía estacionado.
En cuanto arrancara, saldría disparada de casa.
Salí de la pequeña estancia, poniéndome la chaqueta ya que afuera hacia algo de frío, baje de dos en dos las escaleras y me detuve en la puerta para pegar mi oreja a esta en un intento por escuchar cuando el motor se pusiera en marcha y en cuanto lo hizo, salí corriendo de casa, perdiéndome entre las ruidosas calles del condado.
Llegando a la calle principal, le hice señas a un taxi que iba pasando y por suerte este se detuvo. Abrí la puerta trasera y entré presurosa.
—Siga a ese coche negro por favor. — ordené con la adrenalina al mil; mis latidos salían desbocados y a pesar del aire fresco que había alrededor, gotas de sudor escurrían por mi cara y cuerpo. El señor conductor me miró como si me faltara un tornillo, pero afortunadamente hizo lo que le pedí sin chistar.
Menos mal.
El coche de Damián dobló una esquina y dos cuadras después se detuvo en un semáforo en rojo.
—No se acerque mucho. —ordené cuando me di cuenta que se ponía al lado del coche del chico.
No podía permitir perderlo de vista, pero tampoco darme el lujo de que me viera seguirlo. ¿Qué excusa pondría?
El señor a regañadientes detuvo el carro, se echó de reversa y se colocó a tres coches de distancia en la fila de junto. Mientras tanto, a lo lejos, observaba cómo el chico tomaba su celular para después llevarlo a su oído, atendiendo una llamada.
Lo observé atenta casi sin parpadear para evitar que se me escapara algún detalle, dándome cuenta que miraba a su alrededor nervioso, en busca de algo o alguien, como si supiese que lo estaban siguiendo.
Trague con fuerza al percatarme de aquello; espero que no haya descubierto mi presencia.
Era raro verlo de esa manera, nervioso, pues su actitud, al menos estando conmigo, ha sido sería o burlona. Sea lo que sea, debía de ser algo importante esa reunión para que estuviese así.
— Escuche señorita, no creo que la relación que tenga con ese muchacho dure mucho si va por la vida espiándolo. —habló por primera vez el conductor, sacándome de mis pensamientos y fruncí el ceño al escucharlo.
¿Relación? ¿En serio señor?
De inmediato el semáforo cambió de color, lo que dio paso a que, poco a poco, los coches avanzaran.
— Él y yo no tenemos ninguna relación. —aclare de mala gana. —Pero mi amiga si y por eso lo estoy siguiendo. —mentí a lo descarado.
No sé qué me estaba pasando, pero últimamente engañaba a las personas con tanta facilidad, que asustaba. Pase de ser una niña asustadiza por decir mentiras, a alguien, cuya palabra engaño, formaba parte de su vocabulario.
Me he vuelto una mala persona, lo se.
— En ese caso, ¿No crees que este asunto lo debería de tratar ella y no interponerse usted? —inquirió el chófer, con la vista puesta al frente.
—Mire señor. —hablé lo más serena que pude, pues su platica me estaba haciendo perder la atención que tenía puesta en Damián y eso me molestaba. —No soy una chica grosera con las personas mayores, pero tengo que decirle que mejor métase en sus asuntos y no en los míos, ¿sí?
El señor guardo silencio y me miró dolido por lo que acababa de decirle, provocando que mi corazón se apretujara en el pecho, sintiéndome culpable y arrepentida por mis palabras.
—Lo siento. —me disculpe. —No quería decir eso...
—No, descuide. —me interrumpió. —Es culpa mía por meterme en lo que no me corresponde.
Tal vez, en otras circunstancias, le habría dicho que no, que nada de esto era su culpa, pero eso significaba seguir con una conversación la cual no quería tener, así que solo me limite a asentir en silencio.
Concentrándome ahora si en mi papel de espía, me percate que ya estábamos en el centro del condado de Castville; entre su ruidosa y concurrida calle principal, el coche de mi víctima se estaciono frente a un restaurante de grandes ventanas transparentes, los cuales se llegaba a relucir perfectamente las personas que estaban degustando tranquilamente.
Me asomé con cuidado para ver mejor y ¡WoW!, esto es impresionante y demasiado lindo, pues en el interior de este, pude ver tres candelabros hermosos iluminar la lujosa estancia.
Desde mi posición también se podía vislumbrar los grandes arcos que se abrían paso a lo largo del local y sobre la fachada de estos, descansaba el nombre tallado en piedra de tan sofisticado sitio "Le Ville Crissier"
¿Le ville...que? ¿En qué idioma estaba aquello? sea lo que sea era demasiado ostentoso que, con solo intentar pronunciar el nombre, me sentí pobre.
—Creo que aquí me quedo. —anuncie cuando Damián bajo de su coche, entregándole las llaves de este al valet parking y en cuanto se presentó con la recepcionista y le permitió pasar, baje del taxi no si antes pagarle por el servicio al señor. —Puede quedarse con el cambio. —dije amable cuando le entregue todas las monedas que tenía, rezando porque me alcanzara.
—Claro, sobre todo porque hay. —rezongo el adulto contándolas y le puse mala cara al escucharlo, pero este ya se había puesto en marcha, mezclándose con los demás vehículos que circulaban por su ruta habitual.
Solté un suspiro, me cruce de brazos y me encamine hacia la entrada principal del restaurante, donde estaba la misma mujer recepcionista, atendiendo a unas personas y tecleando algo en su computadora.
— Lo que me faltaba, esto será más difícil de lo que pensé. —murmuré, pensando en alguna excusa para que me permitiera pasar, ya que, obviamente no contaba con reservación.
—Hola, muy buen día señorita ¿Tiene alguna mesa reservada o viene con alguien? —hablo amablemente la mujer. —Si es así, necesitare el nombre de quien hizo la reservación.
—Yo... amm...—empecé diciendo, nerviosa, intentando ganar algo de tiempo para meditar mi respuesta. — Por supuesto, está a nombre de Damián Sallow. —comenté alegre por el repentino nombre que se me había venido a la mente y la joven frente a mi reviso concentrada la pantalla de su aparato.
—Temo informarle que no se encuentra ningún Damián Sallow registrado. —me miró apesadumbrada y sonrió tímida en un intento por tratar de animarme.
¡Rayos!
— ¿Henry Sallow? —pregunté a modo de repuesta, orando porque fuese el nombre correcto, pero la mujer negó nuevamente.
A ver Alex, concéntrate, es obvio que la reservación no está a nombre de ninguno de ellos, pues la junta a la que asistiría Damián, era por parte de su trabajo, lo que quería decir que dicha reservación estaba a nombre de la empresa. En conclusión, no me dejarían entrar ni aunque quisiera, pues no sabía nada de su ocupación.
Gruñí para mis adentros, enojada por esta situación; si hubiese algo, alguna pista que me dijera el nombre de la compañía...
De repente, dentro del restaurante vislumbre algo que capto mi atención, provocando que alejara mis pensamientos de golpe y rápido me puse junto a la joven con quien hablaba, dándole la espalda a la puerta y subí la capucha de mi chamarra, tapándome el rostro. Esta me vio raro, pero no le puse mucha importancia, pues mi concentración apuntaba hacia las personas que acababan de pasar.
Se trataba de madamas y nada menos que de Damián, él iba acompañado de una chica que no pude ver muy bien si era alguien conocido o no, puesto que me había dado vuelta para que no me notaran.
¡Maldición! tenía que entrar como dé lugar.
— Escuche, no tengo ninguna reservación, pero en verdad necesito ir a hablar con el chico que está en la barra, el que sirve los tragos. —hable con la verdad a medias. —Hace un par de semanas lo conocí en una fiesta que di en mi casa y pues el dejó su celular ahí y quiero devolvérselo, en verdad. —supliqué, ansiosa porque se creyera semejante mentira.
— Oh pues debiste decirlo antes. —respondió con su habitual sonrisa. —Si gustas puedo entregarle su encargo, no sería ninguna molestia para mi señorita.
Perfecto, creo que hasta aquí llego, esta era una de las pocas oportunidades de averiguar más acerca de Damián y no me permitirían pasar a menos que tuviese una estúpida reservación.
¡Agh, que rabia!
— No gracias, mejor yo lo hago. —hable con los dientes apretados y le brinde la sonrisa más falsa que jamás había hecho en mi vida, a la chica. Di media vuelta y me encaminé en silencio a casa.
No lo podía creer, el restaurante estaba casi vacío y yo no iba a ocupar más que un simple banco en la barra; ni que fuese algo de otro mundo.
No, no podía marcharme así, tenía que hacer algo. Mi mente maquinaba al 100% tratando de tener alguna idea con la cual me daría el pase directo para ingresar.
Me detuve abruptamente cuando obtuve la respuesta; por supuesto ¿porque no lo pensé antes?
Camine decidida, regresando a donde estaba la recepcionista y esta al verme, puso los ojos en blanco, fastidiada por mi presencia.
Si si niña, no eres la única que esta así, yo también lo estoy con la tuya.
— Como un simple cliente que quiere degustar algunos tragos en la barra de tan lujoso restaurante, pido de forma cordial la entrada al local. —dije de forma afectuosa y la chica cansada de mí, respondió.
— Y yo como una simple empleada que acata el reglamento de este lujoso restaurante, me atrevo a pedirle una identificación donde avale que es mayor de edad. —hablo con sorna y yo la mire con odio.
Apreté mis manos con fuerza a los costados, conteniendo las ganas que tenia de decirle sus verdades, pero la ira reservada pudo conmigo, desatando un mar de improperios, dejando a la persona estupefacta frente a mí.
— Escuche recepcionista o lo que sea, me dejara entrar a costa de todo sin importar las consecuencias, ¿entendido? —rugí malhumorada y la chica no dijo nada, solo se me quedo viendo, asustada. —¿Entendido? —repetí, pero esta vez con voz suave, ajena a como me sentía por dentro, quedando sorprendida por el cambio repentino en mi voz. Era como si alguna otra presencia se hubiese apoderado de mi cuerpo y mente de manera inesperada, haciéndome hablar así.
Mis oídos zumbaban y mi cabeza palpitaba por el enojo, pudiendo notar un leve clic dentro de mi cerebro, como si una puerta se hubiese abierto de imprevisto y de repente vi un leve destello café en los ojos de la chica, lo que me hizo desconcertar mucho.
—Por supuesto Alexia, puedes pasar, aquí esta su reservación. —hablo animadamente y yo parpadee varias veces, desconcertada, como si me hubiese perdido entre mis pensamientos y hubiese reaccionado hasta ahora.
¿Qué cosa? ¿Como sabia mi nombre? ¿Porque tenía una reservación? Que yo recordara no la había hecho, ¿o sí?
¿Porque te empeñas en preguntar ahora, cuando ya te dio permiso de hacer justo lo que anheladas? Solo entra y ya, hablo mi subconsciente, haciéndome entrar en razón.
Observe confundida a la chica antes de entrar y todo atisbo de rabia y enojo se había esfumado de su cara, dando paso a un semblante alegre, amable. Estuvo así un buen rato, como si estuviese anonadada o en estado de trance.
Alce una ceja confundida.
Qué raro, hace unos segundos estaba que se moría de fastidio, ahora ni siquiera parpadea de lo feliz que está.
Y con ese último pensamiento, ingrese al ostentoso restaurante cabizbaja, para que nadie pudiera reconocerme, y con ese alguien, me refería a Damián.
Camine en silencio entre las mesas redondas, con sumo cuidado para no delatarme, pues al parecer, ese era mi hobbie número uno y en cuanto llegue al bar, me coloque sobre un banco de espalda a ellos a una distancia prudente, ni tan cerca ni tan lejos para estar atenta a la conversación.
Gire unos centímetros mi cabeza para ver mejor a la acompañante de Damián, pero me sorprendí cuando vislumbre a dos hombres más ocupando la mesa, frente a ellos, ambos mucho mayores que los dos chicos.
Supuse que la chica era alguna compañera de trabajo y las dos personas restantes, sus jefes.
Pero algo no me cuadraba del todo, pensé, mirando los garabatos que tenían tatuados los señores en sus brazos. No los llegué a ver muy bien, ya que no quería ser muy obvia, pero lo poco que vislumbre fue su forma; los trazos se habrían paso a lo largo de sus muñecas de manera paralela hasta sus antebrazos.
Fruncí el ceño, pensativa.
¿Porque se me hacían familiares esas figuras en sus extremidades?
Me acomode mejor en el asiento, girándome para quedar nuevamente de espalda a ellos, recordando en donde los había visto con anterioridad y casi me caigo cuando di con la respuesta.
Se parecían mucho a los que tenía Damián, estaban en el mismo lugar y contenían la misma forma.
¿Qué probabilidad hay que tres personas tengan tatuajes iguales y en la misma parte del cuerpo?
Yo creo que ninguna.
¿Acaso estaban metidos en un tipo de secta?
La única que se salvaba de ellos era la chica, pues no vi nada de eso en sus brazos.
Apoye los codos en la barra y masajee mis sienes, exhausta; mi cabeza dolía, me sentia un poco débil y cansada.
Podría jurar que cada vez que me adentraba en la vida de este chico, cosas raras encontraba y lo peor es que no tenía explicación alguna de lo que hallaba o en este caso, escuchaba.
— ¿Como van con el trabajo que se les encomendó? —escuché que decía uno de los hombres con voz gruesa, sin ningún indicio de emoción. —Esperamos que tengan buenas noticias ya que el jefe está desesperado.
— Hablando del jefe, ¿Por qué mandó a sus segundones y no asistió él personalmente? —preguntó la chica que, a juzgar por su tono, se encontraba molesta.
— Tranquila Yeline. —advirtió Damián, haciendo acto de presencia por primera vez, sintiendo un repentino escalofrío abrazar mi cuerpo.
¡Maldita sea!, me sentía demasiado nerviosa e inclusive culpable por estar haciendo esto, no por él, sino por mí. No quería ir a la cárcel por estar espiando al empleado de papá, era muy joven para pisar ese lugar.
Mantén la calma por unos segundos Alexia, todo saldrá bien, confía en ti, me alentó mi conciencia, lo haces por una buena causa que es el de proteger a tu familia.
Lindas palabras de alguien que no creía en sí misma, pero tenía razón, daría todo por mi familia.
Limpie mis manos sudorosas en la tela de los pantalones, para después continuar escuchando.
— ¿Ahora qué? -le respondió de mala gana la tal Yeline al chico. —No les diré nada a ustedes a menos que Miguel este presente. —aclaro a los dos hombres.
Uy eso es bueno, ya tenía un nombre.
Ese tal Miguel era el verdadero jefe, ahora mi pregunta es ¿Sobre qué trabajo hablan? ¿Que se les había encomendado?
Juguetee con mis manos en busca de respuestas, pero mi mente se encontraba en blanco, no se me ocurría nada.
— Hola señorita, ¿le apetece ordenar alguna bebida? —hablo amable un chico frente a mí, a lo que di un respingo, asustada, volviendo a la realidad.
Estaba tan concentrada en mis pensamientos, que no me percaté cuando el muchacho de los tragos se acercó y por una milésima de segundo creí que se trataba de Damián.
— Amm... Claro, solo agua por favor. —respondí sonriente.
El chico asintió y se retiró a buscar mi pedido.
— ...trabajo es algo complicado y confuso. —escuché que decía Damián. —Hay veces en las que damos por hecho que ya la encontramos y otras no. Tal vez se oculta de nosotros.
Y aquí vamos nuevamente con ese misterioso personaje. ¿Porque la insistencia en hallarla? ¿Que querían de ella?
Que pagara lo que debía, eso era seguro, recordé la conversación que mantuve con Evan hace un rato y a lo lejos observe que el chico al que le había encomendado un vaso con agua, regresaba a paso lento a mi lado.
— Aquí tiene. —dejo la botella frente a mí. —El primer trago, o en este caso, botella de agua, lo invita la casa. —anuncio con cierta condescendencia.
¿Enserio? De haberlo sabido hubiese pedido otra cosa, me queje.
— Oh vaya, pues muchas gracias. —agradecí en voz baja para que ninguno de los presentes de la mesa contigua pudiese llegar a escucharme.
— De nada. —respondió el chico de la misma manera, guiñándome un ojo, para después irse a atender a otra persona que había llegado.
— ...Tres semanas, si no, el jefe actuará a su manera y siendo sincero, nadie quiere eso.
¡Carajo! Había perdido el hilo de la conversación por estar atendiendo cosas irrelevantes.
¿Tres semanas para qué? ¿Para hallar a la chica? ¿Qué pasaría si no la encontraban?
Negué ante la última pregunta, pues lo que les hicieran no era de mi incumbencia.
De repente escuché movimiento en la mesa de Damián, como que dos personas se ponían de pie y uno de los hombres misteriosos paso detrás de mí y yo traté de hacerme pequeña en mi asiento para que no me divisara y en cuanto salió del restaurante sin ningún inconveniente, solté un suspiro de alivio.
— Otra cosa. —menciono el que se había quedado. —Se lo que hacen y no me vengan con que no saben de lo que hablo porque créanme, lo sé todo. —hablo con voz distante, fría, lo que provocó que los vellos de mis brazos se erizaran. —Tengo conocimiento de lo que traman y he de decir que piensen dos veces antes de traicionar a Miguel, porque ustedes más que nadie sabe las consecuencias que conlleva una deslealtad de tal magnitud. —amenazo y una vez terminado su repertorio, se marchó del lugar.
Muy bien, eso había sido demasiado raro.
¿Qué era lo que tramaban esos chicos? ¿Sobre qué traición hablaban y cuáles serían esas consecuencias?
Supongo que, al dar con la chica, ellos harían su trabajo como lo previsto, pero no le entregarían el dinero a su jefe, más bien estaban pensando en quedárselo, por eso el comentario de ese tipo.
Gruñí molesta para mis adentros al no tener una respuesta objetiva; seguí a Damián con el único objetivo de conseguir alguna pista que me dijera más sobre su vida, pero al parecer no había conseguido nada asertivo. Saldría de allí con más incógnitas.
Abrumada por la ola de pensamientos que estaba teniendo, tomé la botella con agua, la abrí y le di un sorbo, ya que sentía la boca seca. Una vez que terminé, la deje a un lado y sin nada más que hacer, me disponía a irme del lugar cuando escuché la voz de la acompañante de Damián.
— Puaj, son unos imbéciles, ¿cómo se atreven a amenazarnos?— dijo de manera perpleja. —Son como sanguijuelas atadas a las órdenes del idiota del jefe.
El chico no respondió, solo escuche que rio por las palabras de Yeline.
— ¿Crees que Bastián le informe sobre tus planes a Miguel? ¿Crees que este tome represalias? —pregunto temerosa y con cierta inquietud.
— Claro que no. —respondió Damián, seguro de sí mismo y su tono de voz había cambiado por completo a uno afectuoso, cariñoso. —No creo que el jefe sea tan estúpido como para perder a sus mejores soldados.
Esperen, esperen, ¿Soldados? ¿Estaban metidos en algo relacionado con militares o el ejército? ¿O eran de esas personas las cuales les gustaba hacer juegos de roles, que se creían magos, guerreros y esto era algo como eso? Necesito una explicación urgente.
— Por supuesto. —le dio la razón al chico. —¿Porque no le dijiste el nombre de la víctima a esos idiotas? Ya sabes quién es, ¿cierto?
Este soltó un largo suspiro y después hablo.
— Por favor Yeline, es obvio que no confío en ellos y porque quiero hacer las cosas a mi modo, ¿sí?
— Bien, entiendo. —hizo una breve pausa. —¿Y confías en mí? —dijo Yeline con voz inocente.
Espere por algunos minutos lo que tenía que responder el joven y nada, no hubo contestación, ningún sonido escuche donde negara o afirmara la pregunta.
Genial, primero me enganchan con la plática y luego me dejan a medias.
Suponiendo que la conversación ya había terminado, me levanté del asiento y caminé a paso lento hasta la salida, así como había entrado, con la capucha de mi chaqueta puesta y de manera cabizbaja, con demasiado sigilo que algunos comensales llegaron a verme de manera sospechosa, pero les sonreí para que mantuvieran la calma y no llegaran a llamar a la policía.
En el transcurso del camino, voltee la cara unos milímetros para ver qué era lo que estaban haciendo los dos chicos, si es que todavía se encontraban allí y me detuve bruscamente sin aliento, quedandome helada por lo que mis ojos eran participes.
Ahora entendía la falta de palabras por parte de los jóvenes, pues sus bocas estaban tan ocupadas, enfrascadas en un gran y apasionado beso que no dio tiempo de responder a la pregunta de la chica.
Agh que asco.
Hice una mueca de molestia, sintiendo que mi estómago se revolvía en mi interior y no específicamente por nauseas. Sentí algo que no sabía cómo describirlo y que nunca antes me había pasado...
— ¡MIERDA! -expresé con sorpresa en voz alta cuando tropecé con una mesa, cayendo al suelo sobre mi trasero. Me levanté rápido y mi brazo derecho golpeo sin querer con esta y abrí mucho los ojos al percatarme lo que pasaría a continuación. —No no no. —susurre al ver como se volcaba, haciendo que los vasos y platos que estaban exhibidos en ella, cayeran al suelo haciendo un gran estruendo.
Cerré los ojos escuchando el escándalo y me quedé allí de pie helada por unos segundos, sin saber que hacer. Solo se escuchaba los latidos de mi corazón golpear de manera rápida en mi pecho y mi respiración agitada por la vergüenza.
— ¿Qué carajos?... —escuché la voz de Damián a lo lejos y con eso basto para que pusiera los pues en la tierra y reaccionara.
Salir corriendo del lugar como alma que lleva el diablo, mirando a las personas de la calle que se hacían a un lado en un intento por dejarme pasar para que no chocara con ellas y seguí así hasta que doblé una esquina, a dos cuadras del restaurante, adentrándome en una callejuela sin salida.
Una vez a solas, me recosté contra la pared de un edificio, sequé el sudor que recorría mi frente y puse las manos en mis rodillas para tratar de descansar, tomar aire, pensando en lo que había sucedido hacía unos minutos.
¿Damián había reconocido mi voz?
¿Me habría visto?
Y si fuese así ¿qué me esperaba el día de mañana?
Dios, me había metido en un gran lío.

¡¡SORPRESA!!
Ya estoy por aquí nuevamente con este capítulo lleno de incógnitas sobre la vida de Damián y de lo que trama.
Se que apenas salió y no conocen nada de este nuevo personaje, pero díganme lectores.
¿Que piensan acerca de Yeline?
¿Que primera impresión les dejó?
¿Será que Alex y ella se lleven bien? (nótese el sarcasmo) 🤭
No desesperen chicos y chicas, muy pronto obtendrán respuestas a sus preguntas.
Nos vemos luego, saludos. ✌🏻❤️✨
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro