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Valentine

—¡Boo Seungkwan!

Seungkwan alzó una ceja, confundido, y giró sobre sus talones para encarar al rostro de aquella persona que se atrevía a llamar su atención siendo nada-discreto.

Al igual que él, todos los presentes en aquel pasillo desviaron su atención ante la curiosa escena que se pintaba frente a ellos.

—¡Me gustas, por favor, sé mi San Valentín!

Bueno, eso definitivamente tenía que ser una broma. ¿Jisoo seguiría aún enfadado después de que Seungkwan le cambiara su tinte castaño por un rosado hace dos semanas? O quizá era Jeonghan, siguiendo su malévola tradición de hacerle jugarretas pesadas a sus amigos cada 14 de febrero.

—Creo que te habla a ti —susurró Seokmin a su costado, dándole un codazo en las costillas a Seungkwan.

El menor rodó los ojos ante la obviedad del comentario de su amigo. ¿Desde cuando había otro Boo Seungkwan en la escuela?

—Disculpa, pero no te conozco —se excusó Seungkwan cuando el chico castaño y desconocido se acercó hasta quedar a un metro de distancia.

—Claro que nos conocemos —se quejó—. ¿No lo recuerdas? También te he visto jugar en el equipo de voleibol; ¡eres genial! Y... —el chico se lo pensó unos segundos antes de que sus orejas se pintaran de carmín—. Lo que digo es que... me llamo Vernon.

Seungkwan vaciló. Dirigió una mirada discreta a Seokmin y se mordió el labio cuando su amigo le devolvió una mirada igual de confundida.

Para ser sincero, Seungkwan medio-recordaba. Al menos tenía la vaga certeza de haber escuchado aquel nombre antes... como si....

—¿Vernon? —preguntó sorprendido de pronto.

—Sí. Vernon —respondió el menor que ahora Seungkwan recordaba.

Había sido hace un año. Estaba sentado sobre las gradas mientras reflexionaba sobre su existencia (una existencia terrible y llena de malentendidos, por cierto), cuando aquel chico interrumpió en su campo de visión.

—¿Quién eres tú? —había preguntado Seungkwan de mala gana.

El castaño sonrió con ternura antes de sentarse a un lado de Seungkwan.

—¿Estás bien?

Antes de que pudiera asentir y escapar de aquel desconocido sintió una pequeña gota de agua caer sobre el dorso de su mano. Estaba llorando y ni siquiera lo había notado.

—Claro que sí —había asegurado mientras limpiaba bruscamente el camino acuoso que se formaba en sus mejillas.

—¿Estás solo?

Seungkwan no había podido evitar rodar sus ojos ante aquella tonta pregunta.

—¿Ves a alguien más aquí?

—No lo decía como mala intención —había excusado—. Me pareció extraño que un chico tan lindo como tú no tuviera compañía en San Valentín.

Ugh. Seungkwan había hecho un puchero y las lágrimas habían escapado una vez más de su prisión. No quería ni recordar el patético momento en el cual había sido humillado al confesarle su amor al chico que le gustaba en los sanitarios.

—¡No! Lo siento. No llores —se había apresurado a decir el chico—. No era mi intención... Por favor —pidió una vez más—. Si lloras me harás llorar a mí.

Seungkwan entreabrió los ojos. El chico aguantaba sus lágrimas y su nariz había enrojecido. Seungkwan sonrió, se veía adorable con aquel puchero en su rostro.

—Me rechazaron hoy —se había sincerado mientras sorbía su nariz. Sacó un pañuelo de su mochila y le pasó otro al desconocido—. Así que sí; yo: Boo Seungkwan, estoy solo en el día de San Valentín.

—Entonces me aseguraré de que el próximo año tengas una cita de San Valentín —había asegurado con una sonrisa tímida—. Recuérdame, por favor. Mi nombre es Vernon.

—Vernon —repitió Seungkwan una vez más.

—Amigo, ¿estás sordo? —se burló Seokmin.

Seungkwan le dedicó una mirada amenazante antes de aventarlo con su cadera.

—Te veré después. Guárdame un asiento para historia —dijo hacia Seokmin.

Cortó el metro de distancia que le quedaba frente a Vernon y terminó tomando su mano, cálida y suave, para llevarlo consigo.

Terminaron cerca de las bonitas jardineras que tenía el instituto. Las manos de Vernon ahora sudaban y Seungkwan no pudo evitar reprimir una risita al sentir los nervios del menor.

—Ya no te ves tan seguro de ti mismo como antes —se burló un poco Seungkwan.

Vernon juntó sus cejas, indignado.

—Es tu culpa —defendió—. Si no fueras tan lindo no me tendrías de esta manera tan humillante.

Las mejillas de Seungkwan ardieron en vergüenza ante el comentario. ¿Cómo se atrevía aquel chiquillo a jugar con él de esa manera?

—Escucha, recuerdo lo que dijiste el año pasado, pero no te fuerces a hacer una escena frente a la mitad del instituto. No era necesario que me pidieras ser tu San Valentín. Pero aprecio tu preocupación —agregó.

Apenas lo notó, trató de zafarse del agarre de Vernon, pero el chico lo mantuvo apresado mientras lo miraba.

—Que no hayas olvidado mi nombre me hace feliz, pero yo no dije todo eso para que solo me recordaras. Lo dije porque... bueno, me gustas de verdad.

Seungkwan parpadeó lento.

—¿No tenías como 15 años?

—Diecisiete —corrigió Vernon—. Somos de la edad.

—Ah.

Una vez más, trató de alejarse del menor, pero el chico se mantuvo firme.

—Por favor, dame una oportunidad.

—¿O qué? —jugueteó Seungkwan, más para ver al menor hacer un puchero que para molestar.

—O jamás te soltaré —respondió Vernon sin vacilar.

—Un poco drástico, ¿no lo crees?

—He visto lágrimas caer de tus ojos y, sinceramente, desde aquel día que te vi por primera vez me prometí jamás encontrarte así de nuevo. Creo que eres precioso, talentoso, divertido... eres todo lo que alguien desearía, Boo Seungkwan —soltó Vernon sin respirar—. Eres todo lo que yo desearía.

Seungkwan suspiró. Tendría que haberle hecho caso a su horóscopo cuando leyó que se llevaría una extraña sorpresa ese San Valentín.

—Eres algo intenso, ¿no, Vernon?

El menor sonrió y sus ojos se hicieron pequeños por un instante que a Seungkwan le pareció eterno.

—Lo siento.

Seungkwan negó con gracia.

—Está bien. Seamos nuestro San Valentín —se resignó.

El agarre sobre su mano se aflojó y por fin fue capaz de liberar su diestra.

—¡Te veré a la salida entonces! —Se despidió Vernon. Corrió hacia los edificios de la escuela y, antes de entrar, regresó para plantarle un beso en la mejilla a Seungkwan—. ¡Me gustas muchísimo!

Seungkwan desvió la mirada aunque el menor ya se hubiera ido. Tocó su mejilla y sonrió.

Vernon era lindo.

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