El sonido de la bofetada resuena por toda la casa con fuerza. Jisung se agarra la cara como acto reflejo, sintiendo la zona caliente y palpitante de dolor por el golpe. No se esperaba que la reacción de su madre a sus encuentros con Minho fuese a ser tan agresiva. Sabía que no se lo iba a tomar igual de bien que su hermano o su padre, pero nunca esperó esa postura tan radical.
-¡Eres un idiota!- le grita ella colérica. Su respiración es irregular por culpa de la ira y de la agitación. Eso, sumado a sus gritos y sus ojos desmesuradamente abiertos, hace que luzca como una lunática.- ¡La gente está hablando a nuestras espaldas! ¡Dicen que eres un maricón! ¡¿Te parece normal que estén diciendo que mi hijo es un maricón de mierda?!
Cada palabra quema más de lo que el chico se había llegado a imaginar nunca. En el fondo siempre guardó la absurda esperanza de que su madre terminara por aceptarlo tal y como es, pero se ve que su infantil ilusión se ha desvanecido de una manera demasiado violenta. El dolor en su mejilla es la firme prueba de ello.
-¿Te importa más lo que la gente diga que lo que yo siento? Soy tu hijo.- le recrimina con tono de disgusto, siendo lo único que puede hacer ahora. Sabe que ese endeble argumento no convencerá lo suficiente a la mujer para que cambie su manera de pensar.
-Justamente porque eres mi hijo no pienso dejar que esto se haga más grande. No voy a aceptar que seas un maricón.- exclama la que se hace llamar su madre, con su enfado aumentando por momentos.- ¡No volverás a ver a ese chico nunca más! ¡Y si lo haces puedes olvidarte de llamarme madre!
La mujer vuelve a golpear su ya maltratada mejilla ante de irse, aunque con un poco menos de fuerza que antes, murmurando todavía cosas por lo bajo sobre la deshonra que trae el chico a su familia. Jisung se queda atrás, sin poder moverse por estar todavía petrificado por el terror. Siente que si hace el más mínimo movimiento conseguirá que ella solamente se enfade más. Nunca pensó que enfrentarse a la ira de su madre podría llegar a ser peor que cualquier monstruo o miedo que se hubiese imaginado.
Ni en la peor de sus pesadillas había sentido nunca tanto pánico como el que acaba de sentir ante ella. Y lo peor es la sensación de que la persona que debería estar protegiéndolo es la primera que lo ataca sin motivo. Simplemente es desesperación pura.
Siente como gruesas lágrimas ruedan por sus mejillas. Quizás ha estado llorando desde que recibió el primer golpe, pero no se había dado cuenta hasta ahora. Poco a poco va sintiendo como sus piernas fallan y su poca resistencia desaparece. Apoya la frente en la pared ante él y se deja caer despacio, intentando centrarse en controlar la caída y no en el dolor que late en su pecho. Va dándose cuenta poco a poco de todas las consecuencias que va a traer a su vida todo lo que acaba de pasar.
Una vez en el suelo da rienda suelta a todo el dolor y el miedo que le acaba de provocar la reciente situación. Todo su cuerpo se retuerce en fuertes espasmos por culpa de los sollozos y su respiración se vuelve irregular. Lleva las manos a su cabello y tira de ellos para intentar mantenerse a sí mismo anclado a la realidad. La situación lo ha sobrepasado completamente.
Agradece el hecho de que su hermano no esté en casa y que se haya llevado a su sobrina con él. No sabe qué es lo que haría si Jihyo llegase a verlo en ese estado tan deplorable. La niña es demasiado pequeña para comprender que no todos los monstruos son como los que se esconden debajo de la cama, algunos son capaces de pintar una sonrisa amable y mezclarse entre los demás sin llamar la atención.
Se siente horrible consigo mismo. De repente, una idea que nunca se había llegado siquiera a plantear se implanta en su mente: qué pasaría si lo que siente de verdad está mal. Se pregunta cómo es que algo tan bonito como sus sentimientos por Minho, algo que lo hace tan feliz, puede escandalizar tanto a la gente. Puede que no sea algo dentro de lo común, pero no entiende por qué por eso tiene que estar mal. No están cometiendo ningún delito más allá de amarse.
Si algo saca en claro de su mente hecha un lío en ese momento es que ya no quiere vivir en ese mundo hipócrita y discriminatorio en el que su forma de ser no tiene cabida.
-¿Sabes? Hoy he tenido la sensación de que he estado todo el día soñando despierto.- comenta Jeongin cuando Hyunjin aparca su coche en frente a su apartamento. Ha ido a llevarlo a casa después de cenar con todos.- Estaba haciendo postres y de repente estaba pensando en mi sobrina, pero yo no tengo una sobrina.
-Creo que necesitas dormir más. Hoy deberías ir a cama temprano.- responde el mayor riendo ligeramente. Se le hace adorable la manera en la que Jeongin luce confundido por lo que le ha pasado.- O igual es que quieres tener hijos.
-¡Hyung!- exclama el menor sintiendo como los colores se suben a su rostro. El otro solo ríe, ahora abiertamente, por lo en serio que se ha tomado la broma el chico. Aunque no lo admita en voz alta, a Jeongin le gusta en demasía ese lado bromista y relajado del otro chico que rara vez saca a relucir.- Pero es que es imposible que tenga una sobrina. Mi hermano a penas tiene quince años, no puede tener una hija. O al menos eso espero.- susurra con horror, imaginándose a su inmaduro y bebé hermano con un pequeño niño o niña a su cargo.
-Repito que creo que deberías dormir más. Ha sido un día cansado.
-Sí.- termina por aceptar Yang, haciendo un ligero puchero.- Gracias por traerme, de todos modos.
-¿Solo me vas a dar las gracias?- le pregunta Hwang alzando una ceja en un gesto crítico.
El de cabellos castaños siente como los colores suben a su rostro por la insinuación que acaba de hacer el mayor. Ya casi ni se acordaba de su nuevo status de pareja, por lo que tampoco era consciente de las nuevas muestras de cariño permitidas entre ellos. Se siente un poco nervioso al evocar todas las sensaciones que sintió durante el primer beso que compartieron unas horas atrás.
Tan centrado está en sus pensamientos, reviviendo el momento, que no se ha dado cuenta de Hyunjin se ha ido acercando a él poco a poco y que se ha estado alejando hasta que su cabeza choca con la ventanilla del coche. Lo siguiente de lo que se da cuenta es de que el mayor estampa sus labios contra su frente en un gesto tierno y cariñoso que hace que su sonrojo sea aún mayor y una estampida de elefantes sustituya a las mariposas habituales en su estómago. El otro se separa con una sonrisa ligera adornando sus labios.
El beso en la frente ha sido fruto de la inseguridad del mayor, que no quiere presionar al otro a hacer nada solo por el simple hecho de que ahora son pareja. Quiere que vayan a un ritmo con el que Yang se sienta cómodo. Y si para ello tiene que esperar un poco para despedirse con besos en los labios, no sentirá su moral minada por ello y seguirá disfrutando de la compañía del lindo chico.
Jeongin siente ganas de chillar como un adolescente hormonal e inexperimentado al pensar que ese chico guapo y tierno es su novio. No se explica como su suerte ha podido ser tan buena como para toparse con Hwang y que este se fijase en él.
-Buenas noches, hyung.- se despide con una gran sonrisa pintando sus labios.- Mañana nos vemos en la universidad.
-Hasta mañana, Jeongin.- repite el mayor sonriendo también.
El menor sale del coche maquinando una idea en su cabeza. Sabe que seguramente le de mucha vergüenza, por lo que camina un par de pasos esperando oír el sonido del motor volviéndose a poner en marcha para salvarlo de lo que está a punto de hacer. Pero como parece que el mayor no piensa irse hasta que él entre al edificio no le queda otra que pararse y girarse para mirar hacia el coche, valorando si lo que va a hacer saldrá bien.
Hyunjin frunce un poco el ceño, confundido porque el otro chico se haya parado a unos pasos de entrar al edificio en el que vive. No parece que algo vaya mal, porque todavía sonríe ligeramente.
Por un momento le parece que el rostro de Yang cambia ligeramente para adoptar los rasgos de un chico de mejillas abultadas que no reconoce pero que siente que debería reconocer. Pero cuando pestañea, la imagen de ese chico desconocido se desvanece para volver a dar paso al Jeongin de siempre. Su corazón se queda acelerado, casi como si estuviese asustado por algo. Quizás él necesite irse también a dormir proto después de ese día tan cansado.
El chico de cabellos castaños camina hacia él con las mejillas encendidas y mirándolo directamente, por lo que se apresura a bajar la ventanilla para escuchar lo que sea que se ha olvidado de decirle.
Pero, gran es su sorpresa cuando el otro chico no habla, si no que baja su rostro hasta dejarlo a la altura del suyo y junta sus labios de manera tímida. A penas es un roce estático, pero vuelve a despertar en ellos las mismas sensaciones que el beso de esa mañana. Son las mismas sensaciones que a la vez se sienten muy distintas. Es mágico, la única palabra que se acerca lo más mínimo a describir lo que provoca el roce contrario en ellos.
-Ahora sí. Buenas noches hyung.- se despide de nuevo el menor con una sonrisa mucho más amplia adornando su rostro.
Hyunjin se queda viendo como desaparece por la puerta de su edificio con una sonrisa boba y la sensación de los suaves labios del chico sobre los suyos. Roza con sus dedos sus labios como si no acabase de creerse lo que ha pasado. Realmente Jeongin lo está volviendo loco, y no piensa negárselo más, ni a sí mismo ni a nadie. Está feliz de que haya aceptado ir un paso más allá de la amistad con él.
Pero hay algo que no le deja disfrutar completamente del momento. Movido en gran parte por un impulso agarra su teléfono y entra en el buscador. Deja sus pulgares flotando sobre las teclas sin llegar a escribir nada por unos instantes, pensando si lo que va a hacer es una buena idea o no. Al final se decide y escribe con rapidez tres palabras claves: Jisung, pistola y accidente.
Suspira a la vez que se detiene justo antes de darle a la tecla de buscar. Decide que será mejor que lo haga cuando llegue a casa, no cuando todavía está aparcado en frente del edificio de Jeongin.
Su extraño presentimiento puede esperar, no piensa dejar que algo así arruine un día tan bueno.
Jisung termina de comer lo que ha pedido con una pequeña mueca de satisfacción en su rostro y sus mejillas mucho más abultadas de lo normal. A la mente de Minho solo llega la palabra adorable como respuesta a la imagen que le está ofreciendo.
-¿Está rico?- pregunta divertido aunque ya sabe la respuesta.
-Delicioso. Deberíamos venir más a menudo.- responde el menor de los dos con convicción y una seriedad total tiñendo sus palabras.- Parece que va a llover.- comenta después de unos segundos en silencio en los que solamente se dedicaban a mirarse el uno al otro.- ¿Deberíamos ir a nuestro apartamento a pasar el rato?
Se refiere a un pequeño piso que han conseguido alquilar gracias al dinero que gana Lee en su trabajo de medio tiempo y del que hace unos días que les han hecho la entrega de las llaves. No es demasiado espacioso ni el más lujoso, pero es un lugar para ellos dos solos. Un lugar con el que sueñan día sí y día también desde que se les ocurrió la idea buscarlo. Un lugar en el que la presión de sus familias sobre su relación no existe y ellos dos pueden ser lo que quieran sin temor. Un lugar que los une un poco más con un plan de futuro.
En resumen, un sueño perfecto que poco a poco se va haciendo realidad.
-¿En qué clase de pasatiempo estás pensando, Sung? Eres un pequeño pervertido.- se mofa Minho, tomando las palabras de su acompañante con un doble sentido con el simple motivo de querer molestarlo un poco. Sabe perfectamente que en realidad él no está pensando en eso.
-¡No soy un pervertido!- exclama Han, quizás demasiado alto a pesar de que se encuentran en un lugar prácticamente vacío. Aunque a Minho toda la situación parece hacerle gracia.- Eres tú el que piensa cosas extrañas, hyung.
-Lo que tú digas.- ríe el acusado.
-Por cierto. Te he comprado algo, pero ahora ya no sé si tengo ganas de dártelo.- comenta con un puchero infantil.- Bueno, sí, te lo daré.- cede con rapidez y sin necesidad de que el otro diga nada.
Se gira ligeramente para buscar algo en el bolsillo de su chaqueta. Mientras él rebusca, Lee aprovecha el momento para apreciar la belleza del chico y recrearse en lo feliz que parece estar. Se le llena el pecho de orgullo y calidez el saber que es él el que provoca la pequeña sonrisa que curva los labios de ese lindo chico al que al principio tanto le costó aceptar. Nunca lo admitirá en voz alta, pero agradece infinitamente que Jisung nunca se diese por vencido con él. Es como su pequeño ángel, alegrando su vida de una manera inimaginable.
-Un llavero.- anuncia triunfal una vez encuentra lo que buscaba. Sostiene ante él el objeto que acaba de nombrar y sonríe con timidez.- No es la gran cosa, pero es algo especial porque es para poner las llaves de nuestra casa.
-¿Pretendes matarme de ternura, verdad Han Jisung?- le reprocha el otro llevándose la mano al pecho en un gesto que ayuda a dar fuerza a su actuación dramática. Jisung solo lo mira entre divertido y contrariado por su actitud infantil poco común.- Me encanta.
Ahora es su turno de rebuscar en sus bolsillos en busca de la llave a la que está destinada el obsequio que su pareja acaba de hacerle. La saca con cuidado y coge le llavero de las manos de Han para colocar la llave en él. Una vez lo ha hecho observa su trabajo con orgullo, las llaves de su hogar.
Porque el apartamento sin amueblar que han alquilado se siente mucho más un hogar que sus propias casas en ese momento.
-Ya queda poco para que podamos estar juntos, Minho hyung.- susurra el menor mientras agarra su mano con delicadeza. Ambos sonríen embobados por el momento.
-Vuelvo ahora mismo.- indica Lee levantándose para desaparecer tras Jisung.
Él se queda sentado mirando las llaves que el mayor ha dejado sobre la mesa. Pero no pasa mucho tiempo hasta que escucha la voz de su pareja tras de sí, pero cantando el cumpleaños feliz. Se gira con brusquedad, encontrándose con que Minho vuelve con una tarta entre sus manos una sonrisa de lo más avergonzada. Han siente su corazón estrujarse con ternura por el detalle y las lágrimas acumulándose al borde de sus ojos.
-Felicidades, Sunggie.- Minho habla mientras deja la tarta sobre la mesa y apoya una mano en su cabeza, acariciando sus cabellos con ternura.
Es un momento perfecto. El mejor cumpleaños que Jisung ha tenido en mucho tiempo.
Pero la pequeña burbuja de felicidad que habían creado se estalla gracias a un fuerte grito que les congela la sangre a los dos. Se miran con horror, pensando como han podido ser tan ingenuos de creer que su felicidad perfecta podía durar tanto tiempo.
-¡Tú, inútil! ¡Te dije que no te acercases más a este idiota! ¿Acaso sabes a lo que se dedica su familia.
-Mamá...
La palabra se escapa de los labios de Jisung en un susurro temeroso. No recuerda cuándo fue la última vez que no fue así, y eso lo aterra casi tanto como la mirada desquiciada que le dedica ella ahora. Lo agarra del brazo con demasiada fuerza bajo la mirada angustiada de Minho. Lo único en lo que puede pensar es en cómo ha descubierto que iba a estar allí, ni siquiera se lo dijo a su hermano.
-¡Estás arruinando a nuestra familia!- grita de nuevo.
-¡Él no tiene la culpa de lo que haga su familia!- se atreve a replicar.- ¡Él no ha hecho nada malo!
-¿Te atreves a replicarme? Soy tú madre y harás lo que yo diga, idiota.- ahora ella utiliza ese tono tranquilo, aunque más que tranquilidad es furia contenida, que logra aterrarlo mucho más que los gritos.
No se espera el momento en el que lo empuja con fuerza, haciendo que su cadera choque con la mesa con fuerza y que de sus labios se escape un gemido de dolor. Lo siguiente de lo que es consciente es de que hay un cuerpo entre él y su madre, el de su pareja.
-No le hagas daño.- pide Lee con desesperación.
-Vámonos.
Dicho esto Jisung agarra la mano del mayor y echa a correr con un objetivo en mente: su hogar. Le da igual que cuando sale a fuera sus ropas se empapen por la torrencial lluvia que está cayendo, solo quiere ponerse a salvo y poner a salvo al chico que corre a su lado. Quiere llegar a un lugar en el que ella no pueda alcanzarlos.
VOLVÍ. ¿ME ECHABÁIS DE MENOS?
Perdón pero los exámenes me tenían muerta. De hecho, aún me quedan tres antes del final del trimestre, pero como estoy ya más relajada me di el pequeño capricho de escribir un ratito para no teneros esperando más.
Es un poco deprimente esto, pero ya seguirá avanzando la historia poco a poco. Espero que se entienda que las partes de Jisung y Minho no llevan un orden, sino que van un poco haciendo saltos adelante y atrás.
Estoy bastante cansada, así que creo que no voy a alargar mucho la nota. Estos días me estoy exigiendo bastante por las clases y solo quiero dormiiiiir. Os prometo que en cuanto pueda actualizaré más seguido.
Os amo <3
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