
──── 034.
Hablar con Draco se me estaba haciendo imposible debido a que siempre que lo veía estaba siendo acompañado por una persona diferente. Es por ello por lo que pensé en hablar nuevamente con Myrtle, pero ella simplemente intentaba evitarme o me gritaba que no diría nada.
Agotada de tantos intentos fallidos, he decidido volver a mi cuarto e intentar al día siguiente, no obstante, cuando pasé cerca del lavado de hombres, pude escuchar unos fuertes sollozos desde adentro. Al principio, pensé en ignorarlos y continuar mi camino, pero al oír la voz de Myrtle no he dudado en ingresar.
Mi cuerpo se paralizó al ver a Draco llorando. El chico emitió un grito ahogado, tragó saliva y levantó la cabeza para mirarse en el agrietado espejo; percatándose de esa forma de que me encontraba justo detrás de él.
—¿Qué haces aquí? —preguntó intentando que su voz sonora lo más normal posible, mientras limpiaba rápidamente las lágrimas que se encontraban en su pálido rostro.
—Yo juro que no he dicho nada. ¡No dije nada! —chilló Myrtle, mientras se encerraba en un cubículo para llorar.
—Draco —mencioné su nombre con total preocupación—. ¿Qué es lo que sucede? ¿Por qué estás así?
—No sucede nada —respondió intentando no mirarme—. Deberías de irte.
—¿Cómo puedo irme cuando te encuentras así? —pregunté, mientras comenzaba a dar pasos hacia él—. Dime, Draco... Déjame ayudarte.
—Nadie puede ayudarme —se lamentó—. No puedo hacerlo, no puedo... no saldrá bien... Pero si no lo hago pronto... él me matará...
Mi cuerpo tembló por un segundo al oírle mencionar aquello, por lo que no tardé en abrazar su cuerpo para así reconfortarlo.
—Estoy aquí para ti, Draco.
—¿Por qué? —preguntó con la voz a punto de volver a quebrarse—. ¿Por qué eres tan amable conmigo? Te dije cosas horribles y te traté mal... Deberías odiarme...
—Tal vez debería de hacerlo, pero eso es algo imposible para mí —dije, alejando un poco mi cuerpo para así mirarlo—. Porque para mí tú eres alguien muy especial.
Draco me miró con sorpresa por unos segundos, pero luego me abrazó fuertemente mientras me susurraba suavemente cuanto lo sentía. Acaricié suavemente la espalda del chico para luego separar un poco nuestra cercanía y así poder limpiar aquellas lágrimas que se encontraban en su rostro. Malfoy se me quedó mirando fijamente y por una corta instancia he podido volver a ver aquella expresión dulce en su rostro.
—Espérame afuera —solicitó mientras cortaba nuestra cercanía—. Este no es el lugar indicado para hablar.
—Está bien —asentí—. Te espero afuera.
Antes de salir del lavado de hombres he mirado una vez más a Draco y al verlo más tranquilo me hizo sentir aliviada.
—¿Qué haces aquí? —preguntó una voz masculina en cuanto salí.
—Harry —mencioné su nombre con sorpresa, pero a la vez inquieta—. Yo estaba...
—No importa. Solo quédate aquí.
Harry no tardó en ingresar al lavado, por lo que me quedé de pie en la puerta esperando a que Draco saliera. Realmente creí que el chico saldría de inmediato, ya que a él no le gustaba estar cerca de Harry y menos le gustaría que lo viera en aquel estado vulnerable en el que se encontraba; no obstante, Malfoy nunca salió y aquello me inquietó demasiado, por lo que abrí lentamente la puerta para asomarme a ver lo que sucedía.
—¡No! ¡No! ¡Basta! —chilló Myrtle la Llorona, y su voz resonó en las paredes revestidas de azulejos—. ¡Basta! ¡Basta!
Hubo un fuerte estallido y uno de los retretes que había cerca explotó. Malfoy y Potter se estaban enfrentando de manera peligrosa, por lo que inmediatamente sostuve mi varita en un intento de detenerlos, pero desafortunadamente había sido demasiado tarde porque Harry había lanzado un hechizo que impactó directamente en Draco.
De la cara y el pecho de Draco empezó a salir sangre a chorros, como si lo hubieran cortado con una espada invisible. El chico dio unos pasos hacia atrás, se tambaleó y se desplomó en el encharcado suelo con un fuerte chapoteo.
—¡No! ¡Draco!
Resbalando y tambaleándome me lancé hacia Malfoy, que tenía la cara roja y con las manos se palpaba el pecho, empapado de sangre.
—Ya te ayudo —mencioné intentando contener la angustia en mi interior. Lancé algunos hechizos que creí que lo curarían, pero lamentablemente ninguno funcionó—. ¿Por qué no está funcionando? ¿Por qué...? ¡Maldición, funciona!
Desesperada volví a utilizar los mismos hechizos con la esperanza de que esta vez sí hicieran efecto, pero nuevamente no funcionaron. Las lágrimas comenzaron a invadir mi rostro al no poder ayudar a Draco y la desesperanza e incluso la soledad comenzaban a hacerse presentes al tan solo pensar un mundo donde él no estuviera.
—Está bien... —mencionó Malfoy, con un tono de voz casi inaudible—. Yo te...
—¡¡Asesinato!! ¡¡Asesinato en el lavabo!! ¡¡Asesinato!!
El chillido ensordecedor de Myrtle impidió que escuchara las palabras de Draco. Fue entonces, en que la puerta se abrió de golpe y al voltearme he podido ver al profesor Snape.
Apartando bruscamente a Harry del camino, se arrodilló y se inclinó sobre Malfoy; sacó su varita y la agitó por encima de las profundas heridas que había causado el hechizo de Harry, murmurando un conjuro que casi parecía una canción. La hemorragia se redujo al momento. Snape le limpió la sangre de la cara y repitió el hechizo.
Las heridas comenzaban a cerrarse.
Contemplaba la escena angustiada y apenas me había dado cuenta de que me encontraba empapada de sangre y agua. Myrtle no paraba de sollozar. Cuando Snape lanzó el hechizo por tercera vez, incorporó a Draco hasta sentarlo.
—Tengo que llevarte a la enfermería. Quizá te queden cicatrices, pero si tomas díctamo inmediatamente tal vez te libres hasta de eso. Vamos... —mencionó Snape al momento en que ayudaba a Draco a colocarse de pie—. Y tú, Potter... espérame aquí.
El profesor Snape comenzó a llevarse a Draco hacia la salida, por lo que rápidamente me incorporé para acompañarlos, y cuando estaba por salir he escuchado claramente como Harry se disculpaba.
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