
──── 016.
El nerviosismo comenzaba a plantarse en mí en el momento en que pude ver al chico de Slytherin con el cual saldría esta tarde.
Draco Malfoy vestía un traje negro y su cabello estaba peinado hacia un lado, un poco alborotado. Él miró en la dirección en la cual me encontraba y al percatarse de mi presencia no tardó en dejar ver una sonrisa arrogante.
Comencé a acercarme a él, mientras intentaba tranquilizar los latidos de mi corazón; los cuales habían aumentado al ver su sonrisa.
—¿Llego tarde? —pregunté, deteniendo mis pasos frente a él.
—No. Has llegado justo a tiempo —dijo—. Bien. Ahora busquemos ese lugar que vi...
Él extendió su mano, la cual no dudé en sostener y entonces hemos comenzado a caminar por la calle del Callejón Diagon. Ambos detuvimos nuestros pasos en una tienda que me hizo emocionar al ver una gran cantidad de postres en forma de criaturas mágicas.
—Te ha gustado, ¿no? —dijo, captando mi atención—. Es una tienda nueva que abrió hace unos meses. Cuando la vi no pude evitar pensar en ti al saber que te gustan todas esas criaturas extrañas.
—Es increíble...
Casi ni podía mencionar algo debido a que estaba demasiado emocionada con lo que veía. Quería llevarme todos esos postres a casa para mostrarles a mis abuelos.
—Espérame aquí.
Draco ingresó a la tienda por lo que me quedé a esperarlo. Entonces, mientras seguía admirando cada detalle que tenían aquellos dulces, he podido ver a mi mejor amigo ingresando a un callejón.
Froté mis ojos un segundo, ya que había creído que vi mal, pero no era así. Cedric Diggory estaba yendo por el callejón Knockturn.
Confundida y curiosa he comenzado a seguir la silueta de mi amigo.
Las personas que se encontraban en dicho callejón comenzaron a mirarme fijamente, lo cual me causó un escalofrío. Sin embargo, no les presté demasiada atención y seguí a mi amigo; hasta que mi cuerpo ha chocado con alguien.
—Perdón —dije—. No lo he visto.
—¿Estás perdida, pequeña? —dijo un hombre alto y de aspecto rudo, sosteniendo mi brazo fuertemente—. ¿Necesitas algo?
—No, yo estaba...
He comenzado a buscar a Cedric, pero él no estaba por ninguna parte y eso me extrañó.
—Eh, aleja tus manos de ella —oí la voz de Malfoy.
El hombre que me había sostenido ha aflojado un poco su agarre y cuando Draco ha llegado a mi lado me ha dejado completamente libre para luego alejarse.
—¿Qué haces aquí? —preguntó, entre confundido y enfadado—. ¿Qué no sabes lo peligroso que es aquí?
—He creído ver a Cedric...
—¿Qué haría Diggory en este lugar?
—Debo de haber visto mal. Cedric no estaría nunca en este callejón...
—Solo salgamos de aquí.
Draco sostuvo mi mano para así alejarme de aquel callejón, lo cual hubiera hecho que me emocionara y colocara nerviosa, pero yo no estaba prestando demasiada atención debido a que estaba intentando encontrar a Cedric y al no verlo solo me hizo pensar que todo había sido una mala jugada de mi mente.
La mayor parte de nuestra cita la habíamos pasado bien, pero la duda de si Cedric estaba en ese callejón o no todavía estaba plantada en mí.
—Lo lamento. He arruinado nuestra cita —dije, cuando ya era momento de tomar caminos diferentes—. Es que...
Draco ha colocado un dedo sobre mis labios para evitar que siguiera hablando. Él me miró fijamente con una sonrisa y dijo:
—Me la he pasado bien.
—También yo —dije, sonriente—. Entonces... nos vemos en el tren a Hogwarts.
Él no dijo nada, por lo que iba a irme. Sin embargo, los repentinos brazos de Draco rodeándome me lo han impedido.
Aquello me hizo sentir tan bien que no tardé en corresponderle, entonces, él se separó un segundo para así mirarme fijamente y el tener su rostro tan cerca había causado aquel nerviosismo plantarse en mi pecho.
Draco acarició suavemente mi mejilla, mientras me miraba fijamente. Y entonces sucedió.
Él y yo estábamos besándonos. Aquel beso que había sido interrumpido varias veces finalmente estaba siendo concretado.
Sus labios se movían lentamente sobre los míos por lo que intenté imitarlo, solo que mis movimientos eran algo torpes debido a que nunca en mi vida había besado.
Quería detener el tiempo en este hermoso momento que estábamos compartiendo, ya que me hacía olvidar de todo, pero la realidad nos atacó en el instante en que comenzó a hacernos falta el aire.
Draco sonreía. Una sonrisa que me hizo sentir tan feliz y especial, ya que era yo quien la estaba provocando.
—Nos vemos, Ainara.
Nuevamente volvió a besarme, pero esta vez duró menos que nuestro primer beso.
—No vemos, Draco.
Y diciendo esas últimas palabras me he ido a mi hogar, donde me encontré a mi abuela.
—Al ver tu rostro se puede saber que te ha ido bien en tu salida —dijo mi abuela, sonriendo.
—Fue la mejor salida que he tenido —dije, girando sobre mí misma debido a la felicidad que sentía—. Te agradezco que me permitieras salir.
Mi abuela simplemente sonrió para luego decirme que fuera a ayudar a Rolf con las criaturas que había estado cuidando.
Y mientras me dirigía hacia allí no podía dejar de pensar en aquel beso que compartí con Draco Malfoy; lo cual hizo que olvidara el asunto con Cedric.
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