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27: Imponiendo distancia

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De lo único que Persephone estaba segura en ese momento era de lo mucho que detestaba a Peter Hale. Odiaba el brillo presuntuoso en sus ojos azules. Odiaba la forma en la que las comisuras de sus labios batallaban por curvarse en una sonrisa mientras los observaba descaradamente.

Derek se posicionó frente a Persephone, ocultándola de la mirada de su tío con un deje protector. La mujer hiena no supo si era porque quería evitar que la viera en ese estado—incluso cuando se encontraba completamente cubierta por el vestido—o porque su instinto le había dicho que lo hiciera. La verdad es que quizá nunca se enteraría de la respuesta. En especial cuando ella había terminado las cosas entre ellos.

Tiempo. Le había pedido tiempo a Derek para poder reflexionar y arreglar toda la mierda que tenía en el plato. Sin embargo, con el pasar de los segundos, su corazón se contraía con más fuerzas. Estaba segura de que se encontraba cerca del llanto, pero lo único que la mantenía a raya era la presencia de Peter; la ira comenzaba a burbujear en su sistema.

El bastardo era guapo, pero era el peor ser humano que había conocido en su vida. Ni siquiera llegó al nivel de su hermana, y eso que Seraphina había intentado matarla en múltiples ocasiones. Peter mató a su sobrina por poder. Hubiera matado a Derek de haber sido él el alfa.

Nunca iba a perdonarlo.

No obstante, en ese instante, las cosas no eran sobre ella, sino sobre Derek. Peter había aparecido una vez más para intentar meterse en la cabeza de su sobrino y tratar de manipularlo. Y Persephone le había entregado la llave para que lo hiciera al haber dejado a Derek en una posición extremadamente vulnerable.

Rompió con él en el momento en el que fue abandonado por dos miembros de su manada. La marcha de Boyd y Erica le dolió, siempre le resulta doloroso a un alfa perder a parte de su manada. Pero fue perderla a ella lo que realmente lo puso en el punto más vulnerable para que Peter pudiera susurrar su camino hacia el lado bueno de Derek.

Sin embargo, Persephone ya no podía dar marcha atrás. Estaba hecho, no podía tomar sus palabras y decirle que retomaran lo suyo sin haber hecho ningún tipo de progreso. Ambos necesitaban estar por su cuenta, darse el tiempo de estar distanciados para poder trabajar en tener una relación que ambos pudieran aprovechar.

Derek se refugió en los brazos de Persephone cuando su hermana murió, incluso cuando no quería admitirlo. La mujer hiena era su lugar seguro, lo único que lo mantenía cuerdo en medio de la tormenta incesable que llamaba vida. Pero no podía hacer de una persona su hogar, no podía depender de alguien para poder existir. Tenía que aprender a tomar buenas decisiones, a creer en la fortaleza de su carácter, a confiar en las características que Persephone sabía que tenía antes de poder regresar a ella.

Esta vez le tocaba a Derek actuar por su cuenta.

Fue la razón por la que se apartó de la figura de Derek y elevó el mentón para aparentar indiferencia, y comenzó a caminar hacia la salida.

—Persephone, ¿no crees que olvidas algo? —preguntó Peter, permitiendo que una sonrisa arrogante se formara en su rostro. Con sutileza, señaló las bragas que yacían en la esquina de la mesa, tan solo a unos centímetros de los pies de Derek.

Ella arqueó una ceja, sin permitirle que se metiera bajo su piel. Lo menos que haría sería darle la satisfacción de verla regresar por la pieza de ropa interior.

—No, te las dejaré para que tengas material para jalártela sabiendo que seré la mujer que nunca tendrás —respondió, su voz cargada de veneno.

La sonrisa de Peter flaqueó durante un segundo, pero regresó con más fuerzas.

—Pero si ya he tenido mi probada de ti.

Ese fue el momento en el que Derek empujó a Peter con tantas fuerzas que cayó al otro lado de la habitación, impactando las escaleras. Persephone alzó una mano antes de que continuara su descarga física.

—¿Quieres decir cuando manipulaste a una adolescente para que te besara? Solo tú encontrarías orgullo en una conducta pederasta.

Con eso, Persephone le dedicó una mirada a Derek antes de marcharse de las ruinas de la casa Hale, sabiendo que sería la última vez que compartirían un momento juntos en un tiempo.

En lugar de sumergirse en su propia miseria, Persephone decidió enfocar su mente en el bar, en trabajar hasta que olvidara el recuerdo amargo de lo que había pasado unas horas antes. Todavía tenía el estómago hecho un nudo y la garganta le dolía de retener el llanto por tanto tiempo. Estaba cansada de llorar, de ser dominada por sus emociones. Por una noche, solo quería enfocarse en su trabajo y no estar metida en ningún lío sobrenatural.

Brooke estaba en el turno, observándola minuciosamente mientras Persephone se encargaba de preparar los tragos y las bebidas en completo silencio. Desde que había iniciado la noche, la mujer hiena no había pronunciado una sola palabra.

—¿Qué sucede contigo hoy? —preguntó Brooke, ladeando la cabeza para expresar su preocupación.

Persephone tragó en seco y forzó una sonrisa.

—Nada. Solo quiero trabajar.

Pero ni siquiera la música era lo suficientemente fuerte para ahogar el cambio en los latidos de su corazón. Estaba mintiendo. Su mejor amiga lo sabía y no necesitó su audición para comprobarlo. La respuesta estaba en sus ojos. No tenía el brillo que la caracterizaban, sino que el dolor los había eclipsado.

—Seph.

—No quiero hablar al respecto —dijo.

—Persephone —pronunció en un tono firme y fuerte que hizo que Persephone se mordiera el interior de la mejilla—. No pongas esa barrera conmigo. Puedes utilizarla con todos los demás, pero te conozco. Sé que estás sufriendo. Confía en mí.

Persephone apretó los labios en una fina línea, buscando la fuerza necesaria para poder decir las palabras que la estaban atormentando: sus propias acciones.

—Rompí con Derek.

La sorpresa se apoderó del cuerpo de Brooke, viajando por su rostro como una ola que le dejó las cejas arqueadas y la boca entreabierta. No podía creer que Persephone había pronunciado esas palabras. ¿Acaso su audición le estaba fallando? Era inverosímil pensar que una vez más los caminos de Derek y Seph se habían separado. Los había visto danzar alrededor del otro por una enorme cantidad de tiempo, llevaban años resistiéndose a su atracción, a sus verdaderos sentimientos. Justo cuando pensaba que por fin estaban llegando al punto donde estarían juntos, rompieron.

—¿Qué?

Una mirada de parte de su mejor amiga y Brooke supo que no había escuchado mal. Los ojos de Persephone estaban nublados por una capa de desolación. Entonces comprendió el porqué de su determinación a concentrarse en el trabajo: necesitaba hacer todo lo posible para despejar la mente. Necesitaba olvidar.

—Seph, ¿qué pasó? —cuestionó con dulzura en su voz.

Persephone cerró los ojos e hizo todo lo posible para tragar el grueso nudo que se había alojado en su garganta. Apenas y podía respirar sin sentir que se ahogaba. Quería buscar la manera de deshacerse de la agonía en su pecho, de esa sensación que le hería el pecho con cada respiración. Más que tener el corazón hecho pedazos, Persephone sentía que se encontraba rompiendo con una adicción. Incluso cuando su cuerpo le estaba pidiendo a gritos que regresara con Derek, sabía que no podía hacerlo.

Tenía que ser fuerte.

—No quiero hablar de eso —se esforzó en decir—. Solo quiero trabajar y enfocarme en algo que no sea... ya sabes.

—¿Puedo abrazarte al menos? —preguntó Brooke.

La mujer hiena negó con la cabeza.

—Lo siento, pero si lo haces no voy a ser capaz de aguantarlo y no puedo quebrarme. No hoy.

—De acuerdo —aceptó la rubia—. Pero me quedaré hoy contigo, ¿vale?

Persephone asintió.

—Me gustaría eso. Ahora, ¿podemos volver a trabajar o necesito reducirte el sueldo?

Brooke rodó los ojos.

—Ya voy, jefa.

—Brooke, realmente de aprecio —le dijo con sinceridad.

Brooke le sonrió.

—Lo sé.

Persephone suspiró, utilizando el aire cálido para neutralizar sus emociones y ponerse en la mentalidad para trabajar.

A pesar de que no estaba siendo una noche particularmente activa, Persephone estaba dispuesta a utilizar cualquier distracción que pudiera conducirla en el camino para echar las emociones en un cajón en la parte trasera de su cabeza donde no pudieran herirla. Funcionó durante una hora entera, pero esa noche no sería una en la que podría mantener su mente enfocada. No, el destino le estaba jugando sucio porque alrededor de a las diez y media de la noche, Scott McCall se adentró en el bar junto a Isaac Lahey, el único beta restante de Derek.

—No. Hoy no estoy disponible. Lo que sea que haya pasado, no quiero saberlo —estableció, moviendo la cabeza de lado a lado en un gesto negativo.

—Persephone, por favor —suplicó Scott, siguiéndola por el establecimiento.

—No me importa, y tú eres un traidor, así que no me interesa nada que tenga que ver contigo o el mundo sobrenatural en general. Vuelve cuando tengas veintiuno y puedas venir a tomar un trago.

—Gerard se llevó a Stiles —soltó el adolescente como su último recurso al verla darse la vuelta para dejarlo atrás.

Persephone detuvo sus pasos, pero no se giró, sino que se quedó en ese lugar con las manos cerradas en puños apretados. No pudo evitarlo cuando el corazón le dio un salto en su pecho, pidiéndole a gritos que escuchara al muchacho. Sin embargo, se mantuvo firme, inexpresiva.

—¿Y a mí por qué me importa? —increpó—. Es tu turno de aprender tu lección con los Argent. Siempre te apuñalan por la espalda.

—Lo sé, pero tengo un plan, lo juro. Solo necesito a alguien que nos ayude a encontrar a Stiles.

—Pregúntale a tu alfa.

—Derek y Peter nos están ayudando con Jackson.

Persephone dejó salir una risa amarga.

—Derek y Peter —repitió agriamente—. ¿Por qué no me sorprende?

—No creo que Derek confíe en él, si te sirve de consuelo —comentó Isaac inocentemente.

—No me importa. Lamento lo de Stiles, pero esos son los precios que pagas cuando haces tratos con los Argent, Scott. Ahora lárguense. No puedo ayudarlos.

Scott ni se inmutó.

—No te creo. ¿Sabes? Creo que toda esta facha de chica ruda es solo una fachada. Por más que quieras ocultarlo, sé que Stiles te importa.

—Suenas demasiado convencido de eso —comentó Persephone, incapaz de dar su brazo a torcer.

—Puedes decir lo que quieras, pero sabes que es verdad. No me importa si no te agrado, sé que no lo haces. Da igual, pero Stiles estamos hablando de Stiles.

En silencio, Persephone se lo pensó. Realmente dudó y luchó durante un minuto sobre el tema. Trató de buscar una excusa lo suficientemente fuerte para refutarle lo dicho, pero cada vez que pensaba en Stiles, lo recordaba invadiendo su apartamento, pasando el rato con ella y lanzando alguno de sus comentarios sarcásticos que le agradaban.

Scott tenía razón. Le tenía cariño a Stiles.

—Veré qué puedo hacer.

Persephone no tuvo que utilizar sus habilidades sobrenaturales para ubicar a Stiles. Los Argent no tenían algún tipo de cargo de consciencia de lo que hacían, a menos que estuvieran haciendo algo que rompiera su pequeño código. Sin embargo, desde que Gerard había llegado, no había un código. Solo estaban realizando las cosas a su antojo sin importarles las consecuencias de aquellos que los rodeaban.

Así que por eso sabía que si Gerard había llevado a Stiles a algún lugar, sería la casa Argent. Esa era la razón por la que se encontraba observando la casa desde la distancia, analizando las personas que estaban entrando y saliendo, y también tratando de escuchar los latidos de las personas que se encontraban en el interior.

—Estás cometiendo un error.

La mujer hiena se sobresaltó al escuchar la voz de Seraphina a sus espaldas. Se volteó inmediatamente para encararla, sus ojos tratando de percibir algún rastro de amenaza.

—¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que le habías hecho una promesa a nuestro padre de irte y nunca regresar —habló Persa, y Seraphina se limitó a encoger los hombros sin darle importancia al asunto.

—Puedes relajarte, no estoy aquí para herirte. Gerard está tramando algo —le dejó saber—. Además, ni tú ni yo somos capaces de entrar a esa casa.

—Estoy segura de que puedo patearle el trasero a cualquiera de esos cazadores.

Seraphina rodó los ojos.

—Si hubieras llegado quince minutos antes hubieras sido capaz de ver a Gerard crear una pequeña barrera de ceniza de montaña en las entradas. De hecho, lleva haciéndolo desde la luna llena —explicó calmadamente.

—¿El anciano está preocupado de que vayas a chuparle la sangre?

Seraphina apretó los labios en una mueca.

—No, solo matarlo.

—¿Qué pasa? ¿Acaso tienes estándares ahora? —increpó Persephone de mala gana.

—No, pero créeme que la sangre de alguien moribundo no es una que quieras probar.

—Espera —habló abruptamente—. ¿Gerard está muriendo?

Seraphina frunció el ceño.

—Sí, tiene cáncer. ¿No lo sabían? ¿No pueden olerlo?

Persephone se quedó pensativa durante unos segundos.

—No está aquí para vengar a Kate. Quiere la mordida de un alfa —murmuró.

Sera resopló.

—¿Con Gerard? Estás poniendo la barra demasiado baja.

—Tienes razón —reconoció Persephone—. Quiere convertirse en un alfa.

Por primera vez en la noche, el destino pareció brillar a su favor porque Stiles salió de la puerta trasera con una herida en la mejilla y una cortadura en el labio. Persephone abandonó su posición con su hermana y se apresuró en correr hacia Stiles, sintiendo la ansiedad tomar el control de su sistema. Llevó al adolescente consigo a la zona donde no podían divisarlos y le dio un corto abrazo.

—¿Persephone?

—¿Te encuentras bien? —preguntó la mujer hiena, examinándolo con cuidado.

—Sí, estoy bien.

Persephone suspiró con alivio.

—Bien.

—¿Dónde anda Scott?

—Siendo Scott santo y puro —respondió Persephone—. Pero me amenazó con buscarte, así que aquí estamos.

Stiles le dedicó una mala mirada.

—No tiene nada con qué amenazarte.

Ella le sonrió.

—Sí, bueno, es difícil admitir que te he tomado cariño, ¿de acuerdo?

Una sola comisura de sus labios se elevó. El aura del muchacho estaba apagada, no estaba emanando su habitual energía, y se notaba a leguas que el corto y breve secuestro le había afectado. En especial el hecho de que su mejor amigo no lo hubiera ido a buscar.

—¿Estás seguro de que te encuentras bien?

Él asintió con un suspiro.

—¿Por qué no estás con Derek ahora? ¿No se supone que estés corriendo a avisarle?

Persephone tragó en seco y desvió la mirada, enfocándola en el suelo.

—Derek y yo ya no estamos juntos —se limitó en decir—. Supongo que tengo que confiar en que Scott sabe más de lo que ha dejado saber, ¿no? Y Derek es un chico grande, estoy segura de que es capaz de manejar esto por su cuenta.

—¿En serio?

—Sí.

—Si has abandonado a Derek y tampoco piensas ayudar a Scott, ¿qué haces aquí?

—Ya te dije, Stiles, me he encariñado contigo —contestó con sinceridad—. Ahora, vamos a llevarte a casa. Estoy segura de que tu papá está perdiendo la cabeza tratando de encontrarte.

Luego de cerrar Underworld por la noche, Brooke y Persephone se encontraban en el apartamento, preparándose para una velada larga. Persa estaba consciente de que su mejor amiga la haría hablar de lo sucedido y todavía no estaba preparada para contarle que fue su decisión porque sentía que todo había pasado de ser magnífico a estar en un patrón de toxicidad que tenía que parar porque no estaba siendo bueno para ninguno de ellos.

Estaba segura de que ella y Derek no estaban terminados por completo. Estaba segura de que ese no sería su final. Al menos era lo que esperaba. En su mente, si se daban un tiempo y detenían el patrón antes de que fuera demasiado tarde, podrían arreglar lo que tenían. De esa forma podían recuperar su relación cuando no estuvieran tan jodidos emocional y mentalmente.

Pero tenía miedo de que no fuera así. Temía que sus caminos terminaran completamente separados, siempre yendo en direcciones paralelas, pero nunca uniéndose en sus puntos. Estaba aterrada de pensar que quizá esa era la última oportunidad que tenían para hacer las cosas bien. Si se suponía que la tercera era la vencida, significaba que su relación nació con fecha de expiración.

—¿Quieres volver a ver Heathers o vamos a ver una tragedia de Nicholas Sparks?

Persephone arrugó la nariz.

—No voy a ver películas románticas, Brooke.

—¿Quieres hablar?

Un movimiento de cabeza. No. Claro que no quería hablar. Estaba segura de que tan pronto pronunciara una sola palabra, se haría real y confesaría que se estaba arrepintiendo de su decisión. Además de que literalmente le había dado la espalda a Derek en esa noche. Le dio la espalda a todos. Menos a Stiles.

¿Había tomado la decisión correcta? Tenía que empezar a trazar la línea. Había sido el mundo sobrenatural el que le regresó la inestabilidad a su vida. Para poder sanar y poner en orden su vida, tenía que alejarse de aquello que le estaba produciendo dolor. Incluso si parte de eso era un fragmento de su corazón.

—¿Crees que cometí un error? Honestamente. Quiero saber qué opinas.

Brooke suspiró, sentándose a su lado en el sofá de la sala.

—No conozco su relación. Solo he sido testigo de lo que tenían y sé que eras feliz con él. Deberías ver la forma en la que te iluminas cuando estás con Derek, Seph. Eres más hermosa de lo que eres. —Persephone sintió las lágrimas ardiendo en sus orbes, amenazando con salir en cualquier momento—. Pero como dije, solo he sido testigo de lo que nos han permitido ver. No sé qué sucede tras bastidores, no sé qué es lo que te ha llevado a tomar esa decisión, pero sí sé que ha tenido que ser algo muy importante. Se requiere una gran fuerza de voluntad para apartarte de algo que amas.

Para el momento en el que Brooke terminó de hablar, Persephone no pudo luchar más con las lágrimas y estas cayeron por la piel de sus mejillas, marcando el primer trazo del mar que estaba por salir. Abrazó sus rodillas y escondió el rostro entre sus brazos, permitiéndose sentir todas las emociones que llevaba reprimiendo desde que habló con Derek.

—Siento que no puedo respirar desde que lo dejé hoy —expresó entre lágrimas—. Siento que tengo una presión en el pecho que no se va. Y odio estar en este apartamento cuando todo me recuerda a él. Solíamos desayunar en esa barra, nos acurrucábamos en este sofá, dormía en mi cama. Todas mis sábanas tienen su aroma. Cada rincón de este lugar tiene un recuerdo de Derek y no sé cómo voy a tolerar estar lejos de él, cómo me voy a mantener fiel a mi palabra.

» Y tienes razón. Lo amo. Lo amo tanto que duele, que estar lejos es una agonía. Cada vez que algo sucede, él es la primera persona en la que pienso. Derek es el nombre que me viene a la mente cada vez que quiero consultar algo, cuando estoy angustiada, cuando necesito encontrar paz. Acabo de arruinarlo y me aterra pensar que esta vez pueda ser permanente.

—Seph, cariño, tus miedos no van a definir tu futuro. Nadie sabe lo que pasará, pero tengo la seguridad de que si es lo correcto para ustedes, van a encontrar su camino de vuelta para estar juntos.

—¿Qué se supone que haga mientras tanto? —preguntó porque realmente necesitaba alguien que la guiara en ese momento.

—¿Quieres saber lo que yo haría? Al menos un viaje. Vete dos semanas, un mes, dos. Poner una distancia física, un cambio de aires, te va a ayudar. Podrías tomar una nueva certificación en manejo de negocios, podrías ir dos semanas al Caribe o a Alaska si te va el frío.

Persephone se rio, pero la realidad es que no encontró una falla en el argumento de Brooke. Si iba a hacer esto, debía cambiar de aires para poder permitirse respirar.

Así que eso hizo.

Durante la primera semana se aseguró en adiestrar a Brooke y a Kyle para que manejaran el bar en su ausencia. Neil se aseguraría de hacer las transacciones grandes de sueldos y compras, y el resto lo manejarían los Brooke y Kyle, los mejores empleados que tenía. También se aseguró de buscar un lugar al azar en el mapa y planificar dónde pasaría el siguiente mes de su vida. Se anotó en algunos seminarios de administración de negocios y estrategias, y se aseguró de comprar ropa que no le recordara a Derek.

Todo estaba saliendo relativamente bien. Estaba enfocada en tener un par de semanas para ella en las que trabajaría en mejorar las partes de ella que necesitaban un poco de mantenimiento. Tenía un plan trazado, una rutina esperándola, unos objetivos marcados para tener su vida en orden cuando regresara a Beacon Hills.

Sin embargo, el día en el que estaba por marcharse, Persephone no contaba con estar con la cabeza en el inodoro, vomitando todo el contenido de su estómago.

—Neil, te estoy diciendo que está enferma. No, no soy mala cocinera para envenenar a Seph con el desayuno que preparé —masculló Brooke al recibir al padre de Persephone, quien había llegado al apartamento para llevar a su hija al aeropuerto.

—Brooke, te estoy diciendo que Seph no se enferma. Nunca se ha enfermado —recalcó su padre.

Ambos caminaron el baño donde Persephone se encontraba arrodillada frente al inodoro, luchando con la ola de náuseas que estaban haciendo malabares en su estómago. Ya no tenía nada que devolver, pero no podía alejar la sensación.

—¿Seph?

—Solo son nervios, papá —respondió al instante, contrayendo el rostro en una mueca.

—No, tiene que ser algo que has comido.

—Te estoy diciendo que no —replicó Brooke—. Apenas y probó la comida antes de salir corriendo.

—Pues yo te estoy diciendo, por experiencia, que Persephone no se enferma. Es la segunda mujer hiena con la que he lidiado y créeme que su madre solo se enfermó de esa forma cuando... —Su voz se apagó por completo, las palabras muriendo en su garganta cuando fijó los ojos en su hija—. Oh, por Dios, no.

El pánico creció en el sistema de Persephone. ¿Acaso se refería a la vez que su madre empezó a perder la lucidez? ¿Acaso le iba a decir que era algo genético y que moriría pronto?

—¿Cuándo qué? —insistió Brooke, rodando los ojos.

Neil tragó en seco sin dejar de mirar a su hija.

—Cuando estaba embarazada.

Y durante un segundo, Persephone pensó que la idea de estar cerca de la muerte le parecía más apetecible.


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Aquí les viene un fun fact random, pero la trama de Underworld en un inicio iba a ser en este punto. Bueno, a partir de este punto. Sin embargo, me pareció que iba a ser apresurado, así que aquí me tienen luego de dos temporadas y veintisiete capítulos, vamos a iniciar los puntos de la historia que realmente estaba MURIENDO por narrar.

Nop, no es falsa alarma.

Sí, va a tener una bendición.

¿Del 1 al 10 cuánto creen que se va a complicar la cosa?

¿Qué piensan que ocurra ahora?

Besis,
Thals. 💜

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