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ii. first day

🔥BRIDGET INTRODUCES YOU🔥
—❄️ chapter two: first day
'primer día' ❄️
written by mxgicsarcxsm
© 2023🛡️


BRIDGET SE LEVANTÓ CON MÁS energía de lo que era habitual en ella, pero el día realmente lo merecía. Después de una larga semana de espera, había recibido su carta de la U. A, confirmando su ingreso en la misma. En otras palabras, había superado el examen de recomendación de la academia y, durante los siguientes tres años, sería una alumna del Departamento de Héroes. Justamente lo que ella llevaba queriendo desde hacía muchos años.

Todavía recordaba perfectamente las expresiones de sus padres y de su hermano mayor en cuanto llegó a la cocina, chillando y saltando como si se estuviera quemando la casa. La única diferencia, es que tenía un sobre en la mano y un pequeño dispositivo de holograma en la otra, que aseguraban que había entrado en el Curso de Héroes de la Academia U.A. Una imagen distorsionada del mismísimo All Might era quien le había confirmado el ingreso a la prestigiosa escuela. Y, luego de unos segundos de estupefacción por su entrada en escena, su familia reaccionó.

Enya fue la primera en reaccionar ante la noticia, dejando lo que estaba haciendo para correr hacia su hija. La envolvió en un fuerte abrazo de oso, mientras la joven se aferraba al cálido cuerpo de su madre. Luego, la mayor llenó de besos el pálido rostro de su hija, exclamando que estaba muy orgullosa de ella. << ¡Sabía que lo conseguirías, mariposa mía!>>, era lo que había exclamado la mayor de las pelirrojas en cuanto se deshizo el abrazo, sin dejar de sonreírle.

El mayor de los pelinegros fue el siguiente en felicitar a la joven promesa, abrazándola con la misma intensidad que su mujer. Edan besó la cabeza de su única hija, sin ser capaz de controlar la gran sonrisa que se dibujó en su rostro, ni tampoco aquella calidez que mostraba cuando realmente estaba alegre. Quizás por eso Bridget se aferró a su padre, con los ojos llorosos, disfrutando del abrazo de aquel que le había dado la vida. El hombre que, a su modo, siempre la había animado a ser ella misma.

<<Lo has hecho, mariposa, el primer paso para ser una heroína>>, le había murmurado Edan, con su rostro casi enterrado en las carmesís hebras de su hija. El héroe notó como su pequeña temblaba de la emoción, por lo que su abrazo se afianzó todavía más, a la par que su sonrisa se estiraba todavía más en su rostro. Sus ojos violetas observaron, con cariño, el rostro emocionado de la menor.

Donovan tomó el relevo de su padre, siendo el último de ellos en felicitarla por el ingreso. El joven de hebras negras y ojos azules había estado observando las escenas anteriores, viendo como sus padres felicitaban a su pequeña hermana por haber logrado entrar en la prestigiosa academia de héroes. Había visto, de forma bastante evidente, como la menor de su familia parecía algo abrumada por la noticia y las felicitaciones de sus familiares. Y, eso, realmente lo conmovió.

Mientras abrazaba a su hermanita con cariño y besaba su frente, Donovan no dejó de pensar en las veces en las que la había visto llegar llorando de la escuela porque algunos niños le habían dicho que su don no era digno de héroes, sino todo lo contrario. Todas las veces que él mismo había sido quien la consolaba, asegurándole que un don 'no era de villanos ni de héroes', sino que dependía del uso que se le diera. El problema no era el don, sino el usuario.

<<Te lo dije, enana>>, había murmurado el mayor de los hermanos, escuchando los sollozos ahogados de su pequeña hermanita. Sonidos que lo conmovieron todavía más y que lo llevaron a abrazarla con más calidez, mientras sus padres observaban la escena con ternura. <<Te dije que entrarías, enana, te preocupaste por nada>>.

Porque, si algo tenía claro Donovan, era que su hermanita tenía el potencial necesario para ser la mejor heroína de todas.




























🔥❄️🔥❄️🔥



























AQUELLA MAÑANA, ERA EL PRIMER día en la academia de los héroes U.A, la más prestigiosa del país y con la que llevaba años soñando. Se trataba del primer paso en su carrera como heroína, sus tres primeros años entrenando y esforzándose al máximo para ser alguien digno de admirar. El primer paso para seguir con el legado de sus padres y su hermano mayor. Para mostrar que, en efecto, los McCoy seguían siendo una familia llena de almas heroicas.

Sí, Bridget estaba realmente emocionada por empezar en la U. A. Era algo que se podía notar incluso a cierta distancia, pues había una aura llena de energía a su alrededor, que parecía no tener ningún rival para opacarla. Ni siquiera el sol parecía ser un rival digno de la forma con la que la pelirroja brillaba, por no hablar del torrente de emoción que recorría cada una de sus venas desde que se había despertado.

Ni Edan ni Enya la culpaban de rebosar energía por cada poro de su pálida piel, pues ellos consideraban que su hija estaba en todo si derecho de mostrarse tan enérgica y feliz. Después de todo, sabían lo mucho que se había esforzado para conseguir entrar, casi llegando a rechazar su recomendación, aunque finalmente su padre había conseguido convencerla. Ni siquiera Donovan, a pesar de que tanta energía podría llegar a darle dolor de cabeza, sería capaz de reprocharle su actitud.

En cuanto la pelirroja menor entró en la cocina de su hogar, se encontró con un panorama de lo más familiar, uno que no era demasiado habitual en su vida. Por primera vez en meses, tantos que casi ni era capaz de recordar en aquel preciso momento, los tres miembros de su familia más cercana estaban allí, esperando para desayunar todos juntos. Era habitual que sus padres o su hermano se fuera a patrullar antes de que ella se despertara, o que fueran llamados a la agencia para trabajar con papeleo. O que Donovan se fuera a la facultad en la que estaba estudiando medicina, para seguir el ejemplo de su padre. Pero ese día, los tres estaban allí.

Los tres iban a estar con ella antes de que se fuera a la U. A, algo que logró paralizar su emoción durante unos segundos. ¿Acaso estoy soñando?, se preguntó, mientras su corazón bombeaba sangre como un lunático, queriendo que su cuerpo reaccionase de una vez. Y lo hizo, esbozando una pequeña sonrisa. Si es así, si realmente estoy soñando, no quiero despertarme nunca.

Enya le daba la espalda, su larga melena carmesí estaba totalmente suelta, revoloteando en su espalda con cada movimiento que hacía. Sus largas hebras rojizas se ondeaban con cada una de sus acciones, como si se tratara de una capa. A pesar del poder adquisitivo de su familia, ella misma hacía las comidas cuando estaba en casa, dato que podría pillar por sorpresa a muchísima gente. Y del que ella era plenamente consciente, por supuesto.

Pero era algo que le gustaba mucho hacer, Enya realmente disfrutaba con el simple hecho de cocinar para su familia. Además, sentía que era mucho más beneficioso para sus hijos, en comparación con el simple hecho de agitar una campanita y que el servicio se encargase de todo. Les estaba mostrando que, a pesar de tener dinero, una persona podía encargarse de sus labores perfectamente, al mismo tiempo que salía a la calle a intentar hacer un mundo mejor.

Enya era una heroína modelo, y no solo eso, sino una madre decente. La mujer se esforzaba en todos los campos de su vida, queriendo mostrar que sus principios eran dignos. Siempre se había involucrado en la educación de sus hijos, mucho más que en la que sus padres tuvieron con ella o sus hermanos. Enya no quería que Donovan y Bridget tuvieran la misma infancia que tuvo ella, algo solitaria por tener padres héroes. No, ella había estado siempre que sus hijos lo habían necesitado. Porque sí, era heroína profesional, pero no iba a descuidar a su familia por ese motivo. Ella no era así.

Edan estaba sentado a la mesa, prácticamente oculto detrás del amplio periódico que se encontraba leyendo, hábito que tenía desde hacía muchos años, y que a menudo lo ponía de muy mal humor, —algunos titulares, desde su punto de vista, eran realmente horrorosos e incluso pretenciosos—. En aquella sociedad de héroes, la prensa tenía bastante influencia. Era ese el principal motivo por el que el hombre McCoy estaba un poco disgustado, pues consideraba que los medios debían ser más neutrales en ciertos aspectos de la vida. Sin embargo, no lo eran. Se notaba perfectamente la preferencia que tenían por ciertos héroes, y eso lo disgustaba notablemente.

Tenía puestas sus gafas cuadradas de lectura, las que sus hijos afirmaban que le daban un aire muy intelectual, y su cabello negro se encontraba perfectamente peinado. Dos mechones caían suavemente a ambos lados de su cara, con la curvatura exacta que él deseaba, enmarcando sus atractivas y masculinas facciones adultas. Sus ojos violetas pasaban por las palabras allí escritas, y su lengua se chasqueaba cada vez que leía algo que no le gustaba.

Llevaba cinco minutos chasqueando la lengua cada pocos segundos.

Por su parte, Donovan ayudaba a su madre poniendo la mesa para toda la familia. Su pálido rostro estaba totalmente tranquilo, aunque debajo de sus ojos azules había unas pequeñas manchas violáceas, las cuales mostraban que no había dormido demasiado bien aquella noche.

A veces, Donovan era como un búho, más parecido a la ave nocturna que a una persona. No era capaz de pegar ojo en toda la noche y nunca decía a su familia cual era el motivo de su insomnio. El motivo de sus quebraderos de cabeza nocturnos, que acababan por quitarle el sueño sin remedio alguno.

Él simplemente no quería preocuparlos.

A pesar de sus intentos, Donovan era consciente de un pequeño hecho. No podría seguir ocultándolo durante mucho más tiempo, pues sus familiares eran demasiado inteligentes, para su fortuna o desdicha. Tendría que mentalizarse de que, en algún momento, le esperaba una charla con ellos. Y, seguramente, alguna que otra regañina por no contarles sus problemas.

Bridget se quedó debajo del umbral de la puerta de la cocina durante unos cuantos segundos, algo bloqueada por aquella escena tan rara en su vida. Una escena que hacía que sintiera su corazón más cálido de lo que era habitual, más enérgico, más vivo. Después de todo, ella adoraba a su familia con toda su alma, y siempre estaba encantada de pasar con ellos todo el tiempo posible. Incluso si solo eran cinco minutos.

Edan notó su presencia enseguida, bajando el enorme periódico para mirarla, todavía con sus gafas cuadradas puestas. Sus ojos violetas se pararon en la pequeña figura bajo el umbral de la puerta, la cual parecía haber sido detenida por un don relacionado con la petrificación. Al ver su mueca llena de sorpresa, los labios del mayor de los pelinegros se curvaron ligeramente hacia arriba.

Aparentemente, lo divertía su sorpresa.

—Buenos días, mariposa—saludó con suavidad Edan, doblando el periódico a la mitad para dejarlo a un lado. Había usado aquel apodo que le habían puesto a la menor luego del día en el que había manifestado su don, pues aquel pequeño animalito había supuesto un antes y un después en la vida de todos—. ¿Qué tal has dormido, pequeña?

—Y-yo... b-bien...—tartamudeó Bridget de forma algo ligera, pues había sido captada con la guardia baja. Carraspeó ligeramente para tratar de disimularlo, para luego seguir hablando con su buen humor de aquel día especial—: La verdad es que estoy algo nerviosa...

—¿De nuevo con eso, enana? —cuestionó Donovan, quien se había girado en cuanto su padre había hablado, con tono cansado. Él había sido el que más había estado en casa durante aquella larga semana, por lo que había tenido que aguantar a su hermana más hiperactiva de lo que le habría gustado—. Brid, ya hemos hablado de esto durante toda la semana. Déjalo ya.

—Pero yo...

—Mariposita mía—interrumpió Enya con tono suave, acercándose a su hija con unos cuantos pasos. Aunque lo cierto era que, a veces, la mujer parecía danzar en vez de caminar—, tu hermano tiene toda la razón del mundo. Ya hemos hablado de esto desde que llegó tu carta de aceptación. Todo va a ir bien, no tienes que preocuparte por nada.

—Vosotros podéis decirlo perfectamente—protestó Bridget, inflando las mejillas con indignación—. Tú eres la alegría de la huerta, mamá. Literalmente todo el mundo quiere ser tu amigo. Y, aunque Don está más callado que una flor mustia, también consigue que todas las personas a su alrededor le presten atención—hizo un aspaviento algo histérico—. ¡Yo soy como papá! ¡Soy invisible! ¡Estoy de jodido adorno!

—¡Bridget! —la reprendió Enya, por su forma de hablar.

—La verdad es que no sé cómo tomarme eso—murmuró Edan, tomando un sorbo de su café, sin despegar su morada mirada de su hija.

—No digas tonterías, Brid—resopló Donovan, armándose de paciencia a pesar de que lucía bastante cansado. Aunque ese era su aspecto normal, había mañanas en las que se le notaban más que en otras—. Tú no eres invisible, ni en tus mejores sueños. Y lo sabes perfectamente...

Bridget hizo un puchero irritado. —¡No es eso a lo que me refiero!

—Cariño, solo tienes que ser tú misma (sin llegar a cruzar tu línea) y ya está—le recordó Enya, luego de acariciarle una mejilla con suavidad—. Tienes mi encanto, después de todo. Puedes conseguir hacer todos los amigos que quieras, hazme caso—hizo una pausa, mirando de reojo al adulto sentado en la cabecera de la mesa—. Yo conseguí que el soso de tu padre me hiciera caso, así que literalmente todo es posible.

—Te he escuchado, querida.

—Esa era la idea.

Edan bufó como un gato irritado, mientras una pequeña sonrisa divertida surcaba los labios de la mujer. Los ojos morados del hombre miraron de refilón a su esposa, quien parecía estarse aguantando la risa en ese preciso momento. Enya guiñó uno de sus ojos avellana, logrando que el hombre resoplara por lo bajo.

Donovan negó con la cabeza, conteniendo un suspiro, mientras se servía algo de leche en su café. Realmente no estaba seguro de cómo era posible que alguien como él tuviera unos padres tan distintos.

—Pero yo...—musitó Bridget, escondiéndose detrás de su colorado flequillo.

—Vas a ter a Momo contigo todo el tiempo—le recordó Enya, con infinita paciencia, devolviendo su parda mirada a su hija—, y tú y yo sabemos que Momo no te dejaría sola ni en un millón de años.

—Por no hablar de Connor—añadió Donovan, haciendo un gesto con las cejas.

—¡Exacto! Ellos dos no te van a dejar sola, mariposita—habló la mujer con energía, pinchando el costado de su hija y arrancándole un leve quejido en el acto—. Tú solo tienes que estar con ellos y ya verás como te sientes cómoda. No tienes que llegar el primer día y ya hacerte amiga de toda la clase. No, las cosas de palacio van despacio. Tómatelo con calma.

—Bueno... vale...

Aunque no creo que me vaya a hacer amiga de toda la clase, pensó la pelirroja menor, aunque no lo dijo en voz alta para evitar otra nueva oleada de regaños. Ni ahora... ni nunca...

Bridget se sentó a la mesa, mientras su padre y su hermano la observaban en completo silencio. Ninguno de los dos podía culparla de su pánico a hacer nuevos amigos, después de todo, habían presenciado como muchos niños la rechazaban por su don. Como se habían apartado de su pequeña pelirroja al ver una mísera demostración de lo que era capaz de hacer aun siendo tan joven. Y aunque ella no lo dijera en voz alta, —ni fuera a hacerlo por ser tan sumamente cabezota—, realmente le aterraba hacer daño a cualquiera que se le acercase.

Quizás por ese mismo motivo era que se volvía como una bomba de relojería. Sacaba a la luz su mal humor, para defenderse de aquellos que quisieran meterse con ella. O incluso peor, atacarla para ver la magnitud de su poder. No sería la primera vez que le pasaba, ni seguramente la última.

En ese momento, escucharon pasos en el pasillo, seguidos de un pequeño y alegre silbido, que segundos más tarde se convirtió en una especie de melodía. Una música con matices bastante alegres, según su opinión. Los cuatro supieron al instante de quien se trataba, solamente con esos pequeños detalles, pues siempre hacía la misma entrada.

A los pocos segundos, entró en su cocina un joven alto, de brillante cabello carmesí y ojos tan dorados como el mercurio. Vestía el uniforme masculino de la U. A, aunque la chaqueta la llevaba desabrochada, mostrando su camisa, —la cual estaba también algo desabrochada—, y una pequeña porción de su pecho. En su hombro colgaba su mochila de color negro carbón.

—¡Buenos días, familia! —tarareó Connor McCoy, mientras una agradable sonrisa se dibujaba en sus blanquecinas facciones. Sus ojos mercurio se deslizaban por los rostros de sus familiares, mientras aquel tono jovial y entusiasmado no desaparecía de su voz—. ¡Ya llegó por quien lloraban!

—Llegas temprano, cariño—lo recibió Enya, quien se había levantado para recibirlo, besando su cabeza de forma ligera—. ¿Tienes hambre? ¿Quieres desayunar algo?

—Creía que nunca me lo dirías, tía Enya.

Bridget sonrió de forma escueta al escuchar como su padre resoplaba por lo bajo. De hecho, no tenía ni que mirar a su hermano mayor para saber que cara estaba poniendo.

Después de todo, su primo Connor era como una mini versión masculina de su madre.

—Primita, primita, primita—tarareó Connor, con tono algo juguetón, acercándose a ella con una sonrisa igual de juguetona surcando sus finos labios—, ¿preparada para la U. A?

—Sí...

—¡Mentirosa! ¡Mentirosa! —acusó el pelirrojo, todavía con tono de voz cantarino, mientras se sentaba a su lado. Sus ojos dorados observaron el rostro de su familiar, mientras su sonrisa juguetona se estiraba más—. Estás moviendo tu pierna de forma histérica—señaló, conociendo a la joven perfectamente—. ¿Acaso pretendes engañarme con una vulgar mentira, primita mía? ¡Estás hiper nerviosa!

—¡Tú no me estás ayudando nada, maldito! —se quejó Bridget en un chillido algo histérico, golpeándolo en la nuca.

Connor largó una fuerte risita, sobándose la zona con la mano izquierda aunque sin borrar la sonrisa de sus labios. Ya estaba más que acostumbrado al humor cambiante de su prima.

—Hay que ver que mal humor te dan los nervios, primita.

—Te vas a tragar el vaso sin el zumo—amenazó Bridget ante su burla, entrecerrando los ojos, luciendo algo más amenazante—. Después no digas que no te avisé, tomate con patas.

Literalmente tienen el mismo color de pelo, pensó Donovan, aguantando sus ganas de poner los ojos en blanco.

Ya empiezan, también pensó Edan, quien los veía como si fueran una película.

—Vamos, mujer, no te pongas así—habló Connor, con tono menos burlón, aunque su sonrisita no se borró de sus labios ni por asomo—. No tienes que preocuparte por nada. Tu querido y brillante primito, aquí presente, se encargará de que no estés sola solita. Además, estamos en la misma clase, vamos a estar sentados uno detrás del otro. No te librarás de mí ni a patadas.

—Ya no sé lo que prefiero...

—Me siento realmente atacado con tu indiferencia.

Bridget resopló, aguantando las ganas de volver a golpear a su primo.

Donovan soltó una pequeña risa nasal, mientras Edan negaba con la cabeza, en el fondo esperando que los menores no hicieran de las suyas. Después de todo, no sería la primera vez que el hombre tenía que ir a hablar con el tutor o el director de su hija y su sobrino, luego de que los dos hubieran hecho algunas de sus trastadas. O que se hubieran metido en líos sin siquiera verlos venir, porque si algo atraían los menores McCoy eran problemas.

Enya les sirvió el desayuno, observando que su hija parecía mucho más tranquila desde la llegada de su sobrino, algo que la alivió enormemente. Le sonrió a modo de agradecimiento en cuanto su niña se distrajo con sus cereales, mientras Connor le daba un guiño con aire cómplice.

Por supuesto que, debajo de toda la burla de Connor, él estaba realmente preocupado por su prima. Él también había sido rechazado por muchos niños y niñas por su don, pero su carácter hacía que no le afectase tanto. Bridget, al contrario, era mucho más sensible que él, —a pesar de que no fuera a mostrarlo frente a gente que no le importase—.

El rechazo no era algo que manejara demasiado bien.

—Oye, Connor, no me digas que pretendes ir a la Academia así vestido—señaló Edan, mirando de forma seria a su sobrino.

—¿Eh? —soltó el pelirrojo, con una tostada metida en la boca, observando a su tío con aire confundido. Se miró a sí mismo, todavía con la comida en la boca, la cual se sacudió de arriba abajo mientras hablaba—. ¿Qué pasa? Si llevo el uniforme...

—Parece que te ha atacado una manada de lobos—comentó Donovan, con tono demasiado sincero, para luego beber un sorbo de su taza.

—No te has abrochado la camisa y la chaqueta no la llevas bien puesta. Y ya ni hablemos de la corbata...—juzgó Edan, observándolo como si fuera capaz de verle el alma. Desde luego que el comentario de su hijo no había ayudado en nada, pues su rostro se había vuelto más serio que segundos antes—. ¿Dónde está la corbata, Connor?

—Vete tú a saber dónde está....

—Connor McCoy—nombró el pelinegro mayor, logrando que el mencionado se quedara congelado en el sitio, al notar el tono de advertencia en su voz—. Vístete decentemente o te prometo que lo haré por las malas.

—Tío Edan...

—No me hagas contar hasta cinco como hacía antes—replicó el héroe profesional, interrumpiendo la queja, entrecerrando de forma ligera sus ojos violetas—. No tienes cinco años, Connor.

El pelirrojo soltó un leve suspiro, mientras su prima lo miraba de reojo.

Bridget sabía perfectamente que, a pesar de la apariencia pacífica que siempre portaba, su padre intimidaba a cualquiera que se le pusiera delante. Era increíble como aquel hombre tranquilo tenía la habilidad de parecer una bestia hambrienta en unos pocos segundos. En menos de lo que le lleva a una mosca levantar el vuelo, Edan McCoy era capaz de hacer que una persona sintiera que lo estaba atravesando con su violácea mirada.

Y, por eso, realmente no culpó a su primo de arreglarse el uniforme a regañadientes. De hecho, se echó una breve mirada para comprobar que el suyo estaba impecable. Lo estaba, por fortuna, así volvió su atención a lo que le quedaba de zumo. Agarró el vaso y bebió el sorbo que le quedaba.

—Vosotros dos, pequeños aspirantes a ser grandes héroes—habló Enya, luego de lanzar una rápida mirada al reloj de la pared, su parda mirada sobre los menores de la sala—, como no os deis un poco de prisa, llegaréis tarde el primer día....

¡¿Qué?!, pensó la menor de las pelirrojas, al escuchar las palabras de su madre. ¡No, no, no!

Con un repentino estrés recorriendo su cuerpo, Bridget se levantó de un salto y tomó del brazo a su primo, casi tirándolo de la silla. Connor profirió una leve queja al ser arrancado de la silla de aquella manera, pues todavía se encontraba ocupado con las bayas silvestres.

Enya tosió para no reírse, Edan hizo una mueca de dolor, como si le hubiera pasado a él, y Donovan simplemente observó la escena con expresión tranquila, pues era una que se había esperado desde hacía unos minutos. Aun tenían tiempo, pero sabía que su hermanita se estresaría al ver la hora. Especialmente al ser el primer día.

—¡Buena suerte, niños! —deseó la pelirroja mayor, sonriendo alegremente para infundirles valor.

—No os metáis en líos—también exclamó Edan, juzgando a ambos con la mirada.

—Sed sociables—añadió Donovan, en un vago murmullo.

Con aquellas despedidas, tanto Bridget como Connor respondieron agitando sus manos, pues ninguno de los dos sabía que responder. Después de todo, la de Enya había sonado bien, pero las de los pelinegros no tanto. En las palabras de Edan había claramente una indirecta, mientras que Donovan había ocultado un poco de sarcasmo. Después de todo, él era el menos indicado para pedirle a alguien que fuera sociable.

Los dos menores McCoy fueron llevados a la academia por uno de los chóferes de la familia, pues ninguno de los adultos iba a permitir que se fueran andando en un día tan remarcable. Y no era demasiado extraño si se paraban a pensarlo. Llegar el primer día de clase cubiertos de sudor no era, precisamente, la proyección de una buena imagen.

En el trayecto, ambos pelirrojos no dejaban de pensar en cómo serían sus compañeros, cuales héroes les darían clases, y como escribirían su apellido. Porque sí, era habitual que todo el mundo escribiera mal su apellido. Después de todo, no era japonés. Ya era un hecho asumir que lo iban a escribir mal, para ser honestos.

—Oye, Brid—habló Connor, caminando con las manos en los bolsillos por los largos pasillos de la academia de héroes. Sus ojos mercurio observaban a su alrededor con curiosidad—, ¿cuál era nuestra clase?

—¿Es enserio, Con? —cuestionó la chica de hebras carmesís, de forma retórica, dándole una mirada de reproche que no surtió efecto. Después de todo, él no estaba mirándola, y por eso resopló—. Es la clase 1-A.

—Justo lo que yo iba a decir...

—No me puedo creer que ya te hayas olvidado de cual es nuestra clase—regañó Bridget a su primo, quien simplemente se encogió de hombros—. Es increíble.

—Tengo memoria de pez, ¿Qué quieres que le haga?

—¡Brid! ¡Con!

Ambos se giraron al mismo tiempo, con una sincronización casi perfecta, al escuchar la voz de Momo pronunciando la forma corta de sus nombres, quien se acercaba a ellos caminando con rapidez. En su mirada marrón se notaba que estaba realmente contenta de haberlos encontrado y, obviamente, de empezar aquella nueva etapa en sus vidas.

Y eso hizo que ambos primos sonrieran de forma suave.

—Buenos días, Mo—la saludó Bridget, mirándola de forma cálida, acortando su nombre.

—Buenos días, bonita—también la saludó Connor, esbozando una sonrisa coqueta.

—¡Qué bien! Me alegra haberos encontrado—habló Momo, sonriendo ligeramente, mientras intentaba ignorar al pelirrojo. Sus mejillas estaban algo rosas, como cada vez que uno de los primos le hacía un cumplido—. Temía perderme por los pasillos...

—¿No será... que temías que nos perdiéramos nosotros? —cuestionó Connor, arqueando las cejas con aire escéptico.

—B-bueno...

—Por una vez en mi vida, y a diferencia de otros—habló Bridget, lanzando una mirada de reojo a su primo, quien silbó haciéndose el desentendido—, me he aprendido el plano del instituto. —logró que su mejor amiga la mirase algo sorprendida. Ella ni se inmutó—. No quiero perderme en la U. A y tener que pedir ayuda a algún senpai.

Momo no hizo comentario alguno, pues ella tampoco querría tener que recurrir a otra persona para ubicarse. De hecho, ni siquiera a Connor, quien era bastante más hablador que ellas dos, querría tener que preguntar a algún alumno o alumna de curso superior. En un rápido resumen, los tres no soportaban tener que depender de otras personas.

Los tres se dirigieron hacia su clase, buscando el cartel por los largos pasillos. Aquel lugar era realmente enorme, y no les extrañaría que alguien se perdiese en la búsqueda de su clase, en especial aquel primer día. Después de todo, los departamentos de primer curso estaban todos en la misma planta. Y era muchos más de los que uno se imaginaba de buenas a primeras, pues la gente solamente pensaba en el departamento de heroísmo. Sin embargo, había muchos más.

Por fortuna para ellos, Bridget realmente se había aprendido el plano de la escuela y caminaba con tranquilidad por aquellos pasillos. Realmente agradecía el haberlo hecho, siguiendo la recomendación de Donovan, pues aquel pabellón era un verdadero laberinto. Y lo menos que querían era llegar tarde el primer día y provocar que el tutor les tuviera manía por eso.

No tardó en aparecer ante ellos una enorme puerta, al lado de la cual estaba el cartel <<1A>>. Aquella era su clase.

Claro, es tan alta por si aparece algún alumno con don de gigante, pensó Bridget, nada más ver aquella enorme puerta. Me pregunto si alguno de nuestros compañeros o compañeras tendrá un don parecido al de Mt. Lady...

—¿Listos? —cuestionó a los otros dos, mirándolos con una sonrisa.

—Algo así...—musitó Momo, con aire nervioso.

—No digas eso, claro que lo estás—la regañó Connor, dándole un suave golpe de cadera que la hizo sonrojarse de nuevo. Contuvo una sonrisita divertida, deslizando sus ojos dorados a su familiar, mientras por su mente circulaba la idea de que su amiga era realmente adorable—. Cuando quieras, primita.

Bien, allá vamos, pensó la pelirroja, dándose ánimos a sí misma.

Nada más abrir la enorme puerta para entrar en su nueva clase, llegaron a sus oídos unos cuantos gritos algo histéricos, o al menos esa era su opinión. Eso los tomó por sorpresa a los tres, quienes ni siguiera se esforzaron por ocultar aquel sentimiento de sus rostros.

Wow, acabamos de llegar y ya hay problemas, pensó Bridget, algo sorprendida por aquel panorama tan repentino como interesante. Que interesante...

Un chico de cabello azulado, gafas cuadradas y extraños movimientos robóticos de brazos, parecía estar regañando a otro chico. El segundo tenía el cabello rubio cenizo, despeinado en todas direcciones como si desafiara a la ley de la gravedad, y apoyaba las piernas en el pupitre como si el problema no fuera realmente con él. Algo admirable, teniendo en cuenta que el de gafas llevaba un buen rato regañándolo. Aunque la sonrisita ladeada que esbozaba dejaba claro que sí que estaba prestando atención al regaño que estaba recibiendo.

—¡Ya te lo dije, no puedes poner tus pies ahí! — exclamaba el de cabello azul y gafas, mientras hacía unos extraños movimientos con los brazos—. ¡¿No te parece una falta de respeto hacia tus demás compañeros?!

—No, en realidad no lo pienso de ese modo—replicó el de cabello cenizo con tranquilidad. Miró al otro chico durante unos segundos, con aire divertido, para luego soltar—: De cualquier forma, ¿de qué secundaria vienes tú, extra barato?

¿Acaba de llamarle extra barato?, pensó Bridget, aguantándose la risa todo lo que pudo, mientras ladeaba la cabeza hacia un lado como un cachorro confundido. Estaba intentando entender aquella escena tan extraña, especialmente para ser el primer día de clases.

—De la escuela privada... Ehem... —carraspeó el chico de cabello azulado, todavía con aquel extraño tono de voz casi mecánico—. Vengo de la escuela preparatoria Sumei Junior. Mi nombre es Iida Tenya...

—¡¿Sumei?! ¡Já! —El rubio cenizo parecía profundamente divertido, pues lo mostraba en su sonrisa llena de soberbia. Seguía sin quitar los pies del pupitre, como si no le importase que el otro chico lo estuviera regañando por su forma de comportarse—. ¿Acaso no eres alguien de la élite? Bueno, parece que ahora tengo una razón para destrozarte, de todos modos.

—¡Que descaro! ¿Acaso no buscas convertirte en un héroe...?

—Esto... Perdona...—intervino Bridget, intentando tener paciencia para no soltar ninguna grosería. Después de todo, era el primer día—, estás obstaculizando el camino a mi asiento, señor "vengo de la preparatoria Sumei".

Mierda, pensó al instante, conteniendo las ganas de cerrar los ojos con fuerza. Se supone que tenía que sonar más suave que eso. ¡Demonios!

Ay dios, pensó Momo, conteniendo las ganas de poner los ojos en blanco.

Si está nerviosa, se pone de peor humor, también pensó Connor. Es inevitable.

El chico de apellido Iida se giró al escuchar una voz femenina a sus espaldas, para luego abrir sus cuadrados ojos más de la cuenta, con sorpresa. Parpadeó varias veces, con aire confundido, como si no se esperara que alguien le hablara en ese momento. Mucho menos una joven de cabellos carmesís que lo observaba con toda la tranquilidad del mundo, a pesar de que su tono había salido algo sarcástico. Después de todo, estaba en medio del pasillo entre asientos, obstaculizando el paso.

El rubio cenizo frunció el ceño de forma ligera al no tener la atención del peliazul sobre él, algo confundido con que su momento de regañiña hubiera acabado con tanta rapidez. Movió ligeramente la cabeza para saber cuál era el motivo de aquel repentino silencio, topándose con la figura de la joven pelirroja de ojos azules que parecía bastante tranquila a pesar de que una de sus cejas estaba comenzando a tener un leve tic. Algo que él pudo apreciar bastante bien.

Bridget notó una segunda mirada sobre ella por lo que deslizó su propia mirada hacia detrás del peliazul. Sus ojos azules se toparon de lleno con aquella mirada rubí que parecía estar analizándola en aquel preciso momento, como si él fuera un crítico y ella una pieza de arte. Por algún motivo que ella desconocía, le daba la sensación de que el cenizo la estaba mirando de arriba abajo, pensamiento que hizo que un leve escalofrío le recorriera la espalda.

Sus ojos son realmente rojos, pensó sin apartar la mirada del rubio, quien le mantenía la mirada de forma fija. Ninguno de los dos apartaba la mirada del otro. Se parecen a la sangre que sale de una herida cuando te cortas.... Aquel pensamiento hizo que se mordiera el interior de la mejilla derecha. Ay caray, parece que me quiere ver el alma...

Pese a sus pensamientos medio histéricos por la forma en la que el rubio cenizo la observaba, Bridget mantuvo su mueca totalmente serena. Volvió su mirada al peliazul que se interponía entre ella y su asiento, observando que había comenzado a reaccionar luego de la sorpresa inicial.

—¡Lo siento mucho! —se disculpó Iida, de forma energética, quizás demasiado. Incluso hizo una reverencia totalmente innecesaria, en opinión de la pelirroja—. ¡No era mi intención! —se apartó tan rápido como si alguien le hubiera dado un calambrazo.

—¿Ah? —soltó el rubio por lo bajo, divertido, para luego soltar una risa nasal.

Bridget contuvo una risita, pensando en que aquello había sido bastante entretenido de ver. Realmente aquel peliazul era una personaje algo cómico. Aquella rectitud de la Academia Sumei, que tan famosa era en algunas zonas de la ciudad, se podía notar a plena vista. Además, si a eso se le añadían los movimientos robóticos que realizaba por algún motivo que desconocía, pasaba a parecerse más a una caricatura que a una persona.

Pasó hacia su asiento, notando la intensa mirada carmesí del rubio sobre ella, la cual no se había despegado de su persona desde el momento en el que se había percatado de su presencia. La ignoró lo mejor que pudo, a pesar de que notaba un extraño hormigueo en el cuerpo, solamente porque estaba ocupada buscando su asiento.

—Mira, Connor, esta vez te toca a ti detrás—le dijo a su primo, para luego mirar bien el cartel. Sus labios se fruncieron en una línea, para luego bufar como un gato irritado. Aquella tranquilidad que había estado mostrando se rompió de golpe, igual que lo haría un vaso de cristal al impactar contra el suelo—. ¡Joder! ¡Han vuelto a escribir mal el apellido! ¡¿Es que la gente es idiota o que le pasa?!

—No sé qué te esperabas, primita—replicó Connor, con tono más tranquilo que ella, aunque su mueca estaba llena de desagrado, mientras negaba con la cabeza—. Yo iba a echar la lotería solamente por saberlo.

—¿Otra vez una "a" innecesaria? —cuestionó Momo con suavidad, arqueando una ceja.

—Yo es que no sé en qué maldito idioma tenemos que decir que tenemos antepasados ingleses, y que nuestro apellido sigue escribiéndose con fonética inglesa—exclamó Bridget, de pronto irritada, haciendo aspavientos algo histéricos con ambas manos—. Es sin "a", ¡sin "a", maldito sordo! ¡Fonética inglesa! ¡No japonesa! ¡Maldita bola de...!

—Perdona...—intervino Iida, interrumpiendo de forma abrupta la sarta de insultos que había comenzado a soltar—, pero te ruego que no uses malas palabras en el aula.

Bridget giró la cabeza lentamente para mirarlo, casi a cámara lenta, arqueando una ceja en el proceso. —¿¡AH!?

—¡Es una falta de respeto hacia tus compañeros y hacia tú misma! ¡Una señorita no debería-!

—Oe, señorito de la Sumei, ¿por qué no dejas que la pelirroja hable como le dé la maldita gana? —intervino el de cabello cenizo, quien parecía estarse divirtiendo enormemente con aquella escena. Al menos, eso era lo que decía su sonrisa ladeada. Soltó una carcajada algo sarcástica, luego de chasquear la lengua—. Al final es verdad que en la Sumei os meten un palo por el c-

La fuerte carcajada de Bridget interrumpió el regaño histérico de Iida, quien parecía totalmente escandalizado por el lenguaje que utilizaban ambos adolescentes. El rubio hizo un pequeño gesto con las cejas en dirección a la pelirroja, mientras ignoraba aquel discurso como si no fuera con él. Luego, desvió su mirada rojiza hacia la ventana, ignorando a ambos.

Parecía no querer socializar con nadie, pensó Bridget, mientras observaba aquel gesto con algo de curiosidad. Vio de reojo como el peliazul desistía con ellos dos y se iba hacia otros compañeros, con el fin de presentarse de manera formal.

Aquello realmente era divertido de observar, y sabía que a su primo sólo le faltaban las palomitas para ver la escena, pero a ella no le interesaba lo más mínimo aquel formal chico. Tenía más curiosidad en aquel rubio que se había parecido a su perro cuando estaba con pulgas. Aquel chico rubio que, por alguna razón, se le hacía familiar.

No sé por qué, pero..., siguió observando al rubio, apoyada en su asiento, como si no hubiera nadie más en el salón. Había algo en el chico que le llamaba la atención y despertaba su curiosidad de una forma que pocas veces le había pasado. Aunque no podía llegar a compararse con la sensación que había tenido con el joven de examen de recomendación, aquella se parecía un poco. ... Creo que quiero socializar... aunque solo sea con él...

El de ojos rojos notó perfectamente la intensa mirada de la pelirroja sobre él, pues había que estar medio ciego para no notarlo. O eso era lo que pensaba él, pues había estado todo el tiempo ignorando que se había dado cuenta.

—¿Qué quieres, pelirroja? —cuestionó, con tono algo tosco.

—Me llamo McCoy Bridget—se presentó ella al rubio, quien la miró fijamente al escucharla hablar tan tranquilamente, internamente sorprendido porque no se hubiera inmutado por su tono—. ¿Tú eres...?

Si no se lo digo, no se callará, pensó el joven, pues algo en su interior se lo decía. Y, por ese motivo, se obligó a sí mismo a responderle:

—Bakugou Katsuki.

Así que... Bakugou Katsuki, pensó ella, repitiendo el nombre en su mente varias veces para memorizarlo. Después de todo, había algo en su mente que le decía que iba a necesitar acordarse del nombre de aquel rubio. Aunque no entendía demasiado aquella extraña corazonada, decidió hacerle caso.

¿McCoy?, pensó Bakugou, frunciendo más el ceño. ¿Por qué me suena?

—El tomate con patas que tengo delante es mi primo Connor—informó Bridget, haciendo que el mencionado hiciera un pequeño saludo con la mano, mientras ella lo señalaba. Gesto que hizo que el ojirojo lo mirase durante unos pocos segundos, con aire algo aburrido—, y ella es mi mejor amiga, Momo.

La pelinegra hizo un leve gesto con la cabeza de forma formal, a modo de saludo, en cuanto el rubio la miró durante unos cortos segundos. Aunque, en verdad, parecía algo tensa.

El rubio le daba escalofríos.

—¿Eh? ¿Acaso te pregunté, pelirroja? —refunfuñó Bakugou, todavía con tono tosco, mientras clavaba sus orbes rojas sobre la joven.

—No, pero yo te lo digo igual, rubio—replicó Bridget, sacándole la lengua de forma infantil. Creo que nos vamos a llevar muy bien, pensó de forma inevitable, y ese pensamiento la hizo que no contuviera demasiado su forma de ser—: Así que te jodes y me escuchas.

Bakugou la miró durante unos cuantos segundos, con algo de sorpresa bien escondida, para luego soltar una pequeña risa nasal. Aquella risa sonó más natural, hasta el punto en el que su postura se relajó. No está mal la pelirroja esta. Por lo menos no tiene un palo metido como el de gafas.

¿Eso es que ahora somos amigos?, se preguntó la pelirroja, pues sus habilidades sociales no eran demasiado buenas. Especialmente porque el rubio había apartado la mirada de ella y volvía a mirar por la ventana, como si ella no estuviera delante. Y eso la confundía bastante. ¿O es que tengo que preguntárselo? Algo tipo, "ne, Bakugou, ¿quieres ser amigo?". Desechó el pensamiento nada más tenerlo. No... Si lo digo así parece que le voy a pedir que se case conmigo...

—Brid—la llamó Momo, sacándola de sus pensamientos y haciendo que dejara de prestarle atención al rubio para mirarla a ella—, iré a sentarme a mi sitio.

—No me eches de menos, mi amor—dramatizó Bridget, sonriendo de forma coqueta, a la par que pestañeaba de forma exagerada—. Yo intentaré no hacerlo.

Momo enrojeció, abochornada. —Tonta...

Bridget se echó a reír, observando como su mejor amiga se dirigía al fondo del aula, donde era habitual que se sentara por su apellido. No era algo que le gustara demasiado, pues así no podía comparar sus apuntes hasta que estuvieran en sus casas, pero no era como si pudiera hacer algo al respecto, pues los ordenaban según su apellido. Al seguir a su mejor amiga con la mirada en su viaje hacia su asiento, sus orbes azules chocaron con la figura de un chico, del cual no se había percatado de su existencia hasta aquel preciso momento.

Ese chico..., pensó Bridget, mientras poco a poco sus ojos se iban abriendo más de la cuenta. No puede ser...

El chico desconocido tenía el cabello de dos colores. La mitad derecha era de un blanco tan puro como la nieve recién caída, mientras que la izquierda de un rojo tan intenso como los tomates maduros, como la sangre fresca, incluso como sus propios cabellos. Sus ojos también eran de dos colores, aquel desconocido tenía heterocromía, tanto en los ojos como en el cabello. Era un claro caso de quimerismo. Uno de sus orbes era de color azul, tan claro como el cielo despejado, mientras que el otro era marrón, del mismo tono que las avellanas. Aunque parecía un poco grisáceo, como si estuvieran difuminadas. Una cicatriz cubría parte de su rostro, del lado izquierdo, correspondiente a una quemadura de aspecto antiguo, haciéndolo ver más varonil en su humilde opinión.

Pero ella solo se quedó con el detalle del pelo que aquellas dos mitades fueran perfectas. Que fueran hechas por la madre naturaleza.

Y de su pose, pues parecía estar en su propio mundo.

¡No puede ser!, pensó al unir las piezas en su puzzle mental, mordiéndose el interior de la mejilla para no chillar como una maldita loca. ¡Es él! ¡Es él! ¡Está en mi clase! ¡ÉL ESTÁ EN MI CLASE!

—¡¡¡Oi, Momo!!! —bramó, sin importarle la distancia que había entre sus pupitres. Ni que estuvieran en medio de la clase ni que aquel chico de gafas pudiera volver a regañarle por su comportamiento. Ni siquiera parecía importarle que pudiera llamar la atención del aludido, pues estaba demasiado metida en sus pensamientos. Después de todo, había ganado su pequeña apuesta con su mejor amiga—. ¡¡Me debes un yakisoba, guapa!!

Los demás chicos y chicas se giraron a mirarla al escuchar su grito, sin entender nada de lo que decía, ni de por qué parecía tan animada de repente. Incluso el chico de mitades alzó la mirada de su pupitre, con expresión serena, más cerca de la indiferencia que de otra cosa. Recorrió la estancia con su mirada serena, hasta que dio con la figura de la pelirroja de ojos azules, quien parecía estar a pocos segundos de ponerse a dar saltos de emoción. Algo que él observó con seriedad, y con un extraño pensamiento de no entender que era lo que estaba pasando en aquel momento. O porqué había una vocecita en su cabeza que le decía que conocía a aquella joven.

Pelirroja... de ojos azules..., pensó el joven de mitades, sin apartar su seria mirada de ella. Yo... ¿La conozco?

A Bridget casi se le salió el corazón del pecho al reparar en que la mirada heterocromática del chico de mitades estaba sobre ella. Él la estaba mirando. Él. A ella.

Oh dios, ¡me está mirando!, pensó, en el chillido histérico que habría soltado de haber estado sola en su casa. Y el mismo que hacía que, en ese momento, estuviera retorciendo el material de su falda entre sus dedos, para disimular su nerviosismo. Bien, no pasa nada, no pasa nada, se dijo, pues el chico no apartaba la mirada de ella, como si la estuviera estudiando o algo por el estilo. Solo es un chico guapo que te está mirando, solo eso. No pasa nada...

¿Por qué se me hace familiar?, se preguntó el chico con heterocromía, observando a aquella pelirroja sin salir de su expresión serena o su mirada seria. Había algo en ella que se le hacía familiar, pero no acababa de entender de que se trataba.

¡Solo es un chico guapo mirándote! ¡Solo eso!, se repitió Bridget, quien se esforzó por esbozar una sonrisa algo pequeña. De igual manera que obligó a sus ojos azules a dejar la figura del heterocromático para posarla en su mejor amiga.

Momo la miraba algo confundida, sin entender a qué venía aquello tan de repente, y aquel sentimiento era muy visible en sus facciones. Al menos, hasta que reparó en el chico que estaba sentado a su derecha. Y reparó en que su cabello era de dos colores, teniendo un leve deja vu mental. Sus ojos marrones se abrieron más de la cuenta, fruto de la impresión, bajo la atenta mirada de Bridget.

—Oe, ¿a qué demonios ha venido ese grito, pelirroja? —se quejó Bakugou en un gruñido, poniendo mala cara.

—Cosas de chicas, rubio—respondió Bridget, posando su mirada azul en el cenizo, mientras esbozaba una sonrisa lobuna—. No lo entenderías ni queriendo.

—¿Qué demonios estás insinuando...?

La puerta se abrió en ese preciso momento, cortando la queja airada del rubio, mostrando a un joven de cabello alborotado, del mismo tono que los brócolis cuando están en pleno esplendor, maduros en su época. Tenía los ojos de color verde, tan brillante como las esmeraldas puras y, debajo de ellos, unas adorables pecas salpicaban sus pálidas mejillas. Parecía realmente asustado de estar allí, en especial cuando su mirada verde esmeralda pasó de Bakugou a Iida varias veces. Lo más acertado era decir que, en cuanto reparó en ellos dos, su forma de mirar pasó a ser histérica.

De hecho, el de gafas se estaba acercando a él a toda velocidad, sabiendo que ni ella ni el rubio cenizo le harían caso por regañarlos de nuevo por su forma de hablar. Parecía por la labor de saludar a todos y cada uno de los alumnos que fueran entrando en aquella clase.

—Hola, soy Iida Tenya de Soumei

—Oh, si, haha, ya lo escuché... uhhh... soy Midoriya, un gusto en conocerte, Iida.

Bridget escuchó perfectamente el gruñido bajo de Bakugou, el cual parecía haber salido desde el fondo de su pecho, como el de un animal enfurecido. Se giró a mirarlo, viendo la forma con la que los ojos carmesí del chico parecía lanzar dagas en dirección a aquel paliducho peliverde.

Interesante...¸ pensó, al notar la tensión en el cuerpo de aquel chico.

—¿Conoces al cabeza de brócoli, rubio?

—Por desgracia...

—Oh, ¿enserio? —cuestionó ella, interesada en hacerlo hablar. Motivo por el cual se inclinó hacia él sin llegar a pensarlo demasiado—. ¿Ibais a la misma escuela o algo? —preguntó de nuevo, aunque la única respuesta que obtuvo fue la fija mirada del rubio sobre ella.

—Intuyo que no nos lo va a contar—habló Connor, leyendo el lenguaje corporal del rubio, para luego quejarse cuando Iida lo regañó por cómo estaba sentado sobre el pupitre de su prima—. Cielo santo, que alguien le dé una tila a ese chico. Me está estresando.

Sí, realmente la necesita, pensó Bridget, bufando.

Una chica apareció en la puerta, y parecía conocer al tal Midoriya por la forma con la que lo saludó y él reaccionó con nerviosismo. Aquella joven tenía la cara redonda, enmarcada por unas mejillas bastante coloradas, y el cabello marrón castaño. Por la sonrisa que esbozaba en dirección del peliverde, parecía ser una persona bastante amable.

Y, pese a eso, Bridget supo perfectamente que no iba a casar muy bien con ella, Momo y Connor. La verdad era que con su mejor amiga sí, pero con ellos dos no. Los dos McCoy no eran, precisamente, tranquilos. No era su carácter.

De hecho, el gruñón de Bakugou quedaba mejor con ellos que aquella chica.

—Pe-perdón.

Bridget giró la cabeza para ver al peliverde temblando como una hoja por la afilada mirada de Bakugou. Parecía estar jugueteando con los dedos para no mirarla a la cara, algo que la hizo ladear la cabeza hacia un lado, confundida.

—Es-es que y-yo...

—Ya te dejo pasar, tranquilo—habló ella, viendo de reojo la placa del pupitre que estaba detrás del de su primo, adivinando que aquel era el lugar del pequeño peliverde. Y que ella estaba en medio de su camino—. Puedes volver a respirar, Midoriya.

El chico se sobresaltó al escuchar su apellido, dando un brinco bastante cómico en sitio. —M-muchas gra-gracias—tartamudeó, enrojeciendo levemente por el hecho de que otra chica supiera su nombre y le estuviera hablando.

Bridget contuvo una risita al ver la mueca fastidiada de Bakugou. Parecía que al rubio no le gustaba que el peliverde le hubiera hablado. O, simplemente, el chico de pecas no le gustaba.

Midoriya, quien había visto perfectamente como el rubio lo miraba al pasar a su lado, se encogió más en su sitio en cuanto se hubo sentado. Todavía temblaba ligeramente, y sus mejillas seguían algo sonrojadas por la vergüenza. Connor arqueó una ceja, preguntándose porque aquellos dos parecían tan tensos de repente.

Bridget se apuntó mentalmente aquellas dos reacciones tan distintas, pues presentía que le servirían de mucho en el futuro. No sabía por qué realmente, pero era la corazonada que había tenido en ese preciso momento. Y decidió hacerle caso a su instinto.

—Soy el tutor asignado a esta clase, Aizawa Shouta. Un placer conocerlos—habló el hombre que había salido de un saco de dormir, tomando a todos por sorpresa. Tanto por su aspecto como por su forma de aparecer entre ellos.

Mira quien es nuestro tutor, pensó Bridget con diversión, intercambiando una mirada divertida con su primo.

Esto se pone cada vez más interesante, pensó el ojidorado.

—¿Él es nuestro tutor...? —escuchó como alguien preguntaba por lo bajo, aunque no tuvo claro quien había hablado en aquel tono. Después de todo, todavía no conocía a sus compañeros y compañeras como para ser capaz de identificar sus voces.

—Esto es algo repentino pero...—habló Aizawa, con tono monótono, mientras sacaba de su saco un uniforme, de tonos azules, rojos y blancos, y se lo mostraba a todos, sin llegar a inmutarse por sus expresiones sorprendidas e, incluso, confundidas—. Tomen esto inmediatamente y diríjanse a la salida del campus.

Me pregunto que estará tramando, pensó Bridget, mientras se levantaba de su asiento, siendo una de las primeras en hacerlo. Sea lo que sea, te sorprenderé... EraserHead.


























































¡HOLA, HOLA, HOLA! ¡Ya está aquí el segundo capítulo! ¡YEIII!

La verdad es que tenía muchas ganas de traer ya este capítulo, puesto que las primeras interacciones de Bridget con los personajes canon es algo que me salió de forma bastante natural. Quiero decir, realmente algunas reacciones que tiene son mías de cuando vi por primera vez el capítulo en anime. Tipo, yo veía a Bakugou mirando mal a Deku y estaba 'es que se les nota demasiado que se conocen, sean menos evidentes por dios'.

Quiero decir, Kirishima y Mina también se conocen de su anterior escuela y no son tan evidentes. De hecho, porque se menciona más adelante, que sino yo creo que ni nos daríamos cuenta. Pero bueno, x, haremos como que no sabemos nada, ¿vale? ¿Vale?

Ah, la escena de la familia completa es de mis favoritas por el momento. La verdad es que, además de inspirarme en una familia real del anime para hacerlos, realmente quería salirme del prototipo de familias de los fics. Al menos en los povs de tik tok, —porque la verdad es que aquí leo cuatro cosas contadas—, las familias están bastante mal. O el padre no está porque se fue a no sé donde y no volvió. O la madre es una tirana medio psicópata. O alguno de los hermanos se vuelve villano por celos... No, nada de eso. Enya, Edan y Donovan son unos solecillos, evidentemente Connor también, pero ellos tres son la familia 'más cercana' a Bridget.

Que por cierto, en la ficha de personaje dije que Bridget está inspirada en Bloom de las Winx y en Wanda Maximoff de Marvel, ¿no? Bueno, pues si notáis toques de Alex Russo, yo me voy a hacer la loca, ¿vale? No dije nada.

Bueno, ¿Qué os ha parecido el capítulo?

¡Espero que os haya gustado!

La verdad es que lo he hecho más largo de lo habitual, solamente porque me levanté de buen humor y no tuve clase jeje. No es algo que vaya a pasar habitualmente, aunque tiene más probabilidades de pasar que el que yo haga un maratón. No, señoras, señores, yo no hago maratones. Mi estrés y complejo de perfeccionismo no me lo permite. Mis disculpitas.

Creo que ya lo mencioné antes, (o no, ya no lo sé), pero realmente estoy en mi BNHA era. Ese es el motivo por el que me gustaría sacar algún que otro borrador del anime. No, no es Roar, ya aviso de antemano. Ese fic todavía no verá la luz, pero creo que es incluso mejor que ese, —o soy yo tirándome flores, que también puede ser—. Si les interesa, métanme algo de presión.

Ah, si quieren que actualicen más tienen que decírmelo, ¿vale? Una forma es dándole mucho amor a este capítulo. Aprecio los votos, evidentemente como cualquier otra persona, pero lo que más me gusta del mundo son los comentarios. Y no solo aquí en la nota, que ya lo veo venir. Miren que larguito les hice el capítulo, denle algo de amor, anda.

La otra forma es cuando pregunte por mi muro si quieren alguna actualización. Es el momento para que pongan 'unconditionally' hasta que se les caigan los dedos. Bueno, no tanto, pero creo que se capta la idea, ¿no?

Nada más por mi parte, pero...

¡Nos leemos en comentarios!

(Si es que los dejan :D)

PD: ¿Qué esperan de Bridget en esta primera temporada? Los estaré leyendo jijiji

—👑

|Publicado|: 28/04/2023

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