Parte IV
Cuando nos besamos, sentí un mundo nuevo de sensaciones únicas.
Llegué temprano a su casa, sus padres y hermana, estaban en sus respectivas labores.
Me dió de comer, me encanta como cocina, en lo que estaba de espaldas, la abracé y se dio la vuelta y me besó, comencé a besar su cuello.
-Vamos a mi cuarto, me dijo.
En su cuarto, comenzamos a besarnos y le quité la blusa, lentamente, besé su cuello nuevamente, me quitó la blusa y me comenzó a desnudar.
-Te amo, le dije.
Mientras ella quitaba mi ropa, sentia la vida en sus manos, ya no era yo, era ella en mí.
Me besó, de pies a cabeza, sentí tocar el cielo con las manos.
Su lengua, manjar de los dioses, me besaba, mientras mi mano, tocaba sus pechos, esos bellos pechos duros y bien definidos.
Bajó a mi sexo, hizo lo que jamas imaginé, comencé a sentir latir mis sentidos.
Fui suya, era mia. Eramos una.
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