REMUS, por favor, aparece. Te lo suplico.
Amelia evitaba a toda costa hacer cualquier ruido. Las lágrimas seguían resbalando por sus blancas mejillas, el aliento frio, la hostilidad del lugar. Ver a su amiga Julissa a su lado sin vida parecía tan irreal.
— ¡LARGO! — gritaba Jeff.
— ¡JEFF, CORRE! — Tomas le suplicaba.
Remus por favor, ¿Dónde estás?
Desconocía los medios que tenían los magos para comunicarse, para realizar hechizos o encantamientos. Nunca le intereso eso, nunca presto atención al parloteo de su hermana. Pero esperaba, rogaba que fuera como en las películas de ciencia ficción, donde el héroe usaba su telepatía para llamar a sus compañeros. Pero nada, era como en las malditas películas.
Un destello ilumino el lugar. Amelia ahogo un grito, el cuerpo de Jeff se desplomo en el suelo, sus ojos no tenían luz, había muerto. A lo lejos los sollozos de Tomas se escuchaban. ¿Cuándo se había vuelto cobarde? Ella no era de las que se ocultaba, ella defendía con uñas y dientes a sus amigos, a su familia.
— Por favor, déjeme ir...no diré nada, por favor.
— Asqueroso muggle.
La aterradora voz de ese hombre, el suplicio en la voz del último de sus amigos le dio el valor necesario para salir de su escondite, pero era demasiado tarde. Un destello verdoso fue lanzado a su amigo, el único que le miraba suplicando que huyera. Tomas fue arrojado como trapo, su cuerpo se estampado con la pared y se derrumbó. Un grito desgarrador salió de sus labios. Odiaba eso, la odiaba, odiaba con todo su ser a Hermione Granger por arrebatarle a sus amigos, a su familia y todo porque era una maldita y despreciable bruja. Nada de esto pasaría si su patética hermana fuera bruja.
— Jajajaja, descuida asquerosa sangre sucia, tú te les unirás pronto Avra Ke...
Se cubrió en un vano intento con sus brazos. No era rival para un mago, nunca lo seria, era una maldita muggle. Pero, el grito de furia, un rugido casi animal la petrifico.
— ¡No te atrevas a tocarla!
— Re..Remus — susurro.
Todo se volvió oscuro. Sus fuerzas la abandonaron, se encontraba a salvo.
⤜℘↠
No recordaba cuándo fue la última vez que durmió tanto. Su cuerpo estaba entumecido, el cuello le dolía por la mala postura, la cama era dura pero su mente rogaba que durmiera, perderse en la inconsciencia era mejor que enfrentar el mundo.
— Amelia...Amelia despierta.
— No, deja que duerma...por favor Remus...
— Está bien, solo cinco minutos...debes comer algo.
Comer era lo último en lo que pensaba. Escucho la puerta cerrarse, y deseo con todas sus fuerzas despertar de esa pesadilla. Poco después de ser salvada por el mago, recobro la conciencia, estaba aterrada y atacó con uñas a su agresor, se sorprendió al ver en el suelo a un hombre desaliñado herido por sus manos. Remus a su lado la contempló preocupado, en cuanto lo vio se lanzó a sus brazos llorando. El hombre al cual agredió se presentó como Sirius Black, actual amigo de Lupin.
Una vez más lúcida, contemplo el sitio. Era una casa, pero una muy diferente, distinta, mágica por así llamarlo. Amelia sabía que Londres había quedado atrás. Remus le explico que seguía en el mundo muggle, la casa en la cual estaban era de Sirius y se encontraban a salvo. Ningún mago oscuro la dañaría.
— Amelia, es hora de despertar, ya pasaron cinco minutos.
— ¿Podrían ser otros diez?
— No, anda, te he traído tu favorito, pastel de frambuesas.
— Bien...solo porque es pastel.
Sirius fue amable al ofrecer una habitación. La noche la paso entre pesadillas y los únicos momentos que lograba dormir eran pocos. Su habitual rostro pálido cubierto de rubor se mostraba cansado, con ojeras y mal aspecto a causa del mal sueño. Serían las cinco de la tarde y no había desayunado, ni comido. No tenía apetito, seguía recordando a ese hombre, a sus amigos y el hambre desaparecía.
Agradecía que Remus fuera atento, cariñoso y sobre todo paciente con su persona. En situaciones como aquellas, se sentía dichosa de ser tratada nuevamente como una niña de seis años. Lo veía en los ojos de su amigo, la lentitud de sus movimientos, el tono amable que empleada, y hasta la forma de tomar las cosas. Estaba siendo precavido. Una sonrisa iluminó su rostro.
— Gracias Remus.
— No hay de qué, pero creo que debes agradecer a Sirius, el pastel fue de su parte.
— No me refería a eso — bajó la mirada, los recuerdos asaltaron su mente.
Sus manos temblaron, el frío en la boca de su estómago, la respiración entre cortada. Regresaba a ese momento aterrador.
— Amelia, aquí estoy, nada te pasara.
Las dulces palabras le hicieron verlo. Lupin parecía dudar en qué hacer, si acercarse o permanecer de pie. Con un suspiro Amelia se movió un poco, dejando espacio, invitando a Remus a tomar asiento en la cama.
⤜℘↠
Remus Lupin
En su vida solo existían dos reglas, cuidarse a sí mismo y a los demás. La primera era esencial, siendo un hombre lobo, procuraba estar al pendiente de los ciclos lunares a lo que con llevaba a la regla número dos, cuidar no dañar a ninguna persona por su estado. Ya no era un jovencito de escuela, no tenía a quien recurrir y sus amigos no regresarían nunca. Hasta ahora.
Gracias a Harry, uno de sus fieles hermanos regresó a él. Sirius Black apareció un día en el bosque prohibido, sonriendo a su persona en su forma animal, un gran perro color negro. En cuanto lo vio, estaba eufórico, se sentía un jovenzuelo de nuevo y no el adulto responsable que era. No dudo en aceptar su invitación y vivir con él, se sorprendió un poco al estar en la antigua casa de los Black, conocía la historia familiar, pero siendo el único sitio en el cual no buscarían era apropiado para los dos.
Remus no tenía empleo cuando su rumor se divulgó. Sirius era un prófugo del mundo mágico. Así que ambos estaban varados. Pero, la vida para Lupin era buena. Poco después le comentó a su fiel compañero de la relación que mantenía con Amelia Granger, Black se sorprendió al descubrir que era una muggle y se sintió orgulloso de ello, deseaba conocer a la chica en cuestión, pero sería difícil hacerlo. Nunca espero que el encuentro fuera a ser tan horrible.
La vida de Remus se detuvo, su alma escapó de su cuerpo y su respiración se cortó. Si no fuera por la insistencia de Sirius en averiguar el estado de su amiga, si no fuera por su terquedad, sino...Amelia estaría muerta. El ataque de un mortífago en un establecimiento muggle, era algo con lo que no contaba.
Llego a tiempo. El mortífago escapó. Estaba por darle caza, por aniquilarlo, pensamientos que en su vida espero experimentar, pero cuando escucho su nombre, su mundo entero se detuvo. Vio a su rubia amiga, su querida compañera desplomarse en el suelo. No dudo en llevarla a Grimmauld Place.
— Remus, oye ¿Estas bien?
— Si, solo, nada...termina tu pastel, no te preocupes.
Regreso al presente. Tenían tantas preguntas y muchas sospechas, su mayor temor crecía, el que-no-debe-ser-nombrado aparco gran parte de su mente, pero el sonido del tintineo lo despertó. Amelia comía apresurada, olvidando los cubiertos y devorando el trozo de pan. Era una buena señal. Con ternura, Remus retiro algunas migajas del rostro de Amelia.
— Gracias de nuevo.
— No permitiré que nadie te dañe...— se escapó de sus labios.
Se dio cuenta, que ella significaba más de una simple amistad.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro